Necio es una palabra fuerte, muy fuerte. Es un adjetivo durísimo. Su significado, según cualquier diccionario, describe a una persona “que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.”
Los sinónimos de necio son también igualmente abrumadores. Cualquier diccionario de sinónimos les dará esta siguiente lista de adjetivos para remplazar a esta palabra: “incapaz, tonto, sandio, simple, estúpido, imbecil, estulto, mentecato, etc, etc,”. (Solamente tienen que colocar la palabra necio en google para confirmar lo que he escrito en los dos párrafos anteriores).
Jesucristo calificó de necio a una persona que vive su vida en esta tierra como si fuese a vivir para siempre en ella, sin morir nunca. Las palabras de Cristo, en la parábola del rico al que llamó necio, y con la que intentó hacer reflexionar a quienes están muy enfocados en su vida en esta tierra, sin acordarse para nada de que van a morir, y de que van a encontrarse ante Dios cuando ocurra su deceso, fueron: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20-21).
Jesús, quien, según la Biblia, es Dios hecho Hombre, y quien vino a esta tierra a salvar a los pecadores, y quien murió en una cruz para redimir y salvar a todo el mundo, y quien fue a los cielos para volver otra vez cuando llegue el día señalado por Dios, siempre, siempre dice la verdad. La veracidad de Jesucristo es indiscutible y hay que tomar muy en serio toda palabra que sale de su boca.
Vamos a morirnos un día, eso es indudable. No sabemos ni cómo ni cuándo, pero va a llegar el día de nuestra muerte. Ese día, seremos nosotros quienes estemos en un ataud. Ese día habrá mucha gente a nuestro alrededor, pero nosotros no las percibiremos, ya nos habremos ido, ya no estaremos vivos a esta tierra ni a nada de lo que existe en ella.
Todos tenemos que pensar en nuestra muerte, para prepararnos, y para estar así listos para cuando ocurra. No nos debe ocurrir lo que le ocurrió al rico de la historia narrada por Jesucristo… ni al antiguo soberano que se burlaba y se reía de su bufón.
El relato que leí respecto a este soberano y a su bufon se resume así. El rey se burlaba siempre de su bufon. Un día, en son de burla, este soberando le entregó una prenda suya al bufón y le ordenó que fuese por su reino buscando a una persona más tonta que él. La instrucción del rey al bufón fue: cuando encuentres una persona más tonta que tú, le entregas esta prenda mía. El bufón se fue por todo el reino buscando una persona más tonta que él, sin poderla encontrar. Cuando regresó al reino, después de muchos meses, encontró que al rey muy, pero muy enfermo. Al ver al rey en ese estado, el bufón se acercó y le preguntó lo que le pasaba. El rey le dijo que estaba muy enfermo y que pronto iba a emprender un viaje sin retorno. El bufón le preguntó al rey si es que se había preparado para ese viaje sin retorno, que era su muerte. El rey le respondió al bufón, que no, que no se había preparado, que no estaba listo para este su viaje final. El bufón, entonces, ni corto ni perezoso, sacó la prenda que el rey le había dado y se la entregó, diciéndole: “Su majestad, le entrego esta su prenda a usted porque en todo su reino no existe ninguna persona que sea más tonta que yo, excepto usted, que no se preparó para este trascendental viaje, que sabía iba a realizar.”
Es necio, tonto, poco inteligente y nada sabio no prepararnos para morir. Vamos a morirnos. No nos podremos escapar de la muerte. La muerte está allí, esperándonos; siempre ha estado, y siempre está, y siempre estará espectante, y aguardando por nosotros. Este tiempo de pandemia por el virus chino nos tiene que haber hecho muchísimo más conscientes de la inminencia de la muerte. La muerte de otros, sí; pero más la de nosotros, que vamos a morir indefectiblemente.
Siempre he pensando en mi muerte, y durante esta época muchísimo más,
¡Cómo no voy a pensar constantemente en la muerte si ella ha estado presente en cada instante de mi vida durante todo este periodo de pandemia! Los noticieros mostraban la muerte en artículos, fotografías y videos. Las llamadas por teléfono anunciaban muertes y más muertes. En mi vecindario había sepelios y más sepelios. Mi esposa, mis cuñados y yo tuvimos que viajar a la sierra para sepultar a mi suegro. Varios de mis amigos* y compañeros de trabajo se enfermaron y murieron muy rápidamente. Finalmente, y reciencito, hace muy pocos días, en mi casa, tuvimos que sepultar a uno mi hermano de sangre, mi hermano Elmer Manuel.** (Foto: Un día una carroza llevará nuestro ataúd a la tumba… preparémonos para ese momento).
Tenemos que prepararnos para morirnos. No estoy diciendo que busquemos morirnos, no. Esa no es mi idea. Mi idea que vivamos de tal manera que cuando la muerte nos llegue, no nos sorprenda, sino que nos encuentre listos, preparados. Como la mujer anciana, de la que escribí hace unos meses, que estaba esperando su muerte con mucha alegría.***
Muchos de los hombres del pasado se preparaban para partir y dejar este mundo. Recuerdo que una vez llegué a un pueblo y encontré a un hombre mayor, de unos 80 años. Este hombre estaba listo para partir, hasta había comprado su ataud, al cual tenía en su habitación, junto a su cama.
En la Biblia, un profeta de Jehová le dijo a uno de los reyes de Israel: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Reyes 20:1). Nosotros no tenemos una instrucción ni un mandato así, tan directo y específico. Pero Dios sí nos enseña en su palabra que la muerte es un fenómeno establecido… e ineludible: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). ¡Tenemos que vivir nuestra vida preparándonos para morir y acudir al juicio ante de Dios!
¿Cómo es que nos preparamos para morir mientras vivimos en esta tierra? A continuación algunas acciones concretas para esta preparación:
1. Nos preparamos para morir creyendo en Jesucristo de todo crorazón. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y va con él, a su reino, al morir.
2. Nos preparamos para morir viviendo en Cristo y sirviéndole con dedicación. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.
3. Nos preparamos para morir creciendo en el conocimiento íntimo y personal con Dios. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.
4. Nos preparamos para morir viviendo y disfrutando intensamente nuestra vida y todo lo que Dios nos da en ella. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, la iglesia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.
5. Nos preparamos para morir viviendo como testigos enviados por Dios y por Jesucristo, Su Hijo. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones. Estamos aquí para alumbrar este mundo con nuestras buenas obras para que más personas vean así a Dios por ellas. Mucha más gente debe conocer a Dios y relacionarse con él por causa de nuestra vida y obras y palabras.
6. Nos preparamos para morir siendo concientes que nuestra morada permanente no está en esta tierra, sino en el reino eterno de Dios. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de tránsito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.
No seamos necios como el rico de la historia que narró Jesucristo; seamos sabios. Tampoco seamos los más tontos del mundo como el rey antiguo que no se preparó para emprender su viaje sin retorno; seamos inteligentes.
Nosotros tenemos que ser sabios e inteligentes, que es lo opuesto a ser necios y tontos. La muerte nos tiene que hallar preparados, listos. De tal modo que, cuando llegue, le digamos: “te estaba esperando, ya viví cómo debía vivir e hice lo que tenía que hacer; estoy listo, vámonos.” ¡Qué Dios nos ayude a que así sea y que la muerte nos llegue y nos encuentre viviendo creyendo y confiando en Jesucristo todos lo días de nuestra vida! Amén.
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:25-27).
* https://segundorodriguez.com/benjamin-salinas-vive/
** https://segundorodriguez.com/elmer-manuel-rodriguez-chuquimango/
*** https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/