29 de junio de 1987 y mi vida nueva en Jesucristo: A 39 años de una decisión crucial y transformadora.

El 29 de junio de 1987 empezó para mí de madrugada. Abrí mis ojos entre las 4 o 5 de la mañana. Estaba rodeado de tinieblas -como toda mi vida-.

La oscuridad era negra, negra. No veía nada, nada. Mi mente, entonces, preguntó … y recordó … el tiempo de juego, los amigos, el licor, el lugar, la inconsciencia, el quedarme dormido.

Luego, y de inmediato, vinieron a mi mente estas preguntas: ¿Estoy muerto? No. ¿Así vas a vivir toda tu vida? No, no quiero. ¿Para vivir así te creo Dios? No, obviamente que no. ¿No existe una vida mejor que la que tengo? Estoy cansado de vivir así

Mi frustración y mi vacío existencial habían llegado a su colmo.

“Jesucristo puede cambiar tu vida”. Este pensamiento apareció así, de repente, en mi mente. Yo estaba solo. Fue una frase interna. Seguro que fue una síntesis de lo aprendí de niño y de los cuatro o cinco momentos en los que me presentaron el evangelio siendo joven.

“Voy a entregar mi vida a Jesucristo”, me dije. “Ya no quiero vivir como estoy viviendo.” Esa determinación vino acompañada de tres preguntas: ¿Vas a dejar tus vicios y tus malas costumbres? Ya lo has intentado muchas veces, y has fracasado. ¿Qué van a decir tus amigos? En mi barrio, las burlas y las bromas eran realmente pesadas, muy pesadas. ¿Vas a cumplir realmente con los mandamientos de Dios? …

Todo estaba ocurriendo en mi interior.

La claridad del día llegó y la tensión dentro de mí era cada vez más fuerte.

Desayuné, fui al trabajo y empecé a trabajar, pero la presión espiritual no menguó, se acrecentó.

Hasta que llegó la determinación: “Entregaré mi vida a Jesucristo ahora mismo.” Era 29 de junio de 1987. Era feriado desde el mediodía.

Al salir del trabajo busqué ayuda. Fui a ver al misionero dueño de la casa en la que trabajaba. Ese siervo de Dios me explicó el evangelio de Cristo. Él me ayudó y me asistió en mi decisión.

Mi oración fue sencilla: “Señor Jesucristo, estoy cansado de vivir como vivo, si puedes darme una vida mejor que la que tengo, yo te entrego mi vida.”

Allí empezó el nuevo Segundo Rodríguez, todavía imperfecto y pecador, pero nuevo.

El misionero me dio uno que otro consejo, y oró por mí, y terminó su crucial ayuda.

Al salir de mi lugar de trabajo, y sin entender todo lo que me había ocurrido, miré al cielo, abrí mi boca, y dije: “Dios, ahora vive tú en mi vida.” Ese día cambió mi vida.

El 29 de junio de 1987 no es cualquier día para mí. Es el día de mi nacimiento espiritual. Nunca lo olvido y nunca voy a dejar de contarlo.

Jesucristo transformó mi vida aquel día.

Hoy también es 29 de junio y recordar y narrar lo que me aconteció es mi manera de testificar de Jesús y su obra de salvación y transformación a favor de los pecadores como yo.

Todo pecador que cree en Jesús y lo sigue encontrará perdón de pecados, vida eterna y vida nueva en él, con toda seguridad. Soy una evidencia de ese hecho.

Muchas gracias, oh Dios, por Jesucristo y por tu salvación a favor de los pecadores a través de él.

Cree y sigue a Jesucristo, pecador, nunca te arrepentirás de hacerlo. Amén.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20

Foto: Las fotos de la izquierda fueron tomadas previo a mi conversión a Jesucristo. Gálatas 2:20 expresa lo que quiero vivir con la ayuda de Dios a partir de ese bendito y crucial 29 de junio de 1987.

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

El cristianismo en la Tierra tiene una única y fundamental razón de ser: la salvación de los seres humanos. Si alguna vez dudamos de nuestra misión principal, basta con recordar la pregunta más incómoda que Jesús hizo a dos de sus discípulos más cercanos.

Jacobo y Juan, los hijos del trueno, se llenaron de ira cuando los samaritanos, motivados por viejas enemistades étnicas y religiosas, rechazaron a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿Cuál fue su reacción? Rápida y condenatoria: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Lucas 9:54, RVR60, paráfrasis).

La respuesta de Jesús, que aún resuena para la Iglesia de hoy, fue un durísimo llamado de atención: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (, RVR60).

El Espíritu Condenatorio vs. el Espíritu de Cristo

Tendemos a olvidar el porqué estamos aquí. Jacobo y Juan lo hicieron. Ellos estaban dispuestos a mandar que lloviese fuego del cielo para que consumiese a los samaritanos que (por razones religiosas y enemistad étnica) no quisieron recibir a Jesús en su pueblo al notar que estaba yendo a Jerusalén.

Jesús reprendió duramente a Jacobo y a Juan por su impaciencia y por su presteza condenatoria para con sus semejantes. El llamado de atención fue muy fuerte.

Un espíritu que prioriza el juicio, la sentencia y el castigo, como el de ellos, es muy opuesto al espíritu de Cristo, que busca redimir y salvar.

La misión de Jesús es la salvación de los seres humanos, no su perdición. Él vino para salvar a los hombres y nunca olvidó ese su objetivo. Toda su vida, sus enseñanzas y sus acciones se rigieron por ese norte. Sobre esta declaración giró toda su labor en esta tierra:

“… porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lucas 9:56, RVR60).

La reprensión de Jesús a sus discípulos es clarísima y los cristianos de hoy tenemos que considerarla para analizarnos profundamente. Nosotros debemos tener el mismo norte de Cristo: la salvación de los seres humanos. Nunca tenemos que tener un espíritu opuesto al objetivo y al espíritu de nuestro Señor y Salvador.

No Jueces, Sino Mensajeros

Nosotros no debemos permitir que las ofensas, la rebeldía, la injusticia, la indiferencia espiritual y la maldad de los hombres nos impacienten y nos desvíen del Espíritu de Cristo. No nos constituyamos en jueces ni en verdugos de nuestros semejantes.

  • Podemos corregir y reprender a nuestros semejantes, pero jamás debemos actuar como si fuésemos jueces de los hombres.
  • El rol de Juez final de los seres humanos le corresponde a Dios y a nadie más.

No estamos en esta tierra para perder ni condenar a los hombres. Ese no es el propósito de Dios para nosotros en este mundo. Nosotros estamos aquí por la salvación de los hombres. Despojémonos del espíritu condenatorio de los hijos de Zebedeo y revistámonos del Espíritu de Cristo, que está lleno de gracia, de bondad y de misericordia.

Dios nos salvó y nos envió al mundo para anunciar a todos los seres humanos el evangelio de salvación en Cristo Jesús. Nosotros (cada cristiano en forma particular, y toda la iglesia en general) somos la extensión de la misión salvadora de Dios Hijo a favor de los hombres.

Mostremos el espíritu redentor, liberador y salvador de Jesucristo, y quitemos de nuestro ser todo vestigio del espíritu condenatorio y de perdición al relacionarnos con nuestros semejantes.

¡Que Dios nos ayude a vivir haciendo todo lo que está a nuestro alcance con el fin de que mucha más gente sea salva por medio de Jesucristo! ¡Que siempre sepamos que somos del Espíritu de Jesucristo y que queremos la salvación de todos los hombres, no su perdición! Amén.

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¡Los cristianos son competentes para vivir en Dios y hablar de Jesucristo y su salvación!

Conducir a los hombres hasta Dios, al único y verdadero, Jehová, el Dios y Padre de Jesucristo, para que crean en él y le sigan y sean sus hijos, no es tarea solo humana, sino también divina. No es posible realizar esta eterna y urgente labor en la aptitud y suficiencia humana … ¡Es imprescindible el poder, la sabiduría y la aptitud que solamente Dios puede dar!

Pablo fue un competente testigo de Cristo. Él es nuestro ejemplo a seguir. A nosotros nos toca también testificar de Jesucristo y su obra de salvación y tenemos que aprender mucho de él y de su trabajo.

La evidencia bíblica respecto a Pablo como discípulo, testigo, maestro, predicador e interprete de las Sagradas Escrituras es impresionante. Pablo hizo un trabajo laborioso, suficiente, eficiente, fructífero y productivo. Su legado en discípulos, iglesias y libros, testifican de su efectividad. Dios lo usó … “y lo usa”, “y lo sigue usando” todavía hasta hoy.

Pablo, sin embargo, para evitar una falsa interpretación de él y de su trabajo, testifica que su suficiencia y su capacidad para cumplir su tarea no fue suya, sino de Dios. Fue Dios, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, quien lo capacitó y habilitó con denuedo, sabiduría, poder y valentía para hablar el evangelio por dondequiera que fue.

Rescatar a los hombres de su propio pecado y de las garras del diablo no es posible para los seres humanos; se requiere necesariamente del poder y de la sabiduría de Dios. Sin Dios este objetivo es imposible, pero con él y con su poder, siempre se puede trabajar confiado y esperanzado. Está escrito: “… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” (Mateo 19:25-26).

La palabra competencia en 2 Corintios 3:4-6 es una palabra poderosa y significativa. Ella resume “la combinación de conocimientos, capacidades, habilidades, actitudes, que se expresan en el saber hacer, en el hacer bien lo que se encomienda”. Esta palabra califica e identifica a los trabajadores útiles y destacados en sus tareas y Pablo lo era, pero no por sí mismo. Este es su testimonio: “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.”

Los sinónimos específicos de esta palabra en base son también impresionantes: “poder”, “capacidad”, “autoridad”, “pericia”, “aptitud”, etc. Todo trabajador competente es confiable. Se puede estar seguro y tranquilo con trabajadores así.

Pablo usó esta palabra para describir su suficiencia y su competencia al predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo y las sagradas escrituras a los hijos de Dios y a toda la iglesia. Esa su suficiencia y competencia no le era propia, provenía de Dios. Él quería dejar muy en claro ese hecho. Dios le hizo “capaz”, “apto”, “suficiente” y “competente” para el trabajo que le encomendó. Es por eso que él se dedicó con toda confianza y por entero a ese su trabajo.

Enseñar, predicar y compartir el evangelio es una obra espiritual, no carnal. El ser humano está perdido y bajo el dominio del diablo. Él no puede ser salvo y libre de esa su terrible condición por sí mismo ni tampoco por la ayuda de todos los seres humanos habidos o por haber. La salvación y la liberación espiritual es obra de Dios.

El hombre pecador solamente puede ser salvo si es que cree en el evangelio de Jesucristo, que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Y ese mensaje solo puede ser anunciado competentemente en el poder y la sabiduría de Dios. Los hombres que anuncian el evangelio tienen que ser hechos competentes por Dios mismo para que “… la excelencia del poder sea de Dios…” visiblemente y no de ellos. (2 Corintios 4:7).

Todos quienes hoy testifican, enseñan y proclaman a Jesucristo y su obra de salvación necesitan que Dios obre en ellos y a través de ellos. ¡Y él lo hace, créanlo! Él es el principal interesado en salvar a los pecadores. Él es quien establece, perfecciona, capacita, empodera y usa a los pecadores que creen en Jesús y le siguen.

La vida cristiana no se vive en la fuerza ni la competencia de uno mismo. Nada se sobrelleva ni se soporta sin Dios ni su intervención a nuestro favor.

Dios es el que empodera, capacita, entrena, habilita y fortalece a quienes creen en Jesús y le siguen y le sirven.

Los que testifican de Cristo y predican y enseñan la palabra de Dios a la humanidad y a la iglesia necesitan que Dios los haga aptos para su tarea y para vivir agrandándole cada día.

Pablo lo sabía y es por eso que escribió también estas palabras: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriare más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12:9-10).

¡Dios hace competentes, suficientes y aptos para creer, crecer, servirle y obedecerle a quienes ponen su fe en Jesucristo! ¡Qué Dios nos ayude y nos siga haciendo competentes, suficientes y aptos para predicar el evangelio de Jesucristo a mucha más personas! Amén.

La luna y la luz del sol en ella, y la luz de Jesús y los cristianos.

La luna, sin luz propia, que alumbra la noche con la luz del sol reflejada en ella; trajo a mi mente una lección y la comparto para edificación.

Cuando no hay nubes que cubren la luna; la luz del sol en ella, resplandece, alumbra e ilumina hasta a la noche más negra. Ocurre lo mismo con la luz de Jesús que reflejan e irradian a este mundo oscuro los hijos de Dios, cuando no hay en ellos algo que cubre e impide que dicha luz sea visible.

Sin embargo, como ocurre con la luz del sol en la luna, que no siempre se ve, por las nubes que muchas veces la cubren; la luz de Cristo, que está en sus seguidores, también no siempre se ve; ya por la incredulidad, desobediencia, mundanalidad, pecado, etc., que interfieren e impiden que su resplandor, iluminación y claridad se visibilice y se refleje en sus hijos, y alumbren así en la oscuridad espiritual del mundo.

Tomemos nota de esta lección espiritual de la palabra de Dios ilustrada por la luna. En su caso, la luna no puede evitar que las nubes se pongan entre el sol y ella, pero nosotros sí podemos evitar las interferencias que impiden que la luz de Cristo resplandezca.

No toca hacer el bien siempre. La luz de Cristo es la luz de la vida. La tenemos, no solo para nosotros, sino también para quienes nos rodean. ¡Qué Dios nos ayude a eliminar, confesar y desechar lo que impide que los no discípulos de este mundo vean la luz de Jesús y la luz de su vida en nosotros! ¡Amén!

¡Vivamos listos para morir!

Necio es una palabra fuerte, muy fuerte. Es un adjetivo durísimo. Su significado, según cualquier diccionario, describe a una persona que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.”

Los sinónimos de necio son también igualmente abrumadores. Cualquier diccionario de sinónimos les dará esta siguiente lista de adjetivos para remplazar a esta palabra: “incapaz, tonto, sandio, simple, estúpido, imbecil, estulto, mentecato, etc, etc,”. (Solamente tienen que colocar la palabra necio en google para confirmar lo que he escrito en los dos párrafos anteriores).

Jesucristo calificó de necio a una persona que vive su vida en esta tierra como si fuese a vivir para siempre en ella, sin morir nunca. Las palabras de Cristo, en la parábola del rico al que llamó necio, y con la que intentó hacer reflexionar a quienes están muy enfocados en su vida en esta tierra, sin acordarse para nada de que van a morir, y de que van a encontrarse ante Dios cuando ocurra su deceso, fueron: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20-21).

Jesús, quien, según la Biblia, es Dios hecho Hombre, y quien vino a esta tierra a salvar a los pecadores, y quien murió en una cruz para redimir y salvar a todo el mundo, y quien fue a los cielos para volver otra vez cuando llegue el día señalado por Dios, siempre, siempre dice la verdad. La veracidad de Jesucristo es indiscutible y hay que tomar muy en serio toda palabra que sale de su boca.

Vamos a morirnos un día, eso es indudable. No sabemos ni cómo ni cuándo, pero va a llegar el día de nuestra muerte. Ese día, seremos nosotros quienes estemos en un ataud. Ese día habrá mucha gente a nuestro alrededor, pero nosotros no las percibiremos, ya nos habremos ido, ya no estaremos vivos a esta tierra ni a nada de lo que existe en ella.

Todos tenemos que pensar en nuestra muerte, para prepararnos, y para estar así listos para cuando ocurra. No nos debe ocurrir lo que le ocurrió al rico de la historia narrada por Jesucristo… ni al antiguo soberano que se burlaba y se reía de su bufón.

El relato que leí respecto a este soberano y a su bufon se resume así. El rey se burlaba siempre de su bufon. Un día, en son de burla, este soberando le entregó una prenda suya al bufón y le ordenó que fuese por su reino buscando a una persona más tonta que él. La instrucción del rey al bufón fue: cuando encuentres una persona más tonta que tú, le entregas esta prenda mía. El bufón se fue por todo el reino buscando una persona más tonta que él, sin poderla encontrar. Cuando regresó al reino, después de muchos meses, encontró que al rey muy, pero muy enfermo. Al ver al rey en ese estado, el bufón se acercó y le preguntó lo que le pasaba. El rey le dijo que estaba muy enfermo y que pronto iba a emprender un viaje sin retorno. El bufón le preguntó al rey si es que se había preparado para ese viaje sin retorno, que era su muerte. El rey le respondió al bufón, que no, que no se había preparado, que no estaba listo para este su viaje final. El bufón, entonces, ni corto ni perezoso, sacó la prenda que el rey le había dado y se la entregó, diciéndole: “Su majestad, le entrego esta su prenda a usted porque en todo su reino no existe ninguna persona que sea más tonta que yo, excepto usted, que no se preparó para este trascendental viaje, que sabía iba a realizar.”

Es necio, tonto, poco inteligente y nada sabio no prepararnos para morir. Vamos a morirnos. No nos podremos escapar de la muerte. La muerte está allí, esperándonos; siempre ha estado, y siempre está, y siempre estará espectante, y aguardando por nosotros. Este tiempo de pandemia por el virus chino nos tiene que haber hecho muchísimo más conscientes de la inminencia de la muerte.  La muerte de otros, sí; pero más la de nosotros, que vamos a morir indefectiblemente.

Siempre he pensando en mi muerte, y durante esta época muchísimo más,

¡Cómo no voy a pensar constantemente en la muerte si ella ha estado presente en cada instante de mi vida durante todo este periodo de pandemia! Los noticieros mostraban la muerte en artículos, fotografías y videos. Las llamadas por teléfono anunciaban muertes y más muertes. En mi vecindario había sepelios y más sepelios. Mi esposa, mis cuñados y yo tuvimos que viajar a la sierra para sepultar a mi suegro. Varios de mis amigos* y compañeros de trabajo se enfermaron y murieron muy rápidamente. Finalmente, y reciencito, hace muy pocos días, en mi casa, tuvimos que sepultar a uno mi hermano de sangre, mi hermano Elmer Manuel.** (Foto: Un día una carroza llevará nuestro ataúd a la tumba… preparémonos para ese momento).

Tenemos que prepararnos para morirnos. No estoy diciendo que busquemos morirnos, no. Esa no es mi idea. Mi idea que vivamos de tal manera que cuando la muerte nos llegue, no nos sorprenda, sino que nos encuentre listos, preparados. Como la mujer anciana, de la que escribí hace unos meses, que estaba esperando su muerte con mucha alegría.***

Muchos de los hombres del pasado se preparaban para partir y dejar este mundo. Recuerdo que una vez llegué a un pueblo y encontré a un hombre mayor, de unos 80 años. Este hombre estaba listo para partir, hasta había comprado su ataud, al cual tenía en su habitación, junto a su cama.

En la Biblia, un profeta de Jehová le dijo a uno de los reyes de Israel: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Reyes 20:1). Nosotros no tenemos una instrucción ni un mandato así, tan directo y específico. Pero Dios sí nos enseña en su palabra que la muerte es un fenómeno establecido… e ineludible: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). ¡Tenemos que vivir nuestra vida preparándonos para morir y acudir al juicio ante de Dios!

¿Cómo es que nos preparamos para morir mientras vivimos en esta tierra? A continuación algunas acciones concretas para esta preparación:

1. Nos preparamos para morir creyendo en Jesucristo de todo crorazón. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y va con él, a su reino, al morir.

2. Nos preparamos para morir viviendo en Cristo y sirviéndole con dedicación. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Nos preparamos para morir creciendo en el conocimiento íntimo y personal con Dios. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Nos preparamos para morir viviendo y disfrutando intensamente nuestra vida y todo lo que Dios nos da en ella. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, la iglesia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Nos preparamos para morir viviendo como testigos enviados por Dios y por Jesucristo, Su Hijo. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones. Estamos aquí para alumbrar este mundo con nuestras buenas obras para que más personas vean así a Dios por ellas. Mucha más gente debe conocer a Dios y relacionarse con él por causa de nuestra vida y obras y palabras.

6. Nos preparamos para morir siendo concientes que nuestra morada permanente no está en esta tierra, sino en el reino eterno de Dios. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de tránsito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

No seamos necios como el rico de la historia que narró Jesucristo; seamos sabios. Tampoco seamos los más tontos del mundo como el rey antiguo que no se preparó para emprender su viaje sin retorno; seamos inteligentes.

Nosotros tenemos que ser sabios e inteligentes, que es lo opuesto a ser necios y tontos. La muerte nos tiene que hallar preparados, listos. De tal modo que, cuando llegue, le digamos: “te estaba esperando, ya viví cómo debía vivir e hice lo que tenía que hacer; estoy listo, vámonos.” ¡Qué Dios nos ayude a que así sea y que la muerte nos llegue y nos encuentre viviendo creyendo y confiando en Jesucristo todos lo días de nuestra vida! Amén.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:25-27).

* https://segundorodriguez.com/benjamin-salinas-vive/

** https://segundorodriguez.com/elmer-manuel-rodriguez-chuquimango/

*** https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/

Mi cuenta de Facebook y su inhabilitación.

En el presente post voy a narrar a qué se debe que no estoy participando más por ahora en Facebook.

1. Empezaré este post dando gracias a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma. Facebook y Mark Zuckerberg, su fundador, me dieron la oportunidad de tener una cuenta en su plataforma. La plataforma me ha permitido interactuar con mis amigos y mis contactos por varios años. He compartido muchísimas experiencias por medio de esta plataforma. He intercambiado post, fotografías y videos. En todo el tiempo en el que he participado en esta red social me he esforzado en hablar la verdad para edificar a todos mis amigos y contactos. Mi tiempo empezó y terminó debido a que tanto Facebook como Mark Zuckerberg lo decidieron libremente.

2. Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de habilitar y deshabilitar las cuentas en su plataforma. Como discípulo de Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, y el Rey de reyes y Señor de señores, y el Soberano del todo el universo visible e invisible, reconozco que Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de hacer lo que quieren con lo que es suyo. Jesucristo reconoció el derecho de las personas de hacer lo que deseen con lo que es suyo en la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20:1-16).

En la foto que encabeza este post he colocado las palabras de Jesucristo y la inhabilitación de mi cuenta de Facebook para afirmar mi certeza de que Facebook tiene el derecho de hacer con su plataforma lo que mejor les parezca. Facebook y Mark Zuckerberg fueron buenos conmigo y me permitieron ser partícipes e interactuar en su plataforma. Así como me permitieron ser parte de su plataforma, así también han decidido inhabilitar definitivamente mi cuenta.

3. Facebook y Mark Zuckerberg no solamente tienen el derecho de hacer lo que quieren en lo que es suyo, sino que también tienen el poder. Facebook y Mark Zuckerberg tienen tanto poder que han sido capaces de bloquear la participación del mismísimo Donald Trump en su plataforma. Por ese motivo, desde el primero de junio de este año me he sentido identificado con Donald Trump. Ante Facebook y Mark Zuckerberg, Donald Trump y yo “somos iguales”. La única diferencia entre Donald Trump y yo es que su cuenta no ha sido inhabilitada definitivamente; la mía, sí.

Facebook bloqueó la cuenta de Donald Trump cuando éste era todavía Presidente de USA. Facebook argumentó que Donald Trump había infringido las reglas de la red social. En el caso del 45th Presidente de los Estados Unidos (2017 – 2021), la explicación de Facebook se centró en los sucesos violentos acaecidos en el Capitolio. Facebook asumió que Donald Trump es responsable por lo que hicieron quienes entraron por la fuerza al Congreso de USA.

4. Facebook y Mark Zuckerberg no me explicó específicamente el porqué inhabilitaron mi cuenta. A Donald Trump, Facebook y Mark Zuckerberg sí le dieron una explicación específica de del porqué suspendieron su cuenta. En el caso mío, no. Hasta hoy no sé cuál es la norma o política que he quebrantado. Tampoco sé cuál de mis escritos, fotografías o videos violó su normatividad.

¿Por qué Facebook inhabilitó mi cuenta? Facebook no me ha dado una explicación. Mis hijos, que saben mucho más que yo, me han dado estas posibles razones: 1) Alguien hackeo mi cuenta e hizo publicaciones que están en contra de las políticas de Facebook. ¿Eso fue lo que pasó? No lo sé. 2) Alguien denunció mi cuenta como una cuenta que publica ideas contrarias a las políticas de Facebook. ¿Eso podría haber sido la razón? No lo sé. 3) Facebook mismo de oficio evaluó mi cuenta y mi actividad y determinó su censura. ¿Habrá sido así? No lo sé, y tampoco sé si lo sabré.

5. Facebook y Mark Zuckerberg han procesado la inhabilitación permanente de mi cuenta en forma confusa. Lo que sé respecto a mi inhabilitación, que creo es una potestad de Facebook, ya que es su plataforma, es que su proceso ha sido confuso. Deduzco este saber en base a la comunicación que he tenido con ellos.

En su primera comunicación me hicieron saber que habían recibido mi información y que la revisarían. Yo no sé a qué información se referían porque yo en ese momento no les había enviado nada. Venía de Tumbes y estaba usando mi cuenta normalmente. Al llegar al paradero, cerré mi laptop y abordé el taxi que me llevó a casa. Durante el trayecto no revisé Facebook en ningún momento. Cuando abrí mi laptop en casa fue encontré el mensaje en el que Facebook me decía que habían recibido mi comunicación. En esa comunicación también me indicaban que si confirmaban que no tenía edad suficiente, no podría seguir usando mi cuenta.

Es su segunda comunicación, que me fue enviada por correo electrónico, Facebook me informó que suspendieron mi cuenta porque sospechaban que la misma o mi actividad en ella no cumplían con sus normas. Me dieron 30 días para apelar y evitar que mi cuenta fuese inhabilitada en forma definitiva.

Como en el correo me enviaron un enlace para la apelación, ingresé en el enlace e hice lo que me dijeron. En lo básico, me pidieron que les enviase mi documento de identidad. Lo cual hice de inmediato. En el enlace también estaba consignada la información a la que aludo en el párrafo anterior.

En su tercera comunicación, que también me fue enviada por correo electrónico, me agradecieron por enviarles mi documento de identidad, y me informaron también que ya podía acceder libremente a mi cuenta.

De inmediato, y asumiendo la veracidad de lo dicho en el email, fui a mi cuenta para acceder a ella. Tristemente, no pude ingresar a mi cuenta.

Es por eso que les contesté su email diciéndoles que aunque me informaban que podía usar mi cuenta, aún no podía acceder a ella.

En su cuarta comunicación, me pidieron una vez más que volviese a enviar mi documento de identidad. Lo hice. Luego, ya no volví a recibir ninguna comunicación. Pero, cuando intenté ingresar a mi cuenta, me salía un comunicado diciéndome que mi cuenta había sido inhabilitada y que ya no sería revisada.

Esta es la historia que ha puesto fin a mi participación en Facebook. No recuerdo cuando fue que ingresé a esta plataforma, pero siempre recordaré cuando es que fui inhabilitado. También, siempre me preguntaré el porqué Facebook inhabilitó mi cuenta.

Facebook me envía a leer las normas de su plataforma para saber por qué me inhabilitaron. Pero sus normas son genéricas y no me dan una explicación satisfactoria. Aunque tienen derecho y poder para inhabilitarme de su plataforma, no estoy satisfecho de no saber específicamente la razón específica. Tampoco me parece amable que ni siguiera haya podido defenderme con conocimiento de causa ante la plataforma. En todos los años que he participado en esta plataforma, nunca he recibido siquiera una queja o un llamado de atención de Facebook respecto a mi cuenta y mi actividad en ella. En fin.

6. Escribí este post por estos motivos: informar a mis amigos y contactos lo que ha ocurrido con mi cuenta de Facebook, agradecer a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma, y expresar mi insatisfacción y malestar por la forma en que he sido inhabilitado.

Mi experiencia en Facebook ha sido positiva. Estoy agradecido a Dios por la experiencia y los amigos que he hecho durante todo el tiempo que participé en esa plataforma.

Mis hijos me dicen que cree otra cuenta y que vuelva a participar. ¿Volveré? Por ahora no volveré, quizá más adelante, no lo sé. Estoy descansando de Facebook, aunque debo reconocer que extraño mi actividad en la plataforma. “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, reza un dicho popular. En este caso, como “he sido echado”, no puedo volver como si me hubiese ido por iniciativa propia. Por eso he creado mi propio dicho: “El que se va porque ha sido echado, no vuelve a menos que quienes lo echaron lo llamen.”

Si quieren contactarse conmigo, háganlo por a este email: ssrodchu@gmail.com

Si quieren saber de mí o leer lo que escribo, visiten mi página web: www.segundorodriguez.com

Termino este post enviándoles el link de la que fue mi última publicación en Facebook. La pueden encontrar en el siguiente enlace: https://segundorodriguez.com/las-autoridades-siempre-se-ensenorean-de-las-naciones-que-presiden/

Muchas gracias a todos quienes se han contactado conmigo por Facebook.