Dios existe, es una persona y se comunica comprensiblemente. Él se revela y se manifiesta a nosotros porque quiere que lo conozcamos. Su revelación y su voluntad está registrada en la Biblia para que la sepamos y entendamos (Jeremías 9:23-24).
Dios quiere que nosotros hagamos su voluntad y es por eso que su mensaje es sencillo de captar y asimilar.
Él no quiere no vayamos de su presencia confundidos y rascándonos la cabeza.
Él, como todo buen padre a sus hijos, nos habla clara y comprensiblemente.
Su comunicación clara y comprensible está en la Biblia, la cual es Su Palabra. Esta su Palabra, las Sagradas Escrituras, fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17) y está a nuestro alcance gracias a los santos hombres de Dios, que la hablaron y la escribieron para nuestro bien.
Está escrito que “… nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21).
La determinación de Dios por ser conocido por todos los seres humanos está fuera de toda duda.
Las evidencias son muchas en toda la Escritura y el libro de Hebreos 1:1-4 las resume con precisión y exactitud.
Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras y solo hay que revisar hoy el Antiguo y el Nuevo Testamento para verificarlo.
Empero, la evidencia más grande e impresionante del afán de Dios por ser conocido por nosotros, es Jesucristo Su Unigénito Hijo. Dios lo envío a esta tierra para que Jesús personal y humanamente nos exponga y nos revele cómo es él y cómo es que nosotros podemos relacionarnos íntimamente con él.
Está escrito: “A Dios nadie le vio Jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18).
Dios, asimismo, para que nosotros sepamos todo lo concerniente a él, a sus obras, a sus deseos y a su buena voluntad para con nosotros, nos ha dado Su Espíritu Santo, quien inspiró la palabra de Dios. El Espíritu Santo está en todo aquel que cree en Jesús y le sigue (Efesios 1:11-14). El Espíritu es el maestro de los hijos de Dios. Él guía, enseña y hacer recordar la verdad de la palabra de Dios a todos quienes creemos y seguimos a Jesucristo (Juan 14:15-17, 26; 16:13-15).
El Espíritu Santo también ilumina y da sabiduría a los expositores, maestros, predicadores y oyentes de la palabra de Dios para que sepan, comuniquen y entiendan lo que Dios quiere decir por medio de la Biblia (1 Corintios 2:6-13).
El conocimiento de Dios, Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad, está garantizado de parte de nuestro Dios y Padre celestial. Somos nosotros entonces hoy los responsables de acercarnos a Dios por medio de la escritura para conocerlo y relacionarlos con él por medio de Jesucristo Su Hijo.
Está escrito también: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6).
A nosotros nos toca leer, oír, creer y obedecer la Biblia para conocer e intimar con Dios. Dios quiere esto y es por eso que se ha comunicado, se comunica y se seguirá comunicando con nosotros.
Vivimos un tiempo de gracia y de revelación salvífica de Dios (Lucas 4:16-21). Es una bendición grande vivir en esta época de la humanidad.
Todo aquel que hoy conoce y se relaciona con Dios por medio de Jesucristo oyendo lo que la Biblia dice de él es salvo, es perdonado de sus pecados y hecho hijo de Dios.
¡Aprovechemos este bendito tiempo que vivimos y ocupémonos en conocer e intimar personalmente con Dios porque él así lo quiere!
Amén.
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24
