¡La prioridad de Dios es la salvación de todos los seres humanos, no su condenación!

El calvinismo es una mala sistematización de la doctrina bíblica. No solamente es mala, sino también la más peligrosa y dañina. La razón es sencilla: El calvinismo “tiene” como bandera la soberanía y gloria de Dios, y la apariencia de ser “rigurosamente bíblico”.

Pero, tristemente, no lo es. Aunque, desde los calvinistas piensan que sí.

El calvinismo distorsiona el carácter de Dios y pasa por alto la enseñanza general y evidente de la Escritura.

En este escrito voy a usar a la doctrina de la salvación de la humanidad como ejemplo de lo que afirmo. Los calvinistas enseñan que Dios tiene ya decidido de antemano la salvación de unos y la condenación de otros.

La Biblia es clarísima, sin embargo, en que lo que Dios más quiere de los seres humanos es su salvación. La evidencia de tal realidad son estos cuatro hechos:

  1. Dios le tiene paciencia a la humanidad y la soporta y busca su salvación. (Hechos 17:29-31).
  2. Dios ama a la humanidad y envío a Jesucristo, Dios Hijo, para salvarla de su condenación. (Juan 3:13-21).
  3. Dios sacrificó y ajustició a Jesucristo en reemplazo de los pecadores. (Romanos 5:6-8).
  4. Dios envío al Espíritu Santo y a la iglesia de Cristo a este mundo para predicar y anunciar el evangelio de salvación en Cristo a toda criatura a fin de que sean salvos por medio de creer en él y seguirle. (Hechos 1:8; 5:29-32).

Estos hechos son innegables y están absolutamente clarísimos en la Escritura, básicamente; y también en la historia de la humanidad.

La Biblia, asimismo, es diáfana en que Dios no quiere la muerte del impío ni su condenación. El fuego eterno de condenación, incluso, no fue preparado para los seres humanos, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo 26:41).

Hay varios textos que afirman la inalterable verdad divina de que Dios no quiere condenar al pecador.

He aquí algunos de ellos:

  1. “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos, ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).
  2. “Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17).
  3. “Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lucas 9:55-56).
  4. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Estas dos verdades complementarias son inconmovibles. Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Esa es su prioridad. Dios no quiere condenar a los seres humanos. Esa no es su principal motivación. Los textos bíblicos son claros e irrefutables. No se puede quebrantar la palabra de Dios ocultando o negando lo brillantemente escrito.

El calvinismo enseña en última instancia, sin embargo, tanto el moderado como el más extremo, en una u otra manera, esta idea que es opuesta a lo que la Biblia dice sobre la salvación de la humanidad: Dios tiene desde antes de la fundación del mundo un grupo de seres humanos a los que no quiere ni va a salvar, sino condenar y que no hay nada ni nadie que lo pueda evitar, pues esa su condenación está establecida por su soberano decreto.

No juzgo la condición espiritual de mis hermanos en Cristo que son calvinistas. Si han creído en Cristo y lo siguen son salvos, sus pecados han sido perdonados y tienen vida eterna. Jesucristo verdaderamente los ha salvado. La salvación siempre es gracias a la obra de salvación que Dios ha realizado por medio de Su Hijo.

La salvación tampoco depende de que tengamos el cien por cierto de la verdad de Dios que, por cierto, nos es imposible en este pasajero e imperfecto mundo. Gracias a Dios que es así, sino ningún ser humano podría ser salvo.

El calvinismo no representa fielmente la enseñanza de la Biblia. La desvirtúa, la quebranta, la altera y la estropea.

La Biblia enseña claramente que Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Eso es lo que él busca y es por eso que envío a Jesucristo Su Hijo a esta tierra. La condenación de los seres humanos (de todos o de un gran sector de ellos) no es el plan original ni la prioridad de Dios.

Eso no significa, desde luego, que Dios no haya castigado, que no esté castigando, ni que no castigará a los seres humanos por sus pecados. No es así. Dios sí hace justicia y castiga a los pecadores. Aun cuando hacerlo no es su prioridad ni lo que quiere.

Reitero, la enseñanza bíblica es  esta: Dios ama a la humanidad y es por eso que obra por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo y la predicación del evangelio su salvación, no su condenación.

El Calvinismo va en contra de esta verdad que está plasmada en la Biblia, en la historia de la humanidad y en la eternidad. Es doloroso que así sea. Pero no se puede dejar de denunciar a tan peligroso y contraproducente movimiento doctrinal .

El Calvinismo va en contra de lo que la Biblia dice sobre Dios y su salvación para todos los hombres a través de Jesucristo Su Hijo. Esa su enseñanza no es fiel a la Escritura aunque sus principales propulsores digan que sí.

Termino.

El calvinismo olvida que lo que a Dios más le alegra y regocija es el arrepentimiento y la salvación de un pecador. Dios sí está contengo con sus quienes ya son salvos. Él sí se deleita con quienes ya se han arrepentido y creído. Empero, su gozo es muchísimo mayor al ver la salvación de un pecador que se arrepiente.

¡Dejemos el Calvinismo y ocupémonos en darle alegría a Dios predicando y testificando su salvación en Jesucristo para que los pecadores se arrepientan y sean salvos! Amén.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (San Lucas 15:7).

“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (San Lucas 15:10).

¡ Cuidado con la nueva Nehustan, Cristianos! – Las tradiciones humanas no son la palabra de Dios.

La perdición de los seres humanos es resultado de hacer lo contrario a lo que Dios dice, manda y enseña en su palabra.

Quebrantar la voluntad de Dios al ir contra ella es el origen de todos los males que aquejan a la humanidad.

Vivir y seguir otra palabra, excepto la palabra de Dios es un error craso y garrafal.

La voluntad de Dios está transparentemente expresada en la Biblia, que es su revelación y que ha sido comunicada por él en forma oral, al principio; en forma escrita, luego; y en forma encarnada en Jesucristo Su Hijo, al final. Hebreos 1:1-3 sentencia esto claramente:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyo heredero, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder; habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, …”

El diablo, que es el enemigo de Dios y de los hombres, que no crea nada y que no tiene nada propio de sí, excepto el mal, es el primer tergiverzador de la palabra de Dios por antonomasia (Génesis 3:1-5).

El éxito del diablo al distorsionar y oscurecer el claro sentido y propósito de la voluntad de Dios expresada en su palabra hizo que Adán y Eva incurriesen en desobediencia y acarreasen maldición y perdición a toda la humanidad (Génesis 3:6-24)..

La deformación de la palabra de Dios que inició el diablo (Génesis 3:1-5) se expresa hoy en toda tradición humana que -quita, cubre y añade- y que es puesta por encima de lo que Dios ha dicho clara y contundemente en las Sagradas Escrituras, el Antiguo y Nuevo Testamento, que es la Biblia.

Lo terrible de la tradición humana es que quienes la originan, y la escriben y la enseñan, la presentan como si “fuese” la palabra de Dios y así, con intención o sin intención, o con buena o con mala voluntad, socaban la autoridad de la verdadera palabra de Dios, desmereciéndola y reemplazándola por ella.

Las tradiciones humanas perversas, que son una tergiverzación y una deformación de lo que Dios dice, y que usurpan y asumen el lugar de la palabra de Dios en la vida de los seres humanos, han producido religiones falsas y todo sistema religioso que contradice lo que Dios ha revelado en la Biblia.

Jesucristo denunció a los judíos por el horrible pecado de vivir sus vidas en función de “mandamientos de hombres” (las tradiciones humanas). Él fue clarísimo y su dura reprensión a ellos es la evidencia:

“Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” (Mateo 15:7-9).

El judaísmo de la época del Nuevo Testamento no hizo caso a Dios y no reconoció ni a Juan el Bautista ni a Jesús, que fueron enviados a ellos por él para su bien, porque estaban “enceguecidos” por sus “mandamientos de hombres”, que eran las tradiciones de sus maestros, las cuales poquito a poquito habían ocupado el lugar de la palabra de Dios.

El proceso paulatino de reemplazar la autoridad de Dios expresada en su palabra escrita por la autoridad del hombre expresada en “los mandamiento de hombres”, la tradición humana, ocurrió y ocurre aún hoy, y es un hecho verificable. Ni el liderazgo judío ni gran parte del pueblo judío de la época de Jesús fue consciente de que ya no vivían en función de las Sagradas Escrituras.

Las tradiciones humanas que ocupan el lugar de la palabra de Dios y usurpan su autoridad en la vida de los hombres son un gran mal y un instrumento de condenación en el mundo en todos los tiempos.

La tradición humana, aun la más “bíblica” posible y hasta la muy bien intencionada, cuando se le otorga la autoridad de palabra de Dios, es un instrumento del diablo para mantener a la humanidad alejada de Dios y que aleja, distrae, desgasta, divide y confunde a los hijos de Dios y a la iglesia de Cristo para que no se ocupen de Dios y de la misión que Jesucristo ha encomendado.

La historia bíblica y la historia de la humanidad testifican lo dañino y lo nocivo que es la tradición humana que reemplaza la palabra de Dios:

Por la tradición humana el judaísmo del Nuevo Testamento rechazó y crucificó a Jesucristo, y persiguió y se opuso violenta y mortalmente, asimismo, a los discípulos y a la Iglesia que él edificó.

Por la tradición humana el Catolicismo Romano se alejó de la enseñanza de Jesucristo y de los apóstoles y aumentó poquito a poquito doctrinas opuestas a lo que ellos enseñaron, tales como: la sucesión papal, el célibato, la salvación por cumplir sacramentos, el marianismo co-rredentor y co-mediador, la ambición política y su matrimonio con el poder político, etc.

Por la tradición humana el protestantismo no volvió totalmente a la Biblia luego de la Reforma del siglo XVI (31 de octubre 1517) sino que se mantuvo con tradiciones propias de la Iglesia Católica Romana, a saber: El bautismo de infantes, el ritualismo católico, la unión con el poder político y la persecusión violenta de los disidentes.

La tradición humana es peligrosa porque surge, al principio, como una explicación y una aplicación de la palabra de Dios a un asunto específico en un determinado momento histórico, pero después, con el tiempo, al usurpar el texto y la doctrina que intentó explicar y aplicar, se constituye en un estorbo para el crecimiento de los hijos de Dios y para el cumplimiento de la misión que tienen que cumplir.

Quienes creemos en Dios y creemos en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre, tenemos que anclar, fundamentar, alimentar y sustentar toda nuestra fe y toda nuestra vida y toda nuestra misión en la palabra escrita de Dios, que es la Biblia, la única escritura inspirada por Dios.

Nosotros, quienes seguimos a Cristo en esta época, tenemos mayor luz que nuestros antepasados en el Señor Jesucristo y no estamos obligados a sustentar nuestra fe en la tradición de los hombres o los mandamientos humanos, por más útiles y buenos que hayan sido en el contexto histórico en que fueron expresados.

Nosotros tenemos las Sagradas Escrituras completas y ya definidas en la Biblia y siempre podemos y debemos dirigirnos a ellas como fuente de autoridad para estar así siempre en la verdad y no desviarnos ni a diestra ni a siniestra.

Nosotros tenemos que vivir nuestra fe como lo hicieron nuestros antecesores primigenios. Nuestra referencia normativa para vivir a Cristo son nuestros hermanos del primer siglo, que fueron los primeros en seguirle en medio de la persecución religiosa política de su época.

La historia inspirada de la Iglesia y del Cristianismo original se encuentra en el Nuevo Testamento y hasta él tenemos que remontarnos cuando necesitamos un punto de referencia inquebrantable.

Voy a terminar esta nota, en la que me he explayado más de lo que quería.

Ninguna doctrina que no esté clara y consistentemente explicada y sustentada en la Biblia debe ser creída y seguida por los hijos de Dios y las iglesias de nuestro Señor Jesucristo.

Ninguna tradición que vaya en contra de lo que está claramente escrito en la Biblia por más razonable y lógica que sea debe ser aceptada y enseñada por quienes siguen a Jesucristo.

Ninguna tradición humana es el fundamento de los discípulos y de la iglesia de Jesucristo. No lo es ninguna tradición judía, ni aun el Antiguo Testamento “solo”. Tampoco lo es ninguna tradición católica, ya oriental u occidental. Tampoco tenemos que basar nuestra fe en a tradición reformada, ya sea luterana, o anglicana, o calvinista o de iglesias independientes.

Toda tradición humana a la que la iglesia, por la enseñanza de sus maestros y predicadores, equipara, sustituye o coloca por encima de la palabra escrita de Dios, “es” Nehustán y “tiene que ser” despedazada (2 Reyes 18:4; Números 21:9).

Los discípulos de Cristo y la iglesia que él edifica solamente se para y se sostiene en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra de Dios, interpretada Jesus-céntricamente. Pablo expresa esta realidad en esta declaración:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:19-22).

Si en algo tenemos que estar de acuerdo todos los cristianos y todas las iglesias de Cristo con las tradiciones cristianas que se han originado y que se originarán hasta que Dios nos recoja, es en esto:

“Solamente la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra escrita de Dios, es nuestra fuente de autoridad, para todo lo que creemos y vivimos. Amén.”

Visita a IEB Príncipe de Paz – Sullana, Perú.

Dios me privilegia al usarme como mensajero de su palabra, la Biblia. Al ser usado así, tengo la oportunidad de conocer y tratar con pastores e iglesias por todo lugar donde él me lleva.

Yo no merezco que Dios me regale su salvación eterna por medio de la fe en Jesucristo y tampoco la bendición de ser un maestro y predicador de su palabra. Pero Dios lo ha determinado así y yo tengo gran gratitud a él por su misericordia y por su gracia para conmigo y mi familia.

En mi último viaje a la ciudad de Sullana visité por segunda vez la IEB Jesucristo Príncipe de Paz. Mi primera visita a esa congregación ocurrió el año pasado, para su 25 aniversario de fundación. En esta oportunidad, acudí para iniciar con ellos una escuela modular de crecimiento espiritual.

El pastor Rubén Córdova y Nélida, su esposa, fueron mis estudiantes cuando dictaba clases en el Seminario Bautista del Perú de Trujillo. Ellos tienen dos hijas: Brianna Abigail y Brenda Grabiela. Adjunto foto de la familia pastoral, para que la conozcan y la apoyen con sus oraciones.

Nélida, esposa del pastor Rubén, es hija del hermano Adislao Córdova, quien vive en Shatoja, Provincia del Dorado, Departamento de San Martín. Adislao vivía antes en Ochamé, Moyobamba, San Martín.

Hago mención de este dato porque conocí a Adislao en Ochamé cuando empecé a predicar el evangelio, luego de mi conversión. Enseñé en mis hermanos en Cristo de Ochamé entre 1988 y 1999.

Nélida nació entre aquellos años. Ella es creyente de segunda generación. Me gozo en la forma que Dios ha obrado hasta aquí en la familia de Adislao, lo cual es visible en la vida de su hija, quien hoy está sirviendo al Señor Jesucristo al lado de su esposo.

El trabajo del pastor Rubén es óptimo. Dios lo está usando y acrecentando a la congregación por su labor. El entusiasmo espiritual de nuestros hermanos en Cristo es estimulante y contagioso. En esta congregación hay niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Me alegró ver familias completas en la congregación.

El pastor Rubén hemos hablado de cómo ayudar a nuestros hermanos en su crecimiento espiritual. Mi visita es resultado de nuestro interés por la vida espiritual de la Iglesia en la que él sirve.

En esta visita hemos repasado el curso Vida Espiritual Personal. Participaron en el curso 25 hermanos inscritos, que recibieron material impreso, para repaso.

Las clases, sin embargo, las escucharon muchos hermanos más, porque toda la congregación fue invitada a participar del curso. Dios tocó mi corazón para edificación entre ellos. Su avidez por aprender era contagioso y estimulante.

Dios mediante, volveré a visitar la congregación dentro de tres o cuatro meses, ya que desarrollaremos con ellos el plan de capacitación que describo en esta mi página. https://segundorodriguez.com/capacitacion-biblica/

La presencia de Cristo entre nosotros al estar congregados estudiando la Biblia era evidente. Jesús está entre nosotros sus hijos cuando estamos congregados en su nombre.  dijo: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20).

Es una bendición grande que Cristo vive y está en su iglesia todos los días hasta el fin del mundo. Su presencia entre sus hijos y en sus hijos es por medio del Espíritu Santo que mora en todos quienes creemos en Jesús y le seguimos. (1 Corintios 6:19-20).

Mi experiencia entre los hermanos de la IEB Príncipe de Paz ratificó mi convicción de que congregar con los seguidores de Jesús es vital e indispensable para crecer y afirmar la comunión con nuestro Salvador; y para incrementar y fortalecer, también, el compañerismo y la amistad con nuestros hermanos en Cristo.

Estoy muy agradecido a Dios por el pastor Rubén y su pasión por servir en la evangelización de los no creyentes y en el perfeccionamiento de los hijos de Dios a la imagen de Cristo. Dios bendiga a su siervo y a su familia y prospere todo el trabajo que el pastor Rubén está haciendo en la congregación.

Estoy muy entusiasmo por serle útil a Dios siendo una ayuda a sus siervos y a su iglesia. Cooperen con nosotros con sus oraciones. Pidan en forma específica que Dios prospere en proyecto de capacitación para el crecimiento espiritual que hemos empezado en la congregación.

Dios ha animado mi alma al conocer un poco más al pastor Rubén y su familia, y también a la congregación a la que pastorea.

La obra de Dios requiere de más hombres y mujeres que quieran servir en ella como ya lo están haciendo el pastor Rubén y Nélida, su esposa. Ayudémosle con nuestras oraciones.

Termino esta crónica pidiéndole a Dios que envíe muchos más obreros a su mies, ya que la mies es mucha y la necesidad de obreros es grande. (Mateo 9:37-38).

La gracia de Dios y yo.

“por gracias sois salvos.” (Efesios 2:5).

La gracia de Dios me maravilla, me impresiona.

No concibo mi vida sin la gracia de Dios.

Vivo y viviré en esta tierra hasta que la gracia de Dios lo determine. Es la gracia de Dios la que me sostiene y me da aliento para estar en pie aquí. Yo no tengo esperanza de vivir con Dios por la eternidad, asimismo, sin la gracia de Dios. Es la gracia de Dios la que me da esperanza de vivir eternamente en el mundo nuevo junto a Dios cuando todo termine.

La gracia de Dios me es indispensable.

¡Yo la necesito y la necesitaré siempre!

Y la gracia de Dios, a Dios gracias, está a mi alcance, a mi disposición … pero no solo para mí, sino para todo aquel que la necesite, que la requiera.

La gracia de Dios es abundante y suficiente. El alto, el ancho, el largo y la profundidad de la gracia de Dios es equivalente a Dios y a su inmensidad. La gracia de Dios es del tamaño de Dios.

Pienso mucho en la gracia de Dios.

Pero no siempre ha sido así.

Antes de mis veintidós años no pensaba en la gracia de Dios. No la tomaba en cuenta. Pensaba en mi buena suerte, en mi habilidad, en mi astucia, en mi capacidad. Sabía que era malo y no tan bueno, pero me veía en mejor condición que mis semejantes.

En aquel tiempo, yo no temía a Dios, ni lo respetaba. Tampoco pensaba en lo transitorio de la vida ni en la inmensidad de la eternidad. Vivía el momento sin pensar en nada más. No pensaba ni en la recompensa eterna por el bien, ni el castigo eterno por el mal.

Empecé a pensar en la gracia de Dios porque conocí a Jesucristo en base a la Biblia. La gracia de Dios me permitió esa experiencia con Jesús. A partir de allí, la gracia de Dios hizo y hace maravillas en mí. Me quedó absorto y atónito al verla obrando en mi vida. Mi comprensión de la gracia de Dios se ha acrecentado y se acrecienta, por experimentarla y disfrutarla, y por mi lectura de la Biblia, que habla de ella.

La expresión “por gracia sois salvos” que está en Efesios 2:5 (y su contexto, que describe mi condición, y la de todo ser humano), me emociona, me conmueve, me llena de gratitud, de confianza y de esperanza.

Alabo a Dios y le agradezco por su gracia. Es ella la que me trajo a Cristo y a su camino; y es ella, también, la que me mantiene en esta fe y en esta esperanza hasta el fin de mis días en esta tierra.

Es imposible para mí mi salvación ante Dios.

No la puedo conseguir por mí mismo.

Soy pecador. Es mi tragedia, mi desgracia (pero no solo la mía).

Soy pecador en mi naturaleza. Soy pecador en mi mente. Soy pecador en mi actos y en mi reacciones. A mí no me enseñaron a hacer el mal, lo aprendí solito. Nadie me presionó ni me obligó a pecar, yo mismo, en forma voluntaria, lo hice.

Mi vida tiene acontecimientos pecaminosos que me abruman. Pienso en ellos siempre (estoy pensado en ellos mientras escribo). Al pensar en ellos, pienso también en que Dios me vio cometernos.

Si Dios ve todo, y es seguro que sí, no tengo excusa ante él. ¿Qué puedo decirle? ¿Cómo puedo justificarme? Es imposible. No tengo argumentos. No tengo nada que decir. Solo tengo que guardar silencio y agacharme avergonzado en su delante.

Dios sabe todo.

No puedo ocultarle lo que soy ni lo he hecho de malo.

La gracia de Dios en Jesucristo, sin embargo, hace posible que yo mismo ya no tenga que responder ante Dios por mis pecados. Dios mandó a Jesucristo a esta tierra para darnos en él su gracia y su bondad.

Dios envío a Jesucristo para salvarnos de nuestros pecados. Jesucristo murió por nuestros pecados. Él murió en reemplazo de los pecadores (de todos, no solo algunos). Él pagó el castigo que nos correspondía a nosotros por nuestros pecados.

Es gracias a la obra de Jesucristo a nuestro favor que está escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2).

Necesitamos la gracia de Dios.

La gracia de Dios nos es indispensable.

Es imperativo que Dios nos trate y nos mire con gracia. Sin la gracia de Dios no tenemos opción de misericordia, de perdón de pecados, de vida eterna y de vivir junto a Dios en su gloria.

Pensemos más y más en la gracia de Dios, que en nuestros méritos o deméritos.

Enfoquémonos más en Cristo Jesús y en su obra gratuita de salvación a nuestro favor que en nuestra pecaminosidad y en nuestra imperfección.

No merecemos la salvación de Dios. No la podremos obtener nunca hagamos lo que hagamos. Y es por eso, justamente, que Dios nos ofrece su salvación y su vida eterna por gracia y solamente por gracia.

Dios nos regala su salvación y su perdón de pecados gratuitamente a través de la fe en Jesucristo. ¡Recibámosla! Estiremos nuestras manos y apropiémonos de ella por la fe en Jesús, nuestro bendito y fiel salvador.

Finalizo.

Estoy y estaré de pie ante Dios por su gracia. (Pero no solo yo).

Estamos en pie y estaremos en pie ante Dios como sus hijos benditos por la gracia de Dios en Cristo Jesús, no por nosotros mismos, sino a pesar de nosotros.

Descansemos en la gracia de Dios y sirvamos a Dios agradecidos durante todo el tiempo que todavía nos queda en este mundo.

No busquemos a Dios basados en nuestro mérito, sino en su gracia a través de la fe Jesucristo Su Hijo. No existe otra manera, sino solo la que Dios a determinado: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ella.” (Efesios 2:8-10).

¡Qué Dios me ayude a valorar y vivir conforme a la gracia de Dios en toda área de mi vida en este mundo!

¡Muchas gracias doy a Dios por haberme hecho conocer su gracia por la fe en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre para unirnos con Dios!

Si has leído hasta aquí y tú todavía no has creído ni sigues a Jesús, empieza hoy y cree en él y síguelo. Solamente por la fe en Jesús disfrutarás y experimentarás la gracia bendita de Dios.

El Trueque Bendito y Glorioso: La Justicia de Dios en Jesús para todo pecador.

El Trueque Bendito y Glorioso: La Justicia de Dios en Jesús para todo pecador que cree en él y le sigue.

Dios mira hoy a los hombres y a todas las naciones en Jesús, Su Hijo Amado. Aquellos que están con Jesús y le siguen, están con Dios; y quienes no están con Jesús ni le siguen, están contra Él. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres.

Dios, en Jesús, realizó un intercambio bendito y muy beneficioso para nosotros, los pecadores. Jesús, quien nunca cometió pecado, fue hecho pecado por nosotros. Todo pecado cometido por nosotros y toda la condenación que justamente merecemos fue puesto y castigado en Jesús.

Dios, mediante este sorprendente acto, liberó en Jesús a los hombres de todo pecado, condenación y culpa. En Jesús, entonces, los hombres son inimputables y totalmente aptos para vivir con Dios por toda la eternidad.

Además, Dios, por medio de este intercambio bendito, hizo algo aún más impresionante: Hizo a todo hombre pecador justicia de Dios en Jesús. Esto significa que la justicia de Dios, que es la pureza y santidad plena de Dios, que estaba toda en Jesús Su Hijo, fue puesta y colocada en todo pecador que cree y sigue a Jesús.

Dios, en consecuencia, por causa de Jesús y en Jesús, ve a todo pecador revestido con Su propia justicia. En otras palabras, Dios ve al pecador puro, limpio y santo porque lo ve siempre en Jesús.

Esta condición del pecador que cree en Jesús y le sigue es perenne y constante. No existe ni un momento en el que Dios mire al pecador que cree y sigue a Jesús fuera de Él. Es justamente por este intercambio bendito y glorioso que la salvación eterna del pecador que cree y sigue a Jesús es segura, firme e imperdible.

¿Quiere decir esto que el pecador que cree y sigue a Jesús puede entonces vivir como le plazca? ¿Es esta bendita y segura salvación en Cristo un seguro para continuar en el sendero del pecado y la rebeldía contra Dios? No, de ninguna manera.

El discípulo de Jesucristo no tomará esa forma de vida. Lo que él hará, por creer en Jesús y por ser consciente del perdón de pecados eterno que ha recibido por Su amor y Su sacrificio, es amar, obedecer, servir, alabar y glorificar constantemente a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo.

Nunca somos salvos por nosotros mismos. Siempre y siempre es por Jesús y Su sacrificio que Dios nos acepta y nos hace Sus hijos y Sus herederos. ¡Gracias Dios por el intercambio bendito y glorioso que hiciste a nuestro favor por medio de Jesucristo tu Hijo! Amén.

Crónica de mi visita a la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España.

Jesucristo anunció que edificaría Su Iglesia en Mateo 16:18. La Iglesia es una obra de Jesucristo. Él es quien la edifica, la acrecienta, la sustenta, la purifica, la corrige y la perfecciona. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, “… la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:23).

Jesucristo edifica Su Iglesia desde los cielos a través del Espíritu Santo, de sus seguidores obedientes y de la predicación del evangelio. Él empezó a edificar Su Iglesia desde el día de Pentecostés, con la llegada del Espíritu Santo (Hechos 2:1-47).

Jesucristo es quien añade a Su Iglesia a todos quienes creen en su evangelio: “… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Todos los que creen en Jesús y le siguen son Su Iglesia y son salvos ya desde hoy y por toda la eternidad. Esta obra de Cristo es indestructible y llegará a su fin cuando él termine de edificarla, santificarla y perfeccionarla. (Foto: El pastor Francisco Ruiz, quien fue el primer pastor de la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia de Jesucristo ocupa un lugar central en mi vida. Mi vida gira alrededor de la iglesia desde el 29 de junio de 1987. A mí me gusta ver lo que Dios hace en la iglesia. Es una bendición grande hablar de cómo Dios está obrando en la iglesia.

En esta nota testificaré de lo que vi en la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España. Este escrito es un testimonio que escribo con retraso. Dios me dio la oportunidad de conocer y de interactuar con su congregación de hijos que Dios que está en Torrejón de Ardoz, España. Esta mi interacción ocurrió el año pasado, entre setiembre y octubre.

Estuve en esa congregación para dar el mensaje de la Biblia a la congregación y a un buen grupo de jóvenes, que se congregaron allí en razón de un encuentro juvenil. Mis momentos allí fueron dos y muy edificantes y significativos.

Mi experiencia con los hermanos de la iglesia y con la juventud que se congregó en esa ciudad llenó de mi alma de gozo y de optimismo. En España, como en varias otros países de este mundo, Dios tiene un remanente fervoroso de hijos suyos. Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, es creído, seguido, amado, alabado, obedecido y esperado por varios españoles y por diversas personas de las varias naciones que están viviendo en esa nación europea. (Foto: Edificio en el que se congrega la PIB de Torrejón de Ardoz, España. Calle Higuera, 4, 28850).

La Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz empezó el año 1981. La congregación empezó con la familia Ruiz. Esa congregación naciente tuvo el apoyo del misionero Julio Lyons. Ese esfuerzo inicial de discípulos obedientes a la gran comisión rindió fruto para vida eterna y le ha dado a la ciudad de Torrejón de Ardoz el testimonio de Jesucristo y su salvación desde ese año hasta hoy.

Dios me dio el gusto de conocer y charlar un poquito con Francisco Ruíz, quien fue el primer pastor de la congregación. Él es un ciudadano español y ya está jubilado. El pastor Francisco todavía tiene vigor y comunica con entusiasmo el cómo obró Dios en su ciudad para edificar la congregación de discípulos de Jesús en sus días. (Foto: Jesucristo salva gente y la añade a Su Iglesia por la obra del Espíritu Santo, la obediencia de sus discípulos y la predicación del evangelio y su palabra escrita).

Mi visita a esa congregación fue una realidad gracias al pastor Ruben Ruiz, que es quien preside, administra y pastorea a los hijos de Dios que reúnen allí. El pastor Rubén y su familia fueron anfitriones amenos y agradables. Ellos reflejaron la hospitalidad que es una característica clave de los siervos de Dios.

Con el pastor Ruben hablamos de la Biblia y de la obra de Dios en su país. Hablamos de historia de la iglesia y del papel de españoles ilustres, Casiodoro De Reina (Sevilla, España) y Cipriano de Valera (Fregenal del Sierra, España). Estos dos españoles son los que nos legaron la Biblia que usa gran parte de la iglesia de lengua española. El primero, nos la tradujo (1569); y el segundo, la revisó (1602).

El pastor Rubén me obsequió una Biblia de transporte fácil. Esa Biblia es la que viaja conmigo dondequiera que Dios me da el privilegio de enseñar y predicar. ¡Gracias, pastor Ruben, por tan útil obsequio! (Foto: El pastor Rubén y su esposa, oremos por ellos, su trabajo es muy importante para la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz está compuesta por hermanos españoles y por hermanos de otros varios países. El local en que se reúnen es acogedor y cálido. Los cantos al Señor son muy parecidos a los que cantamos en el Perú. La atención a la palabra de Dios es estimulante. Dios bendijo mi vida durante mi tiempo entre sus hijos. ¡Dios los bendiga y los siga sobreedificando en la fe en Jesucristo con la palabra escrita que está en la Biblia!

Pablo tenía interés en España, quería visitarlos. Entiendo a Pablo en ese su interés. La historia muestra que España ha sido un instrumento de Dios para que Su Persona y Su obra de Salvación por medio de Jesucristo sean conocidas en varias naciones del mundo. (Foto: Los jóvenes que se congregaron en el local de la PIB de Torrejón de Ardoz para oír el mensaje de Dios y tener comunión unos con otros vinieron de distintos lugares de España).

En la España actual son muchos los ciudadanos de diferentes países que encuentran a Jesús y le siguen al llegar a ese país en busca de un futuro mejor. Estoy contento porque Dios tiene discípulos de Cristo que están predicando el evangelio y haciendo discípulos en España. Mi alma se alegra al ver la obra de salvación por fe en Jesús que Dios difunde por medio de Su Iglesia.

Finalizo este testimonio dando gracias a Dios porque tiene a los hermanos de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz como sus mensajeros para que sean muchos más los ciudadanos que escuchan el evangelio de Cristo en esa ciudad.

¡Qué Dios bendiga a los hermanos de la PIB de Torrejón de Ardoz y que los afirme en la de Jesús y los siga usando como sus mensajeros en esa ciudad y en toda España! Amén.

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“Si eres una persona que está buscando a Dios o si ya eres un hijo de Dios por medio de Jesucristo, y estás en Torrejón de Ardoz, visita y reúne en esta congregación de hijos de Dios.”

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El misionero Abel Rodríguez y familia y la Iglesia Maranata de Pucallpa.

Mi vida desde el 29 de junio de 1987 está marcada por mi fe en Jesucristo. Desde esa fecha en adelante, la iglesia que él está edificando ha sido, es y seguirá siendo crucial en mi vida.

Me he ocupado, me ocupo y me ocuparé en la obra que Dios está realizando en este mundo a través de la iglesia de Jesucristo Su Hijo hasta que él lo determine. Mi corazón se regocija y encuentra satisfacción en serle útil a Dios, a Su Iglesia y a todo aquel que me necesite.

Soy testigo de la gracia y la misericordia de Dios por medio de Jesucristo. Experimento y veo la obra que Dios está realizando en donde vivo y en dondequiera que él me lleva. Mi alma se regocija al contar lo que Dios hace en sus hijos y a través de ellos.

Desde hace ya dos años atrás, Dios me ha hecho ver su obra de salvación y santificación en la Iglesia Bautista Maranata de Hortencia Pardo, Pucallpa. Llegué a la congregación y a la ciudad gracias al pastor Abel Rodríguez y a su familia. El pastor Abel y su familia y su congregación se han convertido en parte de mi vida. Mi ser se regocija cada vez que estoy entre ellos.

El pastor Abel y Juanita, su esposa, son mis amigos en Cristo Jesús desde hace ya muchos años atrás. Los conocí en Trujillo, mi ciudad. Nosotros coincidimos en el Seminario Bautista del Perú. También nos hemos visto durante varias oportunidades en el Campamento de Pastores en Aucallama, Huaral, Lima. Dios me ha dado siempre muy buenos tiempos con ellos.

Abel y Juanita tienen un hijo, Isaac, quien está casado con Nila y tiene ya una hijita. La familia entera sirve hoy a Dios en Pucallpa, en la Iglesia Bautista Maranata. Mi ser se llena de contentamiento cuando veo una familia completa que trabaja para Dios en la extensión del evangelio de Jesucristo.

Conocer e interactuar con la congregación que dirige el pastor Abel es un privilegio mayúsculo para mí. Los hermanos de la iglesia Maranata son personas que quieren aprender la palabra de Dios. Les gusta la Biblia; la leen, la creen, la estudian y la obedecen. Su devoción y su atención por las escrituras es estimulante. Mi ánimo se acrecienta al verlos valorar la palabra de Dios.

Dios me ha dado la bendición de repasar con ellos varios cursos bíblicos: “Vida Espiritual Personal”, “La Misión de la Iglesia”, “Síntesis del Antiguo Testamento”, “Síntesis del Nuevo Testamento”, “Síntesis de Doctrina Bíblica” y “Síntesis Básica de Historia de la Iglesia”. Nosotros ocupamos un promedio de ocho horas por cada curso. Dios mediante, estudiaré con ellos otros cuatro cursos más en los meses siguientes.

Los hermanos de esta congregación tienen también un muy buen compañerismo. Me edifica la forma en la que se preocupan los unos por los otros. El señor Jesucristo está siendo glorificado por ellos y me gozo en ver cómo están creciendo en él cada día.

Desde luego, ellos como todos los hijos de Dios, no son perfectos, ni impecables, pero aman a Dios y viven su fe con entusiasmo. Los hermanos en Cristo de esta congregación, asimismo, como todos los hijos de Dios en todo este mundo, tienen sus sufrimientos, sus enfermedades y sus luchas espirituales, pero no se amilanan, sino que se fortalecen en Cristo y su fuerza, y siguen adelante.

Hay un detalle más que me encanta de estos mis hermanos y que he visto cada vez he estado allí. El domingo al mediodía, después de las clases bíblicas y del servicio de adoración y alabanza a Dios, ellos almuerzan juntos. Cada familia trae su almuerzo y pronto se arma un buffet con diversos potajes. 

El tiempo de comer es buenísimo. Es una gran oportunidad para dialogar y edificarse mutuamente. La amistad y el compañerismo se acrecientan en los momentos de comunión alrededor de los alimentos. La exhortación del escritor inspirado en Hebreos 10:24-25 cobra relevancia y la importancia debida en este contexto fraternal: “Y Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Pido sus oraciones por el pastor Abel Rodríguez e Isaac su hijo, y sus respectivas familias. Ellos trabajan por amor a Cristo allí y están haciendo un buen trabajo. Pido sus oraciones también por los hermanos de la congregación, para que Dios los afirme en la fe en Cristo y en su labor de testificar de nuestro Salvador a quienes los rodean. La oración, recordemos, es una actividad espiritual con la que siempre podemos ayudarnos unos a otros. (Romanos 15:30-33).

En especial, y terminando este testimonio, pido sus oraciones por el hermano Odín y su familia. El hermano Odín tiene un mal en su cuerpo que lo aflige sobremanera. Toda la iglesia está orando por él y nosotros también podemos ayudarle con nuestras oraciones aun cuando estemos lejos. Pidamos que Dios siga fortaleciéndole y animándole.

Gracias por leer este testimonio y por orar los hermanos en Cristo que están esta congregación y que están sirviendo fielmente a nuestro Señor y Salvador.

“Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.”

Hechos 9:31

¡Dios se manifiesta y nos habla para que lo conozcamos y nos relacionemos con él!

Dios existe, es una persona y se comunica comprensiblemente. Él se revela y se manifiesta a nosotros porque quiere que lo conozcamos. Su revelación y su voluntad está registrada en la Biblia para que la sepamos y entendamos (Jeremías 9:23-24).

Dios quiere que nosotros hagamos su voluntad y es por eso que su mensaje es sencillo de captar y asimilar. Él no quiere no vayamos de su presencia confundidos y rascándonos la cabeza. Él, como todo buen padre a sus hijos, nos habla clara y comprensiblemente.

Su comunicación clara y comprensible está en la Biblia, la cual es Su Palabra. Esta su Palabra, las Sagradas Escrituras, fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17) y está a nuestro alcance gracias a los santos hombres de Dios, que la hablaron y la escribieron para nuestro bien. Está escrito que “… nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21).

La determinación de Dios por ser conocido por todos los seres humanos está fuera de toda duda. Las evidencias son muchas en toda la Escritura y el libro de Hebreos 1:1-4 las resume con precisión y exactitud. Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras y solo hay que revisar hoy el Antiguo y el Nuevo Testamento para verificarlo. Empero, la evidencia más grande e impresionante del afán de Dios por ser conocido por nosotros, es Jesucristo Su Unigénito Hijo. Dios lo envío a esta tierra para que Jesús personal y humanamente nos exponga y nos revele cómo es él y cómo es que nosotros podemos relacionarnos íntimamente con él. Está escrito: “A Dios nadie le vio Jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18).

Dios, asimismo, para que nosotros sepamos todo lo concerniente a él, a sus obras, a sus deseos y a su buena voluntad para con nosotros, nos ha dado Su Espíritu Santo, quien inspiró la palabra de Dios. El Espíritu Santo está en todo aquel que cree en Jesús y le sigue (Efesios 1:11-14). El Espíritu es el maestro de los hijos de Dios. Él guía, enseña y hacer recordar la verdad de la palabra de Dios a todos quienes creemos y seguimos a Jesucristo (Juan 14:15-17, 26; 16:13-15).

El Espíritu Santo también ilumina y da sabiduría a los expositores, maestros, predicadores y oyentes de la palabra de Dios para que sepan, comuniquen y entiendan lo que Dios quiere decir por medio de la Biblia (1 Corintios 2:6-13). El conocimiento de Dios, Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad, está garantizado de parte de nuestro Dios y Padre celestial. Somos nosotros entonces hoy los responsables de acercarnos a Dios por medio de la escritura para conocerlo y relacionarlos con él por medio de Jesucristo Su Hijo. Está escrito también: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6).

A nosotros nos toca leer, oír, creer y obedecer la Biblia para conocer e intimar con Dios. Dios quiere esto y es por eso que se ha comunicado, se comunica y se seguirá comunicando con nosotros. Vivimos un tiempo de gracia y de revelación salvífica de Dios (Lucas 4:16-21). Todo aquel que hoy conoce y se relaciona con Dios por medio de Jesucristo oyendo lo que la Biblia dice de él es salvo, es perdonado de sus pecados y hecho hijo de Dios.

¡Aprovechemos este bendito tiempo que vivimos y ocupémonos en conocer e intimar personalmente con Dios porque él así lo quiere!

Amén.

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24

¿Costumbres avaras? ¿Costumbres contentas? ¿Cuáles son las tuyas?

Una costumbre es una forma de sentir, de pensar y de obrar. Toda persona tiene costumbres, hábitos. Las costumbres y hábitos nos mueven, nos identifican, nos señalan. Nuestra ser interior se ve expuesto por nuestras costumbres y hábitos.

El escritor bíblico nos motiva a tener costumbres “sin avaricia”. ¡Escuchémosle y hagámosle caso! Es imprescindible que tomemos muy en serio su exhortación.

La avaricia es “un deseo intenso y desordenado”, un “afán desmesurado” por adquirir y poseer dinero, riquezas, cosas, bienes, posesiones y títulos, para uno mismo, “más allá de lo necesario para vivir y estar cómodo.”

Las personas cuyas costumbres tienen avaricia viven sin reposo y sin alegría duradera. Ellos se sobre cargan. Su dicha es fugaz, pasajera. Siempre están frustradas, decepcionadas, aburridas. Nada les satisface, nada les llena “totalmente”. Su deseo intenso y desordenado por lo que no tienen los controla hasta tal punto que no disfrutan lo que tienen, lo que han conseguido.

No es malo exactamente querer más, y más, pero cuando ese querer más y más es una obsesión que quita la paz, el gozo y la alegría de vivir y de trabajar, entonces ese querer ya no es saludable. Ese querer es pernicioso, nocivo y contraproducente. Ese querer más y más es una costumbre avara que tiene que ser desechada. ¡Qué Dios nos ayude a reconocer y a desechar las costumbres avaras de nuestra vida!

El autor inspirado nos propone una vida  “sin costumbres y ni hábitos avarientos”.

Él nos exhorta a tener una vida caracterizada por estar contentos y confiar en Dios.

La palabra “contentos” expresa “felicidad”, “dicha”, “alegría”, “satisfacción”, “júbilo”, etc. A todos los seres humanos nos gustaría vivir reflejando lo que la palabra contentos expresa. ¿Cómo es que conseguiremos vivir así?

El texto bíblico nos dice lo que tenemos que hacer para estar contentos: “… contentos con lo que tenéis ahora.” La clave de la dicha es fijarnos en lo que ya tenemos, en lo que ya es nuestro.

¿Tienes vida? Alégrate de tenerla.

¿Tienes familia? Gózate en ella y con ella.

¿Tienes donde vivir? Amén, gloria a Dios, alégrate.

¿Tienes trabajo? ¡Eso es buenísimos!

¿Tienes qué comer? ¡Qué bueno que así es! ¡Sé feliz!

¿Tienes males, dificultades, problemas en tú vida? ¡Estamos en un mundo de pecadores! ¡Es normal que los haya! ¡Gózate en tus males, dificultades y problemas! ¡Te harán una persona mejor!

Las costumbres y hábitos avariciosos deben ser cambiados por una vida de satisfacción y de alegría. Para esto hay que enfocarnos más en nuestro Dios y en su bondad para con nosotros. Si somos creyentes en Dios y si hemos certificado esa creencia poniendo nuestra fe en Jesucristo Su Hijo, somos hijos de Dios, nuestros pecados han sido perdonados y tenemos vida eterna.

Por nuestra fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación, Dios está con nosotros. Jesucristo es Emanuel, que traducido es Dios con nosotros (Mateo 1:23). La presencia de Dios en nuestras vidas desde que creemos en Jesús y le seguimos es un hecho que nunca debemos obviar, ya sea que nos esté yendo bien o que nos esté yendo mal.

Dios está presente. Siempre estamos delante de él.

Dios está presente para ayudarnos, para socorrernos, para bendecirnos.

Por él, en él, y con él, la vida gozosa es posible, cualquiera que sea la situación.

El autor inspirado lo sabía y lo experimentaba. Recordemos que los primeros cristianos vivieron momentos de dolor intenso por su fe. Pero esos momentos les permitieron experimentar que Dios es real y es por eso que enfrentaron con gozo esas adversidades.

Los cristianos veían e interpretaban sus circunstancias buenas y malas a la luz de lo que Dios dijo: “No te desampararé, ni te dejaré.” Dios prometió no desampararlos ni dejarlos nunca y ellos se aferraban y vivían bajo la certeza de esa promesa. Esta certeza en Dios hacía que desechasen sus costumbres avaras y las trocasen por hábitos gozosos.

Su fe en la presencia de Dios era su sostén y el motivo crucial de su alegría.

Así debemos vivir también nosotros hoy. Dios siempre está. Si nos acostumbramos a ver a Dios en cada detalle de nuestra vida en esta tierra, el gozo es seguro. Si vemos la bondad de Dios en cada cosa que tenemos, la alegría y la gratitud serán un hábito, una costumbre.

Somos pecadores, vivimos con pecadores y estamos en un mundo bajo maldición. Esto implica que siempre habrá en nuestras vidas algo de dolor, de mal, de enfermedad, de muerte. Pero aún así, con alegría y certidumbre, “… podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.”

¡Dejemos y abandonemos las costumbres avaras!

¡Cultivemos y hagamos crecer las costumbres y hábitos gozosos y agradecidos!

¡Confiemos en qué Dios está con nosotros y que nada ni nadie lo aleja de nosotros!

¡Ayúdanos Dios y Padre de Jesucristo a tener costumbres y hábitos gozosos!

Amén y amén.

Redford Tramell, un hombre de Dios que vive por y para la misión de evangelizar y discipular a todas las naciones.

Redford Tramell es un hombre de Dios. Él vive por Jesucristo y su obra de salvación. Dios y su obra son visibles en su vida. Pablo, que vivía por Cristo y la extensión del evangelio, “lo tuvo en su mente” cuando escribió estas palabras: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a lo que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Filipenses 4:17). Admiro a este mi hermano y quiero imitar su fe y su pasión por la extensión del evangelio.

Conocí a Redford Tramell en el año 1999, cuando yo tenía 34 años. En ese año yo tenía 7 años siguiendo a Jesucristo, mi historia en Cristo estaba empezando; la historia en Cristo de mi hermano Redford era mucho más larga, él llegó a Perú en el año 60 y ya había establecido dos congregaciones en Lima.

El misionero Redfod Tramell ha bendecido y ha sido usado crucialmente en la extensión del evangelio y la fundación varias iglesias de Jesucristo en Perú. En Villa El Salvador, Lima, existen hoy varias iglesias crecientes y florecientes, que tiene una buena cantidad de discípulos, local propio y liderazgo firme gracias, en una u otra manera, a este siervo de Dios. (Foto: Redford Tramell y Andrés, mi hijo, y yo, cuando lo visitamos el mes de agosto).

Al momento de conocerle, el misionero Redford Tramell y Elisabeth, su esposa, que partió a la presencia de Jesucristo hace unos años, ya no estaban estableciendo congregaciones en forma directa y personal. Para ese momento, Redford había fundado la Misión Peruana A Toda Criatura (ATOCRI), cuya oficina estaba ubicada en su vivienda.Toda su labor misionera la realizaba desde y a través de esta misión.

Redford Tramell fundó Atocri con la participación de varios pastores e iglesias de Lima. Atocri surgió por la misión y para la misión. Viví a Atocri y a su objetivo, la misión y su cumplimiento, por unos 8 años. En esa oficina “se respira”, “se come” y “se bebe” obra misionera local, nacional y mundial. Todo lo que ocurre allí es un reflejo de la vida, obra, discurso y ejemplo de este singular obrero de Dios.

Atocri promueve la oración misionera. Se ora con ruego intenso por obreros para la obra de Dios, para que Dios envíe más. Se ora por las iglesias que no tienen pastor, para que Dios les de su pastor. Se ora por los pastores y misioneros, para que Dios les provea, los guarde y los use en la salvación y en la edificación de las personas. Se ora por las iglesias, para que tengan visión y pasión por predicar el evangelio. Se ora por las etnias del Perú y el mundo, para que sean alcanzados con el evangelio. Etc. (Foto: Una oficina de Atocri. Todo es misiones y misiones).

Redford Tramell y Atocri, en el tiempo que serví allí, organizaban mensualmente cursos para ayudar a los pastores, misioneros y líderes en la actualización y la renovación de su conocimiento bíblico teológico ministerial. Organizaban anualmente, también, una conferencia bíblica para misioneros, pastores y líderes. Recuerdo esas conferencias, eran de desafío y de bendición grande. Tanto los cursos mensuales como la conferencia anual, ayudaban a los pastores, misioneros, líderes e iglesias en su comunión y compañerismo, pues, se conocían y se relacionaban bendiciéndose mutuamente.

Redford Tramell y la misión de Jesucristo a la iglesia están muy entrelazadas.

Redford Tramell y Atocri son inseparables.

Redford Tramell respira y transpira evangelización y discipulación.

Dios, Jesucristo y su obra de salvación, y la misión y la iglesia, y el mundo y su condición, están en todos los poros de mi hermano Redford. No he conocido a alguien que viva la misión como él la vive. Mi “jefe”, yo le llamo así siempre, es único. (Foto: Oficina de Jenny, secretaria de Atocri. Más misiones y misiones).

Ya no vivo en Lima y ya no lo frecuento tanto, pero cada vez que lo he visitado he sido testigo del compromiso misionero de Redford Tramell. Su casa está llena de su pasión. Mapas misionológicos en las paredes de toda la casa. Globos terráqueos. Tarjetas de oración de misioneros. Descripción y fotografías de la etnias de Perú y de otras naciones. Todo está “pintado” y “decorado” con la gran comisión.

Redford Tramell construyó en el techo de su casa “el Aposento Alto”. El Aposento Alto es una habitación en la que se hospeda a los visitantes. Esa habitación también está dedicada a la oración, a la oración misionera. Allí se ora por la extensión del evangelio cada día. Siempre hay una predica que motiva a la acción misionera. Siempre hay oración misionera allí.

Redford Tramell ya pasó los noventa años. Ayudémosle intercediendo a Dios por él. Dios ya recogió a Elisabeth, su esposa y compañera de milicia de toda la vida. También, Dios recientemente acaba de llamar a su presencia a su hijo Jonathan Tramell, el mayor de sus tres hijos. Él está triste. Él necesita nuestra mediación en oración. Él mantiene su lucidez mental y espiritual, pero su cuerpo está cada vez más desgastado y débil. Nosotros le ayudaremos muchos orando por él.

Aprecio y admiro a Redford Tramell. Veo a Dios en él. Su pasión por Cristo y su forma de hablar con Dios me conmueve. Dios bendijo mi vida a través de él. Lo tengo en mi memoria y es mi referente en mi camino de vivir para Jesucristo y su obra. (Foto: Andrés y yo con Redford Tramell cuando oímos su testimonio y nos animó).

¡Qué Dios bendiga a Redford Tramell con una vejez lúcida y poco dolorosa! ¡Qué Dios alivie y conforte el corazón de este su buen siervo! ¡Qué Dios se glorifique en él hasta el último día de su vida en esta tierra!

Amén y amén.

Más:

Elisabeth Tramell, una mujer admirable.

El Aposento Alto.