¡La prioridad de Dios es la salvación de todos los seres humanos, no su condenación!

El calvinismo es una mala sistematización de la doctrina bíblica. No solamente es mala, sino también la más peligrosa y dañina. La razón es sencilla: El calvinismo “tiene” como bandera la soberanía y gloria de Dios, y la apariencia de ser “rigurosamente bíblico”.

Pero, tristemente, no lo es. Aunque, desde los calvinistas piensan que sí.

El calvinismo distorsiona el carácter de Dios y pasa por alto la enseñanza general y evidente de la Escritura.

En este escrito voy a usar a la doctrina de la salvación de la humanidad como ejemplo de lo que afirmo. Los calvinistas enseñan que Dios tiene ya decidido de antemano la salvación de unos y la condenación de otros.

La Biblia es clarísima, sin embargo, en que lo que Dios más quiere de los seres humanos es su salvación. La evidencia de tal realidad son estos cuatro hechos:

  1. Dios le tiene paciencia a la humanidad y la soporta y busca su salvación. (Hechos 17:29-31).
  2. Dios ama a la humanidad y envío a Jesucristo, Dios Hijo, para salvarla de su condenación. (Juan 3:13-21).
  3. Dios sacrificó y ajustició a Jesucristo en reemplazo de los pecadores. (Romanos 5:6-8).
  4. Dios envío al Espíritu Santo y a la iglesia de Cristo a este mundo para predicar y anunciar el evangelio de salvación en Cristo a toda criatura a fin de que sean salvos por medio de creer en él y seguirle. (Hechos 1:8; 5:29-32).

Estos hechos son innegables y están absolutamente clarísimos en la Escritura, básicamente; y también en la historia de la humanidad.

La Biblia, asimismo, es diáfana en que Dios no quiere la muerte del impío ni su condenación. El fuego eterno de condenación, incluso, no fue preparado para los seres humanos, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo 26:41).

Hay varios textos que afirman la inalterable verdad divina de que Dios no quiere condenar al pecador.

He aquí algunos de ellos:

  1. “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos, ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).
  2. “Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17).
  3. “Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lucas 9:55-56).
  4. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Estas dos verdades complementarias son inconmovibles. Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Esa es su prioridad. Dios no quiere condenar a los seres humanos. Esa no es su principal motivación. Los textos bíblicos son claros e irrefutables. No se puede quebrantar la palabra de Dios ocultando o negando lo brillantemente escrito.

El calvinismo enseña en última instancia, sin embargo, tanto el moderado como el más extremo, en una u otra manera, esta idea que es opuesta a lo que la Biblia dice sobre la salvación de la humanidad: Dios tiene desde antes de la fundación del mundo un grupo de seres humanos a los que no quiere ni va a salvar, sino condenar y que no hay nada ni nadie que lo pueda evitar, pues esa su condenación está establecida por su soberano decreto.

No juzgo la condición espiritual de mis hermanos en Cristo que son calvinistas. Si han creído en Cristo y lo siguen son salvos, sus pecados han sido perdonados y tienen vida eterna. Jesucristo verdaderamente los ha salvado. La salvación siempre es gracias a la obra de salvación que Dios ha realizado por medio de Su Hijo.

La salvación tampoco depende de que tengamos el cien por cierto de la verdad de Dios que, por cierto, nos es imposible en este pasajero e imperfecto mundo. Gracias a Dios que es así, sino ningún ser humano podría ser salvo.

El calvinismo no representa fielmente la enseñanza de la Biblia. La desvirtúa, la quebranta, la altera y la estropea.

La Biblia enseña claramente que Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Eso es lo que él busca y es por eso que envío a Jesucristo Su Hijo a esta tierra. La condenación de los seres humanos (de todos o de un gran sector de ellos) no es el plan original ni la prioridad de Dios.

Eso no significa, desde luego, que Dios no haya castigado, que no esté castigando, ni que no castigará a los seres humanos por sus pecados. No es así. Dios sí hace justicia y castiga a los pecadores. Aun cuando hacerlo no es su prioridad ni lo que quiere.

Reitero, la enseñanza bíblica es  esta: Dios ama a la humanidad y es por eso que obra por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo y la predicación del evangelio su salvación, no su condenación.

El Calvinismo va en contra de esta verdad que está plasmada en la Biblia, en la historia de la humanidad y en la eternidad. Es doloroso que así sea. Pero no se puede dejar de denunciar a tan peligroso y contraproducente movimiento doctrinal .

El Calvinismo va en contra de lo que la Biblia dice sobre Dios y su salvación para todos los hombres a través de Jesucristo Su Hijo. Esa su enseñanza no es fiel a la Escritura aunque sus principales propulsores digan que sí.

Termino.

El calvinismo olvida que lo que a Dios más le alegra y regocija es el arrepentimiento y la salvación de un pecador. Dios sí está contengo con sus quienes ya son salvos. Él sí se deleita con quienes ya se han arrepentido y creído. Empero, su gozo es muchísimo mayor al ver la salvación de un pecador que se arrepiente.

¡Dejemos el Calvinismo y ocupémonos en darle alegría a Dios predicando y testificando su salvación en Jesucristo para que los pecadores se arrepientan y sean salvos! Amén.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (San Lucas 15:7).

“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (San Lucas 15:10).

¡Dios siempre nos ve!

Hay ocasiones en los que quisiera que Dios no me viese.

En esos momentos, yo no quisiera que viese ni fuera de mí y menos aún dentro de mí. En esos momentos, a mí me gustaría que todo lo mío, en especial, lo que no es bueno, estuviese oculto y encubierto de él.

Pero eso es imposible y lo sé, pues, Dios siempre ve.

No existe un instante en el que yo, y todo ser humano, esté oculto a sus ojos. Siempre estamos en su presencia. Su mirada traspasa todo obstáculo, toda barrera y todo escondite que coloquemos entre nosotros y él.

David, el rey de Israel, que tuvo momentos en su vida que hubiera preferido mantener encubiertos de Dios, escribió: “Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandece alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti. Y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz.” (Salmo 139.11-12).

David tuvo momentos de tropiezo, de debilidad. Su carne y sus pasiones pecaminosas lo doblegaron, y cedió, y pecó, y ofendió a Dios. ¡Su caída fue vergonzosa! Y lo peor de todo: ¡Dios lo vio! Está escrito: “… Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.” (2 Samuel 11:27).

¡David tiene que haber querido que las tinieblas más oscuras lo ocultasen de los ojos de Dios!

Pero …

Dios nos ve en la noche más compacta y en las tinieblas más negras. Las tinieblas más densas y la noche más oscura son claras y diáfanas a sus ojos. Él nos mira en la penumbra y en la negrura de la noche como si mirase el día más soleado.

¡Qué grandioso y glorioso es el Dios y Padre de Jesucristo! ¡Cuán bendito es Jesucristo, quien nos hace aceptos ante los ojos del Dios todo vidente! ¡Gracias a Dios por Jesucristo Su Hijo quien nos cubre nuestras tinieblas con la luz de su justicia y santidad!

¡Por Jesucristo y su obra de salvación es que todo pecador que cree en él puede ser visto por Dios como digno de vivir y experimentar su gloria ya hoy y por toda la eternidad!

¡Acerquémonos al Dios que todo lo ve por medio de Jesucristo! ¡Nunca nos arrepentiremos de hacerlo! Amén.

La gracia de Dios y yo.

“por gracias sois salvos.” (Efesios 2:5).

La gracia de Dios me maravilla, me impresiona.

No concibo mi vida sin la gracia de Dios.

Vivo y viviré en esta tierra hasta que la gracia de Dios lo determine. Es la gracia de Dios la que me sostiene y me da aliento para estar en pie aquí. Yo no tengo esperanza de vivir con Dios por la eternidad, asimismo, sin la gracia de Dios. Es la gracia de Dios la que me da esperanza de vivir eternamente en el mundo nuevo junto a Dios cuando todo termine.

La gracia de Dios me es indispensable.

¡Yo la necesito y la necesitaré siempre!

Y la gracia de Dios, a Dios gracias, está a mi alcance, a mi disposición … pero no solo para mí, sino para todo aquel que la necesite, que la requiera.

La gracia de Dios es abundante y suficiente. El alto, el ancho, el largo y la profundidad de la gracia de Dios es equivalente a Dios y a su inmensidad. La gracia de Dios es del tamaño de Dios.

Pienso mucho en la gracia de Dios.

Pero no siempre ha sido así.

Antes de mis veintidós años no pensaba en la gracia de Dios. No la tomaba en cuenta. Pensaba en mi buena suerte, en mi habilidad, en mi astucia, en mi capacidad. Sabía que era malo y no tan bueno, pero me veía en mejor condición que mis semejantes.

En aquel tiempo, yo no temía a Dios, ni lo respetaba. Tampoco pensaba en lo transitorio de la vida ni en la inmensidad de la eternidad. Vivía el momento sin pensar en nada más. No pensaba ni en la recompensa eterna por el bien, ni el castigo eterno por el mal.

Empecé a pensar en la gracia de Dios porque conocí a Jesucristo en base a la Biblia. La gracia de Dios me permitió esa experiencia con Jesús. A partir de allí, la gracia de Dios hizo y hace maravillas en mí. Me quedó absorto y atónito al verla obrando en mi vida. Mi comprensión de la gracia de Dios se ha acrecentado y se acrecienta, por experimentarla y disfrutarla, y por mi lectura de la Biblia, que habla de ella.

La expresión “por gracia sois salvos” que está en Efesios 2:5 (y su contexto, que describe mi condición, y la de todo ser humano), me emociona, me conmueve, me llena de gratitud, de confianza y de esperanza.

Alabo a Dios y le agradezco por su gracia. Es ella la que me trajo a Cristo y a su camino; y es ella, también, la que me mantiene en esta fe y en esta esperanza hasta el fin de mis días en esta tierra.

Es imposible para mí mi salvación ante Dios.

No la puedo conseguir por mí mismo.

Soy pecador. Es mi tragedia, mi desgracia (pero no solo la mía).

Soy pecador en mi naturaleza. Soy pecador en mi mente. Soy pecador en mi actos y en mi reacciones. A mí no me enseñaron a hacer el mal, lo aprendí solito. Nadie me presionó ni me obligó a pecar, yo mismo, en forma voluntaria, lo hice.

Mi vida tiene acontecimientos pecaminosos que me abruman. Pienso en ellos siempre (estoy pensado en ellos mientras escribo). Al pensar en ellos, pienso también en que Dios me vio cometernos.

Si Dios ve todo, y es seguro que sí, no tengo excusa ante él. ¿Qué puedo decirle? ¿Cómo puedo justificarme? Es imposible. No tengo argumentos. No tengo nada que decir. Solo tengo que guardar silencio y agacharme avergonzado en su delante.

Dios sabe todo.

No puedo ocultarle lo que soy ni lo he hecho de malo.

La gracia de Dios en Jesucristo, sin embargo, hace posible que yo mismo ya no tenga que responder ante Dios por mis pecados. Dios mandó a Jesucristo a esta tierra para darnos en él su gracia y su bondad.

Dios envío a Jesucristo para salvarnos de nuestros pecados. Jesucristo murió por nuestros pecados. Él murió en reemplazo de los pecadores (de todos, no solo algunos). Él pagó el castigo que nos correspondía a nosotros por nuestros pecados.

Es gracias a la obra de Jesucristo a nuestro favor que está escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2).

Necesitamos la gracia de Dios.

La gracia de Dios nos es indispensable.

Es imperativo que Dios nos trate y nos mire con gracia. Sin la gracia de Dios no tenemos opción de misericordia, de perdón de pecados, de vida eterna y de vivir junto a Dios en su gloria.

Pensemos más y más en la gracia de Dios, que en nuestros méritos o deméritos.

Enfoquémonos más en Cristo Jesús y en su obra gratuita de salvación a nuestro favor que en nuestra pecaminosidad y en nuestra imperfección.

No merecemos la salvación de Dios. No la podremos obtener nunca hagamos lo que hagamos. Y es por eso, justamente, que Dios nos ofrece su salvación y su vida eterna por gracia y solamente por gracia.

Dios nos regala su salvación y su perdón de pecados gratuitamente a través de la fe en Jesucristo. ¡Recibámosla! Estiremos nuestras manos y apropiémonos de ella por la fe en Jesús, nuestro bendito y fiel salvador.

Finalizo.

Estoy y estaré de pie ante Dios por su gracia. (Pero no solo yo).

Estamos en pie y estaremos en pie ante Dios como sus hijos benditos por la gracia de Dios en Cristo Jesús, no por nosotros mismos, sino a pesar de nosotros.

Descansemos en la gracia de Dios y sirvamos a Dios agradecidos durante todo el tiempo que todavía nos queda en este mundo.

No busquemos a Dios basados en nuestro mérito, sino en su gracia a través de la fe Jesucristo Su Hijo. No existe otra manera, sino solo la que Dios a determinado: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ella.” (Efesios 2:8-10).

¡Qué Dios me ayude a valorar y vivir conforme a la gracia de Dios en toda área de mi vida en este mundo!

¡Muchas gracias doy a Dios por haberme hecho conocer su gracia por la fe en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre para unirnos con Dios!

Si has leído hasta aquí y tú todavía no has creído ni sigues a Jesús, empieza hoy y cree en él y síguelo. Solamente por la fe en Jesús disfrutarás y experimentarás la gracia bendita de Dios.

¡Percepción errónea y desaire mortal!

Existe una percepción errónea y un desaire mortal del que uno se arrepentirá por siempre.

No te burles, no te rías, no juegues y no menosprecies las noticias que anuncian el castigo divino.

No menosprecies el mensaje que anuncia lo qué pasará en el futuro.

En una ciudad antigua emblemática vivían dos jóvenes bastante afortunados.

Los dos jóvenes citadinos de nuestra historia estaban contentos. Les estaba yendo muy bien. Vivían en una ciudad moderna y próspera y ellos habían progresado con ella. Tenían novia y ya pronto se casarían con ellas; el compromiso ya estaba hecho.

Su presente era muy bueno y su futuro se veía promisorio.

Un día, sin embargo, el padre de sus prometidas, los buscó bastante urgido. Él llegó a ellos harto presuroso. Se veía sudoroso y cansado, pues había venido corriendo. Ellos lo vieron nervioso, angustiado, desesperado y con muchísimo miedo.

Se preocuparon por su condición.

Esa su preocupación, sin embargo, cambió tan pronto como Lot, su futuro suegro, les dio su mensaje. Él les dijo: “Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.” (Génesis 19:14).

El contenido del mensaje les hizo pensar que su suegro estaba delirando, fuera de sí, y exagerando demasiado.

Lo vieron como una fanático “religioso”, que hablaba cosas irreales.

Estos dos muchachos no tomaron en serio a su suegro y tampoco a sus palabras. Ellos asumieron que el padre de sus prometidas estaba “bromeando”, y “burlándose” de ellos. Según su “percepción”, su suegro estaba alucinando y fantaseando. No veían ningún problema en el horizonte y a ningún “Jehová” que iba a “destruir” su ciudad.

Ellos no escucharon a su suegro. En ningún momento consideraron que su percepción era “errada”. En consecuencia, no hicieron caso de su suegro, no se preocuparon siquiera por tan urgente noticia. “Desairaron” y “desoyeron” el aviso que Dios les envío y no salieron de la ciudad.

Lo que ocurrió después con la ciudad y con ellos fue terrible.

Su suegro no estaba bromeando.

Jehová Dios estaba airado contra su ciudad y sus ciudadanos. Él verdaderamente iba a destruir su ciudad y había enviado su mensaje a ellos para que no pereciesen con ella.

Su percepción errónea y su desaire al mensaje que se les envió para salvarlos les fue mortal.

El juicio de Dios no fue una broma.

Dios no quiere condenar; Él quiere salvar. Él no advierte en vano. A estos dos jóvenes los atrapó el juicio de Dios por menospreciar y no escuchar la advertencia que recibieron.

La descripción de lo que Dios hizo con su ciudad es clarísima: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” (Génesis 19:24-25).

Estos dos muchachos “percibieron” el mensaje salvífico de su suegro como una burla a ellos. No sé porqué es que lo percibieron así. Seguro que Lot tenía algunos problemas como testigo de Dios y comunicador de su mensaje. Pero, ellos no tienen excusa, y si la tuvieron, ésta no los libró de perecer con su ciudad y sus conciudadanos.

Reírse, burlarse, jugar y menospreciar el destino eterno es muy peligroso. Tomar en poco el juicio de Dios por nuestra acciones pecaminosas es un error fatal. Caricaturizar la salvación de Dios y verla con desprecio y desaire nos traerá perjuicio temporal (en esta tierra) y eterno (en el mundo venidero).

Tomemos a estos jóvenes como un ejemplo de lo que no debemos hacer.

¡Percibir erróneamente a los mensajeros de Dios y su mensaje, y desairar a Dios y a su mensaje de salvación, nos acarreará condenación eterna!

¡Cuidado!

Dios existe y es nuestro creador. Él es bueno y misericordioso.

Nosotros somos pecadores y vivimos  alejados de él, desobedeciéndole y deshonrándole.

Nosotros merecemos el juicio y la condenación divina, pero Dios no quiere condenar ni castigar, él quiere perdonar y salvar.

Dios nos ha enviado a Jesucristo Su Hijo para salvarnos de nuestros pecados y de nuestra condenación. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Dios ofrece perdonar y quitar toda condenación a toda persona que cree en Jesús y le sigue genuinamente.

Creamos en su mensaje urgentemente. ¡Creamos y sigamos a Jesucristo Su Hijo!

Necesitamos la salvación de Dios y él está listo para salvarnos.

Cada día que pasa nos acercamos a nuestro encuentro eterno con Dios y solamente Jesucristo puede hacernos aceptables ante él.

Dios quiso salvar a dos de los jóvenes de Sodoma y de Gomorra, pero ellos menospreciaron su oferta de salvación y perecieron en la condenación de su ciudad.

No incurramos en su error craso.

Escuchemos con temor y reverencia el mensaje de la Biblia.

Dios ha enviado sus mensajeros a todo el mundo con su mensaje de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo.

Si tú escuchas el evangelio de Jesús, créelo. Si tú escuchas que Jesús vino salvarte, recíbelo y síguele como discípulo.

Si te conviertes a Dios por medio de Jesucristo para servirle y adorarle de corazón serás salvo eternamente y la ira de Dios no te alcanzará jamás. El apóstol Pablo escribió estás palabras de quiénes creen y siguen a Jesucristo: “… y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

¡Creamos a los mensajeros que hoy nos anuncian el juicio de Dios y su salvación por medio de Jesucristo! ¡Jesús es el único que nos libra de la ira venidera!

Si te burlas, si te ríes, si juegas, si menosprecias y si desaíras a los mensajeros y al mensaje de la salvación de Dios en Jesucristo que se te trae, te arrepentirás eternamente.

¡Todos tenemos que tomar muy en serio el evangelio de salvación de Dios en Cristo Jesús!

¡Evitemos la percepción errónea y el desaire mortal que consiste en no hacer caso al mensaje de salvación en Jesucristo que Dios nos envía por medio de sus mensajeros! Amén. 

¡Anunciemos gozosamente el evangelio de Jesucristo!

“Evangelio” significa “buenas noticias”, “buenas nuevas”. El evangelio en la Biblia es presentado como un mensaje poderoso. El poder del evangelio bíblico radica en el poder de Dios y en lo que anuncia: la salvación, el perdón de pecados y la vida eterna.

El evangelio anuncia la salvación de Dios por medio de Jesús, Su unigénito Hijo, quien es el salvador, Cristo el Señor. Los ángeles consolaron a los pastores que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús con palabras evangélicas: “… No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).

Dios ama a los pecadores y es por eso que envío a Su Hijo a este mundo para que los pecadores que creen en él y le siguen sean salvos. Dios no quiere condenar; esa no es su prioridad. Lo que Dios quiere es salvar y Jesucristo Su Hijo es la evidencia irrefutable de tal realidad.

Jesucristo, de acuerdo al evangelio, murió por los pecadores conforme a las escrituras, y resucitó de entre los muertos al tercer día. Luego de resucitar, él se presentó vivo a sus discípulos con muchas pruebas indubitables de su resurrección y les habló del reino de Dios por cuarenta días.

En mérito a quién es Jesús y a la obra de redención que él realizó en la cruz del Calvario, todo pecador que cree en él y le sigue de corazón es hecho hijo de Dios y coheredero del reino de Dios. Este es el mensaje vital del evangelio bíblico.

La buena nueva, la noticia alegre, el evangelio bíblico, afirma ciertísimamente que quienes creemos en Jesús y le seguimos, somos hechos hijos Dios, ya no estamos perdidos, ya no somos hijos de ira, ya no estamos bajo condenación. Esta nuestra salvación es un hecho consumado y real gracias a que Jesús “… fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos‬ ‭4‬:‭25‬).

El evangelio es inclusivo y está accesible a toda criatura y a todas las naciones. Apropiarse del evangelio de Jesucristo y de sus beneficios es fácil. ¿Cómo es que obtenemos la salvación de Dios por medio de Jesucristo que anuncia el evangelio? El apóstol Pablo no dice lo que tenemos que hacer. “… Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10).

¡Creamos el evangelio! ¡Hagámoslo pronto! ¡Confesemos que Jesús el Señor y creamos en nuestro corazón que se levantó de entre los muertos por el poder de Dios! Si lo hacemos, si confesamos y si creemos, seremos salvos eternamente.

Una vez que ya hemos creído y confesado a Jesucristo, el evangelio nos “obliga” a una misión, a la misión de anunciar el mensaje de salvación. Nosotros que creemos estamos llamados a compartir la buena noticia de la salvación a toda persona por dondequiera que vayamos.

¡Hablemos el evangelio! ¡Contemos las buenas nuevas de salvación a quienes se relacionan con nosotros! ¡Aprovechemos cada oportunidad que Dios nos da para decirle a otros que Jesucristo es el único y suficiente salvador que necesitan!

Está escrito:‬‭ “Pues si anuncio el evangelio no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciaré el evangelio!” (1 Corintios 9:16). ¡Qué Dios nos impulse a hablar las buena nuevas de salvación en Cristo a toda persona en todo tiempo! Amén.‬

Crónica de mi visita a la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España.

Jesucristo anunció que edificaría Su Iglesia en Mateo 16:18. La Iglesia es una obra de Jesucristo. Él es quien la edifica, la acrecienta, la sustenta, la purifica, la corrige y la perfecciona. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, “… la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:23).

Jesucristo edifica Su Iglesia desde los cielos a través del Espíritu Santo, de sus seguidores obedientes y de la predicación del evangelio. Él empezó a edificar Su Iglesia desde el día de Pentecostés, con la llegada del Espíritu Santo (Hechos 2:1-47).

Jesucristo es quien añade a Su Iglesia a todos quienes creen en su evangelio: “… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Todos los que creen en Jesús y le siguen son Su Iglesia y son salvos ya desde hoy y por toda la eternidad. Esta obra de Cristo es indestructible y llegará a su fin cuando él termine de edificarla, santificarla y perfeccionarla. (Foto: El pastor Francisco Ruiz, quien fue el primer pastor de la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia de Jesucristo ocupa un lugar central en mi vida. Mi vida gira alrededor de la iglesia desde el 29 de junio de 1987. A mí me gusta ver lo que Dios hace en la iglesia. Es una bendición grande hablar de cómo Dios está obrando en la iglesia.

En esta nota testificaré de lo que vi en la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España. Este escrito es un testimonio que escribo con retraso. Dios me dio la oportunidad de conocer y de interactuar con su congregación de hijos que Dios que está en Torrejón de Ardoz, España. Esta mi interacción ocurrió el año pasado, entre setiembre y octubre.

Estuve en esa congregación para dar el mensaje de la Biblia a la congregación y a un buen grupo de jóvenes, que se congregaron allí en razón de un encuentro juvenil. Mis momentos allí fueron dos y muy edificantes y significativos.

Mi experiencia con los hermanos de la iglesia y con la juventud que se congregó en esa ciudad llenó de mi alma de gozo y de optimismo. En España, como en varias otros países de este mundo, Dios tiene un remanente fervoroso de hijos suyos. Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, es creído, seguido, amado, alabado, obedecido y esperado por varios españoles y por diversas personas de las varias naciones que están viviendo en esa nación europea. (Foto: Edificio en el que se congrega la PIB de Torrejón de Ardoz, España. Calle Higuera, 4, 28850).

La Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz empezó el año 1981. La congregación empezó con la familia Ruiz. Esa congregación naciente tuvo el apoyo del misionero Julio Lyons. Ese esfuerzo inicial de discípulos obedientes a la gran comisión rindió fruto para vida eterna y le ha dado a la ciudad de Torrejón de Ardoz el testimonio de Jesucristo y su salvación desde ese año hasta hoy.

Dios me dio el gusto de conocer y charlar un poquito con Francisco Ruíz, quien fue el primer pastor de la congregación. Él es un ciudadano español y ya está jubilado. El pastor Francisco todavía tiene vigor y comunica con entusiasmo el cómo obró Dios en su ciudad para edificar la congregación de discípulos de Jesús en sus días. (Foto: Jesucristo salva gente y la añade a Su Iglesia por la obra del Espíritu Santo, la obediencia de sus discípulos y la predicación del evangelio y su palabra escrita).

Mi visita a esa congregación fue una realidad gracias al pastor Ruben Ruiz, que es quien preside, administra y pastorea a los hijos de Dios que reúnen allí. El pastor Rubén y su familia fueron anfitriones amenos y agradables. Ellos reflejaron la hospitalidad que es una característica clave de los siervos de Dios.

Con el pastor Ruben hablamos de la Biblia y de la obra de Dios en su país. Hablamos de historia de la iglesia y del papel de españoles ilustres, Casiodoro De Reina (Sevilla, España) y Cipriano de Valera (Fregenal del Sierra, España). Estos dos españoles son los que nos legaron la Biblia que usa gran parte de la iglesia de lengua española. El primero, nos la tradujo (1569); y el segundo, la revisó (1602).

El pastor Rubén me obsequió una Biblia de transporte fácil. Esa Biblia es la que viaja conmigo dondequiera que Dios me da el privilegio de enseñar y predicar. ¡Gracias, pastor Ruben, por tan útil obsequio! (Foto: El pastor Rubén y su esposa, oremos por ellos, su trabajo es muy importante para la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz está compuesta por hermanos españoles y por hermanos de otros varios países. El local en que se reúnen es acogedor y cálido. Los cantos al Señor son muy parecidos a los que cantamos en el Perú. La atención a la palabra de Dios es estimulante. Dios bendijo mi vida durante mi tiempo entre sus hijos. ¡Dios los bendiga y los siga sobreedificando en la fe en Jesucristo con la palabra escrita que está en la Biblia!

Pablo tenía interés en España, quería visitarlos. Entiendo a Pablo en ese su interés. La historia muestra que España ha sido un instrumento de Dios para que Su Persona y Su obra de Salvación por medio de Jesucristo sean conocidas en varias naciones del mundo. (Foto: Los jóvenes que se congregaron en el local de la PIB de Torrejón de Ardoz para oír el mensaje de Dios y tener comunión unos con otros vinieron de distintos lugares de España).

En la España actual son muchos los ciudadanos de diferentes países que encuentran a Jesús y le siguen al llegar a ese país en busca de un futuro mejor. Estoy contento porque Dios tiene discípulos de Cristo que están predicando el evangelio y haciendo discípulos en España. Mi alma se alegra al ver la obra de salvación por fe en Jesús que Dios difunde por medio de Su Iglesia.

Finalizo este testimonio dando gracias a Dios porque tiene a los hermanos de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz como sus mensajeros para que sean muchos más los ciudadanos que escuchan el evangelio de Cristo en esa ciudad.

¡Qué Dios bendiga a los hermanos de la PIB de Torrejón de Ardoz y que los afirme en la de Jesús y los siga usando como sus mensajeros en esa ciudad y en toda España! Amén.

…..

“Si eres una persona que está buscando a Dios o si ya eres un hijo de Dios por medio de Jesucristo, y estás en Torrejón de Ardoz, visita y reúne en esta congregación de hijos de Dios.”

…..

¡Dios se manifiesta y nos habla para que lo conozcamos y nos relacionemos con él!

Dios existe, es una persona y se comunica comprensiblemente. Él se revela y se manifiesta a nosotros porque quiere que lo conozcamos. Su revelación y su voluntad está registrada en la Biblia para que la sepamos y entendamos (Jeremías 9:23-24).

Dios quiere que nosotros hagamos su voluntad y es por eso que su mensaje es sencillo de captar y asimilar. Él no quiere no vayamos de su presencia confundidos y rascándonos la cabeza. Él, como todo buen padre a sus hijos, nos habla clara y comprensiblemente.

Su comunicación clara y comprensible está en la Biblia, la cual es Su Palabra. Esta su Palabra, las Sagradas Escrituras, fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17) y está a nuestro alcance gracias a los santos hombres de Dios, que la hablaron y la escribieron para nuestro bien. Está escrito que “… nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21).

La determinación de Dios por ser conocido por todos los seres humanos está fuera de toda duda. Las evidencias son muchas en toda la Escritura y el libro de Hebreos 1:1-4 las resume con precisión y exactitud. Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras y solo hay que revisar hoy el Antiguo y el Nuevo Testamento para verificarlo. Empero, la evidencia más grande e impresionante del afán de Dios por ser conocido por nosotros, es Jesucristo Su Unigénito Hijo. Dios lo envío a esta tierra para que Jesús personal y humanamente nos exponga y nos revele cómo es él y cómo es que nosotros podemos relacionarnos íntimamente con él. Está escrito: “A Dios nadie le vio Jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18).

Dios, asimismo, para que nosotros sepamos todo lo concerniente a él, a sus obras, a sus deseos y a su buena voluntad para con nosotros, nos ha dado Su Espíritu Santo, quien inspiró la palabra de Dios. El Espíritu Santo está en todo aquel que cree en Jesús y le sigue (Efesios 1:11-14). El Espíritu es el maestro de los hijos de Dios. Él guía, enseña y hacer recordar la verdad de la palabra de Dios a todos quienes creemos y seguimos a Jesucristo (Juan 14:15-17, 26; 16:13-15).

El Espíritu Santo también ilumina y da sabiduría a los expositores, maestros, predicadores y oyentes de la palabra de Dios para que sepan, comuniquen y entiendan lo que Dios quiere decir por medio de la Biblia (1 Corintios 2:6-13). El conocimiento de Dios, Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad, está garantizado de parte de nuestro Dios y Padre celestial. Somos nosotros entonces hoy los responsables de acercarnos a Dios por medio de la escritura para conocerlo y relacionarlos con él por medio de Jesucristo Su Hijo. Está escrito también: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6).

A nosotros nos toca leer, oír, creer y obedecer la Biblia para conocer e intimar con Dios. Dios quiere esto y es por eso que se ha comunicado, se comunica y se seguirá comunicando con nosotros. Vivimos un tiempo de gracia y de revelación salvífica de Dios (Lucas 4:16-21). Todo aquel que hoy conoce y se relaciona con Dios por medio de Jesucristo oyendo lo que la Biblia dice de él es salvo, es perdonado de sus pecados y hecho hijo de Dios.

¡Aprovechemos este bendito tiempo que vivimos y ocupémonos en conocer e intimar personalmente con Dios porque él así lo quiere!

Amén.

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24

¡Jesucristo es Dios verdadero y vida eterna!

Los primeros seguidores de Jesucristo sabían, conocían. Ellos nos transmitieron ese su saber en el Nuevo Testamento, que juntamente con el Antiguo Testamento, constituyen la Biblia, la palabra de Dios, la cual él ha revelado a través de hombres inspirados -guiados y conducidos- por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:20-21; 2 Timoteo 3:16-17).

El conocimiento y el saber más importante, que es el vital y el que cambió totalmente sus vidas, tenía que ver con Jesucristo. Jesucristo los asombró y maravilló. Ellos no volvieron a ser los mismos luego de oír, creer, seguir y obedecer a Jesucristo.

Para ellos, Jesús de Nazaret, venía de Dios y era Hijo de Dios; no tenían dudan al respecto.

Ellos empezaron a oírle, a creerle y a seguirle por verlo como un enviado por Dios. Así fue al principio. Pero después, al ir reflexionando más detenidamente en todo lo que vieron y experimentaron, especialmente, luego de su muerte y resurrección, conocieron y entendieron que Jesús era Dios, el Único y Verdadero Dios.

El evangelista que tuvo más tiempo para pensar, afirmarse y maravillarse de ese glorioso hecho fue Juan, el discípulo amado. Juan fue el último de los apóstoles en morir. Él escribió su Evangelio, sus tres cartas y el Apocalipsis, testificando de la deidad de Jesús.

Los apóstoles y todos los discípulos de aquella época eran gente que sabía, que conocía y entendía. Todo ellos entendían que Jesús de Nazaret, Su Salvador y Rey, había venido a la tierra verdaderamente; ellos lo habían visto con sus propios ojos. Este era un hecho indiscutible. 

Jesús es Dios hecho Hombre (Juan 1:1-14). Este era un hecho histórico verdadero; y ellos, por haberle oído, creído y seguido, estaban en comunión con él, quien es Dios, El Verdadero. Jesús les  otorgó y proveyó vida eterna a todos ellos, porque él es también la vida eterna, la cual estaba con Dios Padre y se manifestó en él en esta tierra (1 Juan 1:1-4). Este era también un hecho histórico del que ellos testificaban convincentemente.

Ellos entendieron que Jesús es Dios y La Vida Eterna gracias a que él mismo les dio entendimiento para que lo conociesen como Dios y Vida Eterna. En consecuencia, los que creen y siguen a Jesucristo son siempre personas sabias, conocedoras y entendidas. La ignorancia, la falta de conocimiento y la necedad no son parte de los hijos de Dios.

¡El seguidor de Jesucristo sabe y entiende la palabra de Dios porque Jesucristo mismo le instruye y le da entendimiento!

Es por eso entonces que el seguidor de Jesús tiene la convicción y la certeza de poseer la vida eterna. Jesús definió la vida eterna como la experiencia de conocer a Dios Padre, el Único Dios Verdadero, y a Jesucristo a quien él ha enviado! (Juan 17:1-4).

¡Quienes seguimos a Jesucristo sabemos, conocemos y entendemos que somos de Dios por causa de Jesucristo y que es por él también que tenemos una relación sana y buena con Dios!

Juan, que era conciente de lo benditos que somos los creyentes y seguidores de Jesús. escribió así: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

No estamos en ignorancia.

Nosotros sabemos.

Nosotros entendemos.

Los cristianos estamos convencidos de que Jesús es Dios Verdadero y Vida Eterna.

Nuestra convicción sobre Jesucristo está alimentada y sustentada en la Escritura y la iluminación del Espíritu Santo.

Nosotros entendemos que Jesús nos trae a Dios y también la vida eterna. Jesucristo es nuestra esperanza única para esta vida y la venidera.

¡Qué Dios nos ayude a crecer en nuestro entendimiento y en nuestra convicción de que Jesús es Dios verdadero y la vida eterna!

Amén.

Redford Tramell, un hombre de Dios que vive por y para la misión de evangelizar y discipular a todas las naciones.

Redford Tramell es un hombre de Dios. Él vive por Jesucristo y su obra de salvación. Dios y su obra son visibles en su vida. Pablo, que vivía por Cristo y la extensión del evangelio, “lo tuvo en su mente” cuando escribió estas palabras: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a lo que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 4:17). Admiro a este mi hermano y quiero imitar su fe y su pasión por la extensión del evangelio.

Conocí a Redford Tramell en el año 1999, cuando yo tenía 34 años. En ese año yo tenía 7 años siguiendo a Jesucristo, mi historia en Cristo estaba empezando; la historia en Cristo de mi hermano Redford era mucho más larga, él llegó a Perú en el año 60 y ya había establecido dos congregaciones en Lima.

El misionero Redfod Tramell ha bendecido y ha sido usado crucialmente en la extensión del evangelio y la fundación varias iglesias de Jesucristo en Perú. En Villa El Salvador, Lima, existen hoy varias iglesias crecientes y florecientes, que tiene una buena cantidad de discípulos, local propio y liderazgo firme gracias, en una u otra manera, a este siervo de Dios. (Foto: Redford Tramell y Andrés, mi hijo, y yo, cuando lo visitamos el mes de agosto).

Al momento de conocerle, el misionero Redford Tramell y Elisabeth, su esposa, que partió a la presencia de Jesucristo hace unos años, ya no estaban estableciendo congregaciones en forma directa y personal. Para ese momento, Redford había fundado la Misión Peruana A Toda Criatura (ATOCRI), cuya oficina estaba ubicada en su vivienda.Toda su labor misionera la realizaba desde y a través de esta misión.

Redford Tramell fundó Atocri con la participación de varios pastores e iglesias de Lima. Atocri surgió por la misión y para la misión. Viví a Atocri y a su objetivo, la misión y su cumplimiento, por unos 8 años. En esa oficina “se respira”, “se come” y “se bebe” obra misionera local, nacional y mundial. Todo lo que ocurre allí es un reflejo de la vida, obra, discurso y ejemplo de este singular obrero de Dios.

Atocri promueve la oración misionera. Se ora con ruego intenso por obreros para la obra de Dios, para que Dios envíe más. Se ora por las iglesias que no tienen pastor, para que Dios les de su pastor. Se ora por los pastores y misioneros, para que Dios les provea, los guarde y los use en la salvación y en la edificación de las personas. Se ora por las iglesias, para que tengan visión y pasión por predicar el evangelio. Se ora por las etnias del Perú y el mundo, para que sean alcanzados con el evangelio. Etc. (Foto: Una oficina de Atocri. Todo es misiones y misiones).

Redford Tramell y Atocri, en el tiempo que serví allí, organizaban mensualmente cursos para ayudar a los pastores, misioneros y líderes en la actualización y la renovación de su conocimiento bíblico teológico ministerial. Organizaban anualmente, también, una conferencia bíblica para misioneros, pastores y líderes. Recuerdo esas conferencias, eran de desafío y de bendición grande. Tanto los cursos mensuales como la conferencia anual, ayudaban a los pastores, misioneros, líderes e iglesias en su comunión y compañerismo, pues, se conocían y se relacionaban bendiciéndose mutuamente.

Redford Tramell y la misión de Jesucristo a la iglesia están muy entrelazadas.

Redford Tramell y Atocri son inseparables.

Redford Tramell respira y transpira evangelización y discipulación.

Dios, Jesucristo y su obra de salvación, y la misión y la iglesia, y el mundo y su condición, están en todos los poros de mi hermano Redford. No he conocido a alguien que viva la misión como él la vive. Mi “jefe”, yo le llamo así siempre, es único. (Foto: Oficina de Jenny, secretaria de Atocri. Más misiones y misiones).

Ya no vivo en Lima y ya no lo frecuento tanto, pero cada vez que lo he visitado he sido testigo del compromiso misionero de Redford Tramell. Su casa está llena de su pasión. Mapas misionológicos en las paredes de toda la casa. Globos terráqueos. Tarjetas de oración de misioneros. Descripción y fotografías de la etnias de Perú y de otras naciones. Todo está “pintado” y “decorado” con la gran comisión.

Redford Tramell construyó en el techo de su casa “el Aposento Alto”. El Aposento Alto es una habitación en la que se hospeda a los visitantes. Esa habitación también está dedicada a la oración, a la oración misionera. Allí se ora por la extensión del evangelio cada día. Siempre hay una predica que motiva a la acción misionera. Siempre hay oración misionera allí.

Redford Tramell ya pasó los noventa años. Ayudémosle intercediendo a Dios por él. Dios ya recogió a Elisabeth, su esposa y compañera de milicia de toda la vida. También, Dios recientemente acaba de llamar a su presencia a su hijo Jonathan Tramell, el mayor de sus tres hijos. Él está triste. Él necesita nuestra mediación en oración. Él mantiene su lucidez mental y espiritual, pero su cuerpo está cada vez más desgastado y débil. Nosotros le ayudaremos muchos orando por él.

Aprecio y admiro a Redford Tramell. Veo a Dios en él. Su pasión por Cristo y su forma de hablar con Dios me conmueve. Dios bendijo mi vida a través de él. Lo tengo en mi memoria y es mi referente en mi camino de vivir para Jesucristo y su obra. (Foto: Andrés y yo con Redford Tramell cuando oímos su testimonio y nos animó).

¡Qué Dios bendiga a Redford Tramell con una vejez lúcida y poco dolorosa! ¡Qué Dios alivie y conforte el corazón de este su buen siervo! ¡Qué Dios se glorifique en él hasta el último día de su vida en esta tierra!

Amén y amén.

Más:

Elisabeth Tramell, una mujer admirable.

El Aposento Alto.

¡Los seguidores de Jesucristo somos personas que conocemos la verdad de Dios!

El hijo de Dios es una persona que sabe, que conoce, que está enterado. La Biblia es clarísima. La ignorancia, el no saber, la desinformación, no es propia de aquellos que creen en Dios por Jesucristo.

Todo hijo de Dios sabe lo que cree y sabe dar razones convincentes en base la Escritura, la Biblia, de la esperanza que tiene por seguir a Jesucristo. No somos buenos seguidores de Jesucristo si no sabemos y no podemos dar testimonio convincente e inteligente de nuestra fe.

La ignorancia de Dios, de Su Voluntad y de Su Palabra, es propia de los que no creen en Dios, de los que le dan la espalda, de los que lo niegan. Ellos son los que no tienen ninguna idea clara de lo que Dios quiere para los seres humanos. Ellos viven así porque “han recibido el espíritu del mundo” y ese espíritu lo controla el maligno y él quiere a la humanidad en ignorancia completa de Dios y de lo que él dice.

Pablo afirma irrebatiblemente: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:12).

En ese texto bíblico se divide a la humanidad en dos grupos bien diferenciados: 1) los que han recibido el espíritu del mundo, que son los que no conocen a Dios y que no saben lo que Dios ha dispuesto para los seres humanos y 2) los que han recibido el Espíritu que proviene de Dios y que saben lo que Dios ha dispuesto para la humanidad y para ellos mismos.

Todos los que seguimos Jesucristo hemos recibido el Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo lo recibimos tan pronto como creemos el evangelio y nos convertimos en seguidores de Jesucristo (Juan 7:37-39; Efesios 1:13-14). Nosotros estamos aptos para saber y para conocer lo que Dios nos ha concedido desde el mismo instante que Dios nos da vida nueva por medio de Su Espíritu.

1 Corintios 2:12 es una llamada de atención a los seguidores de Jesucristo de hoy. Todos nosotros tenemos que conocer la verdad, las obras y la voluntad de Dios porque él nos ha dado Su Espíritu Santo para que nos enseñe y nos haga saber todo lo suyo. Dios ha hecho su trabajo y nos ha bendecido dándonos la Biblia, Su Palabra, y Su Espíritu Santo. Ahora nosotros tenemos que educarnos e instruirnos en lo que Dios ha dicho.

Dios ha hecho lo que le toca.

Ahora nos toca trabajar a nosotros.

A nosotros nos toca leer y escuchar la palabra de Dios, la Biblia. A nosotros nos toca pensar y meditar en la ley de Dios. A nosotros nos toca escudriñar e investigar lo que Dios dice. Nosotros tenemos que coger la Biblia y alimentarnos de ella tanto como podamos.

A nosotros nos toca saber y conocer lo que Dios nos ha concedido. Todo está en la Biblia. ¡Muévenos a darle la atención debida a la palabra inspirada por tu Espíritu, Dios nuestro! ¡Haz que seamos un pueblo instruido en tu santa verdad, Dios y Padre de Jesucristo!

Amén y amén.