Del 17 al 21 de Noviembre estuve en la ciudad de Tarma. Fui para participar en el Congreso de pastores y líderes que se realizaría en la Iglesia Bíblica Bautista de Tarma. Mi rol en dicho congreso era doble: tenía parte en la organización del congreso y tenía que enseñar el libro de Jonás. Nos reunimos cada día entre 50 a 60 pastores, misioneros y líderes. Vinieron pastores de distintas partes de Perú. Vinieron de Yurimaguas, Bagua Grande, Piura, Sullana, Trujillo, Cuzco, Puno, Lima y Huancayo.
Cada congreso que realizamos es una bendición y éste no fue la excepción. Dios nos bendijo, nos desafió y nos animó con su palabra. Tuvimos como uno de nuestros expositores a Raúl Torrejón, quien es un peruano que sirve como misionero en Bolivia. También estuvo exponiendo la palabra de Dios el pastor Hermes Irizarry, quien ministra en Patterson, Nueva Jersey, USA.
Las predicaciones y enseñanzas nos motivaron a servir a Jesús y a llevar su evangelio a muchas más personas en el Perú y el mundo. El énfasis estuvo en misiones internacionales. Los participantes mostraron su interés y su determinación en participar en la obra misionera a nivel internacional por medio de sus promesas de fe. En la conferencia se nos presentó a cuatro misioneros que están ministrando fuera del Perú y se nos desafió a apoyarlos fielmente con oración y ofrendas.
Para mí, fue un gran reto exponer el libro de Jonás. Expusé a Jonás como un siervo de Dios que no era misericordioso ni compasivo con aquellos a los que le tocó ministrar. Apliqué la enseñanza a nosotros, los que hoy somos los siervos y los mensajeros de Dios. Durante mi clase di participación al auditorio y sus preguntas y comentarios fueron de mucho provecho. Jonás es un siervo de Dios que no se conformó al carácter misericordioso de Dios y por eso ministró con amargura y resentimiento.
Los predicadores de Dios en ninguna manera debemos imitar a Jonás. Nosotros estamos llamados a servir a Dios de buena voluntad y contentamiento. Nosotros estamos llamados a anunciar el mensaje de salvación por medio de Jesucristo y la misericordia y compasión para todos los no creyentes son vitales y necesarias.
El tiempo que pasé en Tarma junto a amigos y compañeros en el ministerio me edificó y me animó sobremanera. Mis fuerzas y mi entusiasmo por servir al Señor Jesucristo predicando su evangelio a los no creyentes y edificando con su palabra a los que son sus hijos se han incrementado. Gracias a Dios por el gozo de la salvación y por el privilegio inmerecido de ser su mensajero.
