Jesucristo arrebatará a Su Iglesia hasta las nubes y se reunirá con ella para siempre.

Los cristianos creemos, seguimos, amamos, obedecemos y esperamos a Jesucristo. Él, que murió por nuestros pecados y que resucitó para nuestra justificación, fue a los cielos y volverá por nosotros, para que vivamos con él para siempre.

Jesús cumple lo que promete. Su venida, en consecuencia, es un hecho ciertísimo e indubitable. Tenemos que estar expectantes y preparados para reunirnos con él.

Jesús vendrá por Su Iglesia, Su Cuerpo, Su Congregación, que es la suma de todas las personas de este mundo que han creído, que creen y que creerán en él hasta esa Su Venida.

La venida de Jesús por Su Iglesia está detallada en el párrafo de 1 Tesalonicenses 4:13-18.

Lo primero que tenemos que resaltar es que Jesús viene hasta nosotros con los que murieron creyendo y siguiéndole (Porque ellos ya están espiritualmente con él. 2 Corintios 5:8. Filipenses 1:23). Obviamente, al venir con Jesús, los que murieron vienen en espíritu (4:14), ya que sus cuerpos están en la tierra, en donde fueron sepultados.

Lo segundo a observar es el hecho de que Jesús resucitará los cuerpos de los discípulos que murieron creyendo y que están viniendo con él en espíritu (4:15-16). Esa bendita resurrección unirá el cuerpo y el espíritu de los muertos en Cristo en una condición eterna e incorruptible. Luego, y gracias a ese hecho portentoso, los redimidos resucitados se reunirán con Jesús en las nubes, en el aire.

Lo tercero a destacar es lo que hará Jesús con todos los creyentes que estén vivos cuando venga por Su Iglesia. El texto afirma que todos los creyentes vivos serán arrebatados (llevados, subidos) juntamente con los creyentes resucitados para recibir al Señor en el aire. Este arrebatamiento ocurrirá rápido, muy rápido. Todos los hechos transformadores sucederán en “un momento”, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). ¡Esa experiencia grandiosa y poderosa nos maravillará y asombrará tremendamente!

Lo último a anotar respecto al acto bendito y bienaventurado de la venida de Jesucristo por Su Iglesia es el lugar de la reunión y el propósito de la misma. El lugar de reunión es “las nubes”, “el aire” (eso significa e implica la atmósfera, la atmósfera de nuestra tierra y nuestros cielos). El propósito está declarado en este afirmación: “… y así estaremos siempre con el Señor” (4:17).

Los cristianos tenemos esta esperanza bendita y nos gozamos y vivimos por ella. Somos transeúntes en esta tierra. Nuestra vida definitiva, eterna y plena se hará realidad junto a Cristo en Su Venida.

“Alentémonos los unos a los otros” con esta ciertísima enseñanza de nuestro Señor (4:18). ¡Hagámoslo cada día, hermanos!

Cobremos ánimo y fuerza, y cumplamos nuestra misión como testigos de Cristo y de su salvación eterna a quienes nos rodean y se relacionan con nosotros todos los días de nuestra vida en este mundo.

¡Muchas gracias por darnos esta bendiga esperanza en Jesucristo, Bendito y Bondadoso Dios! Amén.

¡Jesús se fue, pero volverá!

¡Cómo se fue Jesús a los cielos, así  es como él vendrá otra vez!

Los cristianos estamos esperando el retorno de Jesucristo.

Nuestra vida está en sus manos y solamente cuando él venga está nuestra vida será plena y gloriosa.

Nosotros creemos que Jesús es Dios hecho Hombre. Él, quien es Dios Hijo, la segunda persona del Único Dios vivo y verdadero, vino a esta tierra, se encarnó y habitó entre nosotros los seres humanos para que conozcamos y tengamos compañerismo con Dios.

Nosotros conocemos muy bien la historia de la salvación de Dios a través de Jesús, la cual está narrada en los cuatro evangelios. En estos cuatro libros se nos muestra con hechos que Jesús es a quien Dios envió para buscarnos y salvarnos de nuestra condenación y perdición.

La obra cumbre de Jesús fue su muerte por nuestros pecados y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Todo esto en conformidad con las escrituras del Antiguo Testamento, que se cumplieron específicamente en él.

Jesús, una vez resucitado, se dedicó por cuarenta días a enseñar a sus discípulos todo lo concerniente al reino de Dios.

Luego de esto, él ascendió a los cielos y sus discípulos, que estaban con él, lo vieron y son testigos oculares de este su ascenso.

Sus discípulos miraron impresionados el ascenso de Jesús a los cielos. Ellos no dejaron de mirar los cielos aun cuando Jesús ya había sido ocultado de su vista por una  nube.

Fue en esa circunstancias que se les dijo a ellos que Jesús volvería otra vez. Los que dieron el anuncio profético de la venida de Jesucristo fueron dos varones (dos ángeles) que estaban vestidos con vestiduras blancas.

Lucas, el autor del libro de Hechos, testifica este maravilloso acontecimiento: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entretanto él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:10-11).  

¡Cómo se fue, así es como Jesús vendrá otra vez!

Jesús vendrá y tomará a su iglesia para que se reúna con él en los cielos.

Cuando esto ocurra, los cristianos que ya están muertos, serán resucitados; y los cristianos que todavía estén vivos, serán transformados.

Luego, tanto los resucitados como los transformados, serán arrebatados en la nubes para recibir al Señor Jesús en el aire, para estar así siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:13-17).

Los cristianos siempre están esperando a Jesús.

El alma de los hijos de Dios anhela el regreso de su salvador.

Todo discípulo de Jesucristo quiere que él venga y asuma ya su reino totalmente.

Jesús vendrá personalmente a arrebatar a su iglesia. No tengamos ninguna dura de eso. Él dio su vida y compró a cada hijo de Dios con su sangre preciosa, la cual es más valiosa e incorruptible que el oro y la plata. Nosotros le pertenecemos y nos vendrá a llevar a su gloria para estar con él por toda la eternidad.

Nuestra esperanza no está en este mundo.

Nosotros no queremos estar aquí por siempre.

Nuestra ciudadanía está en los cielos y desde allí esperamos a Jesús, nuestro Señor y Salvador, quien nos transformará y nos dará un cuerpo semejante a la gloria suya.

El retorno de Jesucristo desencadenará una serie de acontecimientos gloriosos y magníficos con los que se dará fin a este mundo presente para alumbrar el mundo nuevo, que será grandioso y maravilloso.

Jesús mismo ha dicho que vendrá y tenemos que está seguros y confiados que así será.

Sus últimas palabras en el libro de Apocalipsis 22:20 fueron: “… Ciertamente vengo en breve.”

Jesús siempre cumple su palabra y por eso que la iglesia de Cristo contesta así a esta su promesa: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

¡Animémonos y alentemos unos a otros con esta bendita esperanza del retorno de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, quien pronto viene por nosotros! ¡Sirvámosle y hablemos de Jesús a quienes nos rodean para que crean en él y le sigan y sean salvos! ¡Qué Dios nos ayude a vivir para Cristo entretanto lo esperamos con ansias! Amén.