Sufrimiento persistente y gracia suficiente: Cómo vivir con un dolor que no se va.

Toda persona necesita a Dios para vivir en esta tierra. Lo necesita siempre, pero muchísimo más cuando sufre, ya sea por quebranto y angustia del alma o por herida y enfermedad grave y muy dolorosa del cuerpo.

El sufrimiento y la tristeza extrema —ya por decepción, injusticia, enfermedad o muerte— son muchas veces terribles e insoportables, muy, pero muy difíciles de sobrellevar.

Los cristianos no están exentos de este tipo de experiencias en esta tierra. La Biblia no nos promete que no sufriremos; al contrario, enseña que las tribulaciones serán nuestra compañía constante hasta que entremos en el reino de Dios (Hechos 14:22).

Pablo, el apóstol a los gentiles, vivió una experiencia continua de dolor extremo. Él testifica que rogó tres veces al Señor que le quitase ese aguijón —un mensajero de Satanás que lo abofeteaba— el cual le fue dado por Dios para protegerlo del enaltecimiento y la soberbia (2 Corintios 12:7).

Nadie quiere padecer dolor extremo de forma constante. Todos podemos soportar el dolor, pequeño o grande, pero por poco tiempo. Nuestro mayor desafío es el sufrimiento profundo, agudo e incesante… ese tipo de tormento que no deseamos ni en el cuerpo ni en el alma.

Pablo padeció ese aguijón y suplicó al Señor que se lo quitase. Dios respondió su plegaria, pero no como él esperaba: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

Dios no le quitó el mensajero de Satanás. En cambio, le dio su gracia y su poder, los cuales se perfeccionan en la debilidad y en el padecimiento extremo.

Pablo aceptó la voluntad de Dios. Entendió que el Señor había diseñado y permitido esa dolorosa condición para hacerlo humilde y dependiente de Él. Esa rendición abrió sus ojos para testificar que, gracias a ese dolor continuo, podía ser depositario del poder de Cristo. Por eso se gloriaba de buena gana en sus debilidades.

Ningún hijo de Dios está solo en sus tribulaciones. Dios está a su lado, fortaleciéndolo, aliviándolo y consolándolo. Podemos orar como Pablo para que se nos quite lo que nos atormente. Si Dios nos lo quita, amén. Pero si no nos lo quita, amén también. Recordemos que no sufrimos ni padecemos en nuestra propia fuerza, sino en el poder y la fuerza de Dios.

No nos resistamos a las tribulaciones, ni a las enfermedades, ni a la muerte misma, hermanos en Cristo. Asumámoslas con humildad y buena gana, aunque duelan, y mucho. No estamos solos en ninguno de esos momentos. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, con su gracia y todo su poder, nos acompaña siempre, y especialmente en situaciones como estas. Amén y amén.

 

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Los pastores y misioneros laicos y el valor de su trabajo en las iglesias bautistas independientes de Perú.

Los pastores laicos son el gran valor infravalorado humanamente por los pastores, los líderes y las iglesias, pero no por Dios, que los usa grandemente en la conducción y el fortalecimiento del Cuerpo de Cristo en muchísimos lugares de este mundo.

Definición.

Un pastor laico en el contexto peruano es un pastor que no se ha formado teológicamente para cumplir el oficio pastoral o misionero. Este tipo de pastores no ha tenido un llamado subjetivo (un llamado divino, una vocación) al pastorado, y no se ha formado para eso, y tampoco ha determinado vivir de ese trabajo. En consecuencia, la gran mayoría de los pastores laicos no está dedicado por entero a la labor pastoral y tampoco vive de ella. Ellos, mayormente, son hermanos en Cristo, que creen, aman y sirven a Jesucristo en su obra. Es justamente por eso mismo que asumen el reto de pastorear. Su disposición los hace aceptar la responsabilidad de liderar y pastorear la grey de Dios porque entienden que es él quien los llama a hacerlo.

Historia.

Históricamente, la palabra “laico” viene del griego “laos”, que significa pueblo. La palabra se usaba para hacer una distinción entre el pueblo y sus líderes, ya en el área política como religiosa.

Con el tiempo, esa palabra se usó para identificar a los ministros de las Iglesias que fueron nombrados sin haber sido ordenados como aquellos que sí eran ministros de carrera.

En el contexto occidental, la iglesia católica y las iglesias protestantes tienen ministros ordenados de carrera y ministros laicos, que no han tenido esa tipo de ordenación por no haber optado tal carrera ni esa preparación.

Las iglesias independientes (que no tienen nada que ver con el gobierno político ni con una jerarquía religiosa), que se administran a sí mismas, también tienen ministros de carrera y ministros laicos.

Los pastores y misioneros laicos y las iglesias bautistas independientes de Perú.

En el circulo bautista independiente de Perú, que es donde yo me muevo, hay también esos dos tipos de ministros: los de vocación y carrera, y los laicos, que aunque no son de vocación ni carrera, sirven como pastores en un buen numero de congregaciones.

Los pastores de vocación y carrera son pocos, muy pocos. Este tipo de pastores se forman en los seminarios y en los institutos bíblicos, ya de iglesias asociadas o de iglesias individuales. Estos pastores trabajan mayormente en las iglesias de las ciudades, porque son ellas las que normalmente les pueden pagar un salario regular. Estos pastores son atraídos a las ciudades por las ventajas que estas ofrecen a los ciudadanos.

Los pastores laicos, que son una gran mayoría, se encuentran administrando iglesias en los lugares aledaños de la grandes ciudades, y en los pueblos pequeños del campo, tanto de la costa como de la sierra y de la selva del Perú. Estos pastores no viven de pastorear las congregaciones, ellos tienen su propia fuente de ingresos y no dependen de esa labor para el sustento de sus familias. Son lo que se conoce como pastores bi-vocacionales. Son contados con las manos los pastores laicos que reciben ofrendas de las iglesias en las que sirven o de otras iglesias.

La gran contribución espiritual de los pastores y misioneros laicos en la obra de Dios en Perú.

Su contribución es inobjetable y quiero alistarla en forma clara y específica:

1. Liderazgo. Estos pastores cubren una función indispensable. Todo grupo humano necesita liderazgo y las iglesias de nuestro Señor no son la excepción. Los pastores y misioneros laicos encabezan y administran las iglesias. Son ellos los que conducen a la grey de Dios hacia su crecimiento cualitativo y cuantitativo. Sin ellos, las congregaciones no tendrían quien las dirija, administre y represente, y correrían el riesgo de desaparecer de un buen número de localidades.

2. Enseñanza. Su otra contribución clave es la enseñanza y la predicación. Toda congregación requiere de instrucción y son estos pastores quienes suplen tal necesidad.

3. Ejemplo e identificación. Para los hermanos de la congregación, en un sentido, les es mucho más fácil identificarse con un pastor laico. La razón es comprensible, pues cada uno de ellos ve que él vive, trabaja y lucha en la misma manera que lo hacen ellos. En consecuencia, mirarlo como un modelo y ejemplo es muy natural.

4. Confianza y familiaridad. Los pastores laicos son muy bien conocidos por la congregación. La cercanía y la confianza, que son vitales para que los hermanos se acerquen y escuchen y hagan caso a sus pastores, están presentes desde mucho antes de que los pastores laicos lleguen a cubrir esa posición.

5. Ahorro financiero. La mayoría de los pastores laicos no dependen del salario que puede pagarle o no la congregación. De lo que conozco, solo hay un reducido grupo de estos pastores que recibe una ofrenda acorde con lo que sería un salario promedio aceptable en Perú, pero la gran mayoría de ellos no recibe ni siquiera el salario mínimo vital. En consecuencia, las congregaciones pueden invertir sus ingresos en acondicionar su infraestructura y en la extensión de evangelio en otros lugares.

El aporte de los pastores y misioneros laicos es el soporte de la existencia, la estabilidad y la expansión del evangelio de Jesucristo y de Su Iglesia en los pueblos y en las ciudades de todo tamaño a lo largo y ancho de este mundo. Necesitamos reconocer el valor de este mayoritario grupo de siervos de Dios y del trabajo que realizan silenciosa y diligentemente para Dios y para su iglesia en esta tierra.

La honra y la recompensa humana a los pastores y misioneros laicos por parte de las congregaciones bautistas independientes de Perú.

Los siervos de Dios nunca trabajan para Dios en Su Obra en función de salario y de recompensas. El móvil de su servicio y de su trabajo es la gratitud a Dios por su salvación en Cristo Jesús y su amor por Jesucristo, su evangelio y los pecadores necesitados.

El hecho de que los siervos de Dios no trabajen en la extensión del evangelio por dinero y por recompensas no significa que Dios no los retribuya ni que la iglesia no deba recompensarles. La Escritura enseña claramente que Dios sí los estimula con remuneración por medio de las congregaciones de sus hijos. Toda recompensa de Dios a sus siervos, ya laicos o ya profesionales (en buen sentido), le es otorgada por medio de la iglesia, que es la que se beneficia de su servicio.

La Biblia nos instruye con claridad respecto a cómo tenemos que mostrar nuestro aprecio a los siervos de Dios. (Los textos bíblicos que alistaré se aplican tanto a obreros laicos como a los obreros de vocación).

Esto es lo que debemos hacer para cumplir con dar honor a estos valiosos siervos de Dios:

1. Amarlos y valorarlos por el hecho de que trabajan en el ministerio pastoral o misionero (1 Tesalonicenses 5:12-13; 1 Timoteo 5:17-19; 3 Juan 8; Hebreos 13:7.; Colosenses 4:7-11; Filipenses 2:29-30; 1 Corintios 16:11; 1 Corintios 16:17-18).

2. Obedecerlos y ayudarles a cumplir con su trabajo (1 Corintios 16:15-16; Hebreos 13:7; Hebreos 13:17; Hechos 6:1-7; Colosenses 4:11).

3. Darles ofrendas y recompensas financieras en conformidad con la labor que realizan (Aun cuando este tipo de obreros no viven del evangelio). (1 Corintios 9:4-14; Gálatas 6:6; 1 Corintios 16:10; 2 Corintios 11:7-9; 12:13; Filipenses 4:10-20; 1 Timoteo 5:17-18).

4. Comprendámosles y no olvidemos que ellos son humanos imperfectos y pecadores como lo son aún todos y cada uno de los hijos de Dios (Hebreos 4:14-16; Hebreos 5:7-10; 1 Corintios 9:26-27; Gálatas 2:11-14).

5. Cuidemos su gozo y su ánimo al servir a Dios como pastor o misionero (Marcos 3:21, 31-32; 2 Corintios 11:23-29; 2 Timoteo 4:9-18; Hebreos 13:17).

6. Oremos fervientemente por su vida espiritual personal y familiar (Romanos 15:30-33; Efesios 6:18-20; Colosenses 4:3-4; 1 Tesalonicenses 4:25; 2 Tesalonicenses 3:1-5).

Esta manera de expresarle nuestro aprecio a los pastores y misioneros laicos por los que son y por lo que hacen por Dios y por su iglesia no son discutibles. Se tienen que obedecer gozosamente. Todo cristiano y toda iglesia de Dios debe obedecer la palabra de Dios y obrar conforme a ella.

Los encargados, eso sí, de encabezar y promover el aprecio y las recompensas para los pastores y misioneros laicos son los pastores y misioneros que están dedicados al ministerio tiempo completo, y que viven por tanto de la predicación y de la enseñanza del evangelio. Son ellos quienes deben promover el darle el lugar que les corresponde en la obra de Dios a estos siervos de nuestro Señor Jesucristo.

Una cosa más, quiero pedirles a los pastores y misioneros a los que Dios ha bendecido con congregaciones grandes y prósperas (porque están en lugares donde hay muchísima gente), que tengan mucho cuidado cuando Dios los bendice y les da el privilegio de predicarles y enseñarles a estos siervos de Dios en las conferencias o campamentos preparados para ellos. No les prediquen como si ellos fuesen ustedes y ministrasen en lugares como los vuestros. Anímenlos. No los critiquen ni los reprendan insensiblemente. Muchos de ellos tienen congregaciones pequeñas porque están en pueblitos pequeños. Ellos necesitan estímulo, no críticas destructivas ni comentarios desalentadores (He sido testigo de como este tipo de predicadores y maestros maltratan y desaniman a estos valiosos siervos de Dios). Les ruego que no hieran a estos hijos de Dios.

Conclusión.

Quiero terminar esta nota, la cual confieso que se ha extendido más de lo previsto, compartiendo el motivo que me impulsó a escribirla.

Me propuse escribir esta nota luego de pasar un tiempo con el pastor Florentino, quien es agricultor y sirve como pastor en la Iglesia Bautista Jesús mi Salvador de Leandro Campos, Zarumilla, Tumbes. Vi su trabajo y su fruto. Bautizó ocho nuevos discípulos mientras estuve allí. 

Dios me dio el privilegio de ser testigo de su obra por medio de Florentino en su iglesia de esa parte de mi país. Fue por eso que pensé en él y los que son como él. Dios me puso a los pastores y misioneros laicos en mi mente durante todo mi retorno a Trujillo, mi ciudad. No paré de pensar en ellos y es por eso que escribí.

Creo que Dios quiere que honre a esos sus siervos con esta mi nota. Este año cumpliré 39 años de servicio a Dios. En todos mis años he interactuado y servido con varios pastores y misioneros laicos.

Recuerdo a Segundo García, a Adislao Córdova, a Jacinto Córdova, Santos García, a Gilberto Peña, a Fernando Peña, Lucio Pinedo, Medardo Chanchari, a Manuel Guevara, Douglas Ferreyra, José Huamán, Luis Gallo, Franklin Armijos, y a muchos otros más.  Muchas gracias, hermanos por el trabajo que han realizado y que muchos de ustedes aún realizan para Dios y su iglesia. Dios los bendiga y los recompense por vuestra labor y sacrificio.

Oración: Dios y Padre de Jesucristo, abre nuestros ojos y nuestras bocas y nuestras manos para ver, hablar y dar honor visible y oportuno a tus pastores y misioneros laicos. Ayúdanos a amarlos, a cuidarlos, a valorarlos y a recompensarlos por la labor espiritual que realizan constantemente para ti en tus iglesias mientras están en este mundo. Amén y amén.

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Solo O Fructífero: La Opción Crucial que Jesús Tomó por la Humanidad.

“El significado profundo del Grano de Trigo de Juan 12:24, la terrible exclusión que Jesús evitó con su muerte y el llamado radical a que el cristiano dé su propio fruto.”

Dios Hijo, la segunda persona de la Trinidad, se hizo Hombre en Jesús de Nazaret para salvar a los seres humanos de sus pecados y de su condenación. Él siempre vivió en función de su misión. Sus palabras sobre el propósito de su venida son claras y Juan 12:24 es la evidencia.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Seis días antes de la Pascua, Jesús reveló que Él mismo era ese grano. Su entrada en Jerusalén (Zacarías 9:9) lo confirmaba: para que Su Reino se extendiera a todo el mundo (el “mucho fruto”), Él debía morir.

Jesús, con el poder de elegir, pudo haber guardado Su vida. Si no hubiese muerto, se habría quedado “solo” (sin vida eterna para nadie más). Él habría sido el único en la gloria de Dios. Todos los demás habríamos quedado excluidos eternamente.

Él, sin embargo, optó por dar Su vida por nosotros. Murió en nuestro lugar para resucitar y, como el grano que produce la espiga, levantar y llevar a muchísimos otros seres humanos hacia la gloria de Dios (Hebreos 2:10).

Este pasaje no solo establece el plan de salvación, sino también el camino del discípulo. Jesús nos enseña que en Su camino hay que “morir” para realmente “vivir” y ser fructíferos:

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25).

El cristianismo demanda el sacrificio de uno mismo. Jesús empieza su Iglesia sacrificándose por ella (Efesios 5:25) y demanda que Sus discípulos mueran a sí mismos para ser Sus testigos y portavoces. El egoísmo no tiene parte en la vida de los cristianos.

Jesús nos llama a morir a nuestra vida en este mundo para vivir la Suya. ¡Él nos convoca a seguirle y a imitarle! ¡Hagámoslo! ¡Muramos a nosotros y vivamos a Cristo cada día! ¡Hay recompensa eterna por hacerlo!

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” (Juan 12:25-26).

Oración: Padre, ayúdanos a morir a nuestro ego y a darnos a Ti y a los demás, por gratitud a la obra salvadora de Jesucristo en el Gólgota. Amén.
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La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

Nuestra mayor necesidad es la comunión con Dios, la cual perdimos trágicamente en el Edén por causa del pecado de Adán. El mayor mal de aquel día no fue la tierra, sino ser echados de la presencia de Dios.

  • Fuimos creados para el compañerismo: Dios nos diseñó para vivir junto a Él, en una relación continua y eterna.
  • Sin Él, somos: “Huérfanos”, “muertos vivos”, solos, sin ayuda, sin punto de partida, sin camino ni punto de llegada.

La Misión de Emanuel: Dios Viene a Nosotros

Dios no quiso que esta separación fuera permanente. Aunque tuvo que cumplir su palabra al echarnos de su presencia (Génesis 3:22-24), Su objetivo eterno es vivir con nosotros, en nosotros y entre nosotros.

Por eso, Él mismo vino a nosotros:

Jesús de Nazaret es Dios Hijo hecho Hombre.

Cuando el Espíritu Santo engendró a Jesús, se cumplió la bendita promesa:

“He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mateo 1:23; Isaías 7:14)

La Solución en Jesús

  • Revelación: En Jesús, nosotros vemos y encontramos a Dios. Él es el único que lo revela y expone plenamente.
  • Unión Eterna: Solo Jesús nos une y nos vincula verdadera y eternamente con el Padre.

Todos necesitamos a Dios, y todos podemos restaurar Su compañerismo y amistad ya desde esta vida.

Emanuel, Dios con nosotros, no es solo un título, sino la restauración permanente e inquebrantable de la presencia divina perdida en Edén. (Apocalipsis 21:3).


El Llamado

No te quedes solo en el conocimiento. Dios es tu mayor necesidad; Su voluntad, guía y sostén son indispensables para tu vida en este mundo y en el venidero.

¡En Jesucristo, tú tienes a Dios contigo!

Lo único que tienes que hacer es creer y seguir a Jesús, a quien Él ha enviado. ¡Síguele desde hoy y para siempre! Amén.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14).

Jesús no solo vino, él se quedó entre nosotros y en nosotros, y nos trajo a Dios para vivir ya hoy en nosotros por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. (Efesios 1:13; Romanos 8:9).

¡Cree y sigue ya a Jesucristo de una vez desde hoy y para siempre!

#JesúsTraeADiosYnosUneConÉl

Esta nota tiene el formato de Google Gemini.

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

El cristianismo en la Tierra tiene una única y fundamental razón de ser: la salvación de los seres humanos. Si alguna vez dudamos de nuestra misión principal, basta con recordar la pregunta más incómoda que Jesús hizo a dos de sus discípulos más cercanos.

Jacobo y Juan, los hijos del trueno, se llenaron de ira cuando los samaritanos, motivados por viejas enemistades étnicas y religiosas, rechazaron a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿Cuál fue su reacción? Rápida y condenatoria: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Lucas 9:54, RVR60, paráfrasis).

La respuesta de Jesús, que aún resuena para la Iglesia de hoy, fue un durísimo llamado de atención: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (, RVR60).

El Espíritu Condenatorio vs. el Espíritu de Cristo

Tendemos a olvidar el porqué estamos aquí. Jacobo y Juan lo hicieron. Ellos estaban dispuestos a mandar que lloviese fuego del cielo para que consumiese a los samaritanos que (por razones religiosas y enemistad étnica) no quisieron recibir a Jesús en su pueblo al notar que estaba yendo a Jerusalén.

Jesús reprendió duramente a Jacobo y a Juan por su impaciencia y por su presteza condenatoria para con sus semejantes. El llamado de atención fue muy fuerte.

Un espíritu que prioriza el juicio, la sentencia y el castigo, como el de ellos, es muy opuesto al espíritu de Cristo, que busca redimir y salvar.

La misión de Jesús es la salvación de los seres humanos, no su perdición. Él vino para salvar a los hombres y nunca olvidó ese su objetivo. Toda su vida, sus enseñanzas y sus acciones se rigieron por ese norte. Sobre esta declaración giró toda su labor en esta tierra:

“… porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lucas 9:56, RVR60).

La reprensión de Jesús a sus discípulos es clarísima y los cristianos de hoy tenemos que considerarla para analizarnos profundamente. Nosotros debemos tener el mismo norte de Cristo: la salvación de los seres humanos. Nunca tenemos que tener un espíritu opuesto al objetivo y al espíritu de nuestro Señor y Salvador.

No Jueces, Sino Mensajeros

Nosotros no debemos permitir que las ofensas, la rebeldía, la injusticia, la indiferencia espiritual y la maldad de los hombres nos impacienten y nos desvíen del Espíritu de Cristo. No nos constituyamos en jueces ni en verdugos de nuestros semejantes.

  • Podemos corregir y reprender a nuestros semejantes, pero jamás debemos actuar como si fuésemos jueces de los hombres.
  • El rol de Juez final de los seres humanos le corresponde a Dios y a nadie más.

No estamos en esta tierra para perder ni condenar a los hombres. Ese no es el propósito de Dios para nosotros en este mundo. Nosotros estamos aquí por la salvación de los hombres. Despojémonos del espíritu condenatorio de los hijos de Zebedeo y revistámonos del Espíritu de Cristo, que está lleno de gracia, de bondad y de misericordia.

Dios nos salvó y nos envió al mundo para anunciar a todos los seres humanos el evangelio de salvación en Cristo Jesús. Nosotros (cada cristiano en forma particular, y toda la iglesia en general) somos la extensión de la misión salvadora de Dios Hijo a favor de los hombres.

Mostremos el espíritu redentor, liberador y salvador de Jesucristo, y quitemos de nuestro ser todo vestigio del espíritu condenatorio y de perdición al relacionarnos con nuestros semejantes.

¡Que Dios nos ayude a vivir haciendo todo lo que está a nuestro alcance con el fin de que mucha más gente sea salva por medio de Jesucristo! ¡Que siempre sepamos que somos del Espíritu de Jesucristo y que queremos la salvación de todos los hombres, no su perdición! Amén.

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El Mayor Gozo: Ver Vidas Transformadas por Jesucristo y Su Evangelio.

El mayor gozo de quienes predican y enseñan el evangelio de Jesucristo es ver a la gente creyendo, creciendo, sirviendo y viviendo en Cristo y para Cristo.

Los predicadores son creyentes y siervos de Dios que también viven por Cristo y para Cristo. Sus vidas están consagradas a su Salvador y a la extensión del evangelio de salvación. Ellos aman a los que no siguen a Cristo y tienen compasión de su perdida condición. Les duele verles perdidos y es por eso que entregan sus vidas para llevarles el evangelio.

En consecuencia, los evangelizadores se alegran grandemente cuando ven conversiones a Cristo, y crecimiento en él, y servicio fiel, y obediencia.

Dios me alegra el alma con este “mayor gozo” y lo testificaré con una experiencia personal.

“El mayor gozo” que puede experimentar un predicador del evangelio lo disfruto con frecuencia. En este escrito, sin embargo, me limitaré a un acontecimiento muy significativo. Mi “mayor gozo” lo disfrute al ver y pasar un lindo tiempo con el hermano José Palacios y su familia, el último fin de semana de setiembre. 

Conocí a José Palacios y a Segunda, su esposa, en 1988, al fin de mi primer año de estudios en el Seminario Bautista del Perú, cuando viajé a Moyobamba, para predicar y enseñar el evangelio y la palabra de Cristo en algunos pueblos de alrededor de esa ciudad. Me he encontrado con ellos después de más de tres décadas.

José y su esposa vivían y trabajaban en Ochamé, el primer pueblo en el que prediqué y enseñé. Ellos tenían tres hijos: José, Rosario y Juvenal. En Ochamé había una iglesia bautista, que fue formada por los hermanos en Cristo que migraron hasta allí desde la sierra de Piura. José y su esposa asistían de vez en cuando a las reuniones de la Iglesia. Ambos llegaron a creer en Jesús y a seguirle mientras servía yo a Dios allí.

José y Segunda se bautizaron y empezaron su vida en Cristo desde ese año hasta hoy. Ellos ya no viven en Ochamé. Dejaron esa parte de la selva de San Martín y migraron a Piura, en la costa de Perú, Ellos viven y trabajan ahora en Piura. En Piura, ellos son parte de la Iglesia Bautista Betel de Fe, en Las Dalias. Nuestros hermanos tienen a sus tres hijos, que ya son adultos, viviendo muy cerca de ellos. Su tres hijos han oído el evangelio desde pequeños, pero solo uno de ellos, José, ya está siguiendo a Cristo, nuestro Señor y Salvador. Oremos por esta pareja de esposas, para que tengan buena salud espiritual y física. Oremos también por sus hijos, para que sigan a Cristo fielmente.

Dios ha alegrado mi alma al permitirme ver, visitar, hablar y orar con esta preciosa familia. Estuve con ellos en mi último viaje a Piura. Disfrute y fui edificado al ver la forma en la que Dios ha hecho y hace su obra en todos ellos. La familia Palacios ha pasado momentos duros, pero sigue firme y fiel a nuestro Señor y Salvador. Ayudémosle con nuestras oraciones.

Los esposos Palacios me han hecho mucho bien. El trabajo en el Señor y para el Señor nunca es en vano. La palabra de Dios siempre, siempre da fruto, ¡sembrémosla en los corazones de los hombres en todo tiempo! Es una bendición grande ver a los hijos de Dios siguiendo y permaneciendo fieles a Cristo Jesús.

El apóstol Juan testificó el hecho gozoso de ver a los creyentes seguir fielmente el camino de Cristo en dos de sus tres epístolas:

“Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.” (2 Juan 1:4).

“No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3 Juan 1:4).

Sus palabras no necesitan explicación y la alegría con la que escribió y la experiencia que he narrado las ilustran.

Los mensajeros del evangelio trabajamos duro para llevar el evangelio y ver vidas cambiadas por Jesucristo nos llena de regocijo. La escritura nos describe claramente en este siguiente texto: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126‬:‭5‬-‭6‬).

El hermano José Palacios y su familia alegraron mi alma. Mi emoción y gozo fueron mayores cuando dijeron que “era su misionero, el misionero de la familia”. Me lo dijeron con un fuerte abrazo.

Estoy muy motivado a seguir mi labor de testigo de Jesucristo y su salvación. Quiero experimentando este “mayor gozo y regocijo” por más tiempo.

¡Muchas gracias por el privilegio que me has dado, Dios mío! ¡Ayúdame a predicar y a enseñar el evangelio de Cristo y la Biblia hasta que me recojas! Amén.

¡Vivamos y hagamos discípulos en pro de la predicación del evangelio a toda criatura, discípulos de Jesús!

“La Gran Comisión es nuestro deber supremo en esta tierra.

En la fotografía en la que se lee el texto de Mateo 28:18-20, que encabeza este escrito se ve a cuatro personas. Tres de ellas son discípulos de Cristo y están evangelizando a una joven polaca.

Estos tres discípulos aprovecharon una caminata por la playa de Ostia di Lido, Roma, Italia, para anunciar el evangelio de Cristo.

La fotografía muestra un ejemplo concreto de cristianos cumpliendo con su deber supremo en su vida cotidiana.

Estos tres cristianos tuvieron la intención de evangelizar y aprovecharon ese su momento para hablar de Jesús a la jovencita polaca, que, por cierto, escuchó el evangelio con entusiasmo. (Ellos también evangelizaron a dos mujeres italianas que estaban cuidando a sus hijos en uno de los parques de la ciudad).

Dios nos ha dado a los cristianos la misión de Cristo y todos nosotros estamos llamados a cumplirla en todo tiempo.

Tenemos que vivir nuestra vida en esta tierra en función de la misión que Dios nos ha encomendado a nosotros por medio de Jesucristo, Su Hijo, nuestro Señor y Salvador. Él nos dice a nosotros ahora lo mismo que le dijo a sus discípulos: “Como me envío el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). 

Los hijos de Dios y la iglesia de Jesucristo están en este mundo para cumplir el propósito de Dios. Cada uno de los hijos de Dios por medio de Jesucristo y toda la iglesia de Jesucristo tienen un propósito, un objetivo determinado por Dios para su vida en esta tierra. Su propósito, su objetivo, es cumplir la voluntad de Dios y la voluntad de Dios es la salvación de los seres humanos.

Dios quiere salvar, no condenar. Dios no quiere que los hombres perezcan en condenación, sino que todos procedan al arrepentimiento. Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Dios, en consecuencia de ese su deseo salvador, envió a Jesucristo para salvar a los pecadores.

Jesucristo vino a la tierra y dijo justamente que el propósito de su venida era dar su vida en rescate por muchos. La muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo son vitales para la salvación de los seres humanos. En la muerte de Jesucristo, Dios mostró su amor por los pecadores porque él murió en remplazo de ellos, para salvarlos y rescatarlos así de toda su condenación.

Jesucristo, durante su ministerio en la tierra, aparte de la obra de salvación que realizó, enseñó y predicó la palabra de Dios e hizo discípulos. Los discípulos fueron formados y entrenados por Jesucristo para cumplir la misma misión que él vino a cumplir.

La última orden de Jesús a sus discípulos previo a irse a los cielos, fue: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

El cumplimiento de la misión de hacer discípulos es trascendental para asegurar la predicación y el anuncio del evangelio de Jesucristo a toda criatura en todo el mundo.

El objetivo de nuestra vida en esta tierra es la misión y su cumplimiento y es por eso que ésta está declarada y ratificada al fin de cada uno de los cuatro evangelios y al inicio del libro de Hechos.

Esta misión es el propósito de la existencia de todos y cada uno de los hijos de Dios. Los hijos de Dios por medio de Jesucristo constituyen hoy la Iglesia de Jesucristo y la misión de Jesús es también la misión de la Iglesia.

Todos debemos vivir en esta tierra cumpliendo la Gran Comisión intencionalmente en todo momento.

¡Apreciemos el privilegio de vivir en función de la Gran Comisión y aprovechemos cada oportunidad para anunciar el evangelio de Cristo a nuestros semejantes!

¡Qué Dios no ayude a vivir cumpliendo Su Misión! Amén.”

¡Confiemos en Jehová Dios totalmente!

Todas las personas que viajan en un avión confían que el avión es bueno, eficiente y apropiado para llevarlos a su destino.

Estos viajeros suben a los aviones confiando totalmente sus vidas y su plan de viaje a los pilotos, pues saben y entienden que ellos los conducirán a su destino con toda seguridad.

Todos los viajeros viajan con seguridad y esperanza en los aviones y tienen toda la razón del mundo para hacerlo, pues Google Gemini afirma que “… el medio de transporte moderno más seguro es el avión.”

Proverbios 3:5-6 me hizo reflexionar en cuánta gente confía y encomienda totalmente su vida y sus planes a los pilotos y a los aviones. Todos los aeropuertos del mundo son la evidencia empírica irrefutable de la fe de los seres humanos en la industria aeronáutica. (Aun los pasajeros desconfiados y miedosos, y que no se “fían” totalmente de los pilotos y de los aviones, están seguros en los vuelos).

Pero Proverbios 3:5-6 no fue escrito para que confiemos en los pilotos y los aviones, sino en Jehová Dios, nuestro Creador y Redentor, el único y verdadero Dios. La exhortación y la orden del escritor de Proverbios es clarísima:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.”

Tenemos que fiarnos “… de Jehová todo corazón”. Tenemos que hacerlo nosotros mismos, nadie más puede fiarse de Dios por nosotros. Cada uno de nosotros tiene que entregarse a Jehová personalmente. Al fiarnos totalmente de corazón en él, le confiamos toda nuestra vida.

El fiarse en Jehová Dios implica “dejar de apoyarnos en nuestra propia prudencia” y sabiduría. A partir de encomendarnos a Dios, nosotros ya no dirigimos nuestra vida. Nuestra “prudencia”, que “es nuestra sensatez, cautela y buen juicio”, queda de lado. Ahora es la sensatez, cautela y el buen juicio de Dios las que nos gobiernan y conducen.

Cuando nosotros nos entregamos de todo corazón a Jehová Dios y “lo reconocemos en todos nuestros caminos”, nuestra vida queda en sus manos y él se encarga de enderezar entonces nuestras veredas y nuestro andar por ellas.

El significado de Proverbios 3:5-6 está ilustrado en la relación entre los pilotos del avión y los pasajeros del mismo. Todos, absolutamente todos los pasajeros dejan de apoyarse en “su” propia prudencia y juicio al viajar en los aviones. En los aviones, todos los pasajeros están en las manos de los pilotos y de su prudencia al viajar en ellos. Los pasajeros quedan en las manos de los pilotos para despegar, para volar y para aterrizar aterrizar el avión. Los pasajeros solamente tienen que subir y seguir confiadamente las instrucciones de los tripulantes del avión.

Lo que hacen los pasajeros con los pilotos y el avión al volar tenemos que hacerlo nosotros con Dios y nuestra vida con él.

Nuestra vida en este mundo es como un viaje. Tiene un punto de partida, un trayecto y un punto de llegada.

El punto de partida es Dios; con él y por él es que existimos y tenemos vida en este mundo. El trayecto es nuestra vida en este mundo; desde que nacemos hasta que morimos. El punto de llegada es nuestro encuentro con Dios; salimos de él y volvemos a él, ya para vida eterna o ya para condenación eterna.

El destino final ante Dios, ya para vida eterna o ya para condenación eterna, depende de cómo vivimos nuestra vida en este mundo (nuestro trayecto, nuestro viaje).

Si durante esta vida nos fíamos de todo corazón en Dios, y no en nuestra propia prudencia, sino que lo reconocemos en todos nuestros caminos, entonces y solo entonces, vamos a llegar hasta Dios para vivir junto a él por toda la eternidad.

Pero …

Si durante esta vida no nos fíamos de todo corazón en Dios, sino que vivimos según nuestra propia sabiduría y consejo, y no lo reconocemos en todos nuestros caminos, ni dejamos que enderece nuestros pasos, entonces nuestro encuentro con Dios será para condenación perpetua.

Dios quiere que vivamos a su lado como sus hijos desde hoy y por toda la eternidad. Dios envió a Jesucristo su Hijo a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó de los muertos para nuestra justificación. Jesús está vivo y ofrece salvarnos y hacernos hijos de Dios si creemos en él y le seguimos.

Dios en su sabiduría y prudencia eterna ha establecido a Jesús como el único camino para llegar hasta él. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Para llegar a Dios salvíficamente hay creer y seguir a Jesús en forma necesaria e indispensable. No hay otra forma de llegar a Dios.

La fe genuina en Jesucristo en respuesta a lo que Biblia dice de él es la primera evidencia en este tiempo de que nos fiamos de Jehová de todo corazón. Si creemos y seguimos a Jesús de verdad en esta tierra, somos hijos De Dios y Dios vive en nosotros y nos conduce por medio de Su Espíritu Santo. En consecuencia, Dios está en todos nuestros caminos y se asegura de llevarnos hasta él para vida eterna.

Fiémonos de Jehová de todo corazón y empecemos nuestra vida con él creyendo y siguiendo a Jesucristo Su Hijo. ¡Que Dios nos ayude a fiarnos de él de corazón creyendo y siguiendo a Jesucristo! Amén.

¡Seamos los cristianos y las iglesias “Gayo” tras y junto a los divulgadores de la verdad!

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperamos con la verdad” (3 Juan 5-8).

Elogio de Juan apóstol a Gayo, el amado, el cooperador con la difusión de la verdad.

La divulgación de la verdad, es decir, el mensaje de que Dios existe y de que está salvando a los hombres de sus pecados por medio de Jesucristo Su Hijo, demanda ingentes recursos.

Estos recursos vienen siempre de Dios a través de quienes creen y siguen a Jesucristo. Son los hijos de Dios quienes ponen a disposición de la verdad sus vidas y sus recursos para que sea ella divulgada a muchas más personas en todas partes de este mundo.

La verdad de Dios revelada en Jesús de Nazaret se propaga, entonces, en función de la cooperación de los discípulos. A más discípulos cooperando, mayor difusión y mayor alcance. (Foto: Todas las congregaciones locales existen debido a los hijos de Dios “Gayo”).

En los días iniciales de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo existían muchos divulgadores y portadores itinerantes del evangelio de nuestro Señor. Estos hombres se movían de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad predicando y enseñando las buenas nuevas de salvación a todos cuantos podían.

Estos predicadores itinerantes se caracterizaban por su fe en el Hijo de Dios, por su amor a Jesucristo, por su negativa a recibir recursos de los no discípulos y por su pasión por difundir y explicar la verdad de Dios a muchas más personas y en muchos otros lugares.

Estos predicadores necesitaban ayuda logística básica para cumplir su tarea de divulgación de la verdad: comida, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación y guía en todo lugar a donde llegaban y desde donde volvían a emprender un nuevo viaje divulgador. (Foto: Luis Tintaya y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez, quien gracias a hermanos e iglesias “Gayo” ha sido usado por Dios para edificar congregaciones de hijos de Dios en Venezuela y España). 

Las necesidades de los divulgadores itinerantes de la verdad de Dios por medio de Jesucristo, el Salvador y Señor de todos los hombres, eran satisfechas por hombres como Gayo, quienes recibían fraternalmente a estos hermanos y los servían mientras estaban con ellos, y quienes luego los encaminaban al momento en que les tocaba partir hacia otro lugar.

El encaminarlos, empero, no era solamente un saludo de despedida y un conjunto corto de instrucciones para que no se perdiesen en el camino. No, no era solo eso. Era mucho más. La palabra “encaminarlos” en este contexto implicaba el “darle todo lo necesario” para garantizar que los predicadores y maestros de la verdad llegasen a su nuevo destino y cumpliesen más fácilmente su labor divulgadora.

En aquellos días, los viajes se hacían a pie, en bestias y en barcos. Viajar demandaba tiempo y cuanto más tiempo, más comida y más dinero. La palabra de Dios y la gracia de Dios era (es y será) gratuita siempre, pero llevarlas a los pecadores que todavía no creen era costoso. Cuanto más cerca el destino a divulgar la verdad, menos oneroso; pero cuanto más lejos, mucho más oneroso. (Foto: El misionero peruano Raúl Sinti e Ivette, su esposa, y sus hijas, están divulgando la verdad en España. Están allí gracias a los hermanos e iglesias “Gayo”, pero necesitan más).

Los predicadores itinerantes de aquel tiempo, al ser “desconocidos”, necesitaban también de cartas de recomendación para ser recibidos confiadamente en las congregaciones que existían en su camino. En consecuencia, encaminarlos implicaba consejos aclaratorios y complementarios de la verdad de Dios y la entrega de cartas de recomendación (Hechos 18:24-28). (En el año 1988, al empezar mi labor divulgadora de la verdad del evangelio, recibí una carta de recomendación para ser recibido en una ciudad donde iba a predicar. Si así fue conmigo hace poquitos años, imagínense cuán indispensable y necesario eran esas cartas en el tiempo del Nuevo Testamento).

Gayo encaminaba lo más adecuadamente que podía a los predicadores y el uso de esa palabra para describir su labor lo demuestra. “Encaminar” significa, en el contexto usado, “enviar adelante” o “acompañar en el camino”. Esto quiere decir que Gayo despedía a los mensajeros itinerantes dándoles apoyo y provisiones para su viaje, para que estuviesen equipados para continuar su misión divulgadora de la verdad.

El trabajo hospitalario y equipador de Gayo llegó a los oídos de Juan por boca de estos mismos predicadores itinerantes, que testificaban de su servicio y de su amor delante de toda la congregación. El apóstol Juan, quien para aquel entonces ya estaba muy anciano, escribió esta carta a Gayo para reconocerle y felicitarle ante la iglesia de Cristo por tan encomiable y trascendental labor en pro de la difusión de la verdad de Dios.

La verdad salvífica de Dios a favor de los hombres revelada en Cristo Jesús en la palabra de Dios, la Biblia, necesita ser divulgada también hoy a los pecadores que todavía no la creen. Los predicadores y maestros itinerantes y los pecadores que aún no están en la verdad necesitan de creyentes e iglesias “encaminadoras”.

Llevar a la verdad de Dios a muchos más hombres y mujeres hoy en día requiere de lo mismo que antes: transporte, alimentación, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación, guía, etc. Al igual que antes, cuanto más cerca se lleva la verdad, menos recursos; cuanto más lejos, más recursos.

Al igual que antes, Dios suple los recursos para la difusión de la verdad por medio de sus hijos y de sus iglesias. Las iglesias y los hermanos “Gayo” son claves para que la verdad del evangelio de Cristo llegue a los pecadores necesitados de salvación.

Hace poquito he sido testigo de cómo varias iglesias y hermanos “Gayo” de Perú “encaminaron” a una divulgadora de la verdad para que la llevase a la gente que la necesita en la República de Mali.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” compraron los tickets de bus y de avión, proveyeron para trámites consulares, dieron hospedaje y alimentación, acompañaron y recibieron y guiaron a la divulgadora en los diferentes lugares a donde llegó, y abastecieron y abastecen de dinero para que viva y cumpla su misión en ese su campo de misión.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” son esenciales en los viajes de predicación y enseñanza que he realizado hasta hoy. Escribo esta nota con gratitud, para reconocer a estos hermanos colaboradores con la verdad. (Foto: Niños de la Iglesia Bautista Betel de Paita. El igual que ellos, los niños de la República de Mali tendrán una maestra de la verdad gracias a los hermanos e iglesias “Gayo” de Perú).

Voy a terminar ya esta nota.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” aman a Cristo, a Su Iglesia, a Su evangelio, a la verdad, a los pecadores y a los divulgadores de la palabra de Dios. Ellos son obedientes a Dios y quieren que haya más gente que conozca a Cristo y le siga. El rol de los “Gayo” tiene que ser valorado suficientemente y mi escrito es un granito de arena para que sea así.

¡Seamos cristianos e iglesias “Gayo”! ¡Encaminemos y ayudemos a los que difunden la verdad para que lleguen bien equipados para anunciarla a los pecadores dondequiera que estén!

¡Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por los hermanos en Cristo y las iglesias colaboradoras con la divulgación de la verdad del evangelio de salvación!

¡Oh Dios de toda salvación, te rogamos que levantes muchos más hermanos e iglesias con el corazón de “Gayo”!

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en Ostia di Lido y la Comunità Biblica Cristiana de la ciudad

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios Viviente, columna y valuarte de la verdad”, que vive y se expresa y sirve a Jesucristo en la ciudad de Ostia di Lido, cerca de Roma, Italia.

En Ostia di Lido existe una congregación de hijos de Dios. Esta congregación, de unas 40 a 45 personas, que creen y siguen a Jesucristo, empezó gracias al trabajo de los misioneros Michele y Anna (un matrimonio italiano), quienes conocieron a Jesucristo en Suiza. Luego de conocer al Señor, esta pareja dejó Suiza y viajó a Italia para evangelizar y discipular. Su trabajo fue bendecido y fueron varios los que creyeron. Es de esta manera que empezaron La Comunità Biblica Cristiana di Ostia, en Ostia di Lido, una ciudad cercana a Roma, la capital de Italia. (Foto: La congregación, esperando el inicio del culto a Dios).

En esta congregación hay varios ciudadanos peruanos de la serranía de Perú. Dios me dio la oportunidad de conocer a estos hermanos por medio de Andrés Estrada, quien vivió en este país y quien me contactó con ellos. Andrés me contactó con el hermano Isaías Pareja. Isaías vive y trabaja en Ostia di Lido. Isaías fue mi hospedador y el hombre clave para que yo conociese la obra de Dios y a los hermanos en Cristo en su ciudad.

Dios me dio un tiempo precioso con estos hermanos peruanos y con la iglesia en la que congregan. Mi alma se regocijó con lo que vi, tanto en las familias con las que dialogué como en la congregación en la que expuse la palabra de Dios. Es obvio que Dios está haciendo su obra en la ciudad de Ostia di Lido por medio de los hijos suyos que viven y trabajan allí.

El servicio dominical me impresionó. Escuchar cantos de alabanza a Dios por medio de Jesucristo en el idioma italiano me estremeció. Escuchar porciones de la palabra de Dios y el nombre de Jesús y su obra de salvación en italiano me sonó dulce, dulcísimo. Nunca había tenido esa experiencia y estoy contento por haberla tenido.

La predicación de la palabra de Dios fue hartamente edificante. El mensaje fue en castellano peruano con traducción al italiano. Me pareció que la congregación entendió el mensaje en los dos idiomas. El ambiente fue reverente, respetuoso y piadoso. La presencia de Dios fue evidente. (Foto: La congregación durante el culto a Dios).

Dios edificó mi alma desde el inicio del servicio de adoración.

He quedado prendado de lo que Dios está haciendo en su iglesia y a través de sus hijos en Ostia di Lido. La iglesia de Jesús y los hijos de Dios son las manos de Dios para alcanzar a los pecadores en toda ciudad, y la ciudad de Ostia está bendecida con esta congregación.

Dios me impresionó en Ostia di Lido. Hablé del evangelio con algunas personas al pasear en un parque de la ciudad. Recuerdo a Sabrina y a Magdalena. Estas dos mujeres nos escucharon con mucha atención. Hablar con ellas sobre Dios, Jesucristo, el evangelio y nosotros pecadores, nos animó grandemente a todos los que participamos.

Tengo la intención de volver y de pasar mucho más tiempo en Italia. Veremos qué es lo que dispone al respecto. No se puede hacer nada sin Dios y su bendición así que quedo pendiente de su dirección para visitar a la iglesia una segunda vez.

Mi visita a Ostia di Lido me dejó agotado, pero muy feliz. Nada es mejor que llevar el evangelio de Jesús. Estoy contento porque, aparte de la bendición de exponer la palabra de Dios a la congregación, tuve diálogos bíblicos y teológicos con las familias con las que almorcé y cené. No existe mejor manera de invertir nuestro tiempo que hablando y escuchando de Dios, de su obra y de su voluntad. Hablar y oír la palabra de Dios junto a mis hermanos llenó mi alma de gozo. (Foto: Isaías y su preciosa familia).

Dios y su obra de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo están presente en Ostia di Lido. Esa ciudad y sus habitantes tienen la luz del evangelio por medio de los hijos de Dios que viven allí. Los ciudadanos de Ostia di Lido tienen esperanza porque “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” vive y trabaja entre ellos.

¡Gracias, Dios mío, por haberme hecho conocer a tus hijos de Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Andrés, por ponerme en contacto con el hermano Isaías Pareja para visitar Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Isaías, por introducirme a tus familiares y a los hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia!

¡Gracias, hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia, por haberme edificado durante la exposición de la palabra de Dios!

¡Gracias, Dios y padre de Jesucristo, por Michele y Anna y su pasión evangelizadora y discipuladora!

¡Que Dios bendiga y siga usando en la evangelización de los perdidos a todos mis hermanos en Cristo que están en la ciudad de Ostia de Lido! Amén y amén.