“Por lo demás, hermanos, rogad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (1 Tesalonicenses 3:1-2).
El 25 al 26 de Abril estuve en Jaén, visitando al misionero Luis Jauregui y a su familia. Viajé a Jaén con Noé, mi hijo mayor. Fui para ver cómo está yendo esta iniciativa misionera de la IB Cristo el Fundamento de Bagua Grande. Mi interés en la obra de Dios en esta ciudad empezó hace unos 4 años atrás; cuando llegué a Jaén con un grupo de cuatro estudiantes del Seminario Bautista del Perú, en una de nuestras giras.
Jaén es una ciudad próspera del Departamento de Cajamarca, está ubicada al nor oriente del Perú y tiene más de 130 mil habitantes. Hay mucha gente que necesita a Cristo y a su salvación en esa ciudad. La iniciativa misionera de la IB Cristo el Fundamento se ha visto fortalecida con el envío del misionero Luis Jauregui y su familia. Él tiene poco tiempo allí, así que necesitamos recordarle en oración.
Llegamos a Jaén en la madrugada. El misionero Luis Jauregui nos recogió de la agencia de transportes. Tomamos desayuno y de inmediato iniciamos nuestra jornada de evangelización casa por casa. Tocamos las puertas y en las casas que nos atendieron, compartimos el evangelio de Jesús. Hubieron al menos dos personas que profesaron fe en Jesús.
Por la tarde, después del almuerzo, fuimos a evangelizar en la plaza de armas de la ciudad. Repartimos folletos y hablamos con algunas personas. Por cierto, la plaza estaba llena de gente. Hablé con dos jóvenes y ellos profesaron fe en el Señor Jesucristo. Ellos nos dieron sus números de teléfono para seguir en contacto.
La noche del sábado pasé un lindo tiempo de comunión con nuestro hermanos Manuel Quispe y Sonia. Ambos esposos y sus niñas son la familia clave de la nueva obra. Ellos están ayudando con el hospedaje del misionero y con prestar una parte de su casa para las reuniones del nuevo grupo. Oremos también por ellos, para que Dios les de ánimo y los use grandemente en la afirmación de la nueva congregación.
El domingo participé del servicio matutino. La congregación no es grande todavía. Hay que seguir sembrando el evangelio y orando para que Dios obre y haya fruto que permanece. Mi enseñanza estuvo basada en Hechos 8:1-4. Animé a los hermanos a compartir el evangelio mientras están trabajando o estudiando entre los no creyentes.
Por la noche, fuimos a visitar a una familia que necesitaba ánimo y consejo. En esa familia, solamente la madre de familia acude a las reuniones. Gracias a Dios, cuando llegamos, toda la familia estaba reunida. Presenté el evangelio y les animé a seguir a Jesucristo. Después de los cánticos y el mensaje de la palabra de Dios, hubo un tiempo de diálogo. Fueron los hijos los que hicieron preguntas. Se notó que había conflictos en la familia. Con la ayuda de Dios y su palabra, procuramos darles consejos para su convivencia. Confío en que la palabra que sembramos allí no regresará vacía.
Fueron dos días intensos. Mi hijo y yo terminamos cansados, pero contentos de haber ayudado al misionero en su ministerio. Roguemos por Luis Jaureguí y Janet, su esposa. Necesitan nuestro apoyo en oración. Ellos tienen un hijito, se llama Fares Itiel.
Al intercer por ellos, pidamos que la palabra de Dios corra y sea glorificada en Jaen en la misma manera que ha sido glorificada dando fruto permanente en muchas otras ciudades del Perú y el mundo. (1 Tesalonicenses 3:1-2). El evangelio es poder de Dios para salvación y confiamos en que Dios salvará a muchos en Jaén.
