Perdonad, perdonad, … perdonad.

Los cristianos estamos llamados a perdonar.
El juzgar y condenar a otros nos está prohibido; no es nuestra labor hacer esas cosas.
A nosotros se nos ordena perdonar, perdonar, y perdonar.
Se nos pide, en otro texto, que perdonemos hasta 70 veces 7, lo cual no quiere decir que contemos nuestro perdón y que cesemos y no perdonemos más una vez que hemos perdonado 490 ofensas.
A nosotros se nos pide perdonar siempre, siempre y siempre.
Siempre vamos a ser ofendidos y dañados por otros. Es inevitable que así sea. Por tanto, perdonar es la mejor cura para el resentimiento, la frustración y toda emoción negativa contra otros.
Dios quiere lo mejor para nosotros y es por eso que nos ordena perdonar. El acto de perdonar trae bendiciones grandes.
Al perdonar, agradamos a Dios, lo glorificamos y lo tenemos contento con nosotros.
También, cuando perdonamos, limpiamos nuestro corazón de amargura, de resentimiento y de enojo contra otros. Con esas emociones destructivas fuera del corazón, tenemos paz y contentamiento.
Finalmente, y de acuerdo con el texto de la foto, al perdonar, quedamos “aptos” para ser perdonados. Jesucristo dijo muy claramente: “Perdonad, y seréis perdonados”.
Nosotros también pecamos y ofendemos a otros y, principalmente, a Dios. Necesitamos que se nos perdone y gracias a Dios, se nos ofrece ser perdonados… si es que nosotros aprendemos a perdonar.
¡Qué Dios nos ayude a perdonar siempre y cada vez que es necesario! Amén.

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