¡Vivamos y hagamos discípulos en pro de la predicación del evangelio a toda criatura, discípulos de Jesús!

“La Gran Comisión es nuestro deber supremo en esta tierra.

…

En la fotografía en la que se lee el texto de Mateo 28:18-20, que encabeza este escrito se ve a cuatro personas. Tres de ellas son discípulos de Cristo y están evangelizando a una joven polaca.

Estos tres discípulos aprovecharon una caminata por la playa de Ostia di Lido, Roma, Italia, para anunciar el evangelio de Cristo.

La fotografía muestra un ejemplo concreto de cristianos cumpliendo con su deber supremo en su vida cotidiana.

Estos tres cristianos tuvieron la intención de evangelizar y aprovecharon ese su momento para hablar de Jesús a la jovencita polaca, que, por cierto, escuchó el evangelio con entusiasmo. (Ellos también evangelizaron a dos mujeres italianas que estaban cuidando a sus hijos en uno de los parques de la ciudad).

…

Dios nos ha dado a los cristianos la misión de Cristo y todos nosotros estamos llamados a cumplirla en todo tiempo.

Tenemos que vivir nuestra vida en esta tierra en función de la misión que Dios nos ha encomendado a nosotros por medio de Jesucristo, Su Hijo, nuestro Señor y Salvador. Él nos dice a nosotros ahora lo mismo que le dijo a sus discípulos: “Como me envío el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). 

Los hijos de Dios y la iglesia de Jesucristo están en este mundo para cumplir el propósito de Dios. Cada uno de los hijos de Dios por medio de Jesucristo y toda la iglesia de Jesucristo tienen un propósito, un objetivo determinado por Dios para su vida en esta tierra. Su propósito, su objetivo, es cumplir la voluntad de Dios y la voluntad de Dios es la salvación de los seres humanos.

Dios quiere salvar, no condenar. Dios no quiere que los hombres perezcan en condenación, sino que todos procedan al arrepentimiento. Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Dios, en consecuencia de ese su deseo salvador, envió a Jesucristo para salvar a los pecadores.

Jesucristo vino a la tierra y dijo justamente que el propósito de su venida era dar su vida en rescate por muchos. La muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo son vitales para la salvación de los seres humanos. En la muerte de Jesucristo, Dios mostró su amor por los pecadores porque él murió en remplazo de ellos, para salvarlos y rescatarlos así de toda su condenación.

Jesucristo, durante su ministerio en la tierra, aparte de la obra de salvación que realizó, enseñó y predicó la palabra de Dios e hizo discípulos. Los discípulos fueron formados y entrenados por Jesucristo para cumplir la misma misión que él vino a cumplir.

La última orden de Jesús a sus discípulos previo a irse a los cielos, fue: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

El cumplimiento de la misión de hacer discípulos es trascendental para asegurar la predicación y el anuncio del evangelio de Jesucristo a toda criatura en todo el mundo.

El objetivo de nuestra vida en esta tierra es la misión y su cumplimiento y es por eso que ésta está declarada y ratificada al fin de cada uno de los cuatro evangelios y al inicio del libro de Hechos.

Esta misión es el propósito de la existencia de todos y cada uno de los hijos de Dios. Los hijos de Dios por medio de Jesucristo constituyen hoy la Iglesia de Jesucristo y la misión de Jesús es también la misión de la Iglesia.

Todos debemos vivir en esta tierra cumpliendo la Gran Comisión intencionalmente en todo momento.

¡Apreciemos el privilegio de vivir en función de la Gran Comisión y aprovechemos cada oportunidad para anunciar el evangelio de Cristo a nuestros semejantes!

¡Qué Dios no ayude a vivir cumpliendo Su Misión! Amén.”

¡Seamos los cristianos y las iglesias “Gayo” tras y junto a los divulgadores de la verdad!

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperamos con la verdad” (3 Juan 5-8).

Elogio de Juan apóstol a Gayo, el amado, el cooperador con la difusión de la verdad.

La divulgación de la verdad, es decir, el mensaje de que Dios existe y de que está salvando a los hombres de sus pecados por medio de Jesucristo Su Hijo, demanda ingentes recursos.

Estos recursos vienen siempre de Dios a través de quienes creen y siguen a Jesucristo. Son los hijos de Dios quienes ponen a disposición de la verdad sus vidas y sus recursos para que sea ella divulgada a muchas más personas en todas partes de este mundo.

La verdad de Dios revelada en Jesús de Nazaret se propaga, entonces, en función de la cooperación de los discípulos. A más discípulos cooperando, mayor difusión y mayor alcance. (Foto: Todas las congregaciones locales existen debido a los hijos de Dios “Gayo”).

En los días iniciales de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo existían muchos divulgadores y portadores itinerantes del evangelio de nuestro Señor. Estos hombres se movían de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad predicando y enseñando las buenas nuevas de salvación a todos cuantos podían.

Estos predicadores itinerantes se caracterizaban por su fe en el Hijo de Dios, por su amor a Jesucristo, por su negativa a recibir recursos de los no discípulos y por su pasión por difundir y explicar la verdad de Dios a muchas más personas y en muchos otros lugares.

Estos predicadores necesitaban ayuda logística básica para cumplir su tarea de divulgación de la verdad: comida, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación y guía en todo lugar a donde llegaban y desde donde volvían a emprender un nuevo viaje divulgador. (Foto: Luis Tintaya y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez, quien gracias a hermanos e iglesias “Gayo” ha sido usado por Dios para edificar congregaciones de hijos de Dios en Venezuela y España). 

Las necesidades de los divulgadores itinerantes de la verdad de Dios por medio de Jesucristo, el Salvador y Señor de todos los hombres, eran satisfechas por hombres como Gayo, quienes recibían fraternalmente a estos hermanos y los servían mientras estaban con ellos, y quienes luego los encaminaban al momento en que les tocaba partir hacia otro lugar.

El encaminarlos, empero, no era solamente un saludo de despedida y un conjunto corto de instrucciones para que no se perdiesen en el camino. No, no era solo eso. Era mucho más. La palabra “encaminarlos” en este contexto implicaba el “darle todo lo necesario” para garantizar que los predicadores y maestros de la verdad llegasen a su nuevo destino y cumpliesen más fácilmente su labor divulgadora.

En aquellos días, los viajes se hacían a pie, en bestias y en barcos. Viajar demandaba tiempo y cuanto más tiempo, más comida y más dinero. La palabra de Dios y la gracia de Dios era (es y será) gratuita siempre, pero llevarlas a los pecadores que todavía no creen era costoso. Cuanto más cerca el destino a divulgar la verdad, menos oneroso; pero cuanto más lejos, mucho más oneroso. (Foto: El misionero peruano Raúl Sinti e Ivette, su esposa, y sus hijas, están divulgando la verdad en España. Están allí gracias a los hermanos e iglesias “Gayo”, pero necesitan más).

Los predicadores itinerantes de aquel tiempo, al ser “desconocidos”, necesitaban también de cartas de recomendación para ser recibidos confiadamente en las congregaciones que existían en su camino. En consecuencia, encaminarlos implicaba consejos aclaratorios y complementarios de la verdad de Dios y la entrega de cartas de recomendación (Hechos 18:24-28). (En el año 1988, al empezar mi labor divulgadora de la verdad del evangelio, recibí una carta de recomendación para ser recibido en una ciudad donde iba a predicar. Si así fue conmigo hace poquitos años, imagínense cuán indispensable y necesario eran esas cartas en el tiempo del Nuevo Testamento).

Gayo encaminaba lo más adecuadamente que podía a los predicadores y el uso de esa palabra para describir su labor lo demuestra. “Encaminar” significa, en el contexto usado, “enviar adelante” o “acompañar en el camino”. Esto quiere decir que Gayo despedía a los mensajeros itinerantes dándoles apoyo y provisiones para su viaje, para que estuviesen equipados para continuar su misión divulgadora de la verdad.

El trabajo hospitalario y equipador de Gayo llegó a los oídos de Juan por boca de estos mismos predicadores itinerantes, que testificaban de su servicio y de su amor delante de toda la congregación. El apóstol Juan, quien para aquel entonces ya estaba muy anciano, escribió esta carta a Gayo para reconocerle y felicitarle ante la iglesia de Cristo por tan encomiable y trascendental labor en pro de la difusión de la verdad de Dios.

La verdad salvífica de Dios a favor de los hombres revelada en Cristo Jesús en la palabra de Dios, la Biblia, necesita ser divulgada también hoy a los pecadores que todavía no la creen. Los predicadores y maestros itinerantes y los pecadores que aún no están en la verdad necesitan de creyentes e iglesias “encaminadoras”.

Llevar a la verdad de Dios a muchos más hombres y mujeres hoy en día requiere de lo mismo que antes: transporte, alimentación, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación, guía, etc. Al igual que antes, cuanto más cerca se lleva la verdad, menos recursos; cuanto más lejos, más recursos.

Al igual que antes, Dios suple los recursos para la difusión de la verdad por medio de sus hijos y de sus iglesias. Las iglesias y los hermanos “Gayo” son claves para que la verdad del evangelio de Cristo llegue a los pecadores necesitados de salvación.

Hace poquito he sido testigo de cómo varias iglesias y hermanos “Gayo” de Perú “encaminaron” a una divulgadora de la verdad para que la llevase a la gente que la necesita en la República de Mali.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” compraron los tickets de bus y de avión, proveyeron para trámites consulares, dieron hospedaje y alimentación, acompañaron y recibieron y guiaron a la divulgadora en los diferentes lugares a donde llegó, y abastecieron y abastecen de dinero para que viva y cumpla su misión en ese su campo de misión.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” son esenciales en los viajes de predicación y enseñanza que he realizado hasta hoy. Escribo esta nota con gratitud, para reconocer a estos hermanos colaboradores con la verdad. (Foto: Niños de la Iglesia Bautista Betel de Paita. El igual que ellos, los niños de la República de Mali tendrán una maestra de la verdad gracias a los hermanos e iglesias “Gayo” de Perú).

Voy a terminar ya esta nota.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” aman a Cristo, a Su Iglesia, a Su evangelio, a la verdad, a los pecadores y a los divulgadores de la palabra de Dios. Ellos son obedientes a Dios y quieren que haya más gente que conozca a Cristo y le siga. El rol de los “Gayo” tiene que ser valorado suficientemente y mi escrito es un granito de arena para que sea así.

¡Seamos cristianos e iglesias “Gayo”! ¡Encaminemos y ayudemos a los que difunden la verdad para que lleguen bien equipados para anunciarla a los pecadores dondequiera que estén!

¡Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por los hermanos en Cristo y las iglesias colaboradoras con la divulgación de la verdad del evangelio de salvación!

¡Oh Dios de toda salvación, te rogamos que levantes muchos más hermanos e iglesias con el corazón de “Gayo”!

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en Ostia di Lido y la Comunità Biblica Cristiana de la ciudad

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios Viviente, columna y valuarte de la verdad”, que vive y se expresa y sirve a Jesucristo en la ciudad de Ostia di Lido, cerca de Roma, Italia.

En Ostia di Lido existe una congregación de hijos de Dios. Esta congregación, de unas 40 a 45 personas, que creen y siguen a Jesucristo, empezó gracias al trabajo de los misioneros Michele y Anna (un matrimonio italiano), quienes conocieron a Jesucristo en Suiza. Luego de conocer al Señor, esta pareja dejó Suiza y viajó a Italia para evangelizar y discipular. Su trabajo fue bendecido y fueron varios los que creyeron. Es de esta manera que empezaron La Comunità Biblica Cristiana di Ostia, en Ostia di Lido, una ciudad cercana a Roma, la capital de Italia. (Foto: La congregación, esperando el inicio del culto a Dios).

En esta congregación hay varios ciudadanos peruanos de la serranía de Perú. Dios me dio la oportunidad de conocer a estos hermanos por medio de Andrés Estrada, quien vivió en este país y quien me contactó con ellos. Andrés me contactó con el hermano Isaías Pareja. Isaías vive y trabaja en Ostia di Lido. Isaías fue mi hospedador y el hombre clave para que yo conociese la obra de Dios y a los hermanos en Cristo en su ciudad.

Dios me dio un tiempo precioso con estos hermanos peruanos y con la iglesia en la que congregan. Mi alma se regocijó con lo que vi, tanto en las familias con las que dialogué como en la congregación en la que expuse la palabra de Dios. Es obvio que Dios está haciendo su obra en la ciudad de Ostia di Lido por medio de los hijos suyos que viven y trabajan allí.

El servicio dominical me impresionó. Escuchar cantos de alabanza a Dios por medio de Jesucristo en el idioma italiano me estremeció. Escuchar porciones de la palabra de Dios y el nombre de Jesús y su obra de salvación en italiano me sonó dulce, dulcísimo. Nunca había tenido esa experiencia y estoy contento por haberla tenido.

La predicación de la palabra de Dios fue hartamente edificante. El mensaje fue en castellano peruano con traducción al italiano. Me pareció que la congregación entendió el mensaje en los dos idiomas. El ambiente fue reverente, respetuoso y piadoso. La presencia de Dios fue evidente. (Foto: La congregación durante el culto a Dios).

Dios edificó mi alma desde el inicio del servicio de adoración.

He quedado prendado de lo que Dios está haciendo en su iglesia y a través de sus hijos en Ostia di Lido. La iglesia de Jesús y los hijos de Dios son las manos de Dios para alcanzar a los pecadores en toda ciudad, y la ciudad de Ostia está bendecida con esta congregación.

Dios me impresionó en Ostia di Lido. Hablé del evangelio con algunas personas al pasear en un parque de la ciudad. Recuerdo a Sabrina y a Magdalena. Estas dos mujeres nos escucharon con mucha atención. Hablar con ellas sobre Dios, Jesucristo, el evangelio y nosotros pecadores, nos animó grandemente a todos los que participamos.

Tengo la intención de volver y de pasar mucho más tiempo en Italia. Veremos qué es lo que dispone al respecto. No se puede hacer nada sin Dios y su bendición así que quedo pendiente de su dirección para visitar a la iglesia una segunda vez.

Mi visita a Ostia di Lido me dejó agotado, pero muy feliz. Nada es mejor que llevar el evangelio de Jesús. Estoy contento porque, aparte de la bendición de exponer la palabra de Dios a la congregación, tuve diálogos bíblicos y teológicos con las familias con las que almorcé y cené. No existe mejor manera de invertir nuestro tiempo que hablando y escuchando de Dios, de su obra y de su voluntad. Hablar y oír la palabra de Dios junto a mis hermanos llenó mi alma de gozo. (Foto: Isaías y su preciosa familia).

Dios y su obra de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo están presente en Ostia di Lido. Esa ciudad y sus habitantes tienen la luz del evangelio por medio de los hijos de Dios que viven allí. Los ciudadanos de Ostia di Lido tienen esperanza porque “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” vive y trabaja entre ellos.

¡Gracias, Dios mío, por haberme hecho conocer a tus hijos de Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Andrés, por ponerme en contacto con el hermano Isaías Pareja para visitar Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Isaías, por introducirme a tus familiares y a los hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia!

¡Gracias, hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia, por haberme edificado durante la exposición de la palabra de Dios!

¡Gracias, Dios y padre de Jesucristo, por Michele y Anna y su pasión evangelizadora y discipuladora!

¡Que Dios bendiga y siga usando en la evangelización de los perdidos a todos mis hermanos en Cristo que están en la ciudad de Ostia de Lido! Amén y amén.

La ciudad de Roma, Pablo, el evangelio y la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento y los cristianos en Roma hoy.

La ciudad de Roma.

Roma es una ciudad milenaria, antiquísima de Italia. Tiene aproximadamente unos 2700 años de antigüedad. Según la mitología romana, la ciudad fue fundada por Rómulo, su primer rey. Rómulo y Remo, su hermano gemelo, fueron alimentados por una loba. Romulo mató a su hermano Remo, quien se burlaba de él, y fundó la ciudad el 21 de abril del año 753 a.C.

Roma tuvo preponderancia en la época del Imperio Romano, ya que el César la constituyó como la capital y el epicentro político y económico del Imperio. La ciudad, asimismo, cuando el Imperio “se fusionó” con el Cristianismo, se convirtió en el núcleo del tal religión. Roma, en consecuencia, tuvo una grandeza admirable y la historia de la humanidad así lo evidencia.

El patrimonio histórico y arquitectónico de Roma es vasto y atrae a visitantes del todo el mundo. Son muchos quienes van a ver y a respirar la historia que emana la ciudad. Los edificios emblemáticos y representativos son: el Coliseo, el Foro Romano, el Panteón y la Basílica De San Pedro, en el Vaticano.

El apóstol Pablo y Roma.

La ciudad de Roma recibió en su seno al paladín de los seguidores de Jesucristo, a Pablo, el apóstol a los gentiles. El libro de Hechos registra y certifica la llegada y al trabajo de Pablo en la ciudad de Roma. El apóstol llegó a Roma preso, para ser juzgado ante el César, por los delitos que los judíos le habían imputado.

La travesía de Pablo hasta Roma fue atribulada. La tripulación se enfrentó a vientos contrarios y a una muy peligrosa y adversa navegación. Era invierno cuando viajó. Padecieron, incluso, un viento huracanado llamado Euroclidón, el cual los hizo naufragar.

La muerte rondó sobre Pablo y sobre todos los que navegaron con él. Dios, sin embargo, guardó a Pablo y protegió también por causa de él a todos los otros tripulantes.

Pablo, gracias a que durante la travesía fue obvio a las autoridades romanas que Dios estaba con él, fue tratado muy bien al llegar a Roma, a pesar de ser un acusado destinado a juicio. El buen trato se evidenció en el hecho de que vivió su prisión en una casa alquilaba, con la libertad de predicar la palabra de Cristo sin impedimento alguno.

Pablo llegó a Roma no como había pensado llegar. El libro de Romanos evidencia que él sí quería visitar la ciudad, pero de paso, cuando terminase su labor entre Jerusalén e Ilírico, y estuviese yendo a España (Romanos 15:17-33). Dios, sin embargo, lo llevó a la ciudad a su manera, la cual está descrita en los últimos cuatro capítulos del libro de Hechos. Pablo llegó a Roma, asimismo, no cuando quiso, sino cuando Dios quiso (Romanos 1:8-15; 15:22).

El evangelio y la iglesia de Cristo en Roma.

Roma seguramente escuchó el evangelio de Cristo gracias a los ciudadanos suyos que estuvieron en Jerusalén el día en el que nació la Iglesia de Cristo, al llegar el Espíritu Santo sobre todos los discípulos reunidos en el aposento alto (Hechos 2:1-42). Ese día, gracias a la predicación de Pedro de los hechos salvíficos de Dios a favor de la humanidad por medio de Jesucristo, se añadieron a la iglesia como tres mil personas, entre la cuales tiene que haber habido algún romano.

En Roma ya existían discípulos de Jesucristo previo a la visita de Pablo a la ciudad. No existe registro bíblico de la visita a esa ciudad, eso sí, ni de Pedro ni de ningún otro apóstol. A ninguno de los doce discípulos de Jesús, por tanto, se le debe atribuir ciertísima y dogmáticamente la fundación de dicha congregación. La evidencia de que había ya una comunidad de cristianos en Roma es la carta A Los Romanos, que fue escrita por Pablo.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana hoy.

En Roma, más específicamente, en el Vaticano, está el centro de poder de la Iglesia Católica Romana. El evangelio de Cristo no parece estar reflejado hoy por hoy por esta ya milenaria organización. Ella se denomina a sí misma como la Iglesia que Cristo fundó a partir de Pedro. Esa afirmación Católico Romana tiene que ser certificada por la Biblia para ser aceptada con convicción.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana tienen dos equivalencias y dos distinciones básicas. Las dos equivalencias son estas: 1) Ambas se identifican con Jesucristo como su fundador y 2) Ambas basan sus creencias primigenias en las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Las dos distinciones entre ambas iglesias son las siguientes: 1) Autoridad: Iglesia del Nuevo Testamento reconocía el liderazgo singular de Pedro, pero también el de los otros once apóstoles, el de Pablo, el de los ancianos, y de los que fueron surgiendo en el tiempo; la Iglesia Católica Romana, en cambio, le da la primacía del liderazgo y de la autoridad a Pedro y lo jerarquiza en él y a través de él. 2) La autoridad escrita: La Iglesia del Nuevo Testamento se basaba únicamente en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, primero, y la del Nuevo Testamento, después; la Iglesia Católica Romana, en cambio, acepta a la Biblia y le añade la tradición de la Iglesia, que, en definitiva, es la que le ha dado la forma que dicha iglesia tiene.

El evangelio de Cristo en Roma hoy.

En Europa el evangelio de Cristo tal como lo encontramos en la Biblia ha retrocedido. Italia no es la excepción y la ciudad de Roma tampoco.

Pero en Roma sí hay cristianos que quieren basar su fe y vivir en Cristo como vivió la Iglesia de Cristo en la Biblia.

Desde mi perspectiva, todos los cristianos tenemos que identificarnos con Cristo y con los cristianos del Nuevo Testamento. Sí tenemos que reconocer y aprender de los que Dios ha hecho en la historia y en su iglesia post bíblica, pero nuestro fundamento siempre es y tiene que ser la Biblia, la palabra de Dios.

He escrito esta nota porque, Dios mediante, voy a predicar y enseñar en una iglesia de Cristo en Roma. Sí sabía que hay iglesias que quieren vivir a Cristo como se vivió en el Nuevo Testamento, pero no conocía ninguna, porque nunca había estado en esa ciudad. Ahora, empero, estoy pronto a conocer a hermanos en Cristo que están en la ciudad en la que Pablo predicó por dos años en una casa alquilada por estar bajo arresto domiciliario.

En Roma hubo un predicador apasionado en la época bíblica.

Ese predicador fue Pablo, el apóstol a los gentiles. Sus palabras a los romanos, antes de ir a ellos fueron: “Así que, en cuánto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1:15).

Yo estoy emocionado por el privilegio de conocer a los hermanos que están ahora en Roma.

Estoy seguro que esa congregación ha sido formada por uno o más hermanos que creen y siguen a Jesucristo, y que tienen la misma pasión por anunciar las buenas nuevas que predicó Pablo.

Me contentamiento y mi asombro respetuoso y maravillado por la experiencia que se me avecina en Roma me ha hecho escribir esta nota.

Voy a tener el privilegio de conocer a mis hermanos en Cristo que están en Roma. Le enseñaré la palabra de Dios y recibiré ánimo y desafío espiritual al estar con ellos. Estoy bendecido y agradecido a Dios por darme este gozo.

Compartiré mi experiencia en Roma en una siguiente nota, Dios mediante.

Estoy anhelando el día de verme con mis hermanos de esa ciudad. Amén.

Los cristianos y las iglesias nacientes y crecientes son una evidencia de la buena y salvadora voluntad de Dios a favor de la humanidad por medio de Jesucristo.

Dios me ha dado 12 días intensos en Madrid y Guadalajara, España. Durante estos intensos días he sido testigo de cómo los cristianos y las iglesias en las que congregan, son una evidencia de que la buena voluntad de Dios y el período de gracia que inauguró Jesucristo es y está todavía vigente.

Jesucristo aperturó una época de gracia y de salvación a favor de la humanidad en su primera venida y yo la he visto por medio de sus hijos y de su iglesia en Madrid, Vallecas, Torrejón de Ardoz, Alovera, Azuqueca de Henares, Parla y Guadalajara.

En todos estos días he estado con Andrés, mi hijo, al quien no he visto por casi 2 años. Andrés y yo hemos caminado, comido y hablado mucho. Andrés sigue en Madrid y, si Dios no dispone lo contrario, estará en este país al menos 2 o 3 años más. (Foto: Bryant, Juan David, Andrés y yo en el metro de Madrid).

Durante mi estadía he tenido el privilegio de compartir la palabra de Dios en dos congregaciones: La Iglesia Bautista de Azuqueca de Henares y la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz. Ambas congregaciones son una evidencia de que Dios sigue salvando personas por medio de Jesucristo Su Hijo y su evangelio.

La Iglesia Bautista de Azuqueca es la congregación en la que participa mi hijo. En la congregación hay ciudadanos de Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Chile, República Dominicana, Cuba, Nigeria, Estonia, Estados Unidos y España. Cantar con ellos a Dios es un anticipo de la adoración multiétnica que disfrutaremos en la eternidad, al volver Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

La Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz está conformada mayormente por ciudadanos españoles, pero tiene también entre sus miembros a hermanos de Ecuador, de Cuba y de Rumanía.

Esta iglesia empezó en 1981. La familia Ruiz fue la familia núcleo de la congregación. La naciente iglesia tuvo el apoyo de Julio Lyons, de Estados Unidos. (Foto: Los hermanos de la Iglesia Bautista de Azuqueca escuchando la enseñanza de la palabra De Dios).

Dios dio fruto al trabajo de  estos obedientes discípulos y la ciudad de Torrejón de Ardoz tiene hoy al testimonio de Jesucristo y su salvación por medio de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz.

Dios alegró mi corazón haciéndome ver su obra en estas dos congregaciones, y en otras dos, en las que no enseñe.

Asistí a una de las dos, la Iglesia Bautista de Vallecas, durante su reunión de oración. El pastor es un hermano español, que está cumpliendo una muy buena labor. Hablé con dos hermanos peruanos allí.

A la otra iglesia no la vi, porque visité solo su local, que estaba vacío (no había reunión), pero sí conocí e interactué con unos de sus pastores, que es de Perú, el misionero Julio Velasquez. Pasé un buen tiempo escuchando como nuestro Señor lo ha usado para empezar iglesias en Venezuela y en España. (Foto: El hermano Luis Tintaya, de Azuqueca, al medio, y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez. El misionero Julio es muy respetado y apreciado entre los hermanos de esta parte del mundo).

Estos mis días han en Madrid han sido harto intensos y provechosos. Dios me ha bendecido y edificado conociendo un poquito más al pastor Marco Iturralde y a su familia (Iglesia Bautista de Azuqueca) y al pastor Rubén Ruiz y a su familia (Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz).

También he conocido e interactuado un poco más con mis hermanos en Cristo de Azuqueca de Henares. Con ellos he estado por más tiempo y lo he disfrutado. Tengo en mi mente y en mi corazón su hospitalidad, amabilidad y fraternidad. Ser parte de la familia de Dios es una bendición grande.

Con un grupo de hermanos de Azuqueca salí a evangelizar por las calles de la ciudad. La experiencia me ha sido muy aleccionadora. He contado mi experiencia en un post en mi página web.

Dios ama a los seres humanos, quiere salvarlos por medio de la fe en Jesucristo y toda congregación que surge gracias a la predicación del evangelio es la evidencia de que él está obrando y salvando cada día a los pecadores.

Las congregaciones, asimismo, son una evidencia de que siempre hay hijos de Dios que obedecen a Dios y Jesucristo Su Hijo y que predican y llevan el evangelio a los pecadores. Los cristianos y las iglesias obedientes son el brazo de Dios para poblar el reino de los cielos con redimidos y yo me gozo de ver como Dios los usa y da fruto por medio de ellos. (Foto: Junto al pastor Rubén Ruíz, de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz; su amabilidad y hospitalidad son encomiables).

Las nuevas iglesias y las iglesias crecientes, por último, son una prueba palpable de que los pecadores siguen respondiendo con fe y arrepentimiento a la predicación del evangelio de Cristo. Este hecho es esperanzador en todas partes, y mucho más en España, que tiene la fama de ser un país espiritualmente frío.

Lo que he visto y experimentado en Madrid ha confirmado en mi mente y en mi corazón la certeza de la época de la buena voluntad de Dios que inauguró Jesucristo en su primera venida todavía sigue vigente y hay que persistir en anunciar el evangelio de salvación.

“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (San Lucas 4:17-21).

Gracias a Dios por Jesucristo y su venida. Es por él que tenemos la gracia de Dios en esta tierra. Tenemos que aprovecharla para ser salvos de nuestros pecados y de nuestra condenación. Creamos y sigamos a Jesucristo y apropiémonos de la gracia de Dios que él nos trajo. Amén. (Foto: El misionero Julio Velasquez y Luis Tintaya, en el frontis de local de la Iglesia en Parla).

Dios ama a los seres humanos y dio a Jesucristo a ellos a fin de salvarlos. Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó nuestra justificación. La prioridad de Dios es la salvación de los seres humanos, no su condenación. Los ciudadanos españoles y de otras naciones que viven en España no están exceptuados de la salvación de Dios y las iglesias nuevas y crecientes que existen en este país son la evidencia. Amén.

Hablar de Dios y de Jesucristo en algunos lugares de España: Testimonio personal.

La evangelización en España no es nada, nada fácil.

En Atenas, cuando Pablo predicó, lo escucharon, aunque luego, sin embargo, se burlaron de él y lo menospreciaron. En este país, en cambio, un sector de la gente, que es mucha y que se declara abiertamente como atea, ni siguiera quiere oír de Dios y de Jesucristo Su Hijo.

Hablar de Dios y de Jesucristo, por tanto, requiere de una determinación espiritual firme y valiente, que no se amilane, ni se amedrente, ni se calle por el desinterés y el rechazo seco y poco amable.

Testificar de Jesucristo en España (y en todo lugar) requiere indispensablemente de la presencia y del poder del Espíritu Santo. No se puede testificar valiente, clara y ordenadamente de la obra de Jesucristo a nadie sin el empoderamiento del Espíritu Santo.

Los inconversos, desde la perspectiva bíblica, están cegados por el diablo. 2 Corintios 4:3-4 es muy claro respecto a la ceguera en que se encuentran los no seguidores de Jesucristo. Este es un hecho empírico indubitable y todo evangelizador bíblico lo sabe y es por eso que depende y necesita de Dios al evangelizar.

En este mi tercer viaje a España estoy experimentando lo que viven los cristianos al anunciar a Jesucristo a la gente que está en este país, tanto españoles como de otras partes del mundo. (Hay ciudadanos de todos los continentes del mundo en este país).

Nos encontramos con ateos que claramente nos dijeron: “He estudiado mucho y soy ateo. No necesito tu mensaje.” Estas personas no nos dieron ni una chance de hablarles. Nos “silenciaron” con sus palabras. Nos miraron con menosprecio y se fueron rápidamente. (Por cierto, hay otros ateos más amables, que respetan la religión y que escuchan, pero sin creer lo que se le dice).

También encontramos a musulmanes, cuya declaración fue: “Nosotros queremos mucho a Jesucristo. Lo vemos con un profeta más, pero inferior a Mahoma. Habla con los otros, porque nosotros sí creemos en Dios (Alá).” Los musulmanes, aunque desde otra perspectiva, también nos miraron por sobre el hombro y nos despidieron de su lado.

También encontramos gente de África (no recuerdo el país) que, en general, tenía información confusa sobre Jesús, María y la Biblia. En este caso, nos fue muy difícil entablar una conversación coherente con ellas. Su confusión lo hizo imposible. Fuimos nosotros los que tuvimos que alejarnos.

Por último, nos encontramos con ciudadanos hispanos, lo cuales tienen un trasfondo cercano al Dios de la Biblia y a Jesucristo Su Hijo, pero que todavía no lo aceptan ni lo siguen como su Señor y Salvador. Este tipo de ciudadanos sí son más receptivos. Ellos nos animaron con su aprecio por escucharnos.

El mandato de evangelizar a toda criatura y el de hacer discípulos a todas las naciones no se dio en un contexto favorable en el Nuevo Testamento, sino todo lo contrario. Los judíos y sus principales líderes se oponían abiertamente a Jesucristo y a sus seguidores. Ellos no estaban esperando a los discípulos para escucharles con agrado.

En las ciudades griegas, como Atenas, los ciudadanos tenían interés en todo, excepto en el evangelio de Jesucristo, que les parecía una locura y al que veían con burla y abierto menosprecio.

El contexto de oposición e indiferencia al mensaje del evangelio no ha cambiado. En España esta indiferencia al evangelio de Cristo es bastante más manifiesta. Mis hermanos en Cristo y yo la hemos visto y sufrido al salir a evangelizar. Los cristianos que viven y sirven a Dios en este país ven esta indiferencia silenciadora todos los días y en casi todos los lugares en donde se desenvuelven.

Tengo, incluso, un testimonio que me ha impactado tremendamente.

Una compatriota mía, que cuida ancianos, no “puede” siquiera orar con los ancianos aunque estén muy necesitados. Ella cuidaba a una anciana y oraba por ella al acostarla. La anciana sonreía al momento de las oraciones. Mi compatriota, por tanto, pensaba que la anciana estaba complacida por las oraciones. Pero no era así, porque ya no la volvieron a llamar para cuidarla. La razón que le dieron fue esta: “Es obvio que tú no puedes trabajar sin ser religiosa.”

Hasta se puede perder el trabajo por testificar de Dios y de Cristo. Este testimonio es una evidencia.

El diablo quiere silenciar a los cristianos.

Hablar de Cristo en un contexto así es desalentador.

Dios, sin embargo, está bendiciendo el trabajo evangelizador de los discípulos de Jesucristo en este país. Existen iglesias evangélicas que están creciendo. Siempre hay conversiones y bautismos. Gracias a Dios que es así.

Es mi tercera visita a este país y veo mucho más hijos de Dios en las iglesias que conozco. Dios está salvando gente y añadiéndola a su iglesia a pesar de la indiferencia expuesta.

Comparto este testimonio para que los hijos de Dios que estamos en otros países, donde hay mucha más receptividad, y más congregaciones de discípulos, oremos intensamente por nuestros hermanos que testifican, evangelizan y hacen discípulos en España.

Nuestros hermanos necesitan nuestra intercesión y nosotros debemos dársela. Pidamos a Dios que Su Espíritu Santo los empodere con denuedo y valentía para testificar de Jesús a toda persona que vive en este país. Roguemos por los hijos de Dios para que su ánimo y su fervor por testificar de Jesucristo no desmaye por la indiferencia, sino que se acreciente y se haga más entusiasta. Amén.

¡La prioridad de Dios es la salvación de todos los seres humanos, no su condenación!

El calvinismo es una mala sistematización de la doctrina bíblica. No solamente es mala, sino también la más peligrosa y dañina. La razón es sencilla: El calvinismo “tiene” como bandera la soberanía y gloria de Dios, y la apariencia de ser “rigurosamente bíblico”.

Pero, tristemente, no lo es. Aunque, desde los calvinistas piensan que sí.

El calvinismo distorsiona el carácter de Dios y pasa por alto la enseñanza general y evidente de la Escritura.

En este escrito voy a usar a la doctrina de la salvación de la humanidad como ejemplo de lo que afirmo. Los calvinistas enseñan que Dios tiene ya decidido de antemano la salvación de unos y la condenación de otros.

La Biblia es clarísima, sin embargo, en que lo que Dios más quiere de los seres humanos es su salvación. La evidencia de tal realidad son estos cuatro hechos:

  1. Dios le tiene paciencia a la humanidad y la soporta y busca su salvación. (Hechos 17:29-31).
  2. Dios ama a la humanidad y envío a Jesucristo, Dios Hijo, para salvarla de su condenación. (Juan 3:13-21).
  3. Dios sacrificó y ajustició a Jesucristo en reemplazo de los pecadores. (Romanos 5:6-8).
  4. Dios envío al Espíritu Santo y a la iglesia de Cristo a este mundo para predicar y anunciar el evangelio de salvación en Cristo a toda criatura a fin de que sean salvos por medio de creer en él y seguirle. (Hechos 1:8; 5:29-32).

Estos hechos son innegables y están absolutamente clarísimos en la Escritura, básicamente; y también en la historia de la humanidad.

La Biblia, asimismo, es diáfana en que Dios no quiere la muerte del impío ni su condenación. El fuego eterno de condenación, incluso, no fue preparado para los seres humanos, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo 26:41).

Hay varios textos que afirman la inalterable verdad divina de que Dios no quiere condenar al pecador.

He aquí algunos de ellos:

  1. “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos, ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).
  2. “Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17).
  3. “Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lucas 9:55-56).
  4. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Estas dos verdades complementarias son inconmovibles. Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Esa es su prioridad. Dios no quiere condenar a los seres humanos. Esa no es su principal motivación. Los textos bíblicos son claros e irrefutables. No se puede quebrantar la palabra de Dios ocultando o negando lo brillantemente escrito.

El calvinismo enseña en última instancia, sin embargo, tanto el moderado como el más extremo, en una u otra manera, esta idea que es opuesta a lo que la Biblia dice sobre la salvación de la humanidad: Dios tiene desde antes de la fundación del mundo un grupo de seres humanos a los que no quiere ni va a salvar, sino condenar y que no hay nada ni nadie que lo pueda evitar, pues esa su condenación está establecida por su soberano decreto.

No juzgo la condición espiritual de mis hermanos en Cristo que son calvinistas. Si han creído en Cristo y lo siguen son salvos, sus pecados han sido perdonados y tienen vida eterna. Jesucristo verdaderamente los ha salvado. La salvación siempre es gracias a la obra de salvación que Dios ha realizado por medio de Su Hijo.

La salvación tampoco depende de que tengamos el cien por cierto de la verdad de Dios que, por cierto, nos es imposible en este pasajero e imperfecto mundo. Gracias a Dios que es así, sino ningún ser humano podría ser salvo.

El calvinismo no representa fielmente la enseñanza de la Biblia. La desvirtúa, la quebranta, la altera y la estropea.

La Biblia enseña claramente que Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Eso es lo que él busca y es por eso que envío a Jesucristo Su Hijo a esta tierra. La condenación de los seres humanos (de todos o de un gran sector de ellos) no es el plan original ni la prioridad de Dios.

Eso no significa, desde luego, que Dios no haya castigado, que no esté castigando, ni que no castigará a los seres humanos por sus pecados. No es así. Dios sí hace justicia y castiga a los pecadores. Aun cuando hacerlo no es su prioridad ni lo que quiere.

Reitero, la enseñanza bíblica es  esta: Dios ama a la humanidad y es por eso que obra por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo y la predicación del evangelio su salvación, no su condenación.

El Calvinismo va en contra de esta verdad que está plasmada en la Biblia, en la historia de la humanidad y en la eternidad. Es doloroso que así sea. Pero no se puede dejar de denunciar a tan peligroso y contraproducente movimiento doctrinal .

El Calvinismo va en contra de lo que la Biblia dice sobre Dios y su salvación para todos los hombres a través de Jesucristo Su Hijo. Esa su enseñanza no es fiel a la Escritura aunque sus principales propulsores digan que sí.

Termino.

El calvinismo olvida que lo que a Dios más le alegra y regocija es el arrepentimiento y la salvación de un pecador. Dios sí está contengo con sus quienes ya son salvos. Él sí se deleita con quienes ya se han arrepentido y creído. Empero, su gozo es muchísimo mayor al ver la salvación de un pecador que se arrepiente.

¡Dejemos el Calvinismo y ocupémonos en darle alegría a Dios predicando y testificando su salvación en Jesucristo para que los pecadores se arrepientan y sean salvos! Amén.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (San Lucas 15:7).

“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (San Lucas 15:10).

¡ Cuidado con la nueva Nehustan, Cristianos! – Las tradiciones humanas no son la palabra de Dios.

La perdición de los seres humanos es resultado de hacer lo contrario a lo que Dios dice, manda y enseña en su palabra.

Quebrantar la voluntad de Dios al ir contra ella es el origen de todos los males que aquejan a la humanidad.

Vivir y seguir otra palabra, excepto la palabra de Dios es un error craso y garrafal.

La voluntad de Dios está transparentemente expresada en la Biblia, que es su revelación y que ha sido comunicada por él en forma oral, al principio; en forma escrita, luego; y en forma encarnada en Jesucristo Su Hijo, al final. Hebreos 1:1-3 sentencia esto claramente:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyo heredero, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder; habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, …”

El diablo, que es el enemigo de Dios y de los hombres, que no crea nada y que no tiene nada propio de sí, excepto el mal, es el primer tergiverzador de la palabra de Dios por antonomasia (Génesis 3:1-5).

El éxito del diablo al distorsionar y oscurecer el claro sentido y propósito de la voluntad de Dios expresada en su palabra hizo que Adán y Eva incurriesen en desobediencia y acarreasen maldición y perdición a toda la humanidad (Génesis 3:6-24)..

La deformación de la palabra de Dios que inició el diablo (Génesis 3:1-5) se expresa hoy en toda tradición humana que -quita, cubre y añade- y que es puesta por encima de lo que Dios ha dicho clara y contundemente en las Sagradas Escrituras, el Antiguo y Nuevo Testamento, que es la Biblia.

Lo terrible de la tradición humana es que quienes la originan, y la escriben y la enseñan, la presentan como si “fuese” la palabra de Dios y así, con intención o sin intención, o con buena o con mala voluntad, socaban la autoridad de la verdadera palabra de Dios, desmereciéndola y reemplazándola por ella.

Las tradiciones humanas perversas, que son una tergiverzación y una deformación de lo que Dios dice, y que usurpan y asumen el lugar de la palabra de Dios en la vida de los seres humanos, han producido religiones falsas y todo sistema religioso que contradice lo que Dios ha revelado en la Biblia.

Jesucristo denunció a los judíos por el horrible pecado de vivir sus vidas en función de “mandamientos de hombres” (las tradiciones humanas). Él fue clarísimo y su dura reprensión a ellos es la evidencia:

“Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” (Mateo 15:7-9).

El judaísmo de la época del Nuevo Testamento no hizo caso a Dios y no reconoció ni a Juan el Bautista ni a Jesús, que fueron enviados a ellos por él para su bien, porque estaban “enceguecidos” por sus “mandamientos de hombres”, que eran las tradiciones de sus maestros, las cuales poquito a poquito habían ocupado el lugar de la palabra de Dios.

El proceso paulatino de reemplazar la autoridad de Dios expresada en su palabra escrita por la autoridad del hombre expresada en “los mandamiento de hombres”, la tradición humana, ocurrió y ocurre aún hoy, y es un hecho verificable. Ni el liderazgo judío ni gran parte del pueblo judío de la época de Jesús fue consciente de que ya no vivían en función de las Sagradas Escrituras.

Las tradiciones humanas que ocupan el lugar de la palabra de Dios y usurpan su autoridad en la vida de los hombres son un gran mal y un instrumento de condenación en el mundo en todos los tiempos.

La tradición humana, aun la más “bíblica” posible y hasta la muy bien intencionada, cuando se le otorga la autoridad de palabra de Dios, es un instrumento del diablo para mantener a la humanidad alejada de Dios y que aleja, distrae, desgasta, divide y confunde a los hijos de Dios y a la iglesia de Cristo para que no se ocupen de Dios y de la misión que Jesucristo ha encomendado.

La historia bíblica y la historia de la humanidad testifican lo dañino y lo nocivo que es la tradición humana que reemplaza la palabra de Dios:

Por la tradición humana el judaísmo del Nuevo Testamento rechazó y crucificó a Jesucristo, y persiguió y se opuso violenta y mortalmente, asimismo, a los discípulos y a la Iglesia que él edificó.

Por la tradición humana el Catolicismo Romano se alejó de la enseñanza de Jesucristo y de los apóstoles y aumentó poquito a poquito doctrinas opuestas a lo que ellos enseñaron, tales como: la sucesión papal, el célibato, la salvación por cumplir sacramentos, el marianismo co-rredentor y co-mediador, la ambición política y su matrimonio con el poder político, etc.

Por la tradición humana el protestantismo no volvió totalmente a la Biblia luego de la Reforma del siglo XVI (31 de octubre 1517) sino que se mantuvo con tradiciones propias de la Iglesia Católica Romana, a saber: El bautismo de infantes, el ritualismo católico, la unión con el poder político y la persecusión violenta de los disidentes.

La tradición humana es peligrosa porque surge, al principio, como una explicación y una aplicación de la palabra de Dios a un asunto específico en un determinado momento histórico, pero después, con el tiempo, al usurpar el texto y la doctrina que intentó explicar y aplicar, se constituye en un estorbo para el crecimiento de los hijos de Dios y para el cumplimiento de la misión que tienen que cumplir.

Quienes creemos en Dios y creemos en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre, tenemos que anclar, fundamentar, alimentar y sustentar toda nuestra fe y toda nuestra vida y toda nuestra misión en la palabra escrita de Dios, que es la Biblia, la única escritura inspirada por Dios.

Nosotros, quienes seguimos a Cristo en esta época, tenemos mayor luz que nuestros antepasados en el Señor Jesucristo y no estamos obligados a sustentar nuestra fe en la tradición de los hombres o los mandamientos humanos, por más útiles y buenos que hayan sido en el contexto histórico en que fueron expresados.

Nosotros tenemos las Sagradas Escrituras completas y ya definidas en la Biblia y siempre podemos y debemos dirigirnos a ellas como fuente de autoridad para estar así siempre en la verdad y no desviarnos ni a diestra ni a siniestra.

Nosotros tenemos que vivir nuestra fe como lo hicieron nuestros antecesores primigenios. Nuestra referencia normativa para vivir a Cristo son nuestros hermanos del primer siglo, que fueron los primeros en seguirle en medio de la persecución religiosa política de su época.

La historia inspirada de la Iglesia y del Cristianismo original se encuentra en el Nuevo Testamento y hasta él tenemos que remontarnos cuando necesitamos un punto de referencia inquebrantable.

Voy a terminar esta nota, en la que me he explayado más de lo que quería.

Ninguna doctrina que no esté clara y consistentemente explicada y sustentada en la Biblia debe ser creída y seguida por los hijos de Dios y las iglesias de nuestro Señor Jesucristo.

Ninguna tradición que vaya en contra de lo que está claramente escrito en la Biblia por más razonable y lógica que sea debe ser aceptada y enseñada por quienes siguen a Jesucristo.

Ninguna tradición humana es el fundamento de los discípulos y de la iglesia de Jesucristo. No lo es ninguna tradición judía, ni aun el Antiguo Testamento “solo”. Tampoco lo es ninguna tradición católica, ya oriental u occidental. Tampoco tenemos que basar nuestra fe en a tradición reformada, ya sea luterana, o anglicana, o calvinista o de iglesias independientes.

Toda tradición humana a la que la iglesia, por la enseñanza de sus maestros y predicadores, equipara, sustituye o coloca por encima de la palabra escrita de Dios, “es” Nehustán y “tiene que ser” despedazada (2 Reyes 18:4; Números 21:9).

Los discípulos de Cristo y la iglesia que él edifica solamente se para y se sostiene en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra de Dios, interpretada Jesus-céntricamente. Pablo expresa esta realidad en esta declaración:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:19-22).

Si en algo tenemos que estar de acuerdo todos los cristianos y todas las iglesias de Cristo con las tradiciones cristianas que se han originado y que se originarán hasta que Dios nos recoja, es en esto:

“Solamente la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra escrita de Dios, es nuestra fuente de autoridad, para todo lo que creemos y vivimos. Amén.”

La gracia de Dios y yo.

“por gracias sois salvos.” (Efesios 2:5).

La gracia de Dios me maravilla, me impresiona.

No concibo mi vida sin la gracia de Dios.

Vivo y viviré en esta tierra hasta que la gracia de Dios lo determine. Es la gracia de Dios la que me sostiene y me da aliento para estar en pie aquí. Yo no tengo esperanza de vivir con Dios por la eternidad, asimismo, sin la gracia de Dios. Es la gracia de Dios la que me da esperanza de vivir eternamente en el mundo nuevo junto a Dios cuando todo termine.

La gracia de Dios me es indispensable.

¡Yo la necesito y la necesitaré siempre!

Y la gracia de Dios, a Dios gracias, está a mi alcance, a mi disposición … pero no solo para mí, sino para todo aquel que la necesite, que la requiera.

La gracia de Dios es abundante y suficiente. El alto, el ancho, el largo y la profundidad de la gracia de Dios es equivalente a Dios y a su inmensidad. La gracia de Dios es del tamaño de Dios.

Pienso mucho en la gracia de Dios.

Pero no siempre ha sido así.

Antes de mis veintidós años no pensaba en la gracia de Dios. No la tomaba en cuenta. Pensaba en mi buena suerte, en mi habilidad, en mi astucia, en mi capacidad. Sabía que era malo y no tan bueno, pero me veía en mejor condición que mis semejantes.

En aquel tiempo, yo no temía a Dios, ni lo respetaba. Tampoco pensaba en lo transitorio de la vida ni en la inmensidad de la eternidad. Vivía el momento sin pensar en nada más. No pensaba ni en la recompensa eterna por el bien, ni el castigo eterno por el mal.

Empecé a pensar en la gracia de Dios porque conocí a Jesucristo en base a la Biblia. La gracia de Dios me permitió esa experiencia con Jesús. A partir de allí, la gracia de Dios hizo y hace maravillas en mí. Me quedó absorto y atónito al verla obrando en mi vida. Mi comprensión de la gracia de Dios se ha acrecentado y se acrecienta, por experimentarla y disfrutarla, y por mi lectura de la Biblia, que habla de ella.

La expresión “por gracia sois salvos” que está en Efesios 2:5 (y su contexto, que describe mi condición, y la de todo ser humano), me emociona, me conmueve, me llena de gratitud, de confianza y de esperanza.

Alabo a Dios y le agradezco por su gracia. Es ella la que me trajo a Cristo y a su camino; y es ella, también, la que me mantiene en esta fe y en esta esperanza hasta el fin de mis días en esta tierra.

Es imposible para mí mi salvación ante Dios.

No la puedo conseguir por mí mismo.

Soy pecador. Es mi tragedia, mi desgracia (pero no solo la mía).

Soy pecador en mi naturaleza. Soy pecador en mi mente. Soy pecador en mi actos y en mi reacciones. A mí no me enseñaron a hacer el mal, lo aprendí solito. Nadie me presionó ni me obligó a pecar, yo mismo, en forma voluntaria, lo hice.

Mi vida tiene acontecimientos pecaminosos que me abruman. Pienso en ellos siempre (estoy pensado en ellos mientras escribo). Al pensar en ellos, pienso también en que Dios me vio cometernos.

Si Dios ve todo, y es seguro que sí, no tengo excusa ante él. ¿Qué puedo decirle? ¿Cómo puedo justificarme? Es imposible. No tengo argumentos. No tengo nada que decir. Solo tengo que guardar silencio y agacharme avergonzado en su delante.

Dios sabe todo.

No puedo ocultarle lo que soy ni lo he hecho de malo.

La gracia de Dios en Jesucristo, sin embargo, hace posible que yo mismo ya no tenga que responder ante Dios por mis pecados. Dios mandó a Jesucristo a esta tierra para darnos en él su gracia y su bondad.

Dios envío a Jesucristo para salvarnos de nuestros pecados. Jesucristo murió por nuestros pecados. Él murió en reemplazo de los pecadores (de todos, no solo algunos). Él pagó el castigo que nos correspondía a nosotros por nuestros pecados.

Es gracias a la obra de Jesucristo a nuestro favor que está escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2).

Necesitamos la gracia de Dios.

La gracia de Dios nos es indispensable.

Es imperativo que Dios nos trate y nos mire con gracia. Sin la gracia de Dios no tenemos opción de misericordia, de perdón de pecados, de vida eterna y de vivir junto a Dios en su gloria.

Pensemos más y más en la gracia de Dios, que en nuestros méritos o deméritos.

Enfoquémonos más en Cristo Jesús y en su obra gratuita de salvación a nuestro favor que en nuestra pecaminosidad y en nuestra imperfección.

No merecemos la salvación de Dios. No la podremos obtener nunca hagamos lo que hagamos. Y es por eso, justamente, que Dios nos ofrece su salvación y su vida eterna por gracia y solamente por gracia.

Dios nos regala su salvación y su perdón de pecados gratuitamente a través de la fe en Jesucristo. ¡Recibámosla! Estiremos nuestras manos y apropiémonos de ella por la fe en Jesús, nuestro bendito y fiel salvador.

Finalizo.

Estoy y estaré de pie ante Dios por su gracia. (Pero no solo yo).

Estamos en pie y estaremos en pie ante Dios como sus hijos benditos por la gracia de Dios en Cristo Jesús, no por nosotros mismos, sino a pesar de nosotros.

Descansemos en la gracia de Dios y sirvamos a Dios agradecidos durante todo el tiempo que todavía nos queda en este mundo.

No busquemos a Dios basados en nuestro mérito, sino en su gracia a través de la fe Jesucristo Su Hijo. No existe otra manera, sino solo la que Dios a determinado: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ella.” (Efesios 2:8-10).

¡Qué Dios me ayude a valorar y vivir conforme a la gracia de Dios en toda área de mi vida en este mundo!

¡Muchas gracias doy a Dios por haberme hecho conocer su gracia por la fe en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre para unirnos con Dios!

Si has leído hasta aquí y tú todavía no has creído ni sigues a Jesús, empieza hoy y cree en él y síguelo. Solamente por la fe en Jesús disfrutarás y experimentarás la gracia bendita de Dios.

¡Percepción errónea y desaire mortal!

Existe una percepción errónea y un desaire mortal del que uno se arrepentirá por siempre.

No te burles, no te rías, no juegues y no menosprecies las noticias que anuncian el castigo divino.

No menosprecies el mensaje que anuncia lo qué pasará en el futuro.

…

En una ciudad antigua emblemática vivían dos jóvenes bastante afortunados.

Los dos jóvenes citadinos de nuestra historia estaban contentos. Les estaba yendo muy bien. Vivían en una ciudad moderna y próspera y ellos habían progresado con ella. Tenían novia y ya pronto se casarían con ellas; el compromiso ya estaba hecho.

Su presente era muy bueno y su futuro se veía promisorio.

Un día, sin embargo, el padre de sus prometidas, los buscó bastante urgido. Él llegó a ellos harto presuroso. Se veía sudoroso y cansado, pues había venido corriendo. Ellos lo vieron nervioso, angustiado, desesperado y con muchísimo miedo.

Se preocuparon por su condición.

Esa su preocupación, sin embargo, cambió tan pronto como Lot, su futuro suegro, les dio su mensaje. Él les dijo: “Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.” (Génesis 19:14).

El contenido del mensaje les hizo pensar que su suegro estaba delirando, fuera de sí, y exagerando demasiado.

Lo vieron como una fanático “religioso”, que hablaba cosas irreales.

Estos dos muchachos no tomaron en serio a su suegro y tampoco a sus palabras. Ellos asumieron que el padre de sus prometidas estaba “bromeando”, y “burlándose” de ellos. Según su “percepción”, su suegro estaba alucinando y fantaseando. No veían ningún problema en el horizonte y a ningún “Jehová” que iba a “destruir” su ciudad.

Ellos no escucharon a su suegro. En ningún momento consideraron que su percepción era “errada”. En consecuencia, no hicieron caso de su suegro, no se preocuparon siquiera por tan urgente noticia. “Desairaron” y “desoyeron” el aviso que Dios les envío y no salieron de la ciudad.

Lo que ocurrió después con la ciudad y con ellos fue terrible.

Su suegro no estaba bromeando.

Jehová Dios estaba airado contra su ciudad y sus ciudadanos. Él verdaderamente iba a destruir su ciudad y había enviado su mensaje a ellos para que no pereciesen con ella.

Su percepción errónea y su desaire al mensaje que se les envió para salvarlos les fue mortal.

El juicio de Dios no fue una broma.

Dios no quiere condenar; Él quiere salvar. Él no advierte en vano. A estos dos jóvenes los atrapó el juicio de Dios por menospreciar y no escuchar la advertencia que recibieron.

La descripción de lo que Dios hizo con su ciudad es clarísima: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” (Génesis 19:24-25).

Estos dos muchachos “percibieron” el mensaje salvífico de su suegro como una burla a ellos. No sé porqué es que lo percibieron así. Seguro que Lot tenía algunos problemas como testigo de Dios y comunicador de su mensaje. Pero, ellos no tienen excusa, y si la tuvieron, ésta no los libró de perecer con su ciudad y sus conciudadanos.

Reírse, burlarse, jugar y menospreciar el destino eterno es muy peligroso. Tomar en poco el juicio de Dios por nuestra acciones pecaminosas es un error fatal. Caricaturizar la salvación de Dios y verla con desprecio y desaire nos traerá perjuicio temporal (en esta tierra) y eterno (en el mundo venidero).

Tomemos a estos jóvenes como un ejemplo de lo que no debemos hacer.

¡Percibir erróneamente a los mensajeros de Dios y su mensaje, y desairar a Dios y a su mensaje de salvación, nos acarreará condenación eterna!

¡Cuidado!

…

Dios existe y es nuestro creador. Él es bueno y misericordioso.

Nosotros somos pecadores y vivimos  alejados de él, desobedeciéndole y deshonrándole.

Nosotros merecemos el juicio y la condenación divina, pero Dios no quiere condenar ni castigar, él quiere perdonar y salvar.

Dios nos ha enviado a Jesucristo Su Hijo para salvarnos de nuestros pecados y de nuestra condenación. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Dios ofrece perdonar y quitar toda condenación a toda persona que cree en Jesús y le sigue genuinamente.

Creamos en su mensaje urgentemente. ¡Creamos y sigamos a Jesucristo Su Hijo!

Necesitamos la salvación de Dios y él está listo para salvarnos.

Cada día que pasa nos acercamos a nuestro encuentro eterno con Dios y solamente Jesucristo puede hacernos aceptables ante él.

Dios quiso salvar a dos de los jóvenes de Sodoma y de Gomorra, pero ellos menospreciaron su oferta de salvación y perecieron en la condenación de su ciudad.

No incurramos en su error craso.

Escuchemos con temor y reverencia el mensaje de la Biblia.

Dios ha enviado sus mensajeros a todo el mundo con su mensaje de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo.

Si tú escuchas el evangelio de Jesús, créelo. Si tú escuchas que Jesús vino salvarte, recíbelo y síguele como discípulo.

Si te conviertes a Dios por medio de Jesucristo para servirle y adorarle de corazón serás salvo eternamente y la ira de Dios no te alcanzará jamás. El apóstol Pablo escribió estás palabras de quiénes creen y siguen a Jesucristo: “… y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

¡Creamos a los mensajeros que hoy nos anuncian el juicio de Dios y su salvación por medio de Jesucristo! ¡Jesús es el único que nos libra de la ira venidera!

Si te burlas, si te ríes, si juegas, si menosprecias y si desaíras a los mensajeros y al mensaje de la salvación de Dios en Jesucristo que se te trae, te arrepentirás eternamente.

¡Todos tenemos que tomar muy en serio el evangelio de salvación de Dios en Cristo Jesús!

¡Evitemos la percepción errónea y el desaire mortal que consiste en no hacer caso al mensaje de salvación en Jesucristo que Dios nos envía por medio de sus mensajeros! Amén.