“Porque todo lo que Dios creo es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Timoteo 4:4-5).
Hace un tiempo atrás, cuando estaba caminando por uno de los mercados de Requena, vi a tres tortugas vivas de regular tamaño, las tres estaban patas arriba; se veían muy indefensas. Tuve lastima por esas tortugas; sabía que serían el alimento de algunas familias de Requena. Quise comprar esas tortugas, pero no para comerlas, sino para criarlas como mascotas. Desistí de comprarlas porque me hubiera sido muy difícil llevarlas hasta mi ciudad.
Ese día, recordé las muchas veces que había visto vivos en un mercado a pollos, a gallinas, a patos, a cerdos, a ovejas y a otros animales en la misma situación que las tortugas. Pensé en ese día que nunca sentí por estos otros animales lo que sí sentí por las tortugas. A esos otros animales no los quise comprar como mascotas. (Foto: El pastor Benjamín Salinas, aprendiendo a comer Suri asado en la ciudad de Yurimaguas).
¿Por qué quise redimir a las tortugas y no a los otros animales? Es muy sencillo. Yo estoy acostumbrado a ver pollos, gallinas, patos, cerdos, ovejas y otros animales como deliciosos potajes, pero no estoy acostumbrado a ver así a las tortugas y a algunos otros animales. Yo no he aprendido a comer tortugas, pero la gente de Requena y de otros lugares sí.
Las personas comemos lo que aprendemos a comer. Nuestra alimentación depende de nuestro entorno, del entorno en el que hemos nacido, en el que nos hemos criado y desarrollado. Para mucha gente de esa parte de la selva de Perú es normal comer tortugas y otros animales de la selva, para nosotros, los que nos criamos en la costa de Perú no lo es.
En este mi viaje a Iquitos, caminé por el mercado y tuve la oportunidad de fotografiar al Suri, que también es un rico potaje que muchos de los selváticos comen con entusiasmo. El Suri es un gusano, un grueso gusano que se encuentra en la parte céntrica del árbol de aguaje. Este “apetecible” gusano se alimenta de la pulpa de dicho árbol cuando éste se pudre al ser cortado o pierde la “vida” sin serlo.
Las personas en la selva preparan al Suri o asado en una parrilla o frito en un sartén. Lo comen con yuca o con plátano u otras guarniciones. Por cierto, hay algunos que comen al Suri vivo. Se dice que el Suri tiene muchas proteínas y también propiedades curativas. La gente de la selva de Perú lo come, no porque no tienen dinero ni porque no tienen que comer, ni porque se están muriendo de hambre; lo hacen porque aprendieron a comer Suri desde muy pequeños. ¡Ellos realmente disfrutan comer Suri! Recuerde esto: ¡El Suri cuesta y la gente paga para comerlo!
Para los que no hemos aprendido a comer Suri, intentar comerlo es toda una experiencia. Una vez intenté comer Suri, pero la falta de costumbre y el modo en el que lo intenté no me permitió ni terminar ni disfrutar. Recuerdo que había un niño mirándome cuando hice el intento, así que le ofrecí mi porción. El niño cogió los suris y los comió con muchísimo gusto.
Bueno, ya escribí suficiente sobre el hecho conocido de que “las personas comen lo que aprenden a comer.” También, y de acuerdo a lo que dice el texto bíblico escrito al inicio y que repito al terminar, tenemos permiso para disfrutar de todo lo que Dios creo. “Porque todo lo que Dios creo es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Timoteo 4:4-5).
Ahora, miren este corto video que filmé sobre los suris en el mercado Belén de Iquitos.
