Los veganos, los vegetarianos y otros, y los sistemas dietéticos de los seres humanos, y lo que dice la Biblia al respecto.
El vegetariano es el ser humano que “solamente se alimenta de vegetales.”
El vegano es el ser humano que “no se alimenta de ningún producto animal”. Nada que venga de un animal está en su dieta. Son muy estrictos en ese hecho. No comen huevos y tampoco miel, por ejemplo, porque provienen de animales; las gallinas, en un caso; y las abejas, en el otro.
El carnívoro “es el ser humano que solamente se alimenta de todo tipo de carne no humana.”
Existen tantos sistemas de alimentación como seres humanos existen, algunos de ellos por buenos motivos, y otros por motivos no tan buenos ni racionales. Pero este escrito no intenta tratar todo lo relacionado a estos sistemas dietéticos. Mi objetivo es presentar lo que la Biblia dice respecto a la dieta humana.
Los motivos tras cada sistema dietético son diversos: 1) Salud, se come solamente lo vegetal porque se considera que es lo más saludable, 2) Conciencia ética, para comer carne de cualquier tipo hay que matar al animal y no se quiere ni matar ni ser cómplice del asesinato de animales, 3) Conciencia ecológica, se cree que la industria carnívora genera contaminación abundante y daño irreparable al planeta en el que vivimos, 4) Derechos de los animales, se considera que los animales son seres vivos “semejantes” a los humanos, que tienen derechos y que estos derechos impiden que los tengamos como parte de nuestra dieta, 5) Religión, se come o se abstienes de comer lo que su religión o su credo les autoriza o no.
Cada sistema dietético tiene su fuente de autoridad. Cada sistema dietético tiene sustento en uno o más escritos. Cada sistema dietético empezó con uno o con más maestros. Estos maestros generaron adeptos. Estos adeptos fueron y son proselitistas, lo cual conlleva a ganar más y más adeptos para sus sistemas dietéticos. Es por eso que cada sistema dietético crece o decrece.
En este artículo intento mostrar a partir de la Biblia cuánta razón tienen los sistemas de alimentación que existen o que existirán en los días siguientes. Para mí, la Biblia es Palabra de Dios y la fuente de autoridad por excelencia para todo asunto de la vida humana.
¿Habla la Biblia de la dieta de los seres humanos? Sí, sí habla de nuestra dieta. ¿Qué es lo que dice al respecto? Dice lo básico y lo que es suficientemente claro como para alimentarnos adecuada, nutritiva, libre y agradecidamente hasta que nos toque dejar estar tierra.
En esta nota intentaré hacer un resumen esencial y básico de lo que la Biblia dice respecto a nuestra dieta. La Biblia no dará luz suficiente para adoptar el sistema de alimentación que Dios ha determinado para nosotros en este tiempo.
1. La dieta primigenia del ser humano y de todo ser viviente que se mueve sobre la tierra fue vegetal.
El Génesis nos presenta el mundo idílico que Dios creo y otorgó a los seres humanos para su desarrollo, multiplicación y expansión. En ese mundo no existía la muerte como un fenómeno empírico y endémico.
La creación de Dios de aquel tiempo fue calificada por Dios cómo buena en gran manera. Y era buena en gran manera porque no había en ella nada fuera de la voluntad del Creador. Todo estaba en su lugar y no había dolor, ni sufrimiento, ni muerte.
Ese contexto precioso ¿cómo es que se debía alimentar el ser humano? ¿Qué es lo que debían comer no solamente Adán y Eva y sus descendientes, sino también los animales del mar, del cielo y de la tierra?
El Génesis dice: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.” (Génesis 1:29–30).
Es obvio entonces que la dieta del hombre y del todo ser viviente era vegetal. Ni Adán ni Eva debían ni podían comer otra cosa. Aún los animales no se podían comer entre ellos. Todos tenían que comer vegetales. Todos estaban “obligados” a ser vegetarianos.
No podían ser carnívoros no solamente porque Dios no había dispuesto para ellos dieta animal, sino porque no había muerte y porque es muy difícil, por no decir imposible, comer una porción de un ser vivo (no vegetal) si está vivo.
2. A la dieta vegetariana de la humanidad se le añadió la dieta carnívora luego de que Adán y Eva pecaron contra Dios y se introdujo la muerte como un fenómeno empírico y endémico en el mundo en que nosotros habitamos.
La desobediencia de Adán y Eva fue una catástrofe de magnitud universal. Su desobediencia trastocó todo el contexto idílico que Dios creó y les entregó a ellos dos. El impacto de su desobediencia la experimentaron de inmediato. Sintieron vergüenza de su desnudez y tuvieron miedo de la voz de Dios. Es por eso que se cubrieron con hojas de higuera y se escondieron de Dios entre los árboles del huerto. Ese acto quebrantó sus propias vidas y la vida de todo el planeta y de todo lo que habita en él.
El impacto en la dieta de los seres humanos y de todos los seres vivos no vegetales también sufrió un cambio como resultado de la desobediencia de Adán y Eva y el ingreso de la muerte al mundo. Dios mismo tuvo que sacrificar animales para cambiar la vestimenta de hojas de higuera de Adán y Eva a pieles. También, Dios empezó a recibir ofrendas de los hombres, que incluía sacrificios de animales, como la ofrenda de Abel. (Génesis 4)
El relato bíblico de la época post pecado y pre diluviana no tiene registro de que la dieta de los seres humanos hubiese incluido la carne, pero la sugiere, por la existencia ya de la muerte y por el pecado y su distorsión de la naturaleza y de todas las criaturas vivas con locomoción de la tierra a causa de él.
Con todo, lo que sí es bastante concreto y obvio es el permiso y la instrucción de comer carne que Dios le dio a toda la humanidad por medio de Noé y sus hijos. Dios les dijo:
“Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.” (Genesis 9:3–4).
La dieta previa al pecado del todos los seres vivientes móviles, incluyendo a los hombres, era vegetariana. A partir de la instrucción que acabamos de citar, la dieta carnívora fue añadida para todos los seres humanos, sin descartar, eso sí, la vegetariana. En consecuencia, a partir de ese momento, los seres humanos podían comer libremente vegetales y carnes, con la única restricción de no comer la sangre, que es la vida del ser vivo. ¿Cuál es esa sangre? El mismo texto bíblico la define, esa sangre es toda la sangre que, al salir y ser derramada, lo hace morir.
3. A la nación judía se le restringió la dieta carnívora con el fin de establecer la existencia de animales limpios y animales inmundos como un ejemplo de la distinción que Dios hizo entre ellos (los judíos) y el resto de la humanidad (gentiles).
El relato bíblico respecto a la dieta del ser humano tuvo otro momento en que estableció un cambio, pero no para toda la especie humana, sino solamente para una familia, la familia de Abraham en la línea de Isaac y en la de Jacob.
Esa familia es la nación de Israel. Israel es el nombre que Dios le puso a Jacob. Israel es nombre de la nación que se formó a partir de los doce hijos de Jacob. Israel es la nación que Dios escogió para reverlarse y darse a conocer a las otras naciones de la tierra.
A esta nación Dios le dio instrucciones específicas en varias áreas de su vida para que se distinguiesen del resto de las naciones de la tierra. Una de esas instrucciones tuvo que ver con su dieta, que era vegetariana y también carnívora, como lo era la de todos los otros pueblos que habitaban en el mundo de ese entonces.
La dieta para Israel seguiría siendo vegetariana y también carnívora, excepto que a partir de esta nueva y específica instrucción, su dieta carnívora permitiría unos animales y restringiría a otros. Unos animales serían limpios, y podrían y debían comerse libremente; y otros, serían inmundos, no los debían comer.
En el libro de Daniel se resalta al profeta Daniel y a sus amigos justamente porque pusieron en riesgo sus vidas al evitar comer la comida que el rey Nabucodonosor les señaló, la cual, por las restricciones divinas del Antiguo Testamento, los contaminaría (Daniel 1:8).
La lista de animales limpios que sí podían comer los israelitas y la lista de animales inmundos que no debían comer se encuentran en el capítulo 11 de libro de Levítico, entre los párrafos siguientes:
“Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra… Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.” (Levítico 11:1–2, 46-47).
Los Israelitas también tuvieron que continuar con la restricción de no comer la sangre, que es la vida que todo animal derrama cuando se lo mata. Esa prohibición es reiterada con más énfasis y en forma más explícita para los ciudadanos judíos, primero; y también, para los ciudadanos gentiles, en Levítico 17:10-14. Una lectura sencilla del párrafo mostrará lo ya declarado.
4. A la Iglesia de Jesucristo se le autorizó comer de todo, excepto sangre y ahogado, como expresión de la libertad que hay bajo el evangelio de Jesucristo.
En el devenir del relato bíblico, el tema dietético sigue desarrollándose y añadiendo y complementando más las especificaciones.
Hasta aquí hemos visto el tema dietético en el Antiguo Testamento, ahora repasaremos algunos párrafos del Nuevo Testamento.
En los días de Jesucristo, y en función a la etnografía bíblica (Griego: ethnos, “tribu”, “pueblo”; grapho, “yo escribo”), la humanidad estaba agrupada en tres grupos de gentes: Israel (el pueblo escogido de Dios), los gentiles (todos los pueblos de la tierra) y los samaritanos (judíos mezclados con gentiles de los pueblos de Babilonia, Cuta, Ava, Hamat y Sefarvaim. 2 Reyes 17:24).
Esta agrupación etnográfica de la humanidad quedó atrás en el relato bíblico posterior a Jesucristo. Solamente hallamos esta descripción en los cuatro evangelios y en el libro de los Hechos. Después, en las epístolas, encontramos esta otra agrupación de los pueblos: Los judíos (Israel), los gentiles (todos los otros pueblos y naciones) y la iglesia de Dios (que es la congregación de personas judías y/o gentiles que cree en Jesucristo y lo sigue).
¿Qué tiene que ver toda esta exposición etnográfica bíblica y la dieta humana? Nos ayudará a entender mejor el tema dietético desde la perspectiva del Nuevo Testamento.
Hasta ahora hemos visto que la dieta para toda la humanidad (los gentiles, todos pueblos y naciones) es vegetariana y carnívora, con la única prohibición de comer sangre.
También hemos visto que la dieta para los judíos (Israel) es vegetariana y carnívora, con la excepción de animales inmundos y sangre derramada.
Ahora tenemos que ver qué es lo que puede comer o no la iglesia de Jesucristo, que también está en este mundo y que también tiene legislada este aspecto de su vida en esta tierra.
El tema dietético se definió en el primer concilio de la iglesia de Jesucristo. El relato de este concilio, gracias a Dios, está escrito en el libro de Hechos. En este acápite, me limitaré a exponer brevemente lo que se definió allí respecto a la dieta de los cristianos, ya sean estos judíos o ya sean gentiles.
La declaración respecto a la dieta fue parte de una lista de conclusiones más detallada. El párrafo que nos atañe dice lo siguiente: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” (Hechos 15:19–21).
Los cristianos de cualquier nacionalidad debían abstenerse de comer cosas sacrificadas a los ídolos (la carne sacrificada a los dioses falsos se vendía en el mercado. 1 Corintios 10:23-31), animales ahogados (porque no habían derramado su sangre) y sangre (porque es la vida del animal muerto).
Los cristianos, en consecuencia, son libres para ser vegetarianos y carnivoros al mismo tiempo. Su libertad para comer es a la vez más amplia y más limitada que para los judíos y que para los gentiles. Pueden comer de todo con oración y gratitud a Dios. Deben confiar en que la comida ha sido santificada por la oración y la palabra de Dios. Pero, y este pero es su limitación, deben evitar ser un tropiezo a otros por causa de lo que comen. (1 Corintios 10:31-33).
La libertad de un cristiano para comer todo lo que Dios provee debe glorificar a Dios y bendecir a todo ser humano que lo rodea, nunca debe ser al contrario.
5. Los sistemas dietéticos que prohíben alimentos no restringida por Dios en la Biblia son introducidos en el mundo por demonios a través de hombres que están engañados y que engañan a quienes son crédulos e ignorantes de la palabra de Dios y el espíritu de libertad que hay en el Señor Jesucristo y el evangelio.
El tema dietético sigue desarrollándose en la Biblia y esta vez nos enfocaremos en el anuncio profético del Espíritu Santo de la prohibición de alimentos lícitos por doctrinas y enseñanzas de espíritus engañadores. Este párrafo de 1 Timoteo 4:1-5 es asombroso por lo claro y por lo específico de su declaración.
Ya sabemos que Dios no prohíbe en su palabra ningún producto vegetal en la dieta de los seres humanos, ya se sean judíos, gentiles o cristianos (la iglesia de Jesús, el Hijo de Dios que vino a la tierra a salvarnos de nuestros de pecados).
Ya sabemos que Dios no prohíbe a la humanidad gentil ningún alimento carnívoro, sino solo la sangre, que es la vida que el animal derrama cuando se lo mata para comerlo.
Ya sabemos también qué animales no debían ser consumidos como alimentos por los judíos. (La lista está en Levítico 11).
Aparte de lo claramente dicho por la Biblia a la humanidad entera, a los judíos y a la iglesia, no hay más prohibiciones ni restricciones alimenticias, ni vegetariana, ni carnívora. El apóstol Pablo advierte, sin embargo, de un tiempo de apostasía, que se distinguirá y se caracterizará por la prohibición de alimentos no restringidos por Dios.
La palabra apostasía (griego: apo, “fuera de”; stasis, “colocarse”) tiene un significado muy interesante. Apostasía significa “dejar la fe”, “salirse de la fe”, “renunciar a la fe”. La apostasía es abandonar el camino que se seguía para seguir otro camino. En términos bíblicos, la apostasía es dejar de seguir a Jesucristo y sus enseñanzas para ir dirección contraria a él y a sus enseñanzas. Por extensión, y según mi parecer, la apostasía en una negación de la verdades y hechos establecidos por Dios en su palabra para creer y seguir cualquier mentira y engaño introducido y divulgado por diablo y sus demonios.
Los demonios y espíritus engañadores iban a introducir prohibición de alimentos lícitos entre los cristianos y todos los hombres. Estos demonios y espíritus engañadores hablarían a través de hombres mentirosos e hipócritas. Estos hombres hipócritas y mentirosos tendrían apariencia de bondad y de piedad, pero en esencia eran falsos, malos y opuestos a Dios y a su buena voluntad para con los seres humanos.
Estos seres humanos apóstatas introducirían, introducen y seguirán introduciendo dietas alimenticias que se distinguen y se caracterizan por prohibir lo que Dios ha autorizado a comer libre y agradecidamente a los seres humanos.
Si tú eres un judío, sabes lo que sí puedes comer. Si alguien te prohíbe un alimento que Dios te autoriza comer, ese es un hombre o una mujer que está siendo usado por los demonios y los espíritus engañadores para turbar y esclavizar tu vida.
Si tú eres un gentil o un ciudadano de cualquier nación, sabes también que Dios te ha autorizado a comer todo alimento vegetal y todo alimento carnívoro, excepto la sangre. Si alguien viene y te prohíbe un alimento que Dios te autoriza comer, ese alguien, ya sea hombre o mujer, es un instrumento de los demonios y los espíritus engañadores que te quieren dominar y someter a regímenes alimenticios esclavizantes.
Si tú eres un cristiano, un hijo de Dios por la fe en Jesucristo, sabes también qué es lo que Dios quiere que comas y cómo es que debes comerlo. Por eso, si alguien viene a enseñarte que no debes comer lo que Dios te ha autorizado, sabes ese alguien es una persona que tiene detrás suyo a espíritus engañadores y que trae, por tanto, una enseñanza de demonios.
Los regímenes dietéticos que prohíben alimentos no prohibidos por Dios no son neutros, tienen una motivación demoniaca, excepto si se demuestra lo contrario. ¡Tengamos todos mucho cuidado de caer en prácticas alimenticias promovidas por los demonios y los espíritus engañadores!
6. Al final de este mundo presente y con la introducción de la eternidad y la alienación de la muerte, la dieta del ser humano será otra vez vegetariana.
Hay un texto más que quiero comentar con respecto a nuestra dieta. Debemos hablar de la dieta eterna. La dieta que tendremos luego que este mundo presente deje de existir y sea recreado por Dios luego que Jesucristo, Su Hijo, asuma su reino sobre toda la creación material y espiritual.
De acuerdo a la Escritura, la dieta eterna será otra vez vegetariana.
Dice el apóstol Juan, quien recibió la última revelación de Dios: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y a otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2).
En el mundo eterno no habrá muerte. Ésta, que en el texto apocalíptico aparece personificada, será echada al lago de fuego.
El texto de Apocalipsis presenta en el mundo eterno al árbol de la vida, que produce doce frutos. ¿Para qué son esos doce frutos? ¿Son solamente ornamentales o son también para que coman quienes vivan en el mundo eterno? En el texto se afirma que las hojas de ese árbol serán usadas para sanidad de las naciones. Así que no sería nada raro que los frutos del árbol de la vida sirvan también para alimentar a quienes lo requieran.
Hay algunos otros textos bíblicos que refuerzan la idea de dieta vegetariana en la eternidad.
El árbol de la vida del Génesis no fue prohibido previo al pecado de Adán y Eva. Ellos podían comer de ese árbol. Parece que no lo comieron antes de desobedecer a Dios y Dios mismo evitó que comiesen de ese árbol después que quebrantaron su palabra. (Génesis 2:9, 16-17; 3:22-24).
Dios afirma por medio de Jesucristo que le dará el privilegio de comer del árbol de la vida a todo aquel que por la fe en él es victorioso al vivir sirviéndole en este mundo. (Apocalipsis 2:7).
En Apocalipsis 22:14 está escrito claramente lo bienaventurados que son todos aquellos que lavan sus ropas pues ese acto les da derecho al árbol de la vida.
En la eternidad los salvos serán otra vez vegetarianos. Tiene sentido que así sea. Allí no habrá muerte ni habrá ningún tipo de violencia. La dieta vegetariana será una bendición deliciosa del mundo eterno. ¡Eso es lo que sugieren los textos comentados!
Conclusión.
No pensaba escribir tanto. Quería una nota corta, pero no pude acortarla. Con todo, espero que este escrito sea útil a todo aquel que lo lea.
En el mundo actual el tema de qué pueden y deben comer los seres humanos es bastante confuso. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta confusión respecto a la alimentación humana. La confusión es producto de la asimilación de enseñanzas incompletas, mal entendidas o pervertidas malignamente por espíritus engañadores y doctrinas de demonio a través de hombres perversos y malos.
Estas enseñanzas son diversas, pero con un mismo patrón distintivo: No consideran lo que Dios dice en la Biblia respecto a la dieta humana, y si sí lo hacen, solamente basan la dieta en una parte de lo dicho por Dios, no en todo lo que él ha dicho.
No tiene que ser así. Si nosotros queremos un sistema dietético razonable y con fundamento solido necesitamos considerar todo lo que la Biblia dice al respecto.
La Biblia desarrolla la dieta permitida por Dios a los hombres en los distintos momentos de su existencia y en este artículo he tratado de resumir tal desarrollo. Dios nos quiere a todos instruidos en su voluntad sobre lo que debemos comer y es por eso que él trata ese tema en la Biblia.
Dios siempre quiere lo mejor para el ser humano. Su voluntad expresada en la Biblia siempre es lo bueno para todo ser humano. Él nos quiere libres, no oprimidos. Quiere que nosotros disfrutemos con libertad, alegría y gratitud la comida que él nos da cada día.
De acuerdo a la revelación bíblica Jesús céntrica, es decir, el sistema de fe que interpreta la Biblia en base a Jesucristo y a su obra de salvación, el tiempo presente es un tiempo de gracia y de libertad. Esta gracia y esta libertad que Dios ha otorgado a todos los seres humanos se obtienen al creer y al seguir a Jesucristo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores y darles así vida y vida en abundancia.
La fe en Jesucristo otorga una amplia libertad acompañada de una muy mínima restricción a todos los seres humanos. Esta muy amplia libertad con su respectiva mínima restricción se ve también reflejada en la alimentación que Dios ha propuesto en este tiempo para nosotros los seres humanos.
Quienes seguimos a Jesucristo podemos comer libremente de todo cuánto Dios ha provisto en su creación. Podemos comer solo vegetales, o solo carne, o vegetales y carne, o carne y vegetales. Eso depende de cada uno de nosotros. Somos libres para comer lo que elijamos comer. Nadie nos debe juzgar por lo que comemos o dejamos de comer. Tampoco nosotros debemos juzgar a otros por lo que eligen comer o no.
Lo que no se puede comer es la sangre que sale del animal al momento de matarlo para comer. Esa sangre es su vida y Dios no quiere que ningún ser humano se alimente de ella. Tampoco se debe comer a un animal ahogado, es decir, un animal que murió por asfixia, porque no derramó su sangre (su vida) al morir. Esas son las dos muy mínimas restricciones a la dieta que Dios mantiene hoy a todos los seres humanos, ya sean “gentiles”, “judíos” o “cristianos”.
También existe una restricción de amor al comer. Esta restricción de amor tiene que ser practicada por los discípulos de Jesucristo al elegir la comida a disfrutar. Los cristianos no deben comer nada que haga tropezar ni a su hermano en la fe ni a ningún otro ser humano alrededor suyo. El seguidor de Jesucristo, el cristiano, busca glorificar a Dios al comer y lo glorifica no sólo por el sudor de su frente y por agradecerle por la comida, sino por no hacer tropezar a su hermano ni a su prójimo con lo que come.
La iglesia de Jesús, es decir, la congregación de personas que creen en Jesús y le siguen, vive la gran comisión incluso en su alimentación. Es decir, aun al elegir su comida y comerla quieren y buscan que más personas sean salvas por medio de Jesús y su evangelio.
Pablo expresó claramente en el capítulo 14 del libro de Romanos que los cristianos al comer deben glorificar a Dios, edificar a los santos, buscar la salvación del prójimo y cumplir la gran comisión. Consideremos algunos párrafos de ese capítulo:
“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” (Romanos 14:1-4).
“… El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” (Romanos 14:6).
“Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.” (Romanos 14:15-17).
“No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14:20-23).
¡Qué Dios nos ayude a comer lo que él nos provee con gratitud y alabanza a él, y con libertad y gozo, y siendo instrumento de bendición y salvación a quienes nos rodean!
Amén y amén.