Los pastores laicos son el gran valor infravalorado humanamente por los pastores, los líderes y las iglesias, pero no por Dios, que los usa grandemente en la conducción y el fortalecimiento del Cuerpo de Cristo en muchísimos lugares de este mundo.
Definición.
Un pastor laico en el contexto peruano es un pastor que no se ha formado teológicamente para cumplir el oficio pastoral o misionero. Este tipo de pastores no ha tenido un llamado subjetivo (un llamado divino, una vocación) al pastorado, y no se ha formado para eso, y tampoco ha determinado vivir de ese trabajo. En consecuencia, la gran mayoría de los pastores laicos no está dedicado por entero a la labor pastoral y tampoco vive de ella. Ellos, mayormente, son hermanos en Cristo, que creen, aman y sirven a Jesucristo en su obra. Es justamente por eso mismo que asumen el reto de pastorear. Su disposición los hace aceptar la responsabilidad de liderar y pastorear la grey de Dios porque entienden que es él quien los llama a hacerlo.
Historia.
Históricamente, la palabra “laico” viene del griego “laos”, que significa pueblo. La palabra se usaba para hacer una distinción entre el pueblo y sus líderes, ya en el área política como religiosa.
Con el tiempo, esa palabra se usó para identificar a los ministros de las Iglesias que fueron nombrados sin haber sido ordenados como aquellos que sí eran ministros de carrera.
En el contexto occidental, la iglesia católica y las iglesias protestantes tienen ministros ordenados de carrera y ministros laicos, que no han tenido esa tipo de ordenación por no haber optado tal carrera ni esa preparación.
Las iglesias independientes (que no tienen nada que ver con el gobierno político ni con una jerarquía religiosa), que se administran a sí mismas, también tienen ministros de carrera y ministros laicos.
Los pastores y misioneros laicos y las iglesias bautistas independientes de Perú.
En el circulo bautista independiente de Perú, que es donde yo me muevo, hay también esos dos tipos de ministros: los de vocación y carrera, y los laicos, que aunque no son de vocación ni carrera, sirven como pastores en un buen numero de congregaciones.
Los pastores de vocación y carrera son pocos, muy pocos. Este tipo de pastores se forman en los seminarios y en los institutos bíblicos, ya de iglesias asociadas o de iglesias individuales. Estos pastores trabajan mayormente en las iglesias de las ciudades, porque son ellas las que normalmente les pueden pagar un salario regular. Estos pastores son atraídos a las ciudades por las ventajas que estas ofrecen a los ciudadanos.
Los pastores laicos, que son una gran mayoría, se encuentran administrando iglesias en los lugares aledaños de la grandes ciudades, y en los pueblos pequeños del campo, tanto de la costa como de la sierra y de la selva del Perú. Estos pastores no viven de pastorear las congregaciones, ellos tienen su propia fuente de ingresos y no dependen de esa labor para el sustento de sus familias. Son lo que se conoce como pastores bi-vocacionales. Son contados con las manos los pastores laicos que reciben ofrendas de las iglesias en las que sirven o de otras iglesias.
La gran contribución espiritual de los pastores y misioneros laicos en la obra de Dios en Perú.
Su contribución es inobjetable y quiero alistarla en forma clara y específica:
1. Liderazgo. Estos pastores cubren una función indispensable. Todo grupo humano necesita liderazgo y las iglesias de nuestro Señor no son la excepción. Los pastores y misioneros laicos encabezan y administran las iglesias. Son ellos los que conducen a la grey de Dios hacia su crecimiento cualitativo y cuantitativo. Sin ellos, las congregaciones no tendrían quien las dirija, administre y represente, y correrían el riesgo de desaparecer de un buen número de localidades.
2. Enseñanza. Su otra contribución clave es la enseñanza y la predicación. Toda congregación requiere de instrucción y son estos pastores quienes suplen tal necesidad.
3. Ejemplo e identificación. Para los hermanos de la congregación, en un sentido, les es mucho más fácil identificarse con un pastor laico. La razón es comprensible, pues cada uno de ellos ve que él vive, trabaja y lucha en la misma manera que lo hacen ellos. En consecuencia, mirarlo como un modelo y ejemplo es muy natural.
4. Confianza y familiaridad. Los pastores laicos son muy bien conocidos por la congregación. La cercanía y la confianza, que son vitales para que los hermanos se acerquen y escuchen y hagan caso a sus pastores, están presentes desde mucho antes de que los pastores laicos lleguen a cubrir esa posición.
5. Ahorro financiero. La mayoría de los pastores laicos no dependen del salario que puede pagarle o no la congregación. De lo que conozco, solo hay un reducido grupo de estos pastores que recibe una ofrenda acorde con lo que sería un salario promedio aceptable en Perú, pero la gran mayoría de ellos no recibe ni siquiera el salario mínimo vital. En consecuencia, las congregaciones pueden invertir sus ingresos en acondicionar su infraestructura y en la extensión de evangelio en otros lugares.
El aporte de los pastores y misioneros laicos es el soporte de la existencia, la estabilidad y la expansión del evangelio de Jesucristo y de Su Iglesia en los pueblos y en las ciudades de todo tamaño a lo largo y ancho de este mundo. Necesitamos reconocer el valor de este mayoritario grupo de siervos de Dios y del trabajo que realizan silenciosa y diligentemente para Dios y para su iglesia en esta tierra.
La honra y la recompensa humana a los pastores y misioneros laicos por parte de las congregaciones bautistas independientes de Perú.
Los siervos de Dios nunca trabajan para Dios en Su Obra en función de salario y de recompensas. El móvil de su servicio y de su trabajo es la gratitud a Dios por su salvación en Cristo Jesús y su amor por Jesucristo, su evangelio y los pecadores necesitados.
El hecho de que los siervos de Dios no trabajen en la extensión del evangelio por dinero y por recompensas no significa que Dios no los retribuya ni que la iglesia no deba recompensarles. La Escritura enseña claramente que Dios sí los estimula con remuneración por medio de las congregaciones de sus hijos. Toda recompensa de Dios a sus siervos, ya laicos o ya profesionales (en buen sentido), le es otorgada por medio de la iglesia, que es la que se beneficia de su servicio.
La Biblia nos instruye con claridad respecto a cómo tenemos que mostrar nuestro aprecio a los siervos de Dios. (Los textos bíblicos que alistaré se aplican tanto a obreros laicos como a los obreros de vocación).
Esto es lo que debemos hacer para cumplir con dar honor a estos valiosos siervos de Dios:
1. Amarlos y valorarlos por el hecho de que trabajan en el ministerio pastoral o misionero (1 Tesalonicenses 5:12-13; 1 Timoteo 5:17-19; 3 Juan 8; Hebreos 13:7.; Colosenses 4:7-11; Filipenses 2:29-30; 1 Corintios 16:11; 1 Corintios 16:17-18).
2. Obedecerlos y ayudarles a cumplir con su trabajo (1 Corintios 16:15-16; Hebreos 13:7; Hebreos 13:17; Hechos 6:1-7; Colosenses 4:11).
3. Darles ofrendas y recompensas financieras en conformidad con la labor que realizan (Aun cuando este tipo de obreros no viven del evangelio). (1 Corintios 9:4-14; Gálatas 6:6; 1 Corintios 16:10; 2 Corintios 11:7-9; 12:13; Filipenses 4:10-20; 1 Timoteo 5:17-18).
4. Comprendámosles y no olvidemos que ellos son humanos imperfectos y pecadores como lo son aún todos y cada uno de los hijos de Dios (Hebreos 4:14-16; Hebreos 5:7-10; 1 Corintios 9:26-27; Gálatas 2:11-14).
5. Cuidemos su gozo y su ánimo al servir a Dios como pastor o misionero (Marcos 3:21, 31-32; 2 Corintios 11:23-29; 2 Timoteo 4:9-18; Hebreos 13:17).
6. Oremos fervientemente por su vida espiritual personal y familiar (Romanos 15:30-33; Efesios 6:18-20; Colosenses 4:3-4; 1 Tesalonicenses 4:25; 2 Tesalonicenses 3:1-5).
Esta manera de expresarle nuestro aprecio a los pastores y misioneros laicos por los que son y por lo que hacen por Dios y por su iglesia no son discutibles. Se tienen que obedecer gozosamente. Todo cristiano y toda iglesia de Dios debe obedecer la palabra de Dios y obrar conforme a ella.
Los encargados, eso sí, de encabezar y promover el aprecio y las recompensas para los pastores y misioneros laicos son los pastores y misioneros que están dedicados al ministerio tiempo completo, y que viven por tanto de la predicación y de la enseñanza del evangelio. Son ellos quienes deben promover el darle el lugar que les corresponde en la obra de Dios a estos siervos de nuestro Señor Jesucristo.
Una cosa más, quiero pedirles a los pastores y misioneros a los que Dios ha bendecido con congregaciones grandes y prósperas (porque están en lugares donde hay muchísima gente), que tengan mucho cuidado cuando Dios los bendice y les da el privilegio de predicarles y enseñarles a estos siervos de Dios en las conferencias o campamentos preparados para ellos. No les prediquen como si ellos fuesen ustedes y ministrasen en lugares como los vuestros. Anímenlos. No los critiquen ni los reprendan insensiblemente. Muchos de ellos tienen congregaciones pequeñas porque están en pueblitos pequeños. Ellos necesitan estímulo, no críticas destructivas ni comentarios desalentadores (He sido testigo de como este tipo de predicadores y maestros maltratan y desaniman a estos valiosos siervos de Dios). Les ruego que no hieran a estos hijos de Dios.
Conclusión.
Quiero terminar esta nota, la cual confieso que se ha extendido más de lo previsto, compartiendo el motivo que me impulsó a escribirla.
Me propuse escribir esta nota luego de pasar un tiempo con el pastor Florentino, quien es agricultor y sirve como pastor en la Iglesia Bautista Jesús mi Salvador de Leandro Campos, Zarumilla, Tumbes. Vi su trabajo y su fruto. Bautizó ocho nuevos discípulos mientras estuve allí.
Dios me dio el privilegio de ser testigo de su obra por medio de Florentino en su iglesia de esa parte de mi país. Fue por eso que pensé en él y los que son como él. Dios me puso a los pastores y misioneros laicos en mi mente durante todo mi retorno a Trujillo, mi ciudad. No paré de pensar en ellos y es por eso que escribí.
Creo que Dios quiere que honre a esos sus siervos con esta mi nota. Este año cumpliré 39 años de servicio a Dios. En todos mis años he interactuado y servido con varios pastores y misioneros laicos.
Recuerdo a Segundo García, a Adislao Córdova, a Jacinto Córdova, Santos García, a Gilberto Peña, a Fernando Peña, Lucio Pinedo, Medardo Chanchari, a Manuel Guevara, Douglas Ferreyra, José Huamán, Luis Gallo, Franklin Armijos, y a muchos otros más. Muchas gracias, hermanos por el trabajo que han realizado y que muchos de ustedes aún realizan para Dios y su iglesia. Dios los bendiga y los recompense por vuestra labor y sacrificio.
Oración: Dios y Padre de Jesucristo, abre nuestros ojos y nuestras bocas y nuestras manos para ver, hablar y dar honor visible y oportuno a tus pastores y misioneros laicos. Ayúdanos a amarlos, a cuidarlos, a valorarlos y a recompensarlos por la labor espiritual que realizan constantemente para ti en tus iglesias mientras están en este mundo. Amén y amén.
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