¡Los seguidores de Jesucristo somos personas que conocemos la verdad de Dios!

El hijo de Dios es una persona que sabe, que conoce, que está enterado. La Biblia es clarísima. La ignorancia, el no saber, la desinformación, no es propia de aquellos que creen en Dios por Jesucristo.

Todo hijo de Dios sabe lo que cree y sabe dar razones convincentes en base la Escritura, la Biblia, de la esperanza que tiene por seguir a Jesucristo. No somos buenos seguidores de Jesucristo si no sabemos y no podemos dar testimonio convincente e inteligente de nuestra fe.

La ignorancia de Dios, de Su Voluntad y de Su Palabra, es propia de los que no creen en Dios, de los que le dan la espalda, de los que lo niegan. Ellos son los que no tienen ninguna idea clara de lo que Dios quiere para los seres humanos. Ellos viven así porque “han recibido el espíritu del mundo” y ese espíritu lo controla el maligno y él quiere a la humanidad en ignorancia completa de Dios y de lo que él dice.

Pablo afirma irrebatiblemente: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:12).

En ese texto bíblico se divide a la humanidad en dos grupos bien diferenciados: 1) los que han recibido el espíritu del mundo, que son los que no conocen a Dios y que no saben lo que Dios ha dispuesto para los seres humanos y 2) los que han recibido el Espíritu que proviene de Dios y que saben lo que Dios ha dispuesto para la humanidad y para ellos mismos.

Todos los que seguimos Jesucristo hemos recibido el Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo lo recibimos tan pronto como creemos el evangelio y nos convertimos en seguidores de Jesucristo (Juan 7:37-39; Efesios 1:13-14). Nosotros estamos aptos para saber y para conocer lo que Dios nos ha concedido desde el mismo instante que Dios nos da vida nueva por medio de Su Espíritu.

1 Corintios 2:12 es una llamada de atención a los seguidores de Jesucristo de hoy. Todos nosotros tenemos que conocer la verdad, las obras y la voluntad de Dios porque él nos ha dado Su Espíritu Santo para que nos enseñe y nos haga saber todo lo suyo. Dios ha hecho su trabajo y nos ha bendecido dándonos la Biblia, Su Palabra, y Su Espíritu Santo. Ahora nosotros tenemos que educarnos e instruirnos en lo que Dios ha dicho.

Dios ha hecho lo que le toca.

Ahora nos toca trabajar a nosotros.

A nosotros nos toca leer y escuchar la palabra de Dios, la Biblia. A nosotros nos toca pensar y meditar en la ley de Dios. A nosotros nos toca escudriñar e investigar lo que Dios dice. Nosotros tenemos que coger la Biblia y alimentarnos de ella tanto como podamos.

A nosotros nos toca saber y conocer lo que Dios nos ha concedido. Todo está en la Biblia. ¡Muévenos a darle la atención debida a la palabra inspirada por tu Espíritu, Dios nuestro! ¡Haz que seamos un pueblo instruido en tu santa verdad, Dios y Padre de Jesucristo!

Amén y amén.

¡Mi Redentor Vive y después de muerto resucitaré, lo veré y viviré con él!

La muerte llegó a personas que quiero. La tristeza les embarga y el dolor les agobia.

Están tristes y desde donde estoy solamente puedo orar por ellos y darles palabras de aliento.

La persona que murió vivió en esta tierra creyendo en Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Y Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Romanos 4:25), dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Cree esto?”

Ella creyó en Jesucristo y en lo que él dijo de sí mismo. En consecuencia, su muerte no es definitiva, no ha muerto eternamente, ella resucitará y vivirá eternamente al lado de Dios y de todos los redimidos.

Desde la distancia y desde mi no presencia física pido a Dios que consuele, de fuerzas, ánimo y ayuda a mis amigos y hermanos en Cristo, cuyo familiar a partido a su encuentro espiritual con Dios.

El antónimo de la muerte es la vida. Lo opuesto a morir es resucitar.  La Biblia habla de la muerte y también de la vida. La Biblia presenta el morir y también el resucitar.

Yo no sé de ustedes, pero sí se de mí. Se puede vivir y morir con la esperanza de resucitar de los muertos para salvación y vida eterna al lado de Dios. Si se quiere vivir y morir así, hay que creer y seguir a Jesucristo de todo corazón.

Job, quien es conocido por el sufrimiento atroz que padeció, creía en la resurrección de los muertos y en su propia resurrección. Sus palabras, en Job 19:25-27, son contundentes.

Él sabía que Su Redentor estaba vivo. Él sabía que se iba a morir y que por el proceso de la muerte, su piel iba a ser deshecha. Pero él sabía, también, que iba a resucitar y que en su carne iba a ver a Dios.

Ver a Dios luego de morir y resucitar es una verdad liberadora y alentadora. La muerte no es nuestro final, sino nuestro principio, el principio de nuestra eternidad. En esta nuestra eternidad, veremos a Dios, lo veremos personalmente, seremos nosotros mismos los que experimentaremos ese bendito hecho y Job lo hace patente.

La muerte y el dolor que produce en nosotros que la padecemos, nos agobia, nos abruma. Job no lo niega, él dice que su corazón desfallece dentro del él. Pasa lo mismo con nosotros. Pero, eso sí, nuestra esperanza es mayor, y es por eso que nos sobreponemos al dolor y nos levantamos y nos ponemos en pie, para seguir viviendo con ánimo para Dios por la fe en Jesucristo.

¡Gracias a Dios por darnos esperanza en días de dolor por la muerte! ¡Gracias a Dios por darnos a Jesucristo, que murió y resucitó para salvarnos de la muerte!

¡Qué Dios nos ayude a vivir creyendo en Jesucristo mientras vivimos como extranjeros y peregrinos hasta irnos a vivir con él por la eternidad!

Amén y amén.

Creer en Dios da aliento y fortaleza para atravesar cualquier situación.

Dios sostuvo, sostiene y sostendrá siempre a todo aquel que cree en él y lo busca y espera en él. Dios nunca falla ni deja solos a lo que le temen y lo esperan.
La vida de por sí ya es dura, pues hay que trabajar duro. La vida tiene sus momentos de gozo, de bienestar, sí, claro que sí. La vida tiene muchos momentos alegres. Siempre debemos agradecer a Dios por los buenos instantes que vivimos en este mundo.
Pero son los instantes de dolor, de frustración, de traición, de pérdida atroz, los que nos hacen desmayar. Este tipo de momentos nos hacen olvidar todos los buenos momentos. Este tipo de momentos nos quitan el aliento y nos derrumban mental y emocionalmente.

Puede ser porque se pierde algo que amamos y que nos es muy valioso. ¿El trabajo? ¿La vivienda? ¿La familia? ¿Una amistad? ¿Un miembro del cuerpo?
En todo momento Dios está al lado de uno, pero es en la tragedia, en la desgracia, en el dolor, en el desvanecimiento, que su presencia se hace urgente e indispensable. Es en la aflicción y el sufrimiento indecible que conocemos más y mejor a Dios.
El escritor del Salmo 27, David, el gran rey David, experimentó momentos de dolor y de desesperación, que le fueron emocionalmente horribles. Él se sintió morir. Pero, gracias a Dios, tuvo su pero, su pero fue su fe. Su fe en Dios, su fe en el bondadoso Jehová Dios lo sostuvo.
Yo he tenido momentos así también, y al igual que David, mi fe en el bondadoso Dios me ha revivido y fortalecido.
Cree en Dios por medio de Jesucristo. Cree en la bondad de Dios por medio de Su Hijo Jesús. Cree en que Dios está presente en esta tierra y obrando en ella en todo momento. Aguarda a Dios y cobra ánimo. Espera en Dios y tus fuerzas serán renovadas.
No lo has perdido todo. No te has quedado solo. Todavía Dios está presente. Todavía queda Dios.
Amén y amén.

El árbol de la vida, un árbol ignorado hoy anhelado.

En el huerto que Dios hizo en Edén había gran variedad de árboles frutales. Sus frutos eran deliciosos a la vista y buenos para comer; se veían sabrosos y exquisitos. Y lo mejor, Adán y Eva eran libres de comerlos y alimentarse de ellos.

Adán y Eva veían “se deleitaban” y “se alimentaban” de los frutos de esos árboles. El autor inspirado no nos da ese hecho, lo presumo. No es posible que nuestros primeros padres hayan estado entre tanto árbol frutal sin haberse alimentado de ellos.

El autor inspirado destaca de entre todos estos árboles a dos árboles: El árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. ¿Por qué el escritor los separa, los remarca y los señala claramente?

Estos dos árboles son protagonistas en el relato bíblico.

En esta nota hablaré del primero de los dos árboles.

El árbol de la vida fue ignorado por Adán y Eva. Su fruto estaba a su alcance. Podían comerlo. Debían comerlo. Ese fruto no les estaba prohibido. Dios no les vedó ese árbol. Nuestros padres sí podían alimentarse del árbol de la vida. (Génesis 2:16).

¡El árbol de la vida y su fruto estaban disponibles!

Tristemente, Adán y Eva no comieron del de árbol de la vida. ¿Por qué no lo hicieron? Es probable que no lo hicieron porque estaban llenos de vida y porque tenían mucho para comer.

Después, cuando desobedecieron, cuando ya pecaron, Dios determinó que Adán y Eva no debían tener el árbol de la vida al alcance de su mano, para cogerlo y para comerlo (Génesis 3:22).

De acuerdo al testimonio del propio Dios, si Adán y Eva, ya caídos, comían del árbol de la vida vivirían para siempre. ¿Era malo eso en ese momento para ellos? Sí, seguro. ¿Por qué? Porque ellos hubieran perpetuado irremisiblemente su condición caída y desobediente.

Antes de la desobediencia, sí era bueno comer del fruto del árbol de la vida. Adán y Eva tenían el permiso de Dios y eran buenos, como toda la creación, por eso podían comerlo libremente. Su desobediencia quebrantó su bondad y la bondad de todo lo creado. Dios no quería que ellos perpetuasen su condición caída y por eso los alejó del árbol de la vida. ¿Cómo lo hizo? Los echó del huerto y colocó en su camino querubines y una espada encendida (Génesis 3:24).

El árbol de la vida entonces ya no es mencionado recurrentemente, “desaparece”.

Se menciona en Proverbios 3:13-18; 11:30; 13:12; 15:4, pero como símbolo de virtud o de un estado deseable.

El árbol de la vida aparece históricamente otra vez en el libro de Apocalipsis, el último libro de la Biblia, que narra la victoria definitiva de Jesucristo sobre el malo, los malos y el mal. Este árbol, que estuvo en el medio del huerto en Edén, ahora está en medio del paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7), que es la Nueva Jerusalén, la ciudad eterna de Dios (Apocalipsis 22:2), que aparecerá al fin del mundo presente y al inicio del mundo eterno (Apocalipsis 21:1-4).

El árbol de la vida está al alcance de los redimidos y herederos del reino de Dios por la fe en Jesucristo (Apocalipsis 22:14). Dios alimentará a sus hijos con el fruto de ese árbol y dará sanidad con sus hojas a todos aquellos que por Jesucristo hayan llegado a vivir y gozar de él y de todos sus bienes por los siglos de los siglos (Apocalipsis 2:7; 22:2).

¡Qué Dios me ayude, te ayude y nos ayude a creer y a seguir a Jesús mientras estamos vivos para que Dios nos dé de comer del árbol de vida a su lado en la eternidad! Amén.

¿Cómo tener relaciones realistas y saludables con los que nos rodean?

Introducción.

Los seres humanos vivimos siempre con un constante e inevitable contacto con otros seres humanos. Nacemos, crecemos, trabajamos, descansamos, jugamos… y morimos entre seres humanos.

Toda nuestra vida está entre otros y con otros. Siendo que es así y que no podemos escaparnos de esa realidad, tenemos que asumirla y determinar en consecuencia cómo es que vamos a vivir entre (y con) los que están a nuestro alrededor.

Todos nosotros tenemos padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.

Si estamos en un barrio, tenemos vecinos y amigos y… también enemigos.

Si estamos en el colegio o en la universidad, tenemos profesores y compañeros de clase.

Si ya trabajamos, tenemos a nuestros jefes y a nuestros compañeros o a nuestros subordinados y a nuestros compañeros si es que nosotros somos los jefes.

El día que nos casamos, si lo hacemos, tendremos cónyuge, hijos, suegros, cuñados, etc.

Si somos creyentes, tenemos a nuestros pastores, a nuestros diáconos, a nuestros maestros y a nuestros hermanos.

Tenemos que vivir con otros y entre otros. Dios ha diseñado así la vida de todos los hombres. Es su voluntad buena, agradable y perfecta que vivamos entre otros y con otros (Romanos 12:1).

Pero el pecado, que invadió a nuestro planeta a causa de la desobediencia de Adán y que quebrantó la voluntad buena y agradable y perfecta de Dios, ha distorsionado toda nuestra vida, incluyendo, desde luego, nuestras interrelaciones personales, es por eso que estas nuestras relaciones se tornan ásperas, duras, difíciles, incómodas y hasta insoportables.

El tema que nos ocupa plantea una interrogante desafiante: ¿Cómo tener relaciones realistas y saludables con los que nos rodean? La pregunta presupone los hechos siguientes:

  1. Tenemos relaciones interpersonales inevitablemente.
  2. Nuestras relaciones tienen que ser realistas porque si no lo son tendremos mucha frustración.
  3. También, nuestras relaciones tienen que ser saludables porque si no lo son viviremos mal nosotros y también los que nos rodean.
  4. Sí se puede tener relaciones realistas y saludables con aquellos que nos rodean y nos rodearán mientras estemos en esta tierra.
  5. Las relaciones realistas y saludables al vivir entre otros y con otros dependen de nosotros mismos.
  6. Es vital que vivamos entre otros y con otros aceptando y viviendo lo que la Biblia dice sobre nosotros y todos los seres humanos.

La idea central de esta exposición es la siguiente: Vivir realista y saludablemente con otros sí nos es posible. Como es posible, nosotros examinaremos lo que tenemos que hacer para que así sea.

Gracias a Dios, lo tenemos a él y a su Espíritu, para ayudarnos en este menester; y también tenemos la Biblia, que nos alumbrará y nos dirá qué tenemos que hacer para vivir bien con y entre aquellos que nos rodean.

A continuación, las decisiones y acciones personales que nosotros debemos asumir para vivir realista y saludablemente con otros y entre otros:

Primero: Determina vivir bajo el principio de amar como Dios y Cristo aman y han mandado que amemos.

Los cristianos estamos llamados a vivir nuestra vida bajo la ley del amor. No estamos hablando aquí del amor como el mundo lo ve, sino del amor según Dios, que es un amor de nuestra voluntad, no solamente de nuestras emociones.

Dios es amor dice la Biblia (1 Juan 4:7-12). Su esencia y su naturaleza toda es amor. Su acto irrefutable de amor ha sido, es y será siempre Jesucristo, Su Hijo, a quién dio y envío a esta tierra para nuestra salvación. (Juan 3:16; Romanos 5:8).

Jesucristo amó y se entregó a sí mismo por su iglesia (Juan 15:9-10). Toda su vida y sus obras fueron motivadas por su capacidad de amar. Su ministerio terrenal, sus padecimientos indecibles y su horrible muerte en la cruz no tienen otra explicación mayor que su amor por nosotros los seres humanos.

Dios nos ha ordenado que amemos a nuestro prójimo (Levítico 19:18; Mateo 22:39). Por lo general, el que ama a su prójimo no le hace mal (Levítico 19:13-17) y es por eso que el que ama a su prójimo ha cumplido la ley (Romanos 13:8-10).

También tenemos el mandato de amar a nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). En consecuencia, el mandato de amar tiene que obedecido porque Dios nos lo ordena y porque nos ha capacitado para cumplirlo (Romanos 5:5).

Asimismo, quienes profesamos fe en Jesucristo y somos miembros de Su Cuerpo, Su Iglesia, tenemos que amar a nuestros hermanos en la fe cómo él nos ha amado a nosotros. (Juan 13:31-35; 1 Juan 3:10-24; 4:7-21).

El amor de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo es la clave al vivir con otros y entre otros. El amor de Dios nos ayuda a disfrutar la vida con otros y entre otros cuando todo va bien. El amor de Dios también nos ayuda a sobrellevar y soportar la vida con otros y entre otros cuando todo no va tan bien.

El amor de Dios y nuestra capacidad de amar como Dios nos ha amado en Cristo Jesús es vital al relacionarnos con otros y entre otros. A esta capacidad de amar divinamente hay que añadirle la determinación de hacerlo, cueste lo que cueste. Ya que amar, y amar como Dios ama, es un acto de nuestra voluntad. Tenemos que decidir amar a quienes nos rodean. ¡Vivamos y relacionémonos con otros en función del amor de Dios! Amén.

Segundo: Cumple tus deberes bíblicos para con aquellos que te rodean.

En mi experiencia, he notado que muchos de los problemas interpersonales se suscitan debido al incumplimiento de roles. Nosotros tenemos deberes que cumplir y los que nos rodean esperan que los cumplamos. Desde luego, nosotros también esperamos que los que nos rodean cumplan sus deberes. Cumplir los deberes que nos corresponden es vital para tener buenas relaciones con los que nos rodean.

Si eres hijo: Éxodo 20:12; Efesios 6:1-3; Colosenses 3:20. (Honra a tu padre y a tu madre. Obedece a tu padre y a tu madre. La obediencia a los padre es en todo).

Si eres hermano: Génesis 4:9. (Cuida, protege, vela, ayuda, socorre a tu hermano).

Si eres empleado: Efesios 6:5-8; Colosenses 3; 1 Pedro 2:18. (Obedece, respeta, sirve sin vigilancia y de buena voluntad a quien te da trabajo. Mira a Dios y no al hombre al trabajar para tu jefe).

Si eres patrón: Efesios 6:9. (Respeta, sirve, cuida, trata justa y con buena voluntad a tus empleados. No amenaces, no coacciones a tu empleado. Mira a Dios y trata a tus empleados como Dios te trata a ti).

Si eres amigo: Proverbios 17:17. (Se fiel, dispuesto y disponible a ellos en todo tiempo).

Si eres discípulo: Hebreos 13:7, 17. (Se dócil, leal, respetuoso y fácil de cuidar).

¿Qué hacemos si nosotros cumplimos nuestros roles pero los otros no? La respuesta es “fácil”. Nosotros tenemos que seguir cumpliendo nuestros roles sin desanimarnos ni enojarnos por el hecho de que los otros no cumplen los suyos. Así, con nuestro ejemplo y nuestras palabras, les motivamos a cumplir los suyos, y oramos también por ellos para que asuman su responsabilidad y hagan lo que deben hacer.

Si la situación no cambia y los otros persisten en no cumplir sus roles, nosotros seguimos cumpliendo nuestros roles y aprendemos a soportar y a sobrellevar esa situación sin quejarnos, ni resentirnos y sin dejar de vivir gozosos.

Tercero: Ten la meta de ser de edificación y de ánimo a todos aquellos que se relacionan contigo.

Nos movemos en base a propósitos y a determinaciones. Al convivir con otros, tenemos que tener el objetivo de bendecir y animar a toda persona que trata y tratará con nosotros.

Romanos 14:19. (Nosotros tenemos que seguir todo lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. Nuestro camino nunca es ser un tropiezo ni un estorbo a nadie, sino un estímulo).

Romanos 15:1-3. (Nosotros tenemos que soportar las flaquezas de los débiles, y buscar agradar a nuestro prójimo en lo que es bueno. Hacemos estas dos cosas siguiendo el ejemplo de Jesucristo).

1 Tesalonicenses 2:11. (Nosotros tenemos que exhortar y consolar a aquellos que están a nuestro alrededor).

1 Corintios 10:23-24. (Nosotros tenemos que obrar siempre lícitamente, pero tenemos que evitar hacer lo que nos es lícito, si es que no da edificación alguna a quienes nos rodean. Nuestra meta no es nuestro propio beneficio, sino el del otro).

1 Corintios 10:31-33. (Nosotros buscamos siempre la gloria de Dios en todo nuestro obrar. Por eso, nosotros no hacemos tropezar a otros, pues no procuramos nuestro beneficio, sino el de los que nos rodean. En última instancia, nosotros buscamos siempre la salvación de otros por medio de nuestras acciones, que siempre tienen que ser cristocéntricas y espirituales).

Los hombres y mujeres que viven a nuestro alrededor tienen que, de parte nuestra, recibir edificación, ánimo, aliento, consuelo, fortaleza e impulso para hacer lo bueno al vivir en esta tierra. Nuestra presencia debe ser buscada. Nosotros debemos ser una inspiración para todos los que nos rodean.

Cuarto: Aprende a sufrir agravios y a perdonar las ofensas.

Los seres humanos somos pecadores e imperfectos. Esto implica que necesariamente vamos a ofender y agraviar a los que nos rodean. Es más, nosotros mismos vamos a recibir ofensas y agravios de aquellos que conviven y se relacionan con nosotros.

Las ofensas y los agravios son inevitables. En consecuencia, necesitamos manejar espiritualmente estas cosas.

Tenemos que aprender a perdonar y a pedir perdón. También, es vital que aprendamos a sufrir pérdidas para evitar una guerra mayor (que generará más pérdidas) y mantener nuestra paz y la paz con otros.

1 Corintios 6:1-11. (En este párrafo somos instruidos a no agraviar ni defraudar a nadie. Enseña, también, que debemos estar listos a sufrir agravio y defraudación. Lo que nunca debemos hacer nosotros es prolongar la contienda).

1 Pedro 2:18-25. (Hay que soportar a empleadores difíciles, injustos y violentos. Aun cuando esos empleadores sean así, a nosotros nos toca sobrellevarlos y soportarlos, sin dejar de hacer lo bueno e imitar a nuestro Señor Jesucristo).

Marcos 11:25-26. (Nosotros tenemos que perdonar a quienes nos ofenden, afrentan y agravian. Nosotros no podemos dirigirnos a Dios en oración si tenemos en nuestro corazón rencor u ofensas sin perdonar).

Efesios 4:32. (Nosotros tenemos que ser misericordiosos, y perdonadores, e imitadores de Dios en nuestro trato con otros. Obramos con otros como Dios obró en Cristo a nuestro favor).

Mateo 18:21-22. (Nosotros debemos perdonar ilimitadamente. Nosotros no tenemos que estar contando un límite de ofensas perdonables. No. Todas las ofensas tenemos que perdonarlas).

Lucas 23:34. (Jesús perdonó todo el mal que los principales líderes judíos y el parte del pueblo de Israel le hicieron mientras estuvo en la tierra. Nosotros estamos llamados a perdonar, a perdonar, a perdonar).

Hechos 7:60 (Esteban fue calumniado y acusado injustamente, y juzgado en un juicio armado, y sentenciado y ejecutado violenta y cruelmente, pero, aun así él perdonó dramática y genuinamente).

2 Timoteo 4:16-18 (Pablo fue desamparado y dejado solo cuando se enfrentó al león, pero aun así él intercedió por los que lo abandonaron, y perdonó y no guardó rencor).

Quinto: Decide vivir en paz con todos los hombres y deja el hacer justicia a Dios.

Esto significa que nuestro corazón tiene que estar sano y sin ningún sentimiento de rencor ni de odio contra ninguna persona que se relacione o se haya relacionado dolosamente con nosotros. Nuestro corazón tiene que estar en paz y si ninguna cuenta pendiente contra nadie.

En este caso, no es tanto lo que pasa en el corazón de los otros, sino lo que pasa en nuestro corazón. Todo sentimiento de venganza y de hacer justicia por nuestra cuenta debe ser eliminado de nuestro corazón.

A nosotros nos toca estar en paz con el que nos hace daño y encomendar la causa y el perjuicio en la manos de Dios. Nosotros nunca podemos tomar la justicia por nuestra mano.

Romanos 12:17-21. (Nosotros no pagamos a nadie mal por mal. Nosotros procuramos lo bueno delante de los hombres y para todos los hombres. Nos toca estar en paz con todos. No nos toca vengarnos, sino dejar lugar a la ira de Dios. Nosotros le hacemos bien al que nos hace mal. Nosotros vencemos el mal haciendo el bien).

Mateo 5:38-48. (Nosotros no vivimos bajo la ley del ojo por ojo y diente por diente. Nosotros estamos en esta tierra para hacer lo bueno aun a aquellos que nos hacen mal. Nosotros no podemos aborrecer a nadie, nosotros estamos llamados a amar a nuestro prójimo y también a nuestros enemigos. Nos toca bendecir, orad y hacer bien a aquellos que nos maldicen y nos hacen mal. Nosotros tenemos que ser buenos como nuestro Dios que le hace bien a buenos y a malos. Tenemos que ser distintos a los publicanos y a los gentiles, que no temen a Dios. Nosotros tenemos que ser como Dios, nuestro Padre).

2 Timoteo 4:14-15. (Alejandro el Calderero le causó muchos males a Pablo, pero él no le guardó rencor, sino que lo dejo en manos de Dios. Nosotros no somos jueces de nadie, pero sí podemos poner a todos los que nos hacen mal en manos de Dios).

Sexto: Espera rechazo, desacuerdos y abandono sin sorprenderte sobremanera.

No todos te van a querer, ni van a estar de acuerdo contigo, ni van a querer tu compañía.

Aprende a no sufrir y a no resentirte por el hecho de que no todos te quieran. Es normal que así sea. Es más, tú mismo no “quieres” a todos los que te quieren, ni estás de acuerdo con todo lo que otros te dicen, ni “quieres” andar con todos lo que quieren andar contigo.

El rechazo, el desacuerdo, el abandono y aún la traición son normales entre hombres y mujeres pecadores. Hay que esperar estas cosas y hay estar preparados para asumirlas y reaccionar ante ellas espiritualmente.

Mateo 5:10-12. (En un mundo bajo el dominio del diablo, el usurpador; y gobernado por hombres pecadores codiciosos y rebeldes a Dios; y habitado por hombres y mujeres pecadores alejados de Dios y Su Palabra; es normal y lógico que los hombres y mujeres temerosos de Dios sufran persecución e injusticias constantemente. No hay que sorprenderse de tal realidad. Jesucristo la anticipó y afirmó que así fueron perseguidos también los profetas. Es mejor aceptar que así es y gozarse por sufrir por causa de Cristo, teniendo en mira el galardón que él tiene para sus seguidores).

Marcos 3:21, 31-35; Juan 7:1-9. (Jesucristo sufrió, por ejemplo, la incredulidad, el rechazo y la incomprensión de su propia madre y hermanos. De acuerdo a los textos alistados, ellos pensaban que él estaba fuera de sí. Es por eso que querían aprenderlo y llevarlo a casa).

Juan 10:21-22. (Para muchos de los judíos que le oían y que eran testigos oculares de lo que Jesús hacía, él estaba endemoniado).

Juan 8:60-66. (Jesucristo tuvo la tristeza y frustración de ver a varios de sus discípulos estar en desacuerdo con él, y murmurando contrariados por sus enseñanzas, y abandonándole decepcionados de él y sus enseñanzas para no andar más con él. Eso sí, Jesús también tuvo el gozo de ver que sí tenía verdaderos seguidores).

Marcos 14:43-46. (Jesucristo sufrió la traición de Judas Iscariote, pero aun así, él lo trató amable y misericordiosamente en el instante mismo en que éste lo entregó a sus verdugos).

No hay que hacerse falsas ilusiones. Podemos amar (y tenemos que amar) y hacer el bien a todos (y tenemos que hacerlo), pero eso no significa necesariamente que todos nos quieran, y semqueden con nosotros, y nos hagan bien, y no nos defrauden. Preparémonos para la soledad, la ingratitud, el mal trato y la traición sin sorprendernos ni resentirnos.

Sétimo: Vive con la meta de cumplir 1 Corintios 10:31-33.

La Biblia no nos ha dejado en tinieblas en cuánto a nuestras relaciones interpersonales. Tenemos pautas e instrucciones claras y realistas. Dios no nos pide lo que no podemos cumplir.

Lo que está escrito está a nuestro alcance y el párrafo de 1 Corintios 10:31-33 resume y alista en forma específica y clara las metas que deben movernos al relacionarnos con otros:

  1. Tenemos que glorificar a Dios (31). Básicamente, siempre tenemos que preguntarnos si es que la forma en que nuestra relación e interacción con otros está glorificando y honrando a Dios.
  2. Tenemos que evitar ser un tropiezo a otros: ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios (32). En este caso, al relacionarnos e interactuar con otros, tenemos que preguntarnos si estamos estimulando sus vidas o siendo un tropiezo o estorbo a ellos.
  3. Tenemos que procurar la salvación de todos los hombres (33). Por último, al relacionarnos e interactuar con otros, el objetivo de que sean salvos por medio de Jesucristo y Su Evangelio siempre tiene que estar presente.

Nuestro enfoque al vivir es agradar a Dios y vamos a agradarle siempre si es que vivimos teniendo como metas 1 Corintios 10:31-33. Ese texto resume lo que tiene que ser nuestra vida en esta tierra. ¡Qué Dios nos ayude!

Conclusión

Las buenas relaciones con nuestro prójimo sí son posibles si es que tenemos una perspectiva bíblica de lo que Dios quiere de nosotros en esta área de nuestra vida y si es que nosotros somos obedientes y valientes para hacer lo que él nos demanda.

Nuestra relación con Dios es la clave al relacionarnos con otros. Tenemos que tratar a otros como él nos trata a nosotros. Esto implica que el amor, la misericordia, la paciencia, la bondad, el perdón y todo atributo de Dios tienen que ser los ingredientes con los que sazonamos nuestras relaciones con otros.

Al relacionarnos con otros, tenemos que ser realistas, no ilusos. No vamos a agradar a toda persona y tampoco todos van a querer estar junto a nosotros. Vamos a ser ofendidos y agraviados. Pero, aún así, podemos estar en paz y sin ningún sentimiento de odio ni de venganza para con los que nos han hecho algún daño. Nuestro corazón puede estar en paz porque nuestra meta principal es agradar y darle gloria a Dios.

Los cristianos tenemos que vivir con otros de una manera tal que sean bendecidos y edificados (los no creyentes, tienen que ver el evangelio y a Jesús en nuestras vidas; los creyentes deben encontrar edificación y ánimo para servir a Dios al tratar con nosotros). El cristiano no debe ser conocido por hacer mal al prójimo sino el bien. Nuestra vida y obras deben mostrar que somos la sal y la luz del mundo (Mateo 5:13-16).

La llenura del Espíritu Santo y nuestra sumisión a su obra en nosotros es vital al relacionarnos con quienes nos rodean (Efesios 5:18-20). La carne siempre tratará de que nos relacionemos con otros pecaminosamente, pero por el Espíritu y obra nosotros seremos victoriosos al relacionarnos con ellos cristiana y espiritualmente.

Tenemos un reto grande y Dios nos ha capacitado con su Espíritu (Gálatas 5:23-23) y Su palabra (Colosenses 3:16) para vivir con otros en una forma edificante, armoniosa y pacífica. ¡Dios sea glorificado por eso! Amén y amén.

¡Veganos, vegetarianos, … y la Biblia!

A propósito de veganos, vegetarianos y otros sistemas alimenticios que se nos quiere imponer. Una síntesis de lo que Dios dice en la Biblia sobre nuestra alimentación.

1. La dieta primigenia del ser humano y todo ser viviente móvil del planeta fue vegetal (Génesis 1.29-30). Esta dieta fue propia de un mundo sin muerte.

2. A la dieta vegetariana se le añadió la carnívora luego de que Adán y Eva pecaron contra Dios e ingresó la muerte al mundo. (Génesis 9:3-4).

3. A Israel se le restringió la dieta carnívora estableciendo la existencia de animales limpios e inmundos como ejemplo de la distinción que Dios hizo entre judíos y los otros pueblos (gentiles). (Levítico 11:1-2, 46-47).

4. A la Iglesia de Jesucristo se autorizó comer de todo, excepto sangre y ahogado, como expresión de la libertad que Dios otorga en Jesucristo. (Hechos 15:19-21).

5. La prohibición de alimentos no restringidos por Dios en la Biblia son introducidos al mundo por demonios a través de hombres engañados que desvían a crédulos e ignorantes de la palabra de Dios y del espíritu liberador del evangelio de Jesús (1 Timoteo 4:1-5).

6. Al final de este mundo y con la introducción de la eternidad y la exclusión de la muerte, la dieta de la humanidad será nuevamente vegetariana. (Génesis 2:9, 16-16; 3:22-24; Apocalipsis 22:14). 

7. Por último, existe una restricción de amor. Esta restricción de amor la viven los discípulos de Jesucristo al comer. Ellos no comen nada que haga tropezar a su hermano o a otro ser humano alrededor suyo. (1 Corintios 10:31-33).

¡El cristiano glorifica a Dios comiendo! Y lo hace, trabajando para comer, agradeciéndole por su comida, y sin hacer tropezar a su hermano y a su prójimo.

Los cristianos viven su misión incluso al alimentarse. Por eso comen buscando que más personas se salven al creer el evangelio.

Amén.

Lee toda la exposición de este bosquejo en: https://segundorodriguez.com/veganos-vegetarianos-otros-y-la-biblia/

La dieta humana, ¿qué dice la Biblia?

Los veganos, los vegetarianos y otros, y los sistemas dietéticos de los seres humanos, y lo que dice la Biblia al respecto.

El vegetariano es el ser humano que “solamente se alimenta de vegetales.”

El vegano es el ser humano que “no se alimenta de ningún producto animal”. Nada que venga de un animal está en su dieta. Son muy estrictos en ese hecho. No comen huevos y tampoco miel, por ejemplo, porque provienen de animales; las gallinas, en un caso; y las abejas, en el otro.

El carnívoro “es el ser humano que solamente se alimenta de todo tipo de carne no humana.”

Existen tantos sistemas de alimentación como seres humanos existen, algunos de ellos por buenos motivos, y otros por motivos no tan buenos ni racionales. Pero este escrito no intenta tratar todo lo relacionado a estos sistemas dietéticos. Mi objetivo es presentar lo que la Biblia dice respecto a la dieta humana.

Los motivos tras cada sistema dietético son diversos: 1) Salud, se come solamente lo vegetal porque se considera que es lo más saludable, 2) Conciencia ética, para comer carne de cualquier tipo hay que matar al animal y no se quiere ni matar ni ser cómplice del asesinato de animales, 3) Conciencia ecológica, se cree que la industria carnívora genera contaminación abundante y daño irreparable al planeta en el que vivimos, 4) Derechos de los animales, se considera que los animales son seres vivos “semejantes” a los humanos, que tienen derechos y que estos derechos impiden que los tengamos como parte de nuestra dieta, 5) Religión, se come o se abstienes de comer lo que su religión o su credo les autoriza o no.

Cada sistema dietético tiene su fuente de autoridad. Cada sistema dietético tiene sustento en uno o más escritos. Cada sistema dietético empezó con uno o con más maestros. Estos maestros generaron adeptos. Estos adeptos fueron y son proselitistas, lo cual conlleva a ganar más y más adeptos para sus sistemas dietéticos. Es por eso que cada sistema dietético crece o decrece.

En este artículo intento mostrar a partir de la Biblia cuánta razón tienen los sistemas de alimentación que existen o que existirán en los días siguientes. Para mí, la Biblia es Palabra de Dios y la fuente de autoridad por excelencia para todo asunto de la vida humana.

¿Habla la Biblia de la dieta de los seres humanos? Sí, sí habla de nuestra dieta. ¿Qué es lo que dice al respecto? Dice lo básico y lo que es suficientemente claro como para alimentarnos adecuada, nutritiva, libre y agradecidamente hasta que nos toque dejar estar tierra.

En esta nota intentaré hacer un resumen esencial y básico de lo que la Biblia dice respecto a nuestra dieta. La Biblia no dará luz suficiente para adoptar el sistema de alimentación que Dios ha determinado para nosotros en este tiempo.

1. La dieta primigenia del ser humano y de todo ser viviente que se mueve sobre la tierra fue vegetal.

El Génesis nos presenta el mundo idílico que Dios creo y otorgó a los seres humanos para su desarrollo, multiplicación y expansión. En ese mundo no existía la muerte como un fenómeno empírico y endémico.

La creación de Dios de aquel tiempo fue calificada por Dios cómo buena en gran manera. Y era buena en gran manera porque no había en ella nada fuera de la voluntad del Creador. Todo estaba en su lugar y no había dolor, ni sufrimiento, ni muerte.

Ese contexto precioso ¿cómo es que se debía alimentar el ser humano? ¿Qué es lo que debían comer no solamente Adán y Eva y sus descendientes, sino también los animales del mar, del cielo y de la tierra?

El Génesis dice: Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.” (Génesis 1:29–30).

Es obvio entonces que la dieta del hombre y del todo ser viviente era vegetal. Ni Adán ni Eva debían ni podían comer otra cosa. Aún los animales no se podían comer entre ellos. Todos tenían que comer vegetales. Todos estaban “obligados” a ser vegetarianos.

No podían ser carnívoros no solamente porque Dios no había dispuesto para ellos dieta animal, sino porque no había muerte y porque es muy difícil, por no decir imposible, comer una porción de un ser vivo (no vegetal) si está vivo.

2. A la dieta vegetariana de la humanidad se le añadió la dieta carnívora luego de que Adán y Eva pecaron contra Dios y se introdujo la muerte como un fenómeno empírico y endémico en el mundo en que nosotros habitamos.

La desobediencia de Adán y Eva fue una catástrofe de magnitud universal. Su desobediencia trastocó todo el contexto idílico que Dios creó y les entregó a ellos dos. El impacto de su desobediencia la experimentaron de inmediato. Sintieron vergüenza de su desnudez y tuvieron miedo de la voz de Dios. Es por eso que se cubrieron con hojas de higuera y se escondieron de Dios entre los árboles del huerto. Ese acto quebrantó sus propias vidas y la vida de todo el planeta y de todo lo que habita en él.

El impacto en la dieta de los seres humanos y de todos los seres vivos no vegetales también sufrió un cambio como resultado de la desobediencia de Adán y Eva y el ingreso de la muerte al mundo. Dios mismo tuvo que sacrificar animales para cambiar la vestimenta de hojas de higuera de Adán y Eva a pieles. También, Dios empezó a recibir ofrendas de los hombres, que incluía sacrificios de animales, como la ofrenda de Abel. (Génesis 4)

El relato bíblico de la época post pecado y pre diluviana no tiene registro de que la dieta de los seres humanos hubiese incluido la carne, pero la sugiere, por la existencia ya de la muerte y por el pecado y su distorsión de la naturaleza y de todas las criaturas vivas con locomoción de la tierra a causa de él.

Con todo, lo que sí es bastante concreto y obvio es el permiso y la instrucción de comer carne que Dios le dio a toda la humanidad por medio de Noé y sus hijos. Dios les dijo:

“Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.” (Genesis 9:3–4).

La dieta previa al pecado del todos los seres vivientes móviles, incluyendo a los hombres, era vegetariana. A partir de la instrucción que acabamos de citar, la dieta carnívora fue añadida para todos los seres humanos, sin descartar, eso sí, la vegetariana. En consecuencia, a partir de ese momento, los seres humanos podían comer libremente vegetales y carnes, con la única restricción de no comer la sangre, que es la vida del ser vivo. ¿Cuál es esa sangre? El mismo texto bíblico la define, esa sangre es toda la sangre que, al salir y ser derramada, lo hace morir.

3. A la nación judía se le restringió la dieta carnívora con el fin de establecer la existencia de animales limpios y animales inmundos como un ejemplo de la distinción que Dios hizo entre ellos (los judíos) y el resto de la humanidad (gentiles).

El relato bíblico respecto a la dieta del ser humano tuvo otro momento en que estableció un cambio, pero no para toda la especie humana, sino solamente para una familia, la familia de Abraham en la línea de Isaac y en la de Jacob.

Esa familia es la nación de Israel. Israel es el nombre que Dios le puso a Jacob. Israel es nombre de la nación que se formó a partir de los doce hijos de Jacob. Israel es la nación que Dios escogió para reverlarse y darse a conocer a las otras naciones de la tierra.

A esta nación Dios le dio instrucciones específicas en varias áreas de su vida para que se distinguiesen del resto de las naciones de la tierra. Una de esas instrucciones tuvo que ver con su dieta, que era vegetariana y también carnívora, como lo era la de todos los otros pueblos que habitaban en el mundo de ese entonces.

La dieta para Israel seguiría siendo vegetariana y también carnívora, excepto que a partir de esta nueva y específica instrucción, su dieta carnívora permitiría unos animales y restringiría a otros. Unos animales serían limpios, y podrían y debían comerse libremente; y otros, serían inmundos, no los debían comer.

En el libro de Daniel se resalta al profeta Daniel y a sus amigos justamente porque pusieron en riesgo sus vidas al evitar comer la comida que el rey Nabucodonosor les señaló, la cual, por las restricciones divinas del Antiguo Testamento, los contaminaría (Daniel 1:8).

La lista de animales limpios que sí podían comer los israelitas y la lista de animales inmundos que no debían comer se encuentran en el capítulo 11 de libro de Levítico, entre los párrafos siguientes:

“Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra… Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.” (Levítico 11:1–2, 46-47). 

Los Israelitas también tuvieron que continuar con la restricción de no comer la sangre, que es la vida que todo animal derrama cuando se lo mata. Esa prohibición es reiterada con más énfasis y en forma más explícita para los ciudadanos judíos, primero; y también, para los ciudadanos gentiles, en Levítico 17:10-14. Una lectura sencilla del párrafo mostrará lo ya declarado.

4. A la Iglesia de Jesucristo se le autorizó comer de todo, excepto sangre y ahogado, como expresión de la libertad que hay bajo el evangelio de Jesucristo.

En el devenir del relato bíblico, el tema dietético sigue desarrollándose y añadiendo y complementando más las especificaciones.

Hasta aquí hemos visto el tema dietético en el Antiguo Testamento, ahora repasaremos algunos párrafos del Nuevo Testamento.

En los días de Jesucristo, y en función a la etnografía bíblica (Griego: ethnos, “tribu”, “pueblo”; grapho, “yo escribo”), la humanidad estaba agrupada en tres grupos de gentes: Israel (el pueblo escogido de Dios), los gentiles (todos los pueblos de la tierra) y los samaritanos (judíos mezclados con gentiles de los pueblos de Babilonia, Cuta, Ava, Hamat y Sefarvaim. 2 Reyes 17:24).

Esta agrupación etnográfica de la humanidad quedó atrás en el relato bíblico posterior a Jesucristo. Solamente hallamos esta descripción en los cuatro evangelios y en el libro de los Hechos. Después, en las epístolas, encontramos esta otra agrupación de los pueblos: Los judíos (Israel), los gentiles (todos los otros pueblos y naciones) y la iglesia de Dios (que es la congregación de personas judías y/o gentiles que cree en Jesucristo y lo sigue).

¿Qué tiene que ver toda esta exposición etnográfica bíblica y la dieta humana? Nos ayudará a entender mejor el tema dietético desde la perspectiva del Nuevo Testamento.

Hasta ahora hemos visto que la dieta para toda la humanidad (los gentiles, todos pueblos y naciones) es vegetariana y carnívora, con la única prohibición de comer sangre.

También hemos visto que la dieta para los judíos (Israel) es vegetariana y carnívora, con la excepción de animales inmundos y sangre derramada.

Ahora tenemos que ver qué es lo que puede comer o no la iglesia de Jesucristo, que también está en este mundo y que también tiene legislada este aspecto de su vida en esta tierra.

El tema dietético se definió en el primer concilio de la iglesia de Jesucristo. El relato de este concilio, gracias a Dios, está escrito en el libro de Hechos. En este acápite, me limitaré a exponer brevemente lo que se definió allí respecto a la dieta de los cristianos, ya sean estos judíos o ya sean gentiles.

La declaración respecto a la dieta fue parte de una lista de conclusiones más detallada. El párrafo que nos atañe dice lo siguiente: Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” (Hechos 15:19–21).

Los cristianos de cualquier nacionalidad debían abstenerse de comer cosas sacrificadas a los ídolos (la carne sacrificada a los dioses falsos se vendía en el mercado. 1 Corintios 10:23-31),  animales ahogados (porque no habían derramado su sangre) y sangre (porque es la vida del animal muerto).

Los cristianos, en consecuencia, son libres para ser vegetarianos y carnivoros al mismo tiempo. Su libertad para comer es a la vez más amplia y más limitada que para los judíos y que para los gentiles. Pueden comer de todo con oración y gratitud a Dios. Deben confiar en que la comida ha sido santificada por la oración y la palabra de Dios. Pero, y este pero es su limitación, deben evitar ser un tropiezo a otros por causa de lo que comen. (1 Corintios 10:31-33).

La libertad de un cristiano para comer todo lo que Dios provee debe glorificar a Dios y bendecir a todo ser humano que lo rodea, nunca debe ser al contrario.

5. Los sistemas dietéticos que prohíben alimentos no restringida por Dios en la Biblia son introducidos en el mundo por demonios a través de hombres que están engañados y que engañan a quienes son crédulos e ignorantes de la palabra de Dios y el espíritu de libertad que hay en el Señor Jesucristo y el evangelio.

El tema dietético sigue desarrollándose en la Biblia y esta vez nos enfocaremos en el anuncio profético del Espíritu Santo de la prohibición de alimentos lícitos por doctrinas y enseñanzas de espíritus engañadores. Este párrafo de 1 Timoteo 4:1-5 es asombroso por lo claro y por lo específico de su declaración.

Ya sabemos que Dios no prohíbe en su palabra ningún producto vegetal en la dieta de los seres humanos, ya se sean judíos, gentiles o cristianos (la iglesia de Jesús, el Hijo de Dios que vino a la tierra a salvarnos de nuestros de pecados).

Ya sabemos que Dios no prohíbe a la humanidad gentil ningún alimento carnívoro, sino solo la sangre, que es la vida que el animal derrama cuando se lo mata para comerlo.

Ya sabemos también qué animales no debían ser consumidos como alimentos por los judíos. (La lista está en Levítico 11).

Aparte de lo claramente dicho por la Biblia a la humanidad entera, a los judíos y a la iglesia, no hay más prohibiciones ni restricciones alimenticias, ni vegetariana, ni carnívora. El apóstol Pablo advierte, sin embargo, de un tiempo de apostasía, que se distinguirá y se caracterizará por la prohibición de alimentos no restringidos por Dios.

La palabra apostasía (griego: apo, “fuera de”; stasis, “colocarse”) tiene un significado muy interesante. Apostasía significa “dejar la fe”, “salirse de la fe”, “renunciar a la fe”. La apostasía es abandonar el camino que se seguía para seguir otro camino. En términos bíblicos, la apostasía es dejar de seguir a Jesucristo y sus enseñanzas para ir dirección contraria a él y a sus enseñanzas. Por extensión, y según mi parecer, la apostasía en una negación de la verdades y hechos establecidos por Dios en su palabra para creer y seguir cualquier mentira y engaño introducido y divulgado por diablo y sus demonios.

Los demonios y espíritus engañadores iban a introducir prohibición de alimentos lícitos entre los cristianos y todos los hombres. Estos demonios y espíritus engañadores hablarían a través de hombres mentirosos e hipócritas. Estos hombres hipócritas y mentirosos tendrían apariencia de bondad y de piedad, pero en esencia eran falsos, malos y opuestos a Dios y a su buena voluntad para con los seres humanos.

Estos seres humanos apóstatas introducirían, introducen y seguirán introduciendo dietas alimenticias que se distinguen y se caracterizan por prohibir lo que Dios ha autorizado a comer libre y agradecidamente a los seres humanos.

Si tú eres un judío, sabes lo que sí puedes comer. Si alguien te prohíbe un alimento que Dios te autoriza comer, ese es un hombre o una mujer que está siendo usado por los demonios y los espíritus engañadores para turbar y esclavizar tu vida.

Si tú eres un gentil o un ciudadano de cualquier nación, sabes también que Dios te ha autorizado a comer todo alimento vegetal y todo alimento carnívoro, excepto la sangre. Si alguien viene y te prohíbe un alimento que Dios te autoriza comer, ese alguien, ya sea hombre o mujer, es un instrumento de los demonios y los espíritus engañadores que te quieren dominar y someter a regímenes alimenticios esclavizantes.

Si tú eres un cristiano, un hijo de Dios por la fe en Jesucristo, sabes también qué es lo que Dios quiere que comas y cómo es que debes comerlo. Por eso, si alguien viene a enseñarte que no debes comer lo que Dios te ha autorizado, sabes ese alguien es una persona que tiene detrás suyo a espíritus engañadores y que trae, por tanto, una enseñanza de demonios.

Los regímenes dietéticos que prohíben alimentos no prohibidos por Dios no son neutros, tienen una motivación demoniaca, excepto si se demuestra lo contrario. ¡Tengamos todos mucho cuidado de caer en prácticas alimenticias promovidas por los demonios y los espíritus engañadores!

6. Al final de este mundo presente y con la introducción de la eternidad y la alienación de la muerte, la dieta del ser humano será otra vez vegetariana.

Hay un texto más que quiero comentar con respecto a nuestra dieta. Debemos hablar de la dieta eterna. La dieta que tendremos luego que este mundo presente deje de existir y sea recreado por Dios luego que Jesucristo, Su Hijo, asuma su reino sobre toda la creación material y espiritual.

De acuerdo a la Escritura, la dieta eterna será otra vez vegetariana.

Dice el apóstol Juan, quien recibió la última revelación de Dios: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y a otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2).

En el mundo eterno no habrá muerte. Ésta, que en el texto apocalíptico aparece personificada, será echada al lago de fuego.

El texto de Apocalipsis presenta en el mundo eterno al árbol de la vida, que produce doce frutos. ¿Para qué son esos doce frutos? ¿Son solamente ornamentales o son también para que coman quienes vivan en el mundo eterno? En el texto se afirma que las hojas de ese árbol serán usadas para sanidad de las naciones. Así que no sería nada raro que los frutos del árbol de la vida sirvan también para alimentar a quienes lo requieran.

Hay algunos otros textos bíblicos que refuerzan la idea de dieta vegetariana en la eternidad.

El árbol de la vida del Génesis no fue prohibido previo al pecado de Adán y Eva. Ellos podían comer de ese árbol. Parece que no lo comieron antes de desobedecer a Dios y Dios mismo evitó que comiesen de ese árbol después que quebrantaron su palabra. (Génesis 2:9, 16-17; 3:22-24).

Dios afirma por medio de Jesucristo que le dará el privilegio de comer del árbol de la vida a todo aquel que por la fe en él es victorioso al vivir sirviéndole en este mundo. (Apocalipsis 2:7).

En Apocalipsis 22:14 está escrito claramente lo bienaventurados que son todos aquellos que lavan sus ropas pues ese acto les da derecho al árbol de la vida.

En la eternidad los salvos serán otra vez vegetarianos. Tiene sentido que así sea. Allí no habrá muerte ni habrá ningún tipo de violencia. La dieta vegetariana será una bendición deliciosa del mundo eterno. ¡Eso es lo que sugieren los textos comentados!

Conclusión.

No pensaba escribir tanto. Quería una nota corta, pero no pude acortarla. Con todo, espero que este escrito sea útil a todo aquel que lo lea.

En el mundo actual el tema de qué pueden y deben comer los seres humanos es bastante confuso. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta confusión respecto a la alimentación humana. La confusión es producto de la asimilación de enseñanzas incompletas, mal entendidas o pervertidas malignamente por espíritus engañadores y doctrinas de demonio a través de hombres perversos y malos.

Estas enseñanzas son diversas, pero con un mismo patrón distintivo: No consideran lo que Dios dice en la Biblia respecto a la dieta humana, y si sí lo hacen, solamente basan la dieta en una parte de lo dicho por Dios, no en todo lo que él ha dicho.

No tiene que ser así. Si nosotros queremos un sistema dietético razonable y con fundamento solido necesitamos considerar todo lo que la Biblia dice al respecto.

La Biblia desarrolla la dieta permitida por Dios a los hombres en los distintos momentos de su existencia y en este artículo he tratado de resumir tal desarrollo. Dios nos quiere a todos instruidos en su voluntad sobre lo que debemos comer y es por eso que él trata ese tema en la Biblia.

Dios siempre quiere lo mejor para el ser humano. Su voluntad expresada en la Biblia siempre es lo bueno para todo ser humano. Él nos quiere libres, no oprimidos. Quiere que nosotros disfrutemos con libertad, alegría y gratitud la comida que él nos da cada día.

De acuerdo a la revelación bíblica Jesús céntrica, es decir, el sistema de fe que interpreta la Biblia en base a Jesucristo y a su obra de salvación, el tiempo presente es un tiempo de gracia y de libertad. Esta gracia y esta libertad que Dios ha otorgado a todos los seres humanos se obtienen al creer y al seguir a Jesucristo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores y darles así vida y vida en abundancia.

La fe en Jesucristo otorga una amplia libertad acompañada de una muy mínima restricción a todos los seres humanos. Esta muy amplia libertad con su respectiva mínima restricción se ve también reflejada en la alimentación que Dios ha propuesto en este tiempo para nosotros los seres humanos.

Quienes seguimos a Jesucristo podemos comer libremente de todo cuánto Dios ha provisto en su creación. Podemos comer solo vegetales, o solo carne, o vegetales y carne, o carne y vegetales. Eso depende de cada uno de nosotros. Somos libres para comer lo que elijamos comer. Nadie nos debe juzgar por lo que comemos o dejamos de comer. Tampoco nosotros debemos juzgar a otros por lo que eligen comer o no.

Lo que no se puede comer es la sangre que sale del animal al momento de matarlo para comer. Esa sangre es su vida y Dios no quiere que ningún ser humano se alimente de ella. Tampoco se debe comer a un animal ahogado, es decir, un animal que murió por asfixia, porque no derramó su sangre (su vida) al morir. Esas son las dos muy mínimas restricciones a la dieta que Dios mantiene hoy a todos los seres humanos, ya sean “gentiles”, “judíos” o “cristianos”.

También existe una restricción de amor al comer. Esta restricción de amor tiene que ser practicada por los discípulos de Jesucristo al elegir la comida a disfrutar. Los cristianos no deben comer nada que haga tropezar ni a su hermano en la fe ni a ningún otro ser humano alrededor suyo. El seguidor de Jesucristo, el cristiano, busca glorificar a Dios al comer y lo glorifica no sólo por el sudor de su frente y por agradecerle por la comida, sino por no hacer tropezar a su hermano ni a su prójimo con lo que come.

La iglesia de Jesús, es decir, la congregación de personas que creen en Jesús y le siguen, vive la gran comisión incluso en su alimentación. Es decir, aun al elegir su comida y comerla quieren y buscan que más personas sean salvas por medio de Jesús y su evangelio.

Pablo expresó claramente en el capítulo 14 del libro de Romanos que los cristianos al comer deben glorificar a Dios, edificar a los santos, buscar la salvación del prójimo y cumplir la gran comisión. Consideremos algunos párrafos de ese capítulo:

“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” (Romanos 14:1-4).

“… El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” (Romanos 14:6).

“Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Romanos 14:15-17).

“No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14:20-23).

¡Qué Dios nos ayude a comer lo que él nos provee con gratitud y alabanza a él, y con libertad y gozo, y siendo instrumento de bendición y salvación a quienes nos rodean!

Amén y amén.