Ser bueno, el desafío cotidiano de todo hijo de Dios por medio de Jesucristo.

Hace unos días vi a dos personas que se trataban mal el uno al otro. En su interacción acalorada había solo dureza. Sus palabras y sus acciones de ida y vuelta no reflejaban bondad.

Ese suceso me marcó y me hizo pensar en la bondad de Dios y en la necesidad que tenemos los seres humanos de ser buenos con nuestros semejantes.

Comparto mi reflexión por escrito porque creo que todos los cristianos estamos llamados a mostrar nuestra fe por medio de una personalidad buena y bondadosa.

Dios es bueno y nosotros, quienes creemos en él y le seguimos por medio de Jesucristo Su Hijo, también tenemos que serlo. Ser buenos es el desafío y el reto cotidiano que tenemos que vivir todos y cada uno de los hijos de Dios mientras estamos en esta tierra.

La palabra “bueno” es un adjetivo que, en el ámbito moral y personal, es utilizado para describir y calificar a una persona que: 1) tiene bondad en su naturaleza o carácter y 2) se comporta y se conduce de una manera justa, correcta y virtuosa, y en conformidad con su bondadosa esencia.

Dios, en el sentido de la definición previa es, por antonomasia, el Bueno, el Único Bueno Perfecto y Pleno, tanto en su naturaleza personal como en sus obras, que siempre son total y enteramente buenas.

Está escrito: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Salmos 100:5). Jesucristo, siguiendo esta verdad, y refiriéndose al carácter y al obrar bueno de Dios le dijo a uno, que lo llamó “Maestro bueno”: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (Marcos 10:18).

Este Dios Bueno es nuestro Creador y también nuestro Redentor. Él nos creó buenos, pero el pecado, la desobediencia, nos hizo malos. Dios, sin embargo, porque nos ama y porque nos quiere buenos, nos redimió por medio de Jesucristo Su Hijo, quien murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos para nuestra justificación (Romanos 4:25).

Los cristianos, todos y cada uno de nosotros, dondequiera que vivamos, estamos llamados a ser buenos y ha hacer lo bueno, como nuestro Creador y Redentor. Ser buenos, en esencia y en hechos, como nuestro Dios, es nuestro desafío, nuestro reto divino, como hijos de Dios y nuevas criaturas en Cristo Jesús.

El apóstol Pablo escribió: “Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.” (Efesios 4:32. Biblia Versión Traducción Lenguaje Actual).

El reto a nosotros es claro y contundente.

No podemos ser cristianos sin aceptar el desafío de ser buenos.

Dios es bueno y hace lo bueno siempre.

Nosotros también tenemos que ser buenos y hacer lo bueno en todo tiempo.

El modelo del ser y del hacer de todos los hijos de Dios por medio de Jesucristo es Dios. Dios es nuestro referente y nuestro ejemplo supremo. Tenemos que imitar a Dios al vivir en esta tierra y al relacionarnos con los que nos rodean. Efesios 5:1 afirma: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”

El reto que nos plantea Dios en su palabra a nosotros es imposible de esquivar. Tenemos que asumirlo y cumplirlo.  ¡Dios ordena que seamos buenos y tenemos que serlo! ¿Podremos? ¡Claro que sí!

Dios nos ha hecho nacer de nuevo por medio de la fe en Jesucristo y nos ha dado el Espíritu Santo para seamos y hagamos lo que él quiere. 2 Corintios 3:18 dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

La bondad es fruto del Espíritu Santo y ser bueno y bondadoso es una evidencia concreta de que él esta obrando y transformando nuestra vida a la imagen de Cristo. (Gálatas 5:22-23).

Expresemos bondad y benignidad en nuestro trato con quienes nos rodean. Empecemos en nuestra casa, con nuestra familia. Luego, en nuestro barrio, con nuestros vecinos. Continuimos, con nuestros compañeros de trabajo o de estudio. Nuestros hermanos en Cristo, asimismo, también deben experimentar y ser testigos de nuestra benignidad y apacibilidad.

¡Nosotros tenemos que ser conocidos por nuestra bondad y benignidad! ¡La misericordia, la compasión, el perdón y la benignidad deben ser visibles en nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras reacciones y nuestras acciones al tratar con los que se relacionan con nosotros!

¡En nuestra bondad y benignidad se tiene que ver la bondad y la benignidad del Dios que nos ha creado y redimido por medio de Jesucristo, Dios hecho Hombre! Amén y amén.

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