Desde que empezó este mes he querido escribir lo que voy hoy a publicar. Ya lo he dicho tantas veces, que este día, me he dispuesto a ponerlo por escrito. El mes de Junio es muy importante para mí. En este mes Dios me ha dado los privilegios vitales de mi vida.
Dios siempre es bueno conmigo, o mejor, como me corrigió un amigo una vez, Dios siempre es bueno con todos. Sí, así es, Dios siempre es bueno. En mi caso, aunque veo su bondad todos los días, es en el mes de Junio el mes en el que Dios me ha concedido sus dones vitales.
El privilegio de la existencia. Dios me hizo nacer a este mundo el 20 de Junio de 1965. Hoy, por tanto, que es 20 de Junio de 2015, cumpliré 50 años de vida. Dios me ha hecho vivir 50 años, y esta cantidad de años que he vivido no son pocos, ni tampoco malos; al contrario han sido buenos y llenos de la misericordia de Dios. No sé si viviré muchos más años, pero medio siglo de vida es bastante y por eso que le agradezco hoy a Dios por haberme hecho llegar hasta esta edad. Un detalle significativo respecto al día de Junio en que nací es este: Mi padre, el que me engendró también nació un 20 de Junio. Por eso, el 20 de Junio en mi casa siempre tiene doble celebración. Celebrar mi cumpleaños junto al de mi padre también es una gran bendición de Dios. (En la foto, mi padre y yo, en la noche previa a este nuestro día de cumpleaños).
El privilegio de la salvación. Sin el 20 de Junio, mi existencia no hubiera sido posible; y sin el 29 de Junio, no habría tenido salvación ni perdón ni muchas otras bendiciones espirituales. El 29 de Junio fue el día en que Dios obró en mi corazón y me hizo ver a Jesucristo como el único que podía cambiar mi vida y hacerla nueva. Ese día fue un día clave. Yo estaba frustrado y vacío. Ya no quería seguir viviendo como vivía. Muchas veces había tenido esa frustración y muchas veces había tenido el deseo de un cambio, de una vida mejor. Nunca pude cambiar, aunque quise. El 29 de Junio de 1987 ocurrió algo diferente. Ese día, en medio de mi ansiedad y de mi hambre espiritual, el nombre de Cristo vino a mi mente. Jesús puede y quiere cambiar tu vida, él te puede dar una vida mejor, me dijo alguien. Y así fue. Ese día invoqué el nombre de Cristo y le pedí de todo corazón que me diese una nueva vida y… Él me la dio. Allí cambio todo. Hoy soy lo que soy por la gracia y la bondad de Dios en Cristo Jesús.
El privilegio de tener una esposa. “El que halla esposa halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Proverbios 18:22). Siempre digo que me casé por la misericordia de Dios, no por guapo. Mis amigos se ríen cuando hago esta declaración. Pero en base a este texto, creo que todos obtenemos una esposa por la gracia de Dios, no solamente yo.
Empecé a vivir con mi esposa como marido y mujer el 3 de Junio, tan pronto como terminó la ceremonia de consagración de matrimonio en nuestra iglesia local. Con sinceridad, yo creo que después de la experiencia de salvación, mi relación con mi esposa es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Ni ella ni yo somos perfectos. Discutimos y nos ofendemos y nos distanciamos de vez en cuando. Pero, haciendo una evaluación global de mi vida con ella, tengo que decir que vivir con ella es bueno y bueno en gran manera. La bendición de vivir con Leneida, quien ya era legalmente mi esposa (el matrimonio civil fue el 28 de abril del 2000), se hizo realidad también en Junio.
El privilegio de ser padre. Antes de casarme, aunque quería y estaba listo para hacerlo; tenía muchos temores. Uno de esos temores tenían que ver con la paternidad. Tenía miedo de no tener hijos. Gracias a Dios, tengo tres hijos, los cuales cada día están creciendo más y más. Sé que mi paternidad empezó en Junio, ya que mi primer hijo fue engendrado en algún momento a partir del día 3 de ese mes. La Biblia, en el Salmo 127, llama “herencia de Jehová” a los hijos y llama “bienaventurado” al hombre que llenó su aljaba de ellos. Yo me inicié como padre en el mes de Junio y es por eso que veo a este mes como un mes muy especial para mí.
Hoy, que cumplo 50 años de edad, quiero dar gracias a Dios por su bondad para conmigo. Le agradezco por los cuatro privilegios que él me ha dado en el mes de Junio. A lo mejor, mi muerte también podría ocurrir en Junio, eso no lo sé. Pero sí ocurriese, y muriese en este mes del año, aún así mi muerte será un privilegio de Dios, ya que por tener a Cristo como mi Señor y Salvador, no iría a condenación, sino a estar con Cristo, lo cual es “muchísimo mejor” (Filipenses 1:23).
He querido escribir esto como un testimonio de lo que he pensado desde el día en que caí en cuenta que cumpliría 50 años. No sé si Dios me dará más años de vida, pero si me los da, quiero vivirlos buscándole, amándole y obedeciéndole. ¡Qué Dios y su gracia me ayuden y me fortalezcan para ser fiel hasta el fin de mi vida en la tierra!
