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¡Dios oye y socorre al desesperado y angustiado que llora!
Dios está e interesado en la humanidad. En especial, él está atento y presto para oír y socorrer al acorralado y al que se ve perdido y sin esperanza. La especialidad de Dios son las causas imposibles. Toda su bondad y poder se ponen acción para darle salida y camino al atrapado.
Ismael tuvo una vida buena y holgada. Era hijo único de un hombre anciano cuya riqueza era considerable. Sus primeros catorce años fueron buenísimos. Él tenía toda la atención de su padre y de su madre, que era la esclava de la esposa de su padre. La vida le sonreía. Él era el heredero único de todas las posesiones de su padre.
Pero, la vida siempre tiene sus peros. Tenemos que aprender a vivir con ellos y a pesar de ellos. Los peros de la vida nos deben fortalecer y hacernos crecer.
La vida de Ismael cambió a partir del nacimiento de Isaac, su hermano. Su hermano Isaac era hijo de su padre y de la esposa de su padre. Ahora, Ismael ya no era hijo único. Además, el amor de su padre se enfocó en Isaac, porque era su hijo en su propia esposa, y porque lo había tenido en su vejez, y porque nació gracias al poder milagroso de Dios.
A Ismael, el cambio de su posición en la casa de su padre, le afectó mucho. Su vida fue trastocada y no supo afrontar la situación. Su frustración fue tan grande, que empezó a burlarse de su hermano pequeño. Esta conducta burlona contra su hermano fue vista por su madrasta, quién pidió a su padre que, tanto él como su madre, fuesen echados del hogar de la familia.
Abraham, su padre, lo amaba, no tanto como a su hermano menor, pero lo amaba y se resistía a echar de su hogar a Ismael y a su madre. Tuvo que intervenir Dios para que su padre obedeciese a su esposa y echase así a Ismael y a su madre de su casa.
El pero en la vida de Ismael se hizo mucho más crítico entonces.
Tanto él como su madre se quedaron sin hogar, sin suficientes provisiones para vivir y sin la abundante riqueza de su padre. La descripción de cómo es que fueron despedidos y echados es insensible: “Entonces Abraham (su padre) se levantó muy de mañana, y tomó pan, y odre de agua, y lo dio a Agar (su madre), poniéndolo sobre su hombre, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Berseeba.” (Génesis 21:14).
En este dramático momento, Ismael tenía entre dieciséis y dieciocho años, aproximadamente. Obviamente, todo había sido muy rápido. Él y su madre estaban en shock, y no tenían idea alguna de qué hacer. Caminaron sin rumbo y solos por el desierto. Su confusión y su angustia eran grandes, muy grandes.
La situación de Ismael y de su madre se agravó muchísimo más cuando se les acabó el agua que recibieron. Su madre se dio por vencida y se dispuso a ver morir a su hijo. Ismael, empero, hizo lo que se debe hace cuando no se ve la salida. ¿Qué hizo él? El relato lo explica en esta breve frase: “… el muchacho alzo su voz y lloro.” (Génesis 21:16).
Estaban en un desierto. Normalmente, en los desiertos no hay “nadie” que escuche. Un momento. ¿No hay nadie realmente?
En ninguna manera. Existe alguien que está siempre presente. Su presencia está en todo lugar. En ese desierto inmenso, el llanto de Ismael fue escuchado. Lo escuchó Dios, quien es la única persona que siempre oye. El escritor del Génesis expone este hecho así: “Y oyó Dios la voz del muchacho…” (Génesis 21:17).
Dios no solamente escuchó la voz de Ismael para consolarlo y socorrerlo, sino para bendecirlo y constituirse en su padre proveedor y fortalecedor. Luego de esta experiencia crítica, Ismael se hizo un hombre de bien, que siempre tuvo a Dios a su lado.
¡Dios oye y socorre al desesperado y angustiado que llora!
Los seres humanos somos frágiles y no tenemos nada seguro en este mundo.
Podemos tenerlo todo y perderlo también todo en un instante.
La tragedia, el dolor, el mal, la tristeza, la frustración, la pérdida, están allí … latentes.
En forma personal, podemos perder la salud, un miembro, un órgano, la vida.
En forma familiar, podemos perder a los padres, a hermanos, al cónyuge, a hijos.
Podemos perder el trabajo, el negocio, los clientes, oportunidades, etc.
Y ni que decir de los bienes.
Como Ismael y como Agar, podemos quedarnos sin nada, y andar errantes y sin rumbo, y quedarnos aun sin esperanza ni futuro, derrotados y esperando solamente el momento de morir.
En momentos así todavía podemos hacer algo más. Ismael lo hizo. Él lloró. ¡Nosotros también debemos hacerlo! ¡Llorar es bueno! ¡Dios atiende al que llora!
¡Si lloramos, Dios oirá! ¡Y nos consolará! ¡Y nos dará fuerzas! Y nos abrirá otra vez el camino. Y volveremos a empezar, pero ya no solos, sino con él.
La historia del Ismael, de su lloró, y de cómo Dios obró en él, me ha fortalecido y animado.
Dios siempre, siempre está.
Dios nos ha dado un Salvador, que es Cristo, el Señor. Cuando nosotros creemos y seguimos a Jesucristo, ya no estamos más solos, Dios está con nosotros.
Pasé lo que pase; no nos quedemos postrados. Lloremos ante Dios. Él nos oirá, nos consolará y nos mostrará que todavía hay mucho camino que andar, y mucho que hacer, y mucho porque vivir.
Tu rutina… ¿la gozas alegremente o la sufres amargamente?
Tu rutina…
¿la gozas alegremente
o
la sufres amargamente?
La vida es rutina.
Todo es rutinario.
La rutina es lo acostumbrado, lo habitual, lo usual, lo repetitivo, lo monótono, lo asiduo, lo constante.
La rutina es “la vida” misma o también “la muerte”.
El universo funciona rutinariamente, si no funcionase así, todo sería caos, confusión y desorden. No se podría planificar nada. Todo sería inseguro. No habría estabilidad.
Los seres humanos también funcionamos rutinariamente. Es normal y lógico que así sea, pues, ya hemos visto que el universo mismo se conduce rutinariamente. Nosotros hacemos siempre las mismas cosas. Nuestro vivir está llena de repeticiones.
Nosotros los seres humanos somos los únicos que podemos decidir cómo vivir nuestra rutina. El universo no decide nada. Los cosas inanimadas y las seres vivos no personales como las plantas y los animales tampoco. Solo nosotros los seres humanos decidimos voluntariamente cómo es que vamos a vivir nuestra rutina.
La rutina se puede vivir con gozo, con alegría. Nosotros podemos disfrutar y satisfacernos en todo lo que vivimos repetidamente día tras día. Podemos deleitarnos con todo y con todos en nuestra rutina. Dios nos ha dado el privilegio y el deber de gozarnos (Eclesiastés 5:18).
La rutina también puede vivirse con quejas, con amargura, con resignación y con desesperanza. Nosotros podemos resistir nuestra rutina y frustrarnos con cada cosa que tenemos y que hacemos cada día. Podemos estar enojados contra toda nuestra rutina y también contra todos los que participan de ella.
La rutina puede darte “vida” o puede darte “muerte”, pero no será por ella misma, sino por tu propia responsabilidad, ya que el cómo asumes y vives la rutina y tu propia rutina es tu elección personal. Nadie excepto tú decides personalmente cómo afrontar tu rutina. (Eclesiastés 2:11).
La rutina no va a cambiar.
Ella es así y será siempre así. Imponente. Impasible. Insensible. Su condición es inmutable, excepto una catástrofe, que la cambie, que la mute. Nosotros podemos huir y escapar de nuestra rutina, pero eso no significa que ya no volveremos a tener una; no es ni será así, lo único que ocurrirá es que volveremos a tener otra rutina, es decir, la reemplazaremos por otra.
Siempre tenemos que despertarnos, asearnos, vestirnos, alimentarnos; saludar, trabajar, descansar, dormir, etc.
Siempre hay que relacionarnos con otros. Con nuestros padres, hermanos, cónyuges, suegros, primos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.
El problema nunca es nuestra rutina.
El problema es cómo asumimos la rutina.
Todas nuestras actividades son rutinarias y expresan nuestra estabilidad y seguridad. Debemos gozarnos de esa rutina y de sus beneficios. Y si somos normales, lo disfrutaremos, excepto que estemos presos, esclavos, enfermos, o en tribulación constante.
Pero toda condición rutinaria, por más pesada, dolorosa y sufrida que sea, puede ser asumida con gozo.
Salomón, en su Eclesiastés, analizó lo rutinario de la vida.
Salomón examinó lo trabajoso, lo pesado y lo amargo de la rutina del universo y de la vida humana. En su análisis, él descubrió que quien sufre la rutina de la vida es el hombre (o mujer), pero no cualquier hombre (o mujer), sino el hombre (o mujer) que pierde, que abandona a Dios. El hombre (o mujer) que deja de temer y de honrar a Dios es aquel (o aquella) a quien la rutina frustrará, decepcionará, resentirá y amargará.
Nosotros tenemos que ver a Dios en nuestra rutina. Nosotros tenemos que estar agradecidos a Dios porque tenemos una rutina y podemos vivirla. Nuestra rutina es una bendición de Dios. Nuestra rutina es una expresión de que estamos vivos y de que seguimos vivos.
Cada acto de nuestra rutina tiene que ser optimista y si eres un creyente en Dios por medio de Jesucristo Su Hijo con muchísima mayor razón.
Para nosotros los cristianos Dios está en nuestra rutina. Dios nos ayuda a vivir nuestra rutina. Dios nos perfecciona con y en nuestra rutina. Dios nos usa y se glorifica con y en nuestra rutina. La Biblia es clarísima al respecto.
Cuando nosotros creemos en Jesús y le seguimos tenemos a Dios en nuestra rutina por él es Emanuel y él trae a Dios a nuestras vidas (Mateo 1.22-23). Nuestra rutina, que es nuestra vida, ya no la vivimos solos, nosotros la vivimos con Dios.
Me he extendido con este asunto de la rutina.
Lo que sucede es que he visto que mi rutina la puedo disfrutar o la puedo sufrir.
Yo quiero disfrutar mi rutina.
Me he propuesto gozarme en todo lo que es repetitivo en mi vida.
La rutina la podemos vivir pensando y rumiando en lo malo de todo y en lo malo de todos y amargadnos así la vida. No es saludable vivir así. No vale la pena vivir así. Es dañino para nosotros mismos y también para quienes nos rodean.
Al vivir la rutina hay que pensar en Dios, y en los bueno de todo y de todos. Entonces, nuestros pensamientos serán guardados en paz y tendremos gozo y gratitud constante al vivir nuestra rutina terrestre. ¡Qué Dios nos ayude a vivir gozosos la rutina terrestre hasta que Dios nos lleve a su reino eterno!
¡Qué Dios nos transforme y se glorifique con nuestra rutina de cada día!
Amén y amén.
Los cristianos y su apoyo a políticos y a partidos políticos
¿Cuáles son los valores fundamentales que deben regir el accionar del político y el partido político que deben apoyar los seguidores de Jesucristo?
Los cristianos estamos en este mundo y tenemos una ciudadanía terrenal. Como ciudadanos del país en el que hemos nacido o el país que hemos adoptado, estamos obligados a tomar una postura política respecto a quienes lideran el país.
Nuestra postura puede ser de apoyo, de crítica, de oposición o de indiferencia. Cualquiera que sea nuestra postura política, debe tener sustento. Los cristianos no adoptamos postura alguna a ciegas, en ignorancia y sin poder dar razones para la misma.
La indiferencia, es postura política, y son muchos los ciudadanos que la adoptan, pero no es responsable. La indiferencia política no debe ser una característica de los cristianos.
Nuestra postura política responsable reconoce que, en conformidad con lo que Jesucristo dijo en Juan 19:10-11, quienes gobiernan tienen autoridad para cumplir esa su función.
Esa autoridad les dada “de arriba”, del cielo. Es Dios mismo quien da autoridad a los gobernantes. Romanos 13 reafirma que es Dios mismo quien instituye las autoridades que gobiernan las naciones y este mundo.
Como cristianos, y reconociendo que es Dios quien da autoridad a los gobernantes, y obedeciendo lo que Dios nos ha ordenado en su palabra, oramos por quienes nos gobiernan, les predicamos, y anhelamos la salvación de todos los hombres, entre los cuales también están incluidos los políticos.
Ya que es así y que de todas maneras somos responsables por el destino político del mundo y del país en el que vivimos, y que se nos da la oportunidad de participar en la elección de quienes son los que nos gobiernan, es nuestro deber asumir nuestro rol político con mucha responsabilidad.
En este escrito alistaré algunos valores que deben tener y propugnar aquellos políticos y partidos políticos a quienes los cristianos y toda la gente de bien del Perú debe darle su apoyo responsable.
Vida humana. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que respetar y proteger a todos seres humanos sin excepción desde su concepción hasta su sepultura.
Libertad humana. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que enfatizar y privilegiar la libertad y la responsabilidad de los seres humanos para decidir y actuar en conformidad con su conciencia y sus valores.
Matrimonio y familia. El partido político y los políticos que apoyamos tienen estimular, proteger y crear las condiciones mínimas para que el matrimonio, entre un hombre y una mujer adultos, y la familia, que son las células básicas y fundamentales de la sociedad, se desarrollen, se afirmen y se fortalezcan.
Emprendimiento, trabajo y disfrute. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que estimular y proteger el emprendimiento individual, familiar y asociado para producir, inventar, vender, comprar y disfrutar libremente dentro del Perú y el mundo de todo aquello que los ciudadanos peruanos logren lícitamente.
Igualdad ante la ley. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que fomentar la justicia “justa” y predecible. Por tanto, tienen que fomentar y establecer que todo ser humano es igual ante la ley. Nadie tiene que ser favorecido o perjudicado por ley en función de color, tamaño, pobreza, riqueza, religión, ideología política, etc.
Seguridad y justicia. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que tener la convicción de que el rol de los gobernantes y de las autoridades del país es dar seguridad y justicia a los ciudadanos. Por lo cual, ellos deben cuidar el cumplimiento de la ley, recompensando a los que hacen lo bueno y que contribuyen al bienestar y la prosperidad del país, y castigando a los que hacen el mal y empobrecen a otros. El monopolio de fuerza, que es de quienes gobiernan, tiene que ser usado para castigar a los que hacen mal (Romanos 13:4).
Administración pública pequeña y eficiente. Quienes gobiernan deben enfatizar su función principal: justicia y seguridad. Por lo cual, los policías, los fiscales y los jueces deben ser remunerados y provistos de las herramientas necesarias para cumplir eficientemente su trabajo. La administración debe priorizar su labor esencial. Quienes gobiernan no deben ver a la administración pública como una fuente de trabajo para sus votantes o para obtener más votantes. Quienes gobiernan deben generar con su trabajo un ambiente propicio para que sus ciudadanos trabajen y creen fuentes de trabajo. La administración pública debe sustentarse y funcionar eficientemente con tributación mínima, sin generar endeudamiento, sino ahorro.
Tributación mínima y voluntaria. Quienes gobiernan y quienes trabajan en la administración pública, al igual que cualquier otro trabajador, que gana en función del trabajo que realiza, deben demostrar con su trabajo que merecen su salario. Por lo cual, el estímulo más grande para que los ciudadanos tributen, es su trabajo eficiente. En consecuencia, si quienes gobiernan realizan bien su trabajo, el país mejorará, los ciudadanos tendrán trabajo, habrá inversión y más trabajo, la prosperidad será un hecho visible. En esas condiciones, todos los ciudadanos tendrán el estimulo para aportar voluntariamente para equipar el sector público para cumplir su función y también para pagar el salario de quienes gobiernan y de todos quienes trabajan en la administración pública.
Relaciones internacionales. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que poner a los ciudadanos peruanos, a las leyes y al territorio nacional primero al relacionar al país con los otros países del mundo. Ningún país ni ningún organismo internacional debe estar por encima del Perú y los peruanos. Toda relación internacional debe fortalecer nuestra soberanía, no menoscabarla.
Corrupción, mentira e impunidad nulas. El partido político y los políticos deben luchar contra la corrupción en la administración pública. Esto implica una mejor selección de las personas que llegarán a trabajar para el país. Quienes gobiernan y manejan los recursos de los ciudadanos deben administrarlos honestamente. Los mentirosos no deben asumir puestos en la administración pública porque no se puede confiar en ellos. Por eso, la mentira, la deshonestidad y todo acto de corrupción deben ser sancionados drásticamente.
Mérito, capacidad y eficiencia. El partido político y los políticos que apoyamos deben priorizar el mérito, la capacidad y la eficiencia en la administración pública. Al gobierno y a la administración pública deben llegar los mejores trabajadores del sector privado. Trabajar en el sector público tiene que ser un premio y un privilegio para los ciudadanos más destacados del país.
Administración responsable de los recursos naturales. El partido político y los políticos que apoyamos deben velar que los recursos naturales del país se administren responsablemente. El Perú tiene abundantes recursos naturales para el provecho de sus ciudadanos. Estos recursos se deben administrar sabiamente y en beneficio de todos los peruanos.
Los cristianos estamos en este mundo y estamos llamados a ser responsables para con quienes van a administrar nuestro país. La buena administración del país es un asunto de sentido común.
El sentido común y la evidencia empírica nos hacen ver que es imposible un país prospero con gobernantes con ideología y principios que van en contra de la vida, el matrimonio, la familia, la libertad, la igualdad ante la ley, la seguridad, la justicia, el trabajo, la eficiencia, el ahorro, la honestidad y la verdad.
Los cristianos, que seguimos a Jesucristo, quien es nuestro Rey, y a quien nosotros esperamos, tenemos que cumplir nuestro rol político en base a los principios y valores que él nos enseña en la Biblia, que es la palabra de Dios.
Los principios y valores que están alistados en esta nota están contenidos en la Biblia. Hay más valores, pero los que he alistado son básicos. Los cristianos nos identificamos con ellos y debemos estar listos para apoyar a los políticos y a los partidos que también los tienen, los defienden y los promueven.
Mientras Jesucristo todavía no venga a la tierra para establecer su reino y mientras estemos viviendo en este mundo, tendremos autoridades. Es inevitable que así sea. Por eso, nuestra participación política en base a los principios de la palabra de Dios es nuestra mejor opción al vivir en esta tierra. ¡Qué Dios nos de sabiduría para elegir mejor a las autoridades que gobernarán y administrarán nuestro país!
Nota: Si quiere leer más sobre política, lea este otro artículo:
https://segundorodriguez.com/pautas-biblicas-para-la-accion-politica-de-los-cristianos/
¡Sirvamos con gozo a quienes no pueden valerse por sí mismos!
El ser humano normal, que crece, que es adulto, que es capaz y que está sano, sirve, trabaja, es útil y provechoso para otros. Es en esa manera que se sostiene y cubre sus necesidades para sí mismo, y para los suyos, y para los desvalidos y necesitados de este mundo.
Solamente los bebés, y los que crecen y son adultos pero están incapacitados por causa de enfermedad grave y severa, y los ancianos muy, pero muy ancianos, son quienes requieren que se trabaje por ellos y para ellos.
Estoy entendiendo mejor esta acción propia de todo ser humano normal y por eso aprecio mucho más a las personas que sirven, que trabajan, que ayudan y que son provechosos para otros, en especial, para aquellos que no pueden valerse por sí mismos.
Jesucristo es un modelo de este tipo de servicio. Dios, en la Biblia, que es Su Palabra, tiene esta declaración, que fue pronunciada por Jesucristo, quien es el ejemplo supremo del servicio a los desvalidos. “Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10:45 – Reina Valera 1909).
Jesucristo hizo lo que nosotros los pecadores no podíamos hacer para nosotros mismos ni para otros. Nosotros no podiamos morir para pagar nuestros pecados y ser salvos y evitar así la condenación eterna en el lago de fuego. Como no podiamos hacerlo, quien lo hizo fue Jesús.
La Biblia es clara al respecto: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8). ¡Es una gran bendición que él se haya sacrificado por nosotros! ¡Todos aquellos que hemos creído en él y le seguimos de todo corazón estamos muy agradecidos por su salvación!
Los padres normales son también un ejemplo de este tipo de servicio. Nos atendieron e hicieron todo por nosotros sus hijos cuando éramos bebés. Nos dieron de comer, nos limpiaron, nos vistieron, nos curaron, nos educaron, nos consolaron, etc. Ellos nos sirvieron y trabajaron para nosotros constantemente. Se sacrificaron y se sacrifican por nosotros. Es gracias a ellos que somos lo que somos y que hacemos lo que hacemos. (Foto: Mi padre y mi madre son un ejemplo de cómo servir al que lo necesita).
Tanto Jesús como nuestros padres nos han enseñado con su ejemplo a servir y ayudar a quienes no pueden valerse por sí mismos. Empero, nosotros muchas veces no somos concientes de esa enseñanza que nos están dando con sus vidas. Eso me ha ocurrido a mí. Tanto Jesucristo como mis padres me han estado enseñando sobre el servicio al débil, al desvalido, al necesitado y no me daba cuenta.
Todos los cristianos y todos quienes somos hijos estamos siendo enseñados y entrenados para servir a quienes lo necesitan. Se nos entrena porque esa va a ser nuestra vida si somos normales, sanos y adultos. Empezamos a servir así al tener a nuestros hijos. También cuando alguien de nuestra familia se enferma gravemente. Y, por último, cuando nuestros queridos y sacrificados padres envejecen.
Cuando Dios nos da el privilegio de servir, de cuidar, de ayudar y de trabajar por y para quienes no pueden valerse por sí mismos; encontremos ánimo, fuerzas y gozo en el ejemplo de Jesucristo y de nuestros padres. ¡Qué Dios nos ayude a servir de corazón y con gozo a quienes nos necesiten! Amén.
Cantos “no conocidos” – Coro Eliel – IB Berea, Iguala, México
Mi hijo Noé y yo tuvimos la bendición de visitar la IB Getsemaní, de Iguala, Guerrero, México. Esta iglesia tiene como su líder al misionero Alberto Flores, el cual sirve allí junto a su familia. Me impresionó el trabajo de este siervo de Dios. Su servicio a Dios es un desafío y un gran estímulo para quienes servimos a Dios.
Nuestro tiempo con la palabra de Dios, la alabanza y la comunión con los hermanos fue muy edificante. En la reunión también participó la IB Berea. Así que nosotros conocimos a los hermanos de dos iglesias en esta visita.
Durante el tiempo de alabanza, el Coro Eliel, que es parte de la IB Berea, entonó cuatro cánticos, los cuales logré filmar. De éstos cuatro cánticos, 3 no los he escuchado nunca, así que es tiempo de aprenderlos, para alabar a Dios y edificar a nuestros hermanos.
Nosotros tenemos el deber de edificarnos y animarnos al amor y a las buenas obras y los cánticos son un buen recurso para hacer ambas cosas.
Colosenses 3:16-17 dice:
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
¡Qué Dios use estos cantos entonados por el Coro Eliel para edificar y alentar a todo aquél que los escuche!
¡Mi mayor gozo hoy!
“No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3 Juan 4).
El apóstol Juan escribió estas palabras refiriéndose al gozo que le generaba el ver a sus hijos espirituales andando fielmente en el camino de seguir a Jesucristo. Entiendo su gozo. Porque también me alegro muchísimo cuando veo que las personas a las que he enseñado el evangelio siguen fielmente a Jesús. Pero ahora estoy disfrutando un gozo muchísimo mayor.
La razón es la siguiente: Estoy viendo como mi hijo mayor está siguiendo a Cristo y sirviéndole. Mi alegría es muy grande. Él y yo estamos en México, sirviendo a Dios juntos. ¡Qué bendición más grande! Deseo de todo corazón que Dios siga obrando en él y haciéndole crecer en su vida para con Jesucristo y su obra de salvación en este mundo.
Les comparto sus palabras y el himno que mi hijo cantó en la IB de Ahuehuepan, en el Estado Guerrero, México. El himno que cantó se titula “Necesito tu presencia”, y sí, es cierto, nosotros necesitamos la presencia de Dios en nuestras vidas.
Gracias a Dios, su presencia es real y permanente, y todos los que creemos en Jesús en base a lo que dice la Biblia, sabemos que esta su presencia en un hecho cierto e innegable.
¡Gloria a Dios por esa Su presencia entre nosotros!









