Proverbio no calvinista – Dios es nuestro ejemplo: Él no nos pide hacer lo que no hace.

He denominado a Proverbios 3:27-28 como Proverbio no calvinista. ¿Por qué? Porque el Calvinismo enseña que Dios es la voluntad de Dios que una gran cantidad de la humanidad sea condenada. En consecuencia, para estos seres humanos no existe posibilidad alguna de salvación, pues, Jesucristo no murió ni resucitó por ellos.

El proverbio, que denomino no calvinista, que es palabra inspirada por el Espíritu Santo de Dios y que se nos da a nosotros para practicarlo y vivirlo, enseña clara y contundentemente que tenemos que ayudar y hacerle bien a nuestro prójimo necesitado y con muchísima mayor razón si es que tenemos la capacidad para hacerlo. 

La instrucción del proverbio es ineludible: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.” (Proverbios 3:27-28).

Obviamente, la instrucción del proverbio es principalmente para nosotros los seres humanos. Nosotros los seres humanos no debemos negarnos a hacerle el bien a quienes lo necesitan. No podemos nosotros postergarle una ayuda indispensable a quienes la necesitan.

Dios no nos pide a nosotros algo que no podemos hacer. Sus mandatos siempre son posibles de cumplir. En este proverbio, la capacidad de realizar lo que se nos demanda está destacada con estas frases: “cuando tienes poder para hacerlo” y “cuando tienes contigo que darle”.

No es bueno ni es propio de los cristianos evitar la ayuda y el socorro a los necesitados. Y no lo es no por nosotros mismos solamente, sino porque nuestro Dios no es un Dios que se niegue, que se resista, que se prive y que evite socorrer y ayudar a los necesitados.

Dios, el único y verdadero, el Dios de la Biblia, no quiere perder las almas de los hombres, no quiere abandonarlos en su tragedia y desgracia. No, Dios “no decreta” la condenación a los seres humanos.

Este proverbio es una exhortación que un dios que ha predestinado a un sector de seres humanos a la condenación desde antes que ellos pecasen no puede dar. Esta instrucción, es impropia de un dios que no hace nada para evitar la condenación de quienes viven y heredarán condenación. No es posible que un dios que tiene la capacidad y el poder de salvar a los pecadores y no no hace, le ordene a sus hijos que hagan lo que él no hace.

El Dios que escribió este proverbio no es calvinista. El Dios que escribió este proverbio es el primero en hacer aquello que ordena que sus hijos hagan. El Dios de la Biblia siempre es el modelo y el ejemplo de aquello que quiere que sus hijos practiquen.

El Dios de la Biblia “… no se niega a hacerle bien a quien es debido”. El Dios de la Escritura Sagrada no le dice al necesitado de pan “… Anda, y vuelve, y mañana te daré”. El Dios y Padre de Jesucristo, el Señor y Salvador del mundo, siempre actúa en base a su poder y siempre da lo tiene que dar.

Este proverbio llamó mi atención hace unos días atrás. Ese día me estuvieron hablando de la doble predestinación calvinista. El proverbio me hizo ver que Dios no es calvinista. ¡Claro que no!

El dios calvinista se “niega” a hacerle bien a quien es debido -a quien lo necesita-, aunque tiene poder para hacerlo”. El Dios de la Biblia, en cambio, está dispuesto para hacerle bien a todos y le ordena a sus hijos que hagan eso mismo. Esa es la razón por la que denominé a Proverbios 3:27-28 como un “proverbio no calvinista”.

¡Qué Dios nos ayude a vivir y a hacer conforme a Su ejemplo y a lo que nos dice en Su Palabra, la Biblia! Amén.

A propósito del anuncio del cierre del Spurgeon’s College de Londres

La educación bíblica teológica de quienes serán los pastores y maestros, y los evangelistas que perfeccionarán a los Santos para la obra del ministerio tiene que repensarse, redefinirse y actualizarse constantemente.

Escribo esto a propósito del anuncio del cierre del centro de entrenamiento que fundó Spurgeon en 1856, el Spurgeon’s College de Londres.

La noticia no me toma por sorpresa.

Soy ya varios los años en los que noto la necesidad de hacer cambios en la preparación de obreros para la obra de Dios. Mis ideas las he dialogado con cuantos he podido. Mis propuestas, asimismo, las he llevado y las llevo a cabo en todo lugar en los que me han abierto las puertas.

Por cierto, mis ideas y propuestas no son nada complejas. Son, diría yo, básicas, sencillas y fáciles de implementar … si es que hay quienes quieren enseñar y quienes quieren crecer.

La noticia del cierre del Spurgeon’s College me hizo recordar también el cese del Seminario Bautista El Calvario de Lansdale, Pensilvanya, Estados Unidos, que ocurrió el 2014.

El cierre de iglesias locales (que ocurre, y la historia lo evidencia) y de instituciones de entrenamiento (como las que menciono en esta nota) no implica que Dios deja de obrar, y de salvar pecadores, y de perfeccionar a sus santos para su obra. No. No significa eso. Lo que significa es que no hay que quedarnos estáticos, sino que hay que seguir viviendo a Cristo y creciendo en él.

Dios siempre está levantando obreros para su mies, que es mucha. Estos obreros tienen que ser preparados en función de lo que dice efesios 4:11-16. Los pastores, los misioneros, los líderes y las congregaciones tienen que estar siempre alertas a lo que Dios está haciendo en pro de esa preparación.

La obra de Dios por medio de Jesucristo Su Hijo y Su Espíritu Santo en, por y a través de Su Iglesia y la predicación de Su Palabra escrita, la Biblia, es inmortal y permanece para siempre. Amén.

Foto: Todo lo que existe que hemos edificado los seres humanos en esta tierra pasará. Lo único que permanecerá para siempre es lo que se hace siguiendo y practicando la palabra de Dios.

La ciudad de Roma, Pablo, el evangelio y la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento y los cristianos en Roma hoy.

La ciudad de Roma.

Roma es una ciudad milenaria, antiquísima de Italia. Tiene aproximadamente unos 2700 años de antigüedad. Según la mitología romana, la ciudad fue fundada por Rómulo, su primer rey. Rómulo y Remo, su hermano gemelo, fueron alimentados por una loba. Romulo mató a su hermano Remo, quien se burlaba de él, y fundó la ciudad el 21 de abril del año 753 a.C.

Roma tuvo preponderancia en la época del Imperio Romano, ya que el César la constituyó como la capital y el epicentro político y económico del Imperio. La ciudad, asimismo, cuando el Imperio “se fusionó” con el Cristianismo, se convirtió en el núcleo del tal religión. Roma, en consecuencia, tuvo una grandeza admirable y la historia de la humanidad así lo evidencia.

El patrimonio histórico y arquitectónico de Roma es vasto y atrae a visitantes del todo el mundo. Son muchos quienes van a ver y a respirar la historia que emana la ciudad. Los edificios emblemáticos y representativos son: el Coliseo, el Foro Romano, el Panteón y la Basílica De San Pedro, en el Vaticano.

El apóstol Pablo y Roma.

La ciudad de Roma recibió en su seno al paladín de los seguidores de Jesucristo, a Pablo, el apóstol a los gentiles. El libro de Hechos registra y certifica la llegada y al trabajo de Pablo en la ciudad de Roma. El apóstol llegó a Roma preso, para ser juzgado ante el César, por los delitos que los judíos le habían imputado.

La travesía de Pablo hasta Roma fue atribulada. La tripulación se enfrentó a vientos contrarios y a una muy peligrosa y adversa navegación. Era invierno cuando viajó. Padecieron, incluso, un viento huracanado llamado Euroclidón, el cual los hizo naufragar.

La muerte rondó sobre Pablo y sobre todos los que navegaron con él. Dios, sin embargo, guardó a Pablo y protegió también por causa de él a todos los otros tripulantes.

Pablo, gracias a que durante la travesía fue obvio a las autoridades romanas que Dios estaba con él, fue tratado muy bien al llegar a Roma, a pesar de ser un acusado destinado a juicio. El buen trato se evidenció en el hecho de que vivió su prisión en una casa alquilaba, con la libertad de predicar la palabra de Cristo sin impedimento alguno.

Pablo llegó a Roma no como había pensado llegar. El libro de Romanos evidencia que él sí quería visitar la ciudad, pero de paso, cuando terminase su labor entre Jerusalén e Ilírico, y estuviese yendo a España (Romanos 15:17-33). Dios, sin embargo, lo llevó a la ciudad a su manera, la cual está descrita en los últimos cuatro capítulos del libro de Hechos. Pablo llegó a Roma, asimismo, no cuando quiso, sino cuando Dios quiso (Romanos 1:8-15; 15:22).

El evangelio y la iglesia de Cristo en Roma.

Roma seguramente escuchó el evangelio de Cristo gracias a los ciudadanos suyos que estuvieron en Jerusalén el día en el que nació la Iglesia de Cristo, al llegar el Espíritu Santo sobre todos los discípulos reunidos en el aposento alto (Hechos 2:1-42). Ese día, gracias a la predicación de Pedro de los hechos salvíficos de Dios a favor de la humanidad por medio de Jesucristo, se añadieron a la iglesia como tres mil personas, entre la cuales tiene que haber habido algún romano.

En Roma ya existían discípulos de Jesucristo previo a la visita de Pablo a la ciudad. No existe registro bíblico de la visita a esa ciudad, eso sí, ni de Pedro ni de ningún otro apóstol. A ninguno de los doce discípulos de Jesús, por tanto, se le debe atribuir ciertísima y dogmáticamente la fundación de dicha congregación. La evidencia de que había ya una comunidad de cristianos en Roma es la carta A Los Romanos, que fue escrita por Pablo.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana hoy.

En Roma, más específicamente, en el Vaticano, está el centro de poder de la Iglesia Católica Romana. El evangelio de Cristo no parece estar reflejado hoy por hoy por esta ya milenaria organización. Ella se denomina a sí misma como la Iglesia que Cristo fundó a partir de Pedro. Esa afirmación Católico Romana tiene que ser certificada por la Biblia para ser aceptada con convicción.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana tienen dos equivalencias y dos distinciones básicas. Las dos equivalencias son estas: 1) Ambas se identifican con Jesucristo como su fundador y 2) Ambas basan sus creencias primigenias en las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Las dos distinciones entre ambas iglesias son las siguientes: 1) Autoridad: Iglesia del Nuevo Testamento reconocía el liderazgo singular de Pedro, pero también el de los otros once apóstoles, el de Pablo, el de los ancianos, y de los que fueron surgiendo en el tiempo; la Iglesia Católica Romana, en cambio, le da la primacía del liderazgo y de la autoridad a Pedro y lo jerarquiza en él y a través de él. 2) La autoridad escrita: La Iglesia del Nuevo Testamento se basaba únicamente en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, primero, y la del Nuevo Testamento, después; la Iglesia Católica Romana, en cambio, acepta a la Biblia y le añade la tradición de la Iglesia, que, en definitiva, es la que le ha dado la forma que dicha iglesia tiene.

El evangelio de Cristo en Roma hoy.

En Europa el evangelio de Cristo tal como lo encontramos en la Biblia ha retrocedido. Italia no es la excepción y la ciudad de Roma tampoco.

Pero en Roma sí hay cristianos que quieren basar su fe y vivir en Cristo como vivió la Iglesia de Cristo en la Biblia.

Desde mi perspectiva, todos los cristianos tenemos que identificarnos con Cristo y con los cristianos del Nuevo Testamento. Sí tenemos que reconocer y aprender de los que Dios ha hecho en la historia y en su iglesia post bíblica, pero nuestro fundamento siempre es y tiene que ser la Biblia, la palabra de Dios.

He escrito esta nota porque, Dios mediante, voy a predicar y enseñar en una iglesia de Cristo en Roma. Sí sabía que hay iglesias que quieren vivir a Cristo como se vivió en el Nuevo Testamento, pero no conocía ninguna, porque nunca había estado en esa ciudad. Ahora, empero, estoy pronto a conocer a hermanos en Cristo que están en la ciudad en la que Pablo predicó por dos años en una casa alquilada por estar bajo arresto domiciliario.

En Roma hubo un predicador apasionado en la época bíblica.

Ese predicador fue Pablo, el apóstol a los gentiles. Sus palabras a los romanos, antes de ir a ellos fueron: “Así que, en cuánto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1:15).

Yo estoy emocionado por el privilegio de conocer a los hermanos que están ahora en Roma.

Estoy seguro que esa congregación ha sido formada por uno o más hermanos que creen y siguen a Jesucristo, y que tienen la misma pasión por anunciar las buenas nuevas que predicó Pablo.

Me contentamiento y mi asombro respetuoso y maravillado por la experiencia que se me avecina en Roma me ha hecho escribir esta nota.

Voy a tener el privilegio de conocer a mis hermanos en Cristo que están en Roma. Le enseñaré la palabra de Dios y recibiré ánimo y desafío espiritual al estar con ellos. Estoy bendecido y agradecido a Dios por darme este gozo.

Compartiré mi experiencia en Roma en una siguiente nota, Dios mediante.

Estoy anhelando el día de verme con mis hermanos de esa ciudad. Amén.

Los cristianos y las iglesias nacientes y crecientes son una evidencia de la buena y salvadora voluntad de Dios a favor de la humanidad por medio de Jesucristo.

Dios me ha dado 12 días intensos en Madrid y Guadalajara, España. Durante estos intensos días he sido testigo de cómo los cristianos y las iglesias en las que congregan, son una evidencia de que la buena voluntad de Dios y el período de gracia que inauguró Jesucristo es y está todavía vigente.

Jesucristo aperturó una época de gracia y de salvación a favor de la humanidad en su primera venida y yo la he visto por medio de sus hijos y de su iglesia en Madrid, Vallecas, Torrejón de Ardoz, Alovera, Azuqueca de Henares, Parla y Guadalajara.

En todos estos días he estado con Andrés, mi hijo, al quien no he visto por casi 2 años. Andrés y yo hemos caminado, comido y hablado mucho. Andrés sigue en Madrid y, si Dios no dispone lo contrario, estará en este país al menos 2 o 3 años más. (Foto: Bryant, Juan David, Andrés y yo en el metro de Madrid).

Durante mi estadía he tenido el privilegio de compartir la palabra de Dios en dos congregaciones: La Iglesia Bautista de Azuqueca de Henares y la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz. Ambas congregaciones son una evidencia de que Dios sigue salvando personas por medio de Jesucristo Su Hijo y su evangelio.

La Iglesia Bautista de Azuqueca es la congregación en la que participa mi hijo. En la congregación hay ciudadanos de Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Chile, República Dominicana, Cuba, Nigeria, Estonia, Estados Unidos y España. Cantar con ellos a Dios es un anticipo de la adoración multiétnica que disfrutaremos en la eternidad, al volver Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

La Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz está conformada mayormente por ciudadanos españoles, pero tiene también entre sus miembros a hermanos de Ecuador, de Cuba y de Rumanía.

Esta iglesia empezó en 1981. La familia Ruiz fue la familia núcleo de la congregación. La naciente iglesia tuvo el apoyo de Julio Lyons, de Estados Unidos. (Foto: Los hermanos de la Iglesia Bautista de Azuqueca escuchando la enseñanza de la palabra De Dios).

Dios dio fruto al trabajo de  estos obedientes discípulos y la ciudad de Torrejón de Ardoz tiene hoy al testimonio de Jesucristo y su salvación por medio de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz.

Dios alegró mi corazón haciéndome ver su obra en estas dos congregaciones, y en otras dos, en las que no enseñe.

Asistí a una de las dos, la Iglesia Bautista de Vallecas, durante su reunión de oración. El pastor es un hermano español, que está cumpliendo una muy buena labor. Hablé con dos hermanos peruanos allí.

A la otra iglesia no la vi, porque visité solo su local, que estaba vacío (no había reunión), pero sí conocí e interactué con unos de sus pastores, que es de Perú, el misionero Julio Velasquez. Pasé un buen tiempo escuchando como nuestro Señor lo ha usado para empezar iglesias en Venezuela y en España. (Foto: El hermano Luis Tintaya, de Azuqueca, al medio, y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez. El misionero Julio es muy respetado y apreciado entre los hermanos de esta parte del mundo).

Estos mis días han en Madrid han sido harto intensos y provechosos. Dios me ha bendecido y edificado conociendo un poquito más al pastor Marco Iturralde y a su familia (Iglesia Bautista de Azuqueca) y al pastor Rubén Ruiz y a su familia (Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz).

También he conocido e interactuado un poco más con mis hermanos en Cristo de Azuqueca de Henares. Con ellos he estado por más tiempo y lo he disfrutado. Tengo en mi mente y en mi corazón su hospitalidad, amabilidad y fraternidad. Ser parte de la familia de Dios es una bendición grande.

Con un grupo de hermanos de Azuqueca salí a evangelizar por las calles de la ciudad. La experiencia me ha sido muy aleccionadora. He contado mi experiencia en un post en mi página web.

Dios ama a los seres humanos, quiere salvarlos por medio de la fe en Jesucristo y toda congregación que surge gracias a la predicación del evangelio es la evidencia de que él está obrando y salvando cada día a los pecadores.

Las congregaciones, asimismo, son una evidencia de que siempre hay hijos de Dios que obedecen a Dios y Jesucristo Su Hijo y que predican y llevan el evangelio a los pecadores. Los cristianos y las iglesias obedientes son el brazo de Dios para poblar el reino de los cielos con redimidos y yo me gozo de ver como Dios los usa y da fruto por medio de ellos. (Foto: Junto al pastor Rubén Ruíz, de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz; su amabilidad y hospitalidad son encomiables).

Las nuevas iglesias y las iglesias crecientes, por último, son una prueba palpable de que los pecadores siguen respondiendo con fe y arrepentimiento a la predicación del evangelio de Cristo. Este hecho es esperanzador en todas partes, y mucho más en España, que tiene la fama de ser un país espiritualmente frío.

Lo que he visto y experimentado en Madrid ha confirmado en mi mente y en mi corazón la certeza de la época de la buena voluntad de Dios que inauguró Jesucristo en su primera venida todavía sigue vigente y hay que persistir en anunciar el evangelio de salvación.

“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (San Lucas 4:17-21).

Gracias a Dios por Jesucristo y su venida. Es por él que tenemos la gracia de Dios en esta tierra. Tenemos que aprovecharla para ser salvos de nuestros pecados y de nuestra condenación. Creamos y sigamos a Jesucristo y apropiémonos de la gracia de Dios que él nos trajo. Amén. (Foto: El misionero Julio Velasquez y Luis Tintaya, en el frontis de local de la Iglesia en Parla).

Dios ama a los seres humanos y dio a Jesucristo a ellos a fin de salvarlos. Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó nuestra justificación. La prioridad de Dios es la salvación de los seres humanos, no su condenación. Los ciudadanos españoles y de otras naciones que viven en España no están exceptuados de la salvación de Dios y las iglesias nuevas y crecientes que existen en este país son la evidencia. Amén.

Hablar de Dios y de Jesucristo en algunos lugares de España: Testimonio personal.

La evangelización en España no es nada, nada fácil.

En Atenas, cuando Pablo predicó, lo escucharon, aunque luego, sin embargo, se burlaron de él y lo menospreciaron. En este país, en cambio, un sector de la gente, que es mucha y que se declara abiertamente como atea, ni siguiera quiere oír de Dios y de Jesucristo Su Hijo.

Hablar de Dios y de Jesucristo, por tanto, requiere de una determinación espiritual firme y valiente, que no se amilane, ni se amedrente, ni se calle por el desinterés y el rechazo seco y poco amable.

Testificar de Jesucristo en España (y en todo lugar) requiere indispensablemente de la presencia y del poder del Espíritu Santo. No se puede testificar valiente, clara y ordenadamente de la obra de Jesucristo a nadie sin el empoderamiento del Espíritu Santo.

Los inconversos, desde la perspectiva bíblica, están cegados por el diablo. 2 Corintios 4:3-4 es muy claro respecto a la ceguera en que se encuentran los no seguidores de Jesucristo. Este es un hecho empírico indubitable y todo evangelizador bíblico lo sabe y es por eso que depende y necesita de Dios al evangelizar.

En este mi tercer viaje a España estoy experimentando lo que viven los cristianos al anunciar a Jesucristo a la gente que está en este país, tanto españoles como de otras partes del mundo. (Hay ciudadanos de todos los continentes del mundo en este país).

Nos encontramos con ateos que claramente nos dijeron: “He estudiado mucho y soy ateo. No necesito tu mensaje.” Estas personas no nos dieron ni una chance de hablarles. Nos “silenciaron” con sus palabras. Nos miraron con menosprecio y se fueron rápidamente. (Por cierto, hay otros ateos más amables, que respetan la religión y que escuchan, pero sin creer lo que se le dice).

También encontramos a musulmanes, cuya declaración fue: “Nosotros queremos mucho a Jesucristo. Lo vemos con un profeta más, pero inferior a Mahoma. Habla con los otros, porque nosotros sí creemos en Dios (Alá).” Los musulmanes, aunque desde otra perspectiva, también nos miraron por sobre el hombro y nos despidieron de su lado.

También encontramos gente de África (no recuerdo el país) que, en general, tenía información confusa sobre Jesús, María y la Biblia. En este caso, nos fue muy difícil entablar una conversación coherente con ellas. Su confusión lo hizo imposible. Fuimos nosotros los que tuvimos que alejarnos.

Por último, nos encontramos con ciudadanos hispanos, lo cuales tienen un trasfondo cercano al Dios de la Biblia y a Jesucristo Su Hijo, pero que todavía no lo aceptan ni lo siguen como su Señor y Salvador. Este tipo de ciudadanos sí son más receptivos. Ellos nos animaron con su aprecio por escucharnos.

El mandato de evangelizar a toda criatura y el de hacer discípulos a todas las naciones no se dio en un contexto favorable en el Nuevo Testamento, sino todo lo contrario. Los judíos y sus principales líderes se oponían abiertamente a Jesucristo y a sus seguidores. Ellos no estaban esperando a los discípulos para escucharles con agrado.

En las ciudades griegas, como Atenas, los ciudadanos tenían interés en todo, excepto en el evangelio de Jesucristo, que les parecía una locura y al que veían con burla y abierto menosprecio.

El contexto de oposición e indiferencia al mensaje del evangelio no ha cambiado. En España esta indiferencia al evangelio de Cristo es bastante más manifiesta. Mis hermanos en Cristo y yo la hemos visto y sufrido al salir a evangelizar. Los cristianos que viven y sirven a Dios en este país ven esta indiferencia silenciadora todos los días y en casi todos los lugares en donde se desenvuelven.

Tengo, incluso, un testimonio que me ha impactado tremendamente.

Una compatriota mía, que cuida ancianos, no “puede” siquiera orar con los ancianos aunque estén muy necesitados. Ella cuidaba a una anciana y oraba por ella al acostarla. La anciana sonreía al momento de las oraciones. Mi compatriota, por tanto, pensaba que la anciana estaba complacida por las oraciones. Pero no era así, porque ya no la volvieron a llamar para cuidarla. La razón que le dieron fue esta: “Es obvio que tú no puedes trabajar sin ser religiosa.”

Hasta se puede perder el trabajo por testificar de Dios y de Cristo. Este testimonio es una evidencia.

El diablo quiere silenciar a los cristianos.

Hablar de Cristo en un contexto así es desalentador.

Dios, sin embargo, está bendiciendo el trabajo evangelizador de los discípulos de Jesucristo en este país. Existen iglesias evangélicas que están creciendo. Siempre hay conversiones y bautismos. Gracias a Dios que es así.

Es mi tercera visita a este país y veo mucho más hijos de Dios en las iglesias que conozco. Dios está salvando gente y añadiéndola a su iglesia a pesar de la indiferencia expuesta.

Comparto este testimonio para que los hijos de Dios que estamos en otros países, donde hay mucha más receptividad, y más congregaciones de discípulos, oremos intensamente por nuestros hermanos que testifican, evangelizan y hacen discípulos en España.

Nuestros hermanos necesitan nuestra intercesión y nosotros debemos dársela. Pidamos a Dios que Su Espíritu Santo los empodere con denuedo y valentía para testificar de Jesús a toda persona que vive en este país. Roguemos por los hijos de Dios para que su ánimo y su fervor por testificar de Jesucristo no desmaye por la indiferencia, sino que se acreciente y se haga más entusiasta. Amén.

¡Creamos, sigamos e imitemos a Jesús, el Maestro de maestros!

El 6 de junio es el día del Maestro en Perú. Es un día feriado, y este año, al caer domingo, se usará como feriado el día lunes 7 de junio. El día del Maestro fue instituido en homenaje a la Primera Escuela Normal de Varones que fundó el General San Martín en 1822. El feriado es para todos los maestros de mi país.

Hay homenajes, agasajos y regalos para los maestros en la totalidad de las escuelas en toda esta semana. No quiero quedarme atrás. También quiero homenajear (y lo honro por su labor) a los maestros, a todos, pero en especial, Al Maestro de maestros, a Jesús de Nazaret, Dios hecho Hombre.

Jesús nazareno es el Maestro por antonomasia. Su vida, su obra y sus enseñanzas han instruido, instruyen e instruirán a los hombres a lo largo de toda su existencia en este mundo.

Ningún ser humano puede ni debe pasar desapercibido al Maestro. De lo que hacemos con lo que aprendemos y sabemos de Jesucristo depende nuestra vida en este mundo y también en la eternidad. Si creemos, seguimos e imitamos al Maestro de maestros, estamos con Dios y lo disfrutamos; sino lo hacemos, estamos sin Dios, huérfanos y sin esperanza ya ahora y por la eternidad.  

A Jesucristo le llamaban Rabí (Juan 1:38). En el trasfondo judío esta palabra significa: “Mi Maestro” o “El Grande”. Rabí es la expresión respetuosa, reverencial y honorífica con las que los judíos trataban a los maestros de la ley de Dios, como lo era Esdras (Esdras 7:6, 10-12, 21, 25-26). Jesucristo lo era y sus testigos, los apóstoles, lo testifican.

A Jesús también se le llamaba Maestro, que en el idioma griego quiere decir “instructor o enseñador”. Esta palabra no solo hacía referencia a su labor de maestro y a sus enseñanzas, sino también a la autoridad que era propia de todo buen maestro. (Mateo 8:19; 19:16; 26:18).

Las enseñanzas de Jesús y el sentido espiritual y desafiante con la que interpretaba la ley de Dios impresionaba y dejaba estupefactos a sus oyentes. Él claramente le daba el sentido olvidado a la ley y se encargaba de que todos sus oyentes lo notasen (Mateo 5:17-48). Ellos nunca habían oído enseñar y hablar como hablaba Jesús y así lo reconocían con emoción respetuosa (Juan 7:46). Los que lo oían pensaban, por tanto, que él había venido de parte de Dios (Juan 3:2). Son muchas las personas que escucharon a Jesucristo que se maravillaron y asombraron por la autoridad de sus enseñanzas y de su modo de impartirlas (Mateo 7:28-29).

La inteligencia y la sabiduría con la que Maestro de maestros respondía las preguntas amañadas de sus oponentes maravillaba a los testigos y avergonzaba a sus enemigos. No había trampa que pudiese con él. No había pregunta que lo confundiese. Todas sus respuestas revelaban la maldad de sus adversario y la ignorancia espiritual voluntaria en la que estaban envueltos. Fueron varias las ocasiones en las que los dejó sin absolutamente nada que decir (Mateo 22:15-22, 23-33; 34-46).

El traidor usado por el diablo para entregarlo a su muerte vicaria por los pecadores lo entregó con un beso llamándole “Maestro, Maestro” (Mateo 14:45). Que le diablo se introdujo en Judas Iscariote y lo movió en su entrega a los judíos para matarle es un hecho documentado en los evangelios (Lucas 22:3-6; Juan 13:2, 27; 6:70-71; Lucas 22:53). El Maestro, sin embargo, aun en este tan doloroso y frustrante momento nos da su ejemplo a seguir. Su trato al tal traidor infraganti resuena en la historia de la humanidad: “Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lucas 22:48). El Maestro de maestros es nuestro modelo a vivir todo el tiempo y en toda circunstancia, ya justa o injusta.

El Rabino de Dios tiene que ser el principio y el fin de nuestra vida. Nuestros ojos tienen que estar atentos a él para saber siempre que hacer. Su ejemplo y su obediencia a Dios y a su palabra y todas sus acciones hicieron volver a la humanidad a Dios y él mismo es el camino para vivir con Dios desde ahora y por toda la eternidad (Hebreos 10:5-10). El amor a Dios y a la humanidad expresados en obediencia suprema a Dios nuestro Creador y Redentor es el sendero que Jesucristo nos dejó y el que todos nosotros tenemos que andar.

El día del Maestro en Perú y en todas las naciones de este mundo no debe conmemorarse ni celebrarse obviando y olvidando a Jesucristo. Todos los maestros deben acordarse de él para encontrar estímulo, sabiduría y desafío al cumplir su tan trascendental labor. El Maestro de maestros también tiene que ser conmemorado y homenajeado todo día del Maestro.

¡Muchas gracias te damos Dios nuestro por darnos a Jesucristo tu Hijo, el Maestro de maestros! ¡Ayúdanos a creer en él y a seguirlo todos los días de nuestras vidas! ¡Qué su ejemplo de obediencia por amor a ti y a la humanidad sean el combustible que nos hace vivir para ti y para otros al estar en esta tierra! Amén y amén.

Fotos: Aniversario 29 de la Institución Educativa Particular Betel, Paita, Perú.

¡Agradar y complacer a Dios no es tan complicado!

A Dios se le puede agradar y satisfacer fácilmente.

Complacer a nuestro Creador y Redentor no es tan complicado.

La voluntad de Dios, lo que él quiere, está expresada con claridad en su palabra escrita. Y ahora, con Jesucristo Su Hijo, El Espíritu Santo en nosotros y Su Palabra escrita, la Biblia, sus demandas nos son asequibles y ligeras.

Complacer, agradar y contentar a Dios, según Miqueas 6:8, no es tan complicado ni tan engorroso. Dios no nos pide demasiadas cosas ni nada que nos sea imposible de realizar. Sus deseos y sus mandatos, que no son muchos ni tan complejos, están al alcance de nuestra voluntad.

Dios no quiere grandes sacrificios ni nos hace peticiones que nos sean gravosas e imposibles de ejecutar (Miqueas 6:6-7).

No nos pide todos nuestros bienes ni nuestros productos, ya pocos o ya muchos.

No nos pide ahora que sacrifiquemos nuestros animales para que esté contento con nosotros.

No está interesado en que le entreguemos a nuestros hijos en holocausto por causa de nuestros pecados.

¡A Dios no lo compramos con lo más preciado que poseamos! Arrancarle aprobación a Dios no es tan intrincado. La complicación siempre ha estado, está y estará en nosotros pecadores; nunca en él. Él no pide mucho de nosotros.

Dios sabe que nosotros complicamos lo que es sencillo y por eso que se esmera en facilitarnos las cosas.

Dios, por tanto, ha declarado lo que es bueno y sus demandas a nosotros están clarísimas. Agradarle, en consecuencia, sí es posible. Mucho más si es que nosotros creemos y seguimos a Jesucristo Su Hijo y tenemos en nuestro ser Su Espíritu, El Espíritu Santo.

Miqueas 6:8 es un texto clave y sencillo para demostrar que Dios no nos pide demasiadas ni tampoco cosas imposibles. Obviamente, lo único que Dios quiere de nosotros es lo bueno y eso lo ha declarado clara y contundentemente.

El texto de Miqueas nos presenta tres acciones nobles a realizar para agradar a Dios. Dos de la acciones están relacionadas con nuestro prójimo, con la gente que nos rodea y con la gente con la que nos relacionamos. La tercera acción está relacionada exclusivamente para con Dios.

Tanto las demandas relacionadas con los seres humanos como la relacionada con Dios están íntimamente relacionadas y son interdependientes entre sí. Ante Dios, no hay la una sin las otras, y viceversa.

Veámoslas:

1. Hacer justicia.

Dios quiere que hagamos justicia. Hacer justicia es lo mismo que hacer lo bueno, lo justo, lo recto, lo honesto a todos las personas que nos rodean. Nuestra conducta y nuestras obras para con nuestro prójimo y nuestros semejantes tienen que ser dignas y apropiadas.

Dios quiere que nosotros seamos justos en nuestra manera de ser y que esa nuestra justicia sea visible en nuestras buenas obras, que él ha preparado para que nosotros los cristianos andemos en ella. Nosotros no debemos ser conocidos por obrar con injusticia, sino por hacer obras buenas y justas.

2. Amar misericordia.

Dios espera de nosotros bondad, gracia y buena voluntad para con quienes nos rodean. Nosotros no estamos llamados ni a desear ni a hacer mal a nadie.

Nosotros nos compadecemos por los sufrimientos y los males que le acontecen a nuestro prójimo. Ese nuestro “amar misericordia” nos impulsa a socorrer y a levantar al caído.

Darle apoyo, consuelo y soporte concreto a los desvalidos y a los atribulados es esencial para agradar a Dios. Nosotros tenemos que ser buenos y bondadosos.

Nosotros estamos aquí para mostrarle a nuestros semejantes que Dios es bueno. Quienes nos rodean tienen que ver la bondad de Dios en nosotros y en la forma en que nosotros tratamos a quienes se relacionan con nosotros.

3. Humillarnos ante Dios.

Dios quiere que vivamos humillados ante él. Y claro que sí tenemos que vivir constantemente humillados y reverentes ante nuestro Dios.

Él es tan gran grande, tan bueno, tan maravilloso y tan todo, que … solamente la postración humilde y agradecida ante Dios en Jesucristo Su Hijo es la manera correcta de vivir.

Conducirnos y obrar sumisos, rendidos, reverentes y obedientes a Dios siempre es la manera correcta y adecuada de cautivarle y agradarle. Alegremos el corazón de nuestro Hacedor viviendo humillados ante él de corazón, hijos de Dios.

Las tres demandas de Dios son diáfanas, transparentes, claramente visibles.

Propongámonos darle alegría a Dios haciendo lo que él nos pide.

Hagámoslo de todo corazón.

Es justo y correcto que lo hagamos sincera y genuinamente.

Es coherente, racional e inteligente hacer lo que Dios pide.

Todos los seres humanos tenemos que vivir agradando a Dios y los cristianos muchísimo más.

Dios nos ha salvado por medio de Jesucristo Su Hijo y nos ha dado su Espíritu Santo para motivarnos y movernos hacia amarle y deleitarle.

¡Hagámosle el bien a nuestros semejantes y cumplamos así la petición que Dios nos hace!

¡Nunca permitamos que nuestro alma se eleve soberbiamente ni delante de los hombres y muchísimo menos delante Dios!

¡Reconozcamos la grandeza y la inmensidad de Dios y obedezcámosle y sirvámosle humildemente ahora y por la eternidad! Amén y amén.

 

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¡La prioridad de Dios es la salvación de todos los seres humanos, no su condenación!

El calvinismo es una mala sistematización de la doctrina bíblica. No solamente es mala, sino también la más peligrosa y dañina. La razón es sencilla: El calvinismo “tiene” como bandera la soberanía y gloria de Dios, y la apariencia de ser “rigurosamente bíblico”.

Pero, tristemente, no lo es. Aunque, desde los calvinistas piensan que sí.

El calvinismo distorsiona el carácter de Dios y pasa por alto la enseñanza general y evidente de la Escritura.

En este escrito voy a usar a la doctrina de la salvación de la humanidad como ejemplo de lo que afirmo. Los calvinistas enseñan que Dios tiene ya decidido de antemano la salvación de unos y la condenación de otros.

La Biblia es clarísima, sin embargo, en que lo que Dios más quiere de los seres humanos es su salvación. La evidencia de tal realidad son estos cuatro hechos:

  1. Dios le tiene paciencia a la humanidad y la soporta y busca su salvación. (Hechos 17:29-31).
  2. Dios ama a la humanidad y envío a Jesucristo, Dios Hijo, para salvarla de su condenación. (Juan 3:13-21).
  3. Dios sacrificó y ajustició a Jesucristo en reemplazo de los pecadores. (Romanos 5:6-8).
  4. Dios envío al Espíritu Santo y a la iglesia de Cristo a este mundo para predicar y anunciar el evangelio de salvación en Cristo a toda criatura a fin de que sean salvos por medio de creer en él y seguirle. (Hechos 1:8; 5:29-32).

Estos hechos son innegables y están absolutamente clarísimos en la Escritura, básicamente; y también en la historia de la humanidad.

La Biblia, asimismo, es diáfana en que Dios no quiere la muerte del impío ni su condenación. El fuego eterno de condenación, incluso, no fue preparado para los seres humanos, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo 26:41).

Hay varios textos que afirman la inalterable verdad divina de que Dios no quiere condenar al pecador.

He aquí algunos de ellos:

  1. “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos, ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).
  2. “Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17).
  3. “Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lucas 9:55-56).
  4. “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Estas dos verdades complementarias son inconmovibles. Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Esa es su prioridad. Dios no quiere condenar a los seres humanos. Esa no es su principal motivación. Los textos bíblicos son claros e irrefutables. No se puede quebrantar la palabra de Dios ocultando o negando lo brillantemente escrito.

El calvinismo enseña en última instancia, sin embargo, tanto el moderado como el más extremo, en una u otra manera, esta idea que es opuesta a lo que la Biblia dice sobre la salvación de la humanidad: Dios tiene desde antes de la fundación del mundo un grupo de seres humanos a los que no quiere ni va a salvar, sino condenar y que no hay nada ni nadie que lo pueda evitar, pues esa su condenación está establecida por su soberano decreto.

No juzgo la condición espiritual de mis hermanos en Cristo que son calvinistas. Si han creído en Cristo y lo siguen son salvos, sus pecados han sido perdonados y tienen vida eterna. Jesucristo verdaderamente los ha salvado. La salvación siempre es gracias a la obra de salvación que Dios ha realizado por medio de Su Hijo.

La salvación tampoco depende de que tengamos el cien por cierto de la verdad de Dios que, por cierto, nos es imposible en este pasajero e imperfecto mundo. Gracias a Dios que es así, sino ningún ser humano podría ser salvo.

El calvinismo no representa fielmente la enseñanza de la Biblia. La desvirtúa, la quebranta, la altera y la estropea.

La Biblia enseña claramente que Dios quiere salvar a todos los seres humanos. Eso es lo que él busca y es por eso que envío a Jesucristo Su Hijo a esta tierra. La condenación de los seres humanos (de todos o de un gran sector de ellos) no es el plan original ni la prioridad de Dios.

Eso no significa, desde luego, que Dios no haya castigado, que no esté castigando, ni que no castigará a los seres humanos por sus pecados. No es así. Dios sí hace justicia y castiga a los pecadores. Aun cuando hacerlo no es su prioridad ni lo que quiere.

Reitero, la enseñanza bíblica es  esta: Dios ama a la humanidad y es por eso que obra por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo y la predicación del evangelio su salvación, no su condenación.

El Calvinismo va en contra de esta verdad que está plasmada en la Biblia, en la historia de la humanidad y en la eternidad. Es doloroso que así sea. Pero no se puede dejar de denunciar a tan peligroso y contraproducente movimiento doctrinal .

El Calvinismo va en contra de lo que la Biblia dice sobre Dios y su salvación para todos los hombres a través de Jesucristo Su Hijo. Esa su enseñanza no es fiel a la Escritura aunque sus principales propulsores digan que sí.

Termino.

El calvinismo olvida que lo que a Dios más le alegra y regocija es el arrepentimiento y la salvación de un pecador. Dios sí está contengo con sus quienes ya son salvos. Él sí se deleita con quienes ya se han arrepentido y creído. Empero, su gozo es muchísimo mayor al ver la salvación de un pecador que se arrepiente.

¡Dejemos el Calvinismo y ocupémonos en darle alegría a Dios predicando y testificando su salvación en Jesucristo para que los pecadores se arrepientan y sean salvos! Amén.

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (San Lucas 15:7).

“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (San Lucas 15:10).

¡Admiremos y alabemos a Dios por su interés especial por los seres humanos!

Nuestra sentidos siempre tienen que estar alertas para experimentar a Dios en sus obras; para maravillarnos, alabarle, adorarle, temerle y glorificarle.

La obra más impresionante y por la que Dios gana todo nuestro ser y todo lo que tenemos, desde luego, es su obra se salvación de nuestros pecados y de nuestra condenación por medio de Jesucristo Su Hijo. No hay obra más persuasiva, seductora y convincente que esa para nosotros que creemos y seguimos a Jesucristo desde que lo conocimos por medio de su evangelio.

Pero todas las demás, como la creación, el cuidado providencial del universo y, en especial, su enfoque en el bienestar de nosotros los seres humanos, son sorprendente e impresionantemente admirables. ¡Todos nosotros, sin excepción, somos objeto del amor de Dios y todo lo que hace a nuestro favor desde que existimos es la evidencia ineludible de ello!

El salmista estaba impresionado por cómo Dios se interesaba y privilegiada al ser humano. Dios tiene a los ángeles y al universo entero, que son mucho más hermosos, inmensos y superiores, pero le presta atención y distingue al ser humano, que es infinitamente pequeño y, tengo que escribirlo, el que más problemas y dolor y decepción le causa.

La perplejidad del salmista es también la mía.

Mi asombro y mi admiración por cómo Dios nos trata a nosotros los seres humanos afloró mientras estaba en el vuelo de la fotografía en el que he colocado el texto del Salmo 8:3-4. Desde el avión pude contemplar la inmensidad y la belleza silenciosa de los cielos y el resplandor saludable y memorable del sol que estaba en su ocaso.

Nosotros los seres humanos no tenemos excusa ante Dios.

No amarle, no obedecerle y no servirle no es una buena decisión. No alabarle, no adorarle, no temerle y no creerle ante tanta evidencia y grandeza nos pasará factura cuando nos presentemos y nos paremos ante él al terminar el mundo presente. ¿Qué le podremos decir que nos disculpe y nos justifique si es que no le hemos buscado ni agradado por medio de Jesucristo Su Hijo mientras estuvimos en esta tierra?

No hay nada, absolutamente nada que podamos argüir en nuestra defensa.

Solo el silencio terrorífico y avergonzado nos acompañará en ese supremo y temible instante.

Tal enmudecimiento convicto y culpable será mucho más atroz y sobrecogedor si es que hemos oído de Jesucristo y su salvación y lo hemos rechazado por el motivo que sea mientras Dios nos dio vida.

Pero no tiene que ser así.

Dios tiene amor e interés en cada uno de nosotros.

Dios nos buscó, nos busca y nos sigue buscando cada día y estar vivos es la evidencia concreta.

Dios dio a Jesucristo y lo sacrificó en la cruz del Calvario para que nosotros seamos salvos. Nosotros no podíamos obrar esa bendita salvación. Dios por amor sacrificó a Su Hijo en nuestro lugar (Romanos 5:6-8). La salvación nuestra está cerca, muy cerca de nosotros.

Ahora es el tiempo de creer y de seguir a Jesucristo. ¡Hagámoslo! ¡No demoremos más!

Nosotros los seres humanos somos privilegiados y distinguidos por Dios.

Solamente tenemos que tener los ojos abiertos por la fe para mirar a nuestro alrededor y verlo.

De tanta belleza y grandeza que Dios ha creado y tiene para cuidar, contemplar y deleitarse; nos prefiere a nosotros, y nos ama, busca, cuida y atiende diligentemente. Nosotros le importamos y mucho. ¡Qué bendecidos y aventajados que somos los seres humanos!

¡Creamos, obedezcamos, sirvamos, alabemos, … y glorifiquemos a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo todos los días de nuestra vida!

¡Este universo temporal que ya pronto será transformado en el universo eterno en el que moraremos con Dios por siempre tiene que ser testigo de nuestra fe y de nuestro amor a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo! Amén.

 

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¡ Cuidado con la nueva Nehustan, Cristianos! – Las tradiciones humanas no son la palabra de Dios.

La perdición de los seres humanos es resultado de hacer lo contrario a lo que Dios dice, manda y enseña en su palabra.

Quebrantar la voluntad de Dios al ir contra ella es el origen de todos los males que aquejan a la humanidad.

Vivir y seguir otra palabra, excepto la palabra de Dios es un error craso y garrafal.

La voluntad de Dios está transparentemente expresada en la Biblia, que es su revelación y que ha sido comunicada por él en forma oral, al principio; en forma escrita, luego; y en forma encarnada en Jesucristo Su Hijo, al final. Hebreos 1:1-3 sentencia esto claramente:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyo heredero, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder; habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, …”

El diablo, que es el enemigo de Dios y de los hombres, que no crea nada y que no tiene nada propio de sí, excepto el mal, es el primer tergiverzador de la palabra de Dios por antonomasia (Génesis 3:1-5).

El éxito del diablo al distorsionar y oscurecer el claro sentido y propósito de la voluntad de Dios expresada en su palabra hizo que Adán y Eva incurriesen en desobediencia y acarreasen maldición y perdición a toda la humanidad (Génesis 3:6-24)..

La deformación de la palabra de Dios que inició el diablo (Génesis 3:1-5) se expresa hoy en toda tradición humana que -quita, cubre y añade- y que es puesta por encima de lo que Dios ha dicho clara y contundemente en las Sagradas Escrituras, el Antiguo y Nuevo Testamento, que es la Biblia.

Lo terrible de la tradición humana es que quienes la originan, y la escriben y la enseñan, la presentan como si “fuese” la palabra de Dios y así, con intención o sin intención, o con buena o con mala voluntad, socaban la autoridad de la verdadera palabra de Dios, desmereciéndola y reemplazándola por ella.

Las tradiciones humanas perversas, que son una tergiverzación y una deformación de lo que Dios dice, y que usurpan y asumen el lugar de la palabra de Dios en la vida de los seres humanos, han producido religiones falsas y todo sistema religioso que contradice lo que Dios ha revelado en la Biblia.

Jesucristo denunció a los judíos por el horrible pecado de vivir sus vidas en función de “mandamientos de hombres” (las tradiciones humanas). Él fue clarísimo y su dura reprensión a ellos es la evidencia:

“Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” (Mateo 15:7-9).

El judaísmo de la época del Nuevo Testamento no hizo caso a Dios y no reconoció ni a Juan el Bautista ni a Jesús, que fueron enviados a ellos por él para su bien, porque estaban “enceguecidos” por sus “mandamientos de hombres”, que eran las tradiciones de sus maestros, las cuales poquito a poquito habían ocupado el lugar de la palabra de Dios.

El proceso paulatino de reemplazar la autoridad de Dios expresada en su palabra escrita por la autoridad del hombre expresada en “los mandamiento de hombres”, la tradición humana, ocurrió y ocurre aún hoy, y es un hecho verificable. Ni el liderazgo judío ni gran parte del pueblo judío de la época de Jesús fue consciente de que ya no vivían en función de las Sagradas Escrituras.

Las tradiciones humanas que ocupan el lugar de la palabra de Dios y usurpan su autoridad en la vida de los hombres son un gran mal y un instrumento de condenación en el mundo en todos los tiempos.

La tradición humana, aun la más “bíblica” posible y hasta la muy bien intencionada, cuando se le otorga la autoridad de palabra de Dios, es un instrumento del diablo para mantener a la humanidad alejada de Dios y que aleja, distrae, desgasta, divide y confunde a los hijos de Dios y a la iglesia de Cristo para que no se ocupen de Dios y de la misión que Jesucristo ha encomendado.

La historia bíblica y la historia de la humanidad testifican lo dañino y lo nocivo que es la tradición humana que reemplaza la palabra de Dios:

Por la tradición humana el judaísmo del Nuevo Testamento rechazó y crucificó a Jesucristo, y persiguió y se opuso violenta y mortalmente, asimismo, a los discípulos y a la Iglesia que él edificó.

Por la tradición humana el Catolicismo Romano se alejó de la enseñanza de Jesucristo y de los apóstoles y aumentó poquito a poquito doctrinas opuestas a lo que ellos enseñaron, tales como: la sucesión papal, el célibato, la salvación por cumplir sacramentos, el marianismo co-rredentor y co-mediador, la ambición política y su matrimonio con el poder político, etc.

Por la tradición humana el protestantismo no volvió totalmente a la Biblia luego de la Reforma del siglo XVI (31 de octubre 1517) sino que se mantuvo con tradiciones propias de la Iglesia Católica Romana, a saber: El bautismo de infantes, el ritualismo católico, la unión con el poder político y la persecusión violenta de los disidentes.

La tradición humana es peligrosa porque surge, al principio, como una explicación y una aplicación de la palabra de Dios a un asunto específico en un determinado momento histórico, pero después, con el tiempo, al usurpar el texto y la doctrina que intentó explicar y aplicar, se constituye en un estorbo para el crecimiento de los hijos de Dios y para el cumplimiento de la misión que tienen que cumplir.

Quienes creemos en Dios y creemos en Jesucristo Su Hijo, quien es Dios hecho Hombre, tenemos que anclar, fundamentar, alimentar y sustentar toda nuestra fe y toda nuestra vida y toda nuestra misión en la palabra escrita de Dios, que es la Biblia, la única escritura inspirada por Dios.

Nosotros, quienes seguimos a Cristo en esta época, tenemos mayor luz que nuestros antepasados en el Señor Jesucristo y no estamos obligados a sustentar nuestra fe en la tradición de los hombres o los mandamientos humanos, por más útiles y buenos que hayan sido en el contexto histórico en que fueron expresados.

Nosotros tenemos las Sagradas Escrituras completas y ya definidas en la Biblia y siempre podemos y debemos dirigirnos a ellas como fuente de autoridad para estar así siempre en la verdad y no desviarnos ni a diestra ni a siniestra.

Nosotros tenemos que vivir nuestra fe como lo hicieron nuestros antecesores primigenios. Nuestra referencia normativa para vivir a Cristo son nuestros hermanos del primer siglo, que fueron los primeros en seguirle en medio de la persecución religiosa política de su época.

La historia inspirada de la Iglesia y del Cristianismo original se encuentra en el Nuevo Testamento y hasta él tenemos que remontarnos cuando necesitamos un punto de referencia inquebrantable.

Voy a terminar esta nota, en la que me he explayado más de lo que quería.

Ninguna doctrina que no esté clara y consistentemente explicada y sustentada en la Biblia debe ser creída y seguida por los hijos de Dios y las iglesias de nuestro Señor Jesucristo.

Ninguna tradición que vaya en contra de lo que está claramente escrito en la Biblia por más razonable y lógica que sea debe ser aceptada y enseñada por quienes siguen a Jesucristo.

Ninguna tradición humana es el fundamento de los discípulos y de la iglesia de Jesucristo. No lo es ninguna tradición judía, ni aun el Antiguo Testamento “solo”. Tampoco lo es ninguna tradición católica, ya oriental u occidental. Tampoco tenemos que basar nuestra fe en a tradición reformada, ya sea luterana, o anglicana, o calvinista o de iglesias independientes.

Toda tradición humana a la que la iglesia, por la enseñanza de sus maestros y predicadores, equipara, sustituye o coloca por encima de la palabra escrita de Dios, “es” Nehustán y “tiene que ser” despedazada (2 Reyes 18:4; Números 21:9).

Los discípulos de Cristo y la iglesia que él edifica solamente se para y se sostiene en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra de Dios, interpretada Jesus-céntricamente. Pablo expresa esta realidad en esta declaración:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:19-22).

Si en algo tenemos que estar de acuerdo todos los cristianos y todas las iglesias de Cristo con las tradiciones cristianas que se han originado y que se originarán hasta que Dios nos recoja, es en esto:

“Solamente la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, la palabra escrita de Dios, es nuestra fuente de autoridad, para todo lo que creemos y vivimos. Amén.”