Segundo tenía 22 años cuando se convirtió en seguidor de Jesucristo.
Segundo, antes de su conversión, estaba atrapado por vicios y costumbres que desgastaban su alma, afligían a sus padres, avergonzaban a sus hermanos y familiares, y causaban conmiseración entre sus vecinos y entre todos aquellos que lo conocían.
Segundo era muy consciente de que su vida estaba mal y que de seguir así, nada bueno se avizoraba para él. Porque lo sabía y porque eso también lo incomodaba y lo hacía infeliz, quería dejar de vivir así, y vaya que intentó ser distinto, no una, sino muchas veces. Cada vez que volvía a su casa y veía el desconsuelo de su madre, la decepción de su padre y la frustración de sus hermanos, y también, por supuesto, el propio vacío de su alma, él se proponía cambiar, se proponía dejar sus vicios, para ser un joven distinto y mejor, como sí lo eran todos sus hermanos. Pero… había un gran pero. No podía cambiar. No podía ser distinto a lo que era, no le era fácil. Siempre volvía a hacer aquello que no quería. No solamente volvía a hacer lo que no quería hacer, sino que lo hacía peor. Su vida estaba yendo de mal en peor y eso lo tenía muy frustrado.
Todo cambio, empero, el día 29 de Junio de 1987. Era Lunes. En el mundo católico, cada 29 de Junio se celebra el día de San Pedro, en honor de aquel impetuoso y rudo pescador, quien era simplemente Simón, pero que por hacerse seguidor de Jesucristo, se convirtió en el hasta hoy muy reconocido Pedro.
Ese lunes, Segundo se despertó de una borrachera. Estaba todo oscuro y no alcanzaba a ver nada, pero nada. A su mente le vino de inmediato esta pregunta: ¿Ya estoy muerto? Al ver que no estaba muerto, vinieron estas otras preguntas: ¿Voy a vivir así toda mi vida? ¿Para esto me ha creado Dios? ¿No hay otro tipo de vida que esta que vivo?
Estas preguntas volvían y volvían a la mente de Segundo. Desde que abrió sus ojos, no dejó de hacerse esas preguntas. Hasta que de pronto y sin saber cómo, a su mente le vino claramente esta afirmación: Jesucristo puede darte una nueva vida, él puede cambiarte. (Segundo había oído de Jesús desde la edad de 6 hasta más o menos los 10 años. Esto muestra lo valioso de sembrar la historia de Jesucristo en los niños).
Después de esta afirmación, en su interior retumbaron estas tres preguntas: ¿Qué es lo que van a decir tus amigos si te conviertes a Jesucristo? ¿Podrás dejar a ellos y a tus vicios y a tus malas costumbres? (Recuerda que lo has intentado muchas veces y siempre has fracasado) ¿Podrás seguir las enseñanzas de Cristo sin volver atrás?
Estas preguntas estaban allí, una y otra vez. Todo esto ocurría en el interior de Segundo y no había reposo. Se había despertado de su embriaguez como a las 4 de la mañana. Eran ya cerca de las 11 de la mañana y la batalla en su interior era cada vez más y más fuerte. Hasta que llegó el momento crucial. Eran poco más de la 11 de la cuando cuando decidió entregar su vida a Jesús. Para hacerlo, le vino a su mente el nombre de un misionero, que ya antes le había hablado de Jesucristo.
Segundo fue hasta este misionero y le dijo decididamente: Quiero entregar mi vida a Jesucristo. El misionero le miró sorprendido. Una vez repuesto de la sorpresa, el misionero y él fueron a una oficina. Allí, en esa oficina, el misionero le explicó el evangelio. Le dijo: Jesús vino a salvar a los pecadores, murió en una cruz por los pecadores, resucitó de los muertos, está vivo y ofrece dar perdón de pecados, vida eterna y una vida nueva a los que creen en él de todo corazón. Todo su resumen estaba respaldado por textos bíblicos. Finalizó este su resumen, diciéndole: ¿Quieres orar y entregarle tu vida a Jesús?
Segundo estaba decidido. Su respuesta fue: Sí, quiero entregar mi vida a Jesús. Su oración en ese momento crucial fue: “Señor Jesucristo, yo estoy cansado de vivir como vivo, quiero una vida distinta a la que tengo, si tú puedes dármela, te entrego mi vida.” Una vez que terminó de entregar su vida a Jesús, se despidió del misionero, salió a la calle, miró hacia el cielo, y le dijo a Dios: “Ahora vive tú en mi vida.” Eran ya como las 2 de la tarde.
Ese día cambio todo en la vida de Segundo. Poco a poco empezaron a verse los cambios en él. A partir de allí, ya no pudo comer sin orar agradeciendo a Dios por los alimentos. Dejó de embriagarse. Fue liberado de inmediato de un pecado que le esclavizaba y avergonzaba sobremanera. Sus amigos, al inicio, al ver el cambio, se burlaron de él; pero luego, al ver que el cambio era irreversible, lo dejaron en su nuevo camino.
Segundo se había convertido en un hombre distinto. Dios obró por gracia en su ser y por eso el cambio ocurrió. Está escrito: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas fueron hechas nuevas.” (2 Corintios 5.17). Su vida no ha sido perfecta ni sin pecado porque ser un hombre distinto, un hombre nuevo, por seguir a Jesucristo, no significa ser perfecto, ni no pecaminoso. Significa estar separado y apartado para Dios por medio de Jesucristo. Significa haber sido santificado y limpiado por la sangre de Jesucristo. Significa estar creciendo en apartarse del mal, aunque, eso sí, todavía peque y ofenda a Dios y a otros.
Es así como él llegó a ser distinto. Todo esto ocurrió por la gracia de Dios. Su gracia obró en él maravillosamente y al unirle con Cristo, se cumplió lo que dice el libro Efesios 2.8-10: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”
Su experiencia transformadora ocurrió el 29 de Junio de 1987. A partir de ese día, cada vez que llega esta fecha, él la conmemora y la celebra. Ese día es para él, un día de renovación de su compromiso con Dios. Ese día está siempre en su memoria, como lo está el día en nació, y lo celebra, y lo celebrará, hasta el fin de su vida en esta tierra.
Pero la experiencia de Segundo también puede ser la tuya. ¿Qué debes hacer para que la sea? Fundamentalmente, tienes que arrepentirte de tus pecados, y creer en Jesucristo de todo corazón, y seguirle como su discípulo todos los días de tu vida en esta tierra. Si lo haces, ten por seguro que Dios te hará un “pecador perdonado santo” y te consagrará para él. No tengas ni una duda de eso. ¡Qué Dios te ayude a entregarle tu vida a Jesús para ser así un santo más que entrará al reino de Dios!
Si ya has tenido la experiencia de creer en Jesucristo de todo corazón, ten por cierto que Dios te ha hecho un “pecador perdonado santo” y que te ve así siempre. Es muy posible que tú mismo, que te sabes pecador, no te veas así. Lo entiendo. Muchas veces me pasa lo mismo, y más, cuando pecó contra Dios y contra otros. Pero, recuerda esto siempre, no eres “pecador perdonado santo” por ti mismo, sino por lo que Dios ha hecho en ti por medio de Jesucristo. Dios te ve “pecador perdonado santo” por causa de Jesús y su obra salvadora y santificadora, y porque que te ha dado Su Espíritu, el cual está en ti (1 Corintios 6.19-20). Por eso, ¡gózate y celebra el día de tu salvación! El día de Segundo fue el 29 de Junio y lo celebra y se goza en él. En tu caso, celebra el día en que creíste. ¡Gózate! Tú sabes qué día fue. ¡Qué Dios te ayude a gozarte y a celebrar con alegría el día conversión!
