La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

Nuestra mayor necesidad es la comunión con Dios, la cual perdimos trágicamente en el Edén por causa del pecado de Adán. El mayor mal de aquel día no fue la tierra, sino ser echados de la presencia de Dios.

  • Fuimos creados para el compañerismo: Dios nos diseñó para vivir junto a Él, en una relación continua y eterna.
  • Sin Él, somos: “Huérfanos”, “muertos vivos”, solos, sin ayuda, sin punto de partida, sin camino ni punto de llegada.

La Misión de Emanuel: Dios Viene a Nosotros

Dios no quiso que esta separación fuera permanente. Aunque tuvo que cumplir su palabra al echarnos de su presencia (Génesis 3:22-24), Su objetivo eterno es vivir con nosotros, en nosotros y entre nosotros.

Por eso, Él mismo vino a nosotros:

Jesús de Nazaret es Dios Hijo hecho Hombre.

Cuando el Espíritu Santo engendró a Jesús, se cumplió la bendita promesa:

“He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mateo 1:23; Isaías 7:14)

La Solución en Jesús

  • Revelación: En Jesús, nosotros vemos y encontramos a Dios. Él es el único que lo revela y expone plenamente.
  • Unión Eterna: Solo Jesús nos une y nos vincula verdadera y eternamente con el Padre.

Todos necesitamos a Dios, y todos podemos restaurar Su compañerismo y amistad ya desde esta vida.

Emanuel, Dios con nosotros, no es solo un título, sino la restauración permanente e inquebrantable de la presencia divina perdida en Edén. (Apocalipsis 21:3).


El Llamado

No te quedes solo en el conocimiento. Dios es tu mayor necesidad; Su voluntad, guía y sostén son indispensables para tu vida en este mundo y en el venidero.

¡En Jesucristo, tú tienes a Dios contigo!

Lo único que tienes que hacer es creer y seguir a Jesús, a quien Él ha enviado. ¡Síguele desde hoy y para siempre! Amén.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14).

Jesús no solo vino, él se quedó entre nosotros y en nosotros, y nos trajo a Dios para vivir ya hoy en nosotros por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. (Efesios 1:13; Romanos 8:9).

¡Cree y sigue ya a Jesucristo de una vez desde hoy y para siempre!

#JesúsTraeADiosYnosUneConÉl

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Esta nota tiene el formato de Google Gemini.

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

El cristianismo en la Tierra tiene una única y fundamental razón de ser: la salvación de los seres humanos. Si alguna vez dudamos de nuestra misión principal, basta con recordar la pregunta más incómoda que Jesús hizo a dos de sus discípulos más cercanos.

Jacobo y Juan, los hijos del trueno, se llenaron de ira cuando los samaritanos, motivados por viejas enemistades étnicas y religiosas, rechazaron a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿Cuál fue su reacción? Rápida y condenatoria: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Lucas 9:54, RVR60, paráfrasis).

La respuesta de Jesús, que aún resuena para la Iglesia de hoy, fue un durísimo llamado de atención: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (Lucas 9:55, RVR60).

El Espíritu Condenatorio vs. el Espíritu de Cristo

Tendemos a olvidar el porqué estamos aquí. Jacobo y Juan lo hicieron. Ellos estaban dispuestos a mandar que lloviese fuego del cielo para que consumiese a los samaritanos que (por razones religiosas y enemistad étnica) no quisieron recibir a Jesús en su pueblo al notar que estaba yendo a Jerusalén.

Jesús reprendió duramente a Jacobo y a Juan por su impaciencia y por su presteza condenatoria para con sus semejantes. El llamado de atención fue muy fuerte.

Un espíritu que prioriza el juicio, la sentencia y el castigo, como el de ellos, es muy opuesto al espíritu de Cristo, que busca redimir y salvar.

La misión de Jesús es la salvación de los seres humanos, no su perdición. Él vino para salvar a los hombres y nunca olvidó ese su objetivo. Toda su vida, sus enseñanzas y sus acciones se rigieron por ese norte. Sobre esta declaración giró toda su labor en esta tierra:

“… porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lucas 9:56, RVR60).

La reprensión de Jesús a sus discípulos es clarísima y los cristianos de hoy tenemos que considerarla para analizarnos profundamente. Nosotros debemos tener el mismo norte de Cristo: la salvación de los seres humanos. Nunca tenemos que tener un espíritu opuesto al objetivo y al espíritu de nuestro Señor y Salvador.

No Jueces, Sino Mensajeros

Nosotros no debemos permitir que las ofensas, la rebeldía, la injusticia, la indiferencia espiritual y la maldad de los hombres nos impacienten y nos desvíen del Espíritu de Cristo. No nos constituyamos en jueces ni en verdugos de nuestros semejantes.

  • Podemos corregir y reprender a nuestros semejantes, pero jamás debemos actuar como si fuésemos jueces de los hombres.
  • El rol de Juez final de los seres humanos le corresponde a Dios y a nadie más.

No estamos en esta tierra para perder ni condenar a los hombres. Ese no es el propósito de Dios para nosotros en este mundo. Nosotros estamos aquí por la salvación de los hombres. Despojémonos del espíritu condenatorio de los hijos de Zebedeo y revistámonos del Espíritu de Cristo, que está lleno de gracia, de bondad y de misericordia.

Dios nos salvó y nos envió al mundo para anunciar a todos los seres humanos el evangelio de salvación en Cristo Jesús. Nosotros (cada cristiano en forma particular, y toda la iglesia en general) somos la extensión de la misión salvadora de Dios Hijo a favor de los hombres.

Mostremos el espíritu redentor, liberador y salvador de Jesucristo, y quitemos de nuestro ser todo vestigio del espíritu condenatorio y de perdición al relacionarnos con nuestros semejantes.

¡Que Dios nos ayude a vivir haciendo todo lo que está a nuestro alcance con el fin de que mucha más gente sea salva por medio de Jesucristo! ¡Que siempre sepamos que somos del Espíritu de Jesucristo y que queremos la salvación de todos los hombres, no su perdición! Amén.

#Salvación #Evangelismo #ReflexiónCristiana #Biblia #Lucas9 #PropósitoCristiano #Cristianos #VidaCristiana #Gracia #Jesucristo #NoJuzgues

Mi batalla cotidiana: Dejar “el púlpito de boquilla” y Vivir lo que enseño y predico.

“A cada instante y en cada circunstancia peleo por no ser ni el escriba ni el fariseo a quienes Jesús reprochó duramente.”

Jesucristo no veía con agrado a una gran parte de “los escribas” y de “los fariseos”. Sus palabras para con este gran sector religioso judío fueron durísimas. El capítulo 23 del libro de Mateo está dirigido por entero a ambos grupos religiosos.

El discurso de Jesús contra esas dos facciones del judaísmo de su tiempo fue severo e inflexible. Cada versículo del capítulo 23 es una condena al “ser” y al “hacer” de los escribas y fariseos. Los “Ayes” contra ellos son difíciles de asumir. Siempre que leo esa porción de la escritura temo y me estremezco. En ninguna manera quiero esas palabras dirigidas hacia mí. No quiero ser ni “escriba” ni “fariseo”.

Los escribas y los fariseos, que eran enemigos de Jesús y que fueron confrontados por él, están en mi mente en estos días. Ellos eran los maestros de Israel y los que enseñaban la ley de Dios al pueblo.

Jesús hace referencia a la posición y al trabajo de maestros de los escribas y los fariseos con esta declaración: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.” (San Mateo 23:2-3).

En estas sus palabras, Jesús destaca tres asuntos claves sobre los escribas y fariseos: 1) Su autoridad, hablaban y enseñaban con la autoridad de Moisés y de la ley de Dios dada a él; 2) Su precisión y fidelidad al exponer y enseñar la ley de Dios en la vida de los israelitas, Jesús afirma que sus oyentes debían guardar y hacer lo que ellos enseñaban. 3) Su terrible y condenable pecado, ellos mismos no practicaban ni guardaban lo que le enseñaban a guardar y hacer a otros.

De estos tres aspectos, el que me amonesta y me asusta es el tercero: “Su terrible y condenable pecado”. No quiero cometerlo. No quiero practicarlo. “No quiero ser escriba ni fariseo” en ese aspecto.

Esa es mi batalla diaria. (Y la de todo siervo y obrero de Dios).

Mi lucha cotidiana es no practicar, no guardar, ni hacer lo que le enseño y le pido a otros que practiquen, guarden y hagan.

Los escribas y fariseos eran “catedráticos de boquilla” y “maestros de pizarra”. Eran exigentes y estrictos en enseñar a cumplir la ley de Dios a otros, pero no a sí mismos. Su magisterio era inflexible y riguroso para con sus estudiantes, mas no para consigo.

Jesús denunció la doble vara de los escribas y fariseos con estas palabras: “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y la ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” (Mateo 23:4).

Mi combate habitual como predicador y maestro de la Biblia, la palabra de Dios, es no ser parte de los escribas ni de los fariseos que fueron reprendidos con justa razón por Jesucristo, Dios hecho Hombre.

No quiero convertirme en un Predicador y Maestro Bíblico de Boquilla. No quiero exigirle a otros lo que no me exijo a mí mismo. No es bueno ni justo que utilice la posición y la autoridad que da el enseñar la palabra de Dios para pedir que la cumplan otros, pero no yo.

Si anunció que la Biblia manda que los seres humanos se acerquen a Dios por medio de Jesucristo para obtener perdón de pecados y vida eterna, tengo que estar acercándome verdaderamente a Dios únicamente por medio de Jesús.

Si enseño que la palabra de Dios dice que todo hijo de Dios debe testificar de Jesucristo y predicar el evangelio a toda criatura en todo tiempo, tengo que dar el ejemplo e ilustrar tal enseñanza por medio de una vida que testifica y evangeliza siempre.

Si enseño que la Biblia dice que se tiene que perdonar a otros sus ofensas, tengo que ser el primero en practicar y obedecer esa enseñanza.

Si enseño que la Biblia ordena a los hijos que cuiden de sus padres cuando ya son ancianos, tengo que obeceder esa palabra y cuidar a mis padres en su vejez.

Si predico que la Biblia manda que los hijos de Dios tienen que orar sin cesar, debo estar guardando y obedeciendo ese mandato y orando, por tanto, en todo tiempo y en toda circunstancia,

En fin …

No quiero ser un maestro ni un predicador merecedor del capítulo 23 de Mateo.

Esta mi lucha es, también, creo yo, la lucha de todo pastor, misionero y evangelista que quiere ser fiel a Dios y a su palabra. Todo aquel que se sienta (se para) en la “cátedra de Moisés” (el púlpito) del siglo XXI guerrea para no ser ni el escriba ni el fariseo al que reprendió Jesús.

Voy a terminar este testimonio de mi batalla.

Necesito la ayuda de Dios para no caer en el craso yerro de los escribas y fariseos de los días de Jesús. Al igual que ellos, soy pecador e imperfecto. No estoy libre de ese su tropiezo.

Tengo que velar y orar para no caer en esta horrible tentación. Jesús dijo que la carne es débil y él tiene mucha razón. Necesito, por tanto, orar sin cesar para no caer ni convertirme en un reprochable y condenable escriba y fariseo moderno.

Requiero de la intercesión y la ayuda en oración de mis hermanos en Cristo para no ser un predicador y maestro que no practica ni obedece lo que él mismo predica y enseña.

¡Dios y Padre de Jesucristo, auxíliame en mi lucha consciente por no ser un predicador ni un maestro que no practica la palabra tuya que enseño a tus hijos! Amén y amén.

El Mayor Gozo: Ver Vidas Transformadas por Jesucristo y Su Evangelio.

El mayor gozo de quienes predican y enseñan el evangelio de Jesucristo es ver a la gente creyendo, creciendo, sirviendo y viviendo en Cristo y para Cristo.

Los predicadores son creyentes y siervos de Dios que también viven por Cristo y para Cristo. Sus vidas están consagradas a su Salvador y a la extensión del evangelio de salvación. Ellos aman a los que no siguen a Cristo y tienen compasión de su perdida condición. Les duele verles perdidos y es por eso que entregan sus vidas para llevarles el evangelio.

En consecuencia, los evangelizadores se alegran grandemente cuando ven conversiones a Cristo, y crecimiento en él, y servicio fiel, y obediencia.

Dios me alegra el alma con este “mayor gozo” y lo testificaré con una experiencia personal.

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“El mayor gozo” que puede experimentar un predicador del evangelio lo disfruto con frecuencia. En este escrito, sin embargo, me limitaré a un acontecimiento muy significativo. Mi “mayor gozo” lo disfrute al ver y pasar un lindo tiempo con el hermano José Palacios y su familia, el último fin de semana de setiembre. 

Conocí a José Palacios y a Segunda, su esposa, en 1988, al fin de mi primer año de estudios en el Seminario Bautista del Perú, cuando viajé a Moyobamba, para predicar y enseñar el evangelio y la palabra de Cristo en algunos pueblos de alrededor de esa ciudad. Me he encontrado con ellos después de más de tres décadas.

José y su esposa vivían y trabajaban en Ochamé, el primer pueblo en el que prediqué y enseñé. Ellos tenían tres hijos: José, Rosario y Juvenal. En Ochamé había una iglesia bautista, que fue formada por los hermanos en Cristo que migraron hasta allí desde la sierra de Piura. José y su esposa asistían de vez en cuando a las reuniones de la Iglesia. Ambos llegaron a creer en Jesús y a seguirle mientras servía yo a Dios allí.

José y Segunda se bautizaron y empezaron su vida en Cristo desde ese año hasta hoy. Ellos ya no viven en Ochamé. Dejaron esa parte de la selva de San Martín y migraron a Piura, en la costa de Perú, Ellos viven y trabajan ahora en Piura. En Piura, ellos son parte de la Iglesia Bautista Betel de Fe, en Las Dalias. Nuestros hermanos tienen a sus tres hijos, que ya son adultos, viviendo muy cerca de ellos. Su tres hijos han oído el evangelio desde pequeños, pero solo uno de ellos, José, ya está siguiendo a Cristo, nuestro Señor y Salvador. Oremos por esta pareja de esposas, para que tengan buena salud espiritual y física. Oremos también por sus hijos, para que sigan a Cristo fielmente.

Dios ha alegrado mi alma al permitirme ver, visitar, hablar y orar con esta preciosa familia. Estuve con ellos en mi último viaje a Piura. Disfrute y fui edificado al ver la forma en la que Dios ha hecho y hace su obra en todos ellos. La familia Palacios ha pasado momentos duros, pero sigue firme y fiel a nuestro Señor y Salvador. Ayudémosle con nuestras oraciones.

Los esposos Palacios me han hecho mucho bien. El trabajo en el Señor y para el Señor nunca es en vano. La palabra de Dios siempre, siempre da fruto, ¡sembrémosla en los corazones de los hombres en todo tiempo! Es una bendición grande ver a los hijos de Dios siguiendo y permaneciendo fieles a Cristo Jesús.

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El apóstol Juan testificó el hecho gozoso de ver a los creyentes seguir fielmente el camino de Cristo en dos de sus tres epístolas:

“Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.” (2 Juan 1:4).

“No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3 Juan 1:4).

Sus palabras no necesitan explicación y la alegría con la que escribió y la experiencia que he narrado las ilustran.

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Los mensajeros del evangelio trabajamos duro para llevar el evangelio y ver vidas cambiadas por Jesucristo nos llena de regocijo. La escritura nos describe claramente en este siguiente texto: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126‬:‭5‬-‭6‬).

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El hermano José Palacios y su familia alegraron mi alma. Mi emoción y gozo fueron mayores cuando dijeron que “era su misionero, el misionero de la familia”. Me lo dijeron con un fuerte abrazo.

Estoy muy motivado a seguir mi labor de testigo de Jesucristo y su salvación. Quiero experimentando este “mayor gozo y regocijo” por más tiempo.

¡Muchas gracias por el privilegio que me has dado, Dios mío! ¡Ayúdame a predicar y a enseñar el evangelio de Cristo y la Biblia hasta que me recojas! Amén.

¡Cuiden a los hijos de Dios por medio de visitarles cotidianamente, siervos de Dios!

La visitación es una actividad clave para cuidar y apacentar a los miembros del cuerpo de Cristo con fruto permanente.

Jesucristo partió a los cielos sin dejar a sus seguidores sin apacentadores. Él preparó a sus discípulos para que cumpliesen esa tarea. Empero, antes de encargarles a sus ovejas, él se aseguró de que sus apóstoles lo amaban. Es por eso que les preguntó si es que lo amaban. Una vez que él tuvo esa certeza, le dijo a Pedro, el líder de los apóstoles:

“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.” (Juan 21:17).

Los siervos de Dios tienen que cumplir esta su tarea por medio de visitarlos constantemente.

Visitar a los hermanos en Cristo en sus casas es una actividad clave para los pastores, misioneros y evangelistas que aman a los hijos de Dios y que cumplen con apacentar y cuidar la grey de Dios fielmente.

Los beneficios de cuidar a las ovejas del Señor por medio de visitas regulares son invaluables. Como todos los seres humanos, los cristianos tienen sus problemas y sus luchas; por tanto, recibir la visita de sus pastores y líderes los conforta y motiva.

La visitación hace que los apacentadores y los apacentados se conozcan, se aprecien y se vinculen en amor y en confianza mutua. Tanto los unos como los otros recibirán crecimiento espiritual como resultado de este encuentro espiritual, lo cual es vital para la buena marcha de toda la congregación.

La visitación a las ovejas tiene que ser bien aprovechada. Durante la misma, los apacentadores deben: 1) Enseñar una verdad o un texto bíblico. 2) Hacer preguntas a los hermanos y responder también las preguntas de ellos. 3) Tener un tiempo de intercesión junto a los hermanos visitados y orar por ellos y sus familias. 4) Escuchar y escuchar las inquietudes de los hijos de Dios. 5) Recalcar las metas y las actividades de la congregación.

Este tipo de visita tiene que estar en la agenda del trabajo diario de todo pastor y líder que ama a Cristo y a su iglesia. Debe ser anunciada personalmente y debe tener una duración de entre 20 a 30 minutos. Esta visita no debe ser confundida con la visita en razón de una invitación a comer o de crisis o emergencia. Esta visita es clave para cuidar y para discipular a los hermanos en Cristo.

Los miembros de la Iglesia no deben ver la visita pastoral como una actividad extraña del siervo de Dios. (Hay iglesias cuyos pastores y misioneros ni siquiera saben donde viven y trabajan los miembros de su congregación). El pastor tiene que ser conocido por realizar esta actividad fielmente.

Dios, por la labor que realizó, me da el privilegio de acompañar a los pastores cuando están realizando sus visitas a los miembros bajo su cuidado. En mi último viaje a Sullana, por ejemplo, acompañé al pastor Rubén Córdova a hacer visitas a algunos hermanos en sus hogares.

El pastor Rubén, al ir con él, me contó que en este caso, visitaríamos a hermanos ancianos que estaban enfermos. Visitamos en total a tres hermanos ancianos, dos mujeres y un varón. El varón estaba postrado en cama y no podía valerse por sí mismo. Gracias a Dios, uno de sus hijos lo cuida, con el apoyo de sus hermanos. Terminamos nuestra visita en cada hogar con oración. El gozo de los hermanos por la visita fue visible.

La visitación es una actividad valiosísima y no está siendo aprovechada suficientemente. Quienes lideran la iglesia del Dios viviente tienen que asumirla y realizarla con fiel cotidianidad.

Dios bendice mi alma al acompañar a los siervos de Cristo en esta su tarea cuando estoy con ellos por una conferencia, curso o campaña. En este mi último viaje me tocó ir con el pastor Rubén Córdova para esta crucial e indispensable actividad. Estoy muy agradecido a Dios por darme este tipo de experiencias.

He compartido este testimonio con el fin de estimular a los pastores, misioneros, evangelistas, maestros y líderes de la Iglesia a visitar, visitar y visitar tanto como tengan tiempo.

La visitación es vital para cumplir el mandato de apacentar la ovejas de Jesucristo.

Termino. Pero no sin escribir unos consejos claves: 1) Hay que tener una agenda de visitación preestablecida. 2) El siervo de Dios tiene que ser conocido por hacer visitas. 3) Hay que avisar a los hermanos sobre el día y la hora de la visita. 4) Hay que visitar cuando toda los hermanos están en casa. 5) Hay que visitar acompañados de al menos 1 a 3 hermanos. 6) Hay que evitar visitar en horarios de comida o de trabajo urgente. 7) Hay que mantener cada visita dentro de un tiempo determinado. 8) Hay que tener mucha prudencia y amabilidad al hacer las visitas.

Jesucristo quiere que sus siervos, que lo aman, apaciente por amor y voluntaria, sacrificada y diligentemente a su la grey que él compró con su sangre preciosa.

“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:1-4).

¡Que Dios bendiga a la grey de Dios con siervos suyos que la apacientan y cuidan por medio de visitarlos!

¡Dios recompensará generosamente a quienes cumplen bien su labor de apacentar a los hijos de Dios!

¡Vivamos y hagamos discípulos en pro de la predicación del evangelio a toda criatura, discípulos de Jesús!

“La Gran Comisión es nuestro deber supremo en esta tierra.

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En la fotografía en la que se lee el texto de Mateo 28:18-20, que encabeza este escrito se ve a cuatro personas. Tres de ellas son discípulos de Cristo y están evangelizando a una joven polaca.

Estos tres discípulos aprovecharon una caminata por la playa de Ostia di Lido, Roma, Italia, para anunciar el evangelio de Cristo.

La fotografía muestra un ejemplo concreto de cristianos cumpliendo con su deber supremo en su vida cotidiana.

Estos tres cristianos tuvieron la intención de evangelizar y aprovecharon ese su momento para hablar de Jesús a la jovencita polaca, que, por cierto, escuchó el evangelio con entusiasmo. (Ellos también evangelizaron a dos mujeres italianas que estaban cuidando a sus hijos en uno de los parques de la ciudad).

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Dios nos ha dado a los cristianos la misión de Cristo y todos nosotros estamos llamados a cumplirla en todo tiempo.

Tenemos que vivir nuestra vida en esta tierra en función de la misión que Dios nos ha encomendado a nosotros por medio de Jesucristo, Su Hijo, nuestro Señor y Salvador. Él nos dice a nosotros ahora lo mismo que le dijo a sus discípulos: “Como me envío el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). 

Los hijos de Dios y la iglesia de Jesucristo están en este mundo para cumplir el propósito de Dios. Cada uno de los hijos de Dios por medio de Jesucristo y toda la iglesia de Jesucristo tienen un propósito, un objetivo determinado por Dios para su vida en esta tierra. Su propósito, su objetivo, es cumplir la voluntad de Dios y la voluntad de Dios es la salvación de los seres humanos.

Dios quiere salvar, no condenar. Dios no quiere que los hombres perezcan en condenación, sino que todos procedan al arrepentimiento. Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Dios, en consecuencia de ese su deseo salvador, envió a Jesucristo para salvar a los pecadores.

Jesucristo vino a la tierra y dijo justamente que el propósito de su venida era dar su vida en rescate por muchos. La muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo son vitales para la salvación de los seres humanos. En la muerte de Jesucristo, Dios mostró su amor por los pecadores porque él murió en remplazo de ellos, para salvarlos y rescatarlos así de toda su condenación.

Jesucristo, durante su ministerio en la tierra, aparte de la obra de salvación que realizó, enseñó y predicó la palabra de Dios e hizo discípulos. Los discípulos fueron formados y entrenados por Jesucristo para cumplir la misma misión que él vino a cumplir.

La última orden de Jesús a sus discípulos previo a irse a los cielos, fue: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

El cumplimiento de la misión de hacer discípulos es trascendental para asegurar la predicación y el anuncio del evangelio de Jesucristo a toda criatura en todo el mundo.

El objetivo de nuestra vida en esta tierra es la misión y su cumplimiento y es por eso que ésta está declarada y ratificada al fin de cada uno de los cuatro evangelios y al inicio del libro de Hechos.

Esta misión es el propósito de la existencia de todos y cada uno de los hijos de Dios. Los hijos de Dios por medio de Jesucristo constituyen hoy la Iglesia de Jesucristo y la misión de Jesús es también la misión de la Iglesia.

Todos debemos vivir en esta tierra cumpliendo la Gran Comisión intencionalmente en todo momento.

¡Apreciemos el privilegio de vivir en función de la Gran Comisión y aprovechemos cada oportunidad para anunciar el evangelio de Cristo a nuestros semejantes!

¡Qué Dios no ayude a vivir cumpliendo Su Misión! Amén.”

¡Confiemos en Jehová Dios totalmente!

Todas las personas que viajan en un avión confían que el avión es bueno, eficiente y apropiado para llevarlos a su destino.

Estos viajeros suben a los aviones confiando totalmente sus vidas y su plan de viaje a los pilotos, pues saben y entienden que ellos los conducirán a su destino con toda seguridad.

Todos los viajeros viajan con seguridad y esperanza en los aviones y tienen toda la razón del mundo para hacerlo, pues Google Gemini afirma que “… el medio de transporte moderno más seguro es el avión.”

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Proverbios 3:5-6 me hizo reflexionar en cuánta gente confía y encomienda totalmente su vida y sus planes a los pilotos y a los aviones. Todos los aeropuertos del mundo son la evidencia empírica irrefutable de la fe de los seres humanos en la industria aeronáutica. (Aun los pasajeros desconfiados y miedosos, y que no se “fían” totalmente de los pilotos y de los aviones, están seguros en los vuelos).

…

Pero Proverbios 3:5-6 no fue escrito para que confiemos en los pilotos y los aviones, sino en Jehová Dios, nuestro Creador y Redentor, el único y verdadero Dios. La exhortación y la orden del escritor de Proverbios es clarísima:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.”

Tenemos que fiarnos “… de Jehová todo corazón”. Tenemos que hacerlo nosotros mismos, nadie más puede fiarse de Dios por nosotros. Cada uno de nosotros tiene que entregarse a Jehová personalmente. Al fiarnos totalmente de corazón en él, le confiamos toda nuestra vida.

El fiarse en Jehová Dios implica “dejar de apoyarnos en nuestra propia prudencia” y sabiduría. A partir de encomendarnos a Dios, nosotros ya no dirigimos nuestra vida. Nuestra “prudencia”, que “es nuestra sensatez, cautela y buen juicio”, queda de lado. Ahora es la sensatez, cautela y el buen juicio de Dios las que nos gobiernan y conducen.

Cuando nosotros nos entregamos de todo corazón a Jehová Dios y “lo reconocemos en todos nuestros caminos”, nuestra vida queda en sus manos y él se encarga de enderezar entonces nuestras veredas y nuestro andar por ellas.

…

El significado de Proverbios 3:5-6 está ilustrado en la relación entre los pilotos del avión y los pasajeros del mismo. Todos, absolutamente todos los pasajeros dejan de apoyarse en “su” propia prudencia y juicio al viajar en los aviones. En los aviones, todos los pasajeros están en las manos de los pilotos y de su prudencia al viajar en ellos. Los pasajeros quedan en las manos de los pilotos para despegar, para volar y para aterrizar aterrizar el avión. Los pasajeros solamente tienen que subir y seguir confiadamente las instrucciones de los tripulantes del avión.

…

Lo que hacen los pasajeros con los pilotos y el avión al volar tenemos que hacerlo nosotros con Dios y nuestra vida con él.

…

Nuestra vida en este mundo es como un viaje. Tiene un punto de partida, un trayecto y un punto de llegada.

El punto de partida es Dios; con él y por él es que existimos y tenemos vida en este mundo. El trayecto es nuestra vida en este mundo; desde que nacemos hasta que morimos. El punto de llegada es nuestro encuentro con Dios; salimos de él y volvemos a él, ya para vida eterna o ya para condenación eterna.

El destino final ante Dios, ya para vida eterna o ya para condenación eterna, depende de cómo vivimos nuestra vida en este mundo (nuestro trayecto, nuestro viaje).

Si durante esta vida nos fíamos de todo corazón en Dios, y no en nuestra propia prudencia, sino que lo reconocemos en todos nuestros caminos, entonces y solo entonces, vamos a llegar hasta Dios para vivir junto a él por toda la eternidad.

Pero …

Si durante esta vida no nos fíamos de todo corazón en Dios, sino que vivimos según nuestra propia sabiduría y consejo, y no lo reconocemos en todos nuestros caminos, ni dejamos que enderece nuestros pasos, entonces nuestro encuentro con Dios será para condenación perpetua.

…

Dios quiere que vivamos a su lado como sus hijos desde hoy y por toda la eternidad. Dios envió a Jesucristo su Hijo a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó de los muertos para nuestra justificación. Jesús está vivo y ofrece salvarnos y hacernos hijos de Dios si creemos en él y le seguimos.

Dios en su sabiduría y prudencia eterna ha establecido a Jesús como el único camino para llegar hasta él. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Para llegar a Dios salvíficamente hay creer y seguir a Jesús en forma necesaria e indispensable. No hay otra forma de llegar a Dios.

La fe genuina en Jesucristo en respuesta a lo que Biblia dice de él es la primera evidencia en este tiempo de que nos fiamos de Jehová de todo corazón. Si creemos y seguimos a Jesús de verdad en esta tierra, somos hijos De Dios y Dios vive en nosotros y nos conduce por medio de Su Espíritu Santo. En consecuencia, Dios está en todos nuestros caminos y se asegura de llevarnos hasta él para vida eterna.

Fiémonos de Jehová de todo corazón y empecemos nuestra vida con él creyendo y siguiendo a Jesucristo Su Hijo. ¡Que Dios nos ayude a fiarnos de él de corazón creyendo y siguiendo a Jesucristo! Amén.

¡Seamos los cristianos y las iglesias “Gayo” tras y junto a los divulgadores de la verdad!

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperamos con la verdad” (3 Juan 5-8).

Elogio de Juan apóstol a Gayo, el amado, el cooperador con la difusión de la verdad.

La divulgación de la verdad, es decir, el mensaje de que Dios existe y de que está salvando a los hombres de sus pecados por medio de Jesucristo Su Hijo, demanda ingentes recursos.

Estos recursos vienen siempre de Dios a través de quienes creen y siguen a Jesucristo. Son los hijos de Dios quienes ponen a disposición de la verdad sus vidas y sus recursos para que sea ella divulgada a muchas más personas en todas partes de este mundo.

La verdad de Dios revelada en Jesús de Nazaret se propaga, entonces, en función de la cooperación de los discípulos. A más discípulos cooperando, mayor difusión y mayor alcance. (Foto: Todas las congregaciones locales existen debido a los hijos de Dios “Gayo”).

En los días iniciales de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo existían muchos divulgadores y portadores itinerantes del evangelio de nuestro Señor. Estos hombres se movían de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad predicando y enseñando las buenas nuevas de salvación a todos cuantos podían.

Estos predicadores itinerantes se caracterizaban por su fe en el Hijo de Dios, por su amor a Jesucristo, por su negativa a recibir recursos de los no discípulos y por su pasión por difundir y explicar la verdad de Dios a muchas más personas y en muchos otros lugares.

Estos predicadores necesitaban ayuda logística básica para cumplir su tarea de divulgación de la verdad: comida, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación y guía en todo lugar a donde llegaban y desde donde volvían a emprender un nuevo viaje divulgador. (Foto: Luis Tintaya y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez, quien gracias a hermanos e iglesias “Gayo” ha sido usado por Dios para edificar congregaciones de hijos de Dios en Venezuela y España). 

Las necesidades de los divulgadores itinerantes de la verdad de Dios por medio de Jesucristo, el Salvador y Señor de todos los hombres, eran satisfechas por hombres como Gayo, quienes recibían fraternalmente a estos hermanos y los servían mientras estaban con ellos, y quienes luego los encaminaban al momento en que les tocaba partir hacia otro lugar.

El encaminarlos, empero, no era solamente un saludo de despedida y un conjunto corto de instrucciones para que no se perdiesen en el camino. No, no era solo eso. Era mucho más. La palabra “encaminarlos” en este contexto implicaba el “darle todo lo necesario” para garantizar que los predicadores y maestros de la verdad llegasen a su nuevo destino y cumpliesen más fácilmente su labor divulgadora.

En aquellos días, los viajes se hacían a pie, en bestias y en barcos. Viajar demandaba tiempo y cuanto más tiempo, más comida y más dinero. La palabra de Dios y la gracia de Dios era (es y será) gratuita siempre, pero llevarlas a los pecadores que todavía no creen era costoso. Cuanto más cerca el destino a divulgar la verdad, menos oneroso; pero cuanto más lejos, mucho más oneroso. (Foto: El misionero peruano Raúl Sinti e Ivette, su esposa, y sus hijas, están divulgando la verdad en España. Están allí gracias a los hermanos e iglesias “Gayo”, pero necesitan más).

Los predicadores itinerantes de aquel tiempo, al ser “desconocidos”, necesitaban también de cartas de recomendación para ser recibidos confiadamente en las congregaciones que existían en su camino. En consecuencia, encaminarlos implicaba consejos aclaratorios y complementarios de la verdad de Dios y la entrega de cartas de recomendación (Hechos 18:24-28). (En el año 1988, al empezar mi labor divulgadora de la verdad del evangelio, recibí una carta de recomendación para ser recibido en una ciudad donde iba a predicar. Si así fue conmigo hace poquitos años, imagínense cuán indispensable y necesario eran esas cartas en el tiempo del Nuevo Testamento).

Gayo encaminaba lo más adecuadamente que podía a los predicadores y el uso de esa palabra para describir su labor lo demuestra. “Encaminar” significa, en el contexto usado, “enviar adelante” o “acompañar en el camino”. Esto quiere decir que Gayo despedía a los mensajeros itinerantes dándoles apoyo y provisiones para su viaje, para que estuviesen equipados para continuar su misión divulgadora de la verdad.

El trabajo hospitalario y equipador de Gayo llegó a los oídos de Juan por boca de estos mismos predicadores itinerantes, que testificaban de su servicio y de su amor delante de toda la congregación. El apóstol Juan, quien para aquel entonces ya estaba muy anciano, escribió esta carta a Gayo para reconocerle y felicitarle ante la iglesia de Cristo por tan encomiable y trascendental labor en pro de la difusión de la verdad de Dios.

La verdad salvífica de Dios a favor de los hombres revelada en Cristo Jesús en la palabra de Dios, la Biblia, necesita ser divulgada también hoy a los pecadores que todavía no la creen. Los predicadores y maestros itinerantes y los pecadores que aún no están en la verdad necesitan de creyentes e iglesias “encaminadoras”.

Llevar a la verdad de Dios a muchos más hombres y mujeres hoy en día requiere de lo mismo que antes: transporte, alimentación, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación, guía, etc. Al igual que antes, cuanto más cerca se lleva la verdad, menos recursos; cuanto más lejos, más recursos.

Al igual que antes, Dios suple los recursos para la difusión de la verdad por medio de sus hijos y de sus iglesias. Las iglesias y los hermanos “Gayo” son claves para que la verdad del evangelio de Cristo llegue a los pecadores necesitados de salvación.

Hace poquito he sido testigo de cómo varias iglesias y hermanos “Gayo” de Perú “encaminaron” a una divulgadora de la verdad para que la llevase a la gente que la necesita en la República de Mali.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” compraron los tickets de bus y de avión, proveyeron para trámites consulares, dieron hospedaje y alimentación, acompañaron y recibieron y guiaron a la divulgadora en los diferentes lugares a donde llegó, y abastecieron y abastecen de dinero para que viva y cumpla su misión en ese su campo de misión.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” son esenciales en los viajes de predicación y enseñanza que he realizado hasta hoy. Escribo esta nota con gratitud, para reconocer a estos hermanos colaboradores con la verdad. (Foto: Niños de la Iglesia Bautista Betel de Paita. El igual que ellos, los niños de la República de Mali tendrán una maestra de la verdad gracias a los hermanos e iglesias “Gayo” de Perú).

Voy a terminar ya esta nota.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” aman a Cristo, a Su Iglesia, a Su evangelio, a la verdad, a los pecadores y a los divulgadores de la palabra de Dios. Ellos son obedientes a Dios y quieren que haya más gente que conozca a Cristo y le siga. El rol de los “Gayo” tiene que ser valorado suficientemente y mi escrito es un granito de arena para que sea así.

¡Seamos cristianos e iglesias “Gayo”! ¡Encaminemos y ayudemos a los que difunden la verdad para que lleguen bien equipados para anunciarla a los pecadores dondequiera que estén!

¡Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por los hermanos en Cristo y las iglesias colaboradoras con la divulgación de la verdad del evangelio de salvación!

¡Oh Dios de toda salvación, te rogamos que levantes muchos más hermanos e iglesias con el corazón de “Gayo”!

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en Ostia di Lido y la Comunità Biblica Cristiana de la ciudad

Mi breve, intenso y bendecido tiempo en “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios Viviente, columna y valuarte de la verdad”, que vive y se expresa y sirve a Jesucristo en la ciudad de Ostia di Lido, cerca de Roma, Italia.

En Ostia di Lido existe una congregación de hijos de Dios. Esta congregación, de unas 40 a 45 personas, que creen y siguen a Jesucristo, empezó gracias al trabajo de los misioneros Michele y Anna (un matrimonio italiano), quienes conocieron a Jesucristo en Suiza. Luego de conocer al Señor, esta pareja dejó Suiza y viajó a Italia para evangelizar y discipular. Su trabajo fue bendecido y fueron varios los que creyeron. Es de esta manera que empezaron La Comunità Biblica Cristiana di Ostia, en Ostia di Lido, una ciudad cercana a Roma, la capital de Italia. (Foto: La congregación, esperando el inicio del culto a Dios).

En esta congregación hay varios ciudadanos peruanos de la serranía de Perú. Dios me dio la oportunidad de conocer a estos hermanos por medio de Andrés Estrada, quien vivió en este país y quien me contactó con ellos. Andrés me contactó con el hermano Isaías Pareja. Isaías vive y trabaja en Ostia di Lido. Isaías fue mi hospedador y el hombre clave para que yo conociese la obra de Dios y a los hermanos en Cristo en su ciudad.

Dios me dio un tiempo precioso con estos hermanos peruanos y con la iglesia en la que congregan. Mi alma se regocijó con lo que vi, tanto en las familias con las que dialogué como en la congregación en la que expuse la palabra de Dios. Es obvio que Dios está haciendo su obra en la ciudad de Ostia di Lido por medio de los hijos suyos que viven y trabajan allí.

El servicio dominical me impresionó. Escuchar cantos de alabanza a Dios por medio de Jesucristo en el idioma italiano me estremeció. Escuchar porciones de la palabra de Dios y el nombre de Jesús y su obra de salvación en italiano me sonó dulce, dulcísimo. Nunca había tenido esa experiencia y estoy contento por haberla tenido.

La predicación de la palabra de Dios fue hartamente edificante. El mensaje fue en castellano peruano con traducción al italiano. Me pareció que la congregación entendió el mensaje en los dos idiomas. El ambiente fue reverente, respetuoso y piadoso. La presencia de Dios fue evidente. (Foto: La congregación durante el culto a Dios).

Dios edificó mi alma desde el inicio del servicio de adoración.

He quedado prendado de lo que Dios está haciendo en su iglesia y a través de sus hijos en Ostia di Lido. La iglesia de Jesús y los hijos de Dios son las manos de Dios para alcanzar a los pecadores en toda ciudad, y la ciudad de Ostia está bendecida con esta congregación.

Dios me impresionó en Ostia di Lido. Hablé del evangelio con algunas personas al pasear en un parque de la ciudad. Recuerdo a Sabrina y a Magdalena. Estas dos mujeres nos escucharon con mucha atención. Hablar con ellas sobre Dios, Jesucristo, el evangelio y nosotros pecadores, nos animó grandemente a todos los que participamos.

Tengo la intención de volver y de pasar mucho más tiempo en Italia. Veremos qué es lo que dispone al respecto. No se puede hacer nada sin Dios y su bendición así que quedo pendiente de su dirección para visitar a la iglesia una segunda vez.

Mi visita a Ostia di Lido me dejó agotado, pero muy feliz. Nada es mejor que llevar el evangelio de Jesús. Estoy contento porque, aparte de la bendición de exponer la palabra de Dios a la congregación, tuve diálogos bíblicos y teológicos con las familias con las que almorcé y cené. No existe mejor manera de invertir nuestro tiempo que hablando y escuchando de Dios, de su obra y de su voluntad. Hablar y oír la palabra de Dios junto a mis hermanos llenó mi alma de gozo. (Foto: Isaías y su preciosa familia).

Dios y su obra de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo están presente en Ostia di Lido. Esa ciudad y sus habitantes tienen la luz del evangelio por medio de los hijos de Dios que viven allí. Los ciudadanos de Ostia di Lido tienen esperanza porque “… la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” vive y trabaja entre ellos.

¡Gracias, Dios mío, por haberme hecho conocer a tus hijos de Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Andrés, por ponerme en contacto con el hermano Isaías Pareja para visitar Ostia di Lido!

¡Muchas gracias, Isaías, por introducirme a tus familiares y a los hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia!

¡Gracias, hermanos de la Comunità Biblica Cristiana di Ostia, por haberme edificado durante la exposición de la palabra de Dios!

¡Gracias, Dios y padre de Jesucristo, por Michele y Anna y su pasión evangelizadora y discipuladora!

¡Que Dios bendiga y siga usando en la evangelización de los perdidos a todos mis hermanos en Cristo que están en la ciudad de Ostia de Lido! Amén y amén.

Proverbio no calvinista – Dios es nuestro ejemplo: Él no nos pide hacer lo que no hace.

He denominado a Proverbios 3:27-28 como Proverbio no calvinista. ¿Por qué? Porque el Calvinismo enseña que Dios es la voluntad de Dios que una gran cantidad de la humanidad sea condenada. En consecuencia, para estos seres humanos no existe posibilidad alguna de salvación, pues, Jesucristo no murió ni resucitó por ellos.

El proverbio, que denomino no calvinista, que es palabra inspirada por el Espíritu Santo de Dios y que se nos da a nosotros para practicarlo y vivirlo, enseña clara y contundentemente que tenemos que ayudar y hacerle bien a nuestro prójimo necesitado y con muchísima mayor razón si es que tenemos la capacidad para hacerlo. 

La instrucción del proverbio es ineludible: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.” (Proverbios 3:27-28).

Obviamente, la instrucción del proverbio es principalmente para nosotros los seres humanos. Nosotros los seres humanos no debemos negarnos a hacerle el bien a quienes lo necesitan. No podemos nosotros postergarle una ayuda indispensable a quienes la necesitan.

Dios no nos pide a nosotros algo que no podemos hacer. Sus mandatos siempre son posibles de cumplir. En este proverbio, la capacidad de realizar lo que se nos demanda está destacada con estas frases: “cuando tienes poder para hacerlo” y “cuando tienes contigo que darle”.

No es bueno ni es propio de los cristianos evitar la ayuda y el socorro a los necesitados. Y no lo es no por nosotros mismos solamente, sino porque nuestro Dios no es un Dios que se niegue, que se resista, que se prive y que evite socorrer y ayudar a los necesitados.

Dios, el único y verdadero, el Dios de la Biblia, no quiere perder las almas de los hombres, no quiere abandonarlos en su tragedia y desgracia. No, Dios “no decreta” la condenación a los seres humanos.

Este proverbio es una exhortación que un dios que ha predestinado a un sector de seres humanos a la condenación desde antes que ellos pecasen no puede dar. Esta instrucción, es impropia de un dios que no hace nada para evitar la condenación de quienes viven y heredarán condenación. No es posible que un dios que tiene la capacidad y el poder de salvar a los pecadores y no no hace, le ordene a sus hijos que hagan lo que él no hace.

El Dios que escribió este proverbio no es calvinista. El Dios que escribió este proverbio es el primero en hacer aquello que ordena que sus hijos hagan. El Dios de la Biblia siempre es el modelo y el ejemplo de aquello que quiere que sus hijos practiquen.

El Dios de la Biblia “… no se niega a hacerle bien a quien es debido”. El Dios de la Escritura Sagrada no le dice al necesitado de pan “… Anda, y vuelve, y mañana te daré”. El Dios y Padre de Jesucristo, el Señor y Salvador del mundo, siempre actúa en base a su poder y siempre da lo tiene que dar.

Este proverbio llamó mi atención hace unos días atrás. Ese día me estuvieron hablando de la doble predestinación calvinista. El proverbio me hizo ver que Dios no es calvinista. ¡Claro que no!

El dios calvinista se “niega” a hacerle bien a quien es debido -a quien lo necesita-, aunque tiene poder para hacerlo”. El Dios de la Biblia, en cambio, está dispuesto para hacerle bien a todos y le ordena a sus hijos que hagan eso mismo. Esa es la razón por la que denominé a Proverbios 3:27-28 como un “proverbio no calvinista”.

¡Qué Dios nos ayude a vivir y a hacer conforme a Su ejemplo y a lo que nos dice en Su Palabra, la Biblia! Amén.