Sufrimiento persistente y gracia suficiente: Cómo vivir con un dolor que no se va.

Toda persona necesita a Dios para vivir en esta tierra. Lo necesita siempre, pero muchísimo más cuando sufre, ya sea por quebranto y angustia del alma o por herida y enfermedad grave y muy dolorosa del cuerpo.

El sufrimiento y la tristeza extrema —ya por decepción, injusticia, enfermedad o muerte— son muchas veces terribles e insoportables, muy, pero muy difíciles de sobrellevar.

Los cristianos no están exentos de este tipo de experiencias en esta tierra. La Biblia no nos promete que no sufriremos; al contrario, enseña que las tribulaciones serán nuestra compañía constante hasta que entremos en el reino de Dios (Hechos 14:22).

Pablo, el apóstol a los gentiles, vivió una experiencia continua de dolor extremo. Él testifica que rogó tres veces al Señor que le quitase ese aguijón —un mensajero de Satanás que lo abofeteaba— el cual le fue dado por Dios para protegerlo del enaltecimiento y la soberbia (2 Corintios 12:7).

Nadie quiere padecer dolor extremo de forma constante. Todos podemos soportar el dolor, pequeño o grande, pero por poco tiempo. Nuestro mayor desafío es el sufrimiento profundo, agudo e incesante… ese tipo de tormento que no deseamos ni en el cuerpo ni en el alma.

Pablo padeció ese aguijón y suplicó al Señor que se lo quitase. Dios respondió su plegaria, pero no como él esperaba: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

Dios no le quitó el mensajero de Satanás. En cambio, le dio su gracia y su poder, los cuales se perfeccionan en la debilidad y en el padecimiento extremo.

Pablo aceptó la voluntad de Dios. Entendió que el Señor había diseñado y permitido esa dolorosa condición para hacerlo humilde y dependiente de Él. Esa rendición abrió sus ojos para testificar que, gracias a ese dolor continuo, podía ser depositario del poder de Cristo. Por eso se gloriaba de buena gana en sus debilidades.

Ningún hijo de Dios está solo en sus tribulaciones. Dios está a su lado, fortaleciéndolo, aliviándolo y consolándolo. Podemos orar como Pablo para que se nos quite lo que nos atormente. Si Dios nos lo quita, amén. Pero si no nos lo quita, amén también. Recordemos que no sufrimos ni padecemos en nuestra propia fuerza, sino en el poder y la fuerza de Dios.

No nos resistamos a las tribulaciones, ni a las enfermedades, ni a la muerte misma, hermanos en Cristo. Asumámoslas con humildad y buena gana, aunque duelan, y mucho. No estamos solos en ninguno de esos momentos. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, con su gracia y todo su poder, nos acompaña siempre, y especialmente en situaciones como estas. Amén y amén.

 

#GraciaSuficiente #SufrimientoCristiano #DolorPersistente #PoderEnLaDebilidad #BástateMiGracia #FeEnElDolor #Tribulaciones #AguijonDePablo #GraciaDeDios #RendicionAGod #SufrimientoYFe #FortalezaEnCristo #DiosEnElDolor #VidaCristiana #EsperanzaEnElSufrimiento

¡Dios no siempre explica sus razones, pero siempre se revela!

Job, el patriarca del Antiguo Testamento, experimentó a Dios y nosotros también podemos experimentarlo en todo momento. No en forma audible y visible como él, pero sí en forma espiritual y real por medio de su obrar soberano y providencial, y su palabra escrita, la Biblia, la palabra de Dios.

Job necesitaba una respuesta personal de Dios. Él, a pesar de ser un hombre integro (no sin pecado), recto y temeroso de Dios, sufrió la muerte de sus 10 hijos, la quiebra económica, la soledad conyugal, la pérdida de su salud y la reprensión e incomprensión de sus amigos.

Todo estos males, que lo confundieron porque estaba convencido de que no había hecho nada de malo, fueron obra del diablo, pero con el permiso del Soberano de toda la creación, el Único y Verdadero Dios. (El diablo no es autónomo; él nunca puede hacer nada sin la autorización de Dios).

En su confusión y en su lucha por entender el porqué de su sufrimiento, clamó, reclamó y se comprometió a una audiencia con Dios para presentar su injusto caso. Él tenía la convicción de que Dios lo entendería; por eso es que quería estar “cara a cara” ante Dios para argumentar su sufrida situación.

Dios se manifestó a Job para darle la respuesta que buscaba. Al manifestarse, sin embargo, Dios confrontó a Job con preguntas cuyas respuestas mostraban su grandeza y inmenso poder.

La reacción de Job ante la manifestación personal de Su Creador fue arrepentimiento en polvo y ceniza y humillación ante él y estas palabras de admiración: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.” (Job 42:2).

Job se rindió ante el todo poder y el todo saber de Dios (que limita al diablo y al mal, aunque permite su obrar y lo aprovecha para el bien de su pueblo). Job aprendió que debía confiar y esperar en Dios aun cuando no entendiese la razón de lo que le aconteció. Dios se agradó de su humilde reacción y, aunque no le explicó el porqué de su dolor, sí restauró su salud, le dio 10 hijos más y le devolvió sus bienes por duplicado.

No siempre vamos a saber el porqué de nuestros sucesos dolorosos; Dios no está obligado a explicarnos todo, todo, todo. Lo que sí vamos a conocer a través del dolor y el sufrimiento, si es que nos mantenemos fieles y si es que nos encomendamos a Dios, es esto: Dios está con nosotros, y nos oye, y “todo lo puede” y “todo lo sabe”. ¡Él sabe todos los porqués y siempre son para nuestro bien, aunque nosotros no los sepamos!

¡Esperemos, confiemos, clamemos, oigamos y conozcamos más y mejor a nuestro Dios durante nuestro sufrimiento incompresible! Amén.  

¡Dios y Padre de Jesucristo, ayúdanos a vivir confiados y seguros en ti aun cuando el diablo nos ataque muy duramente y nos genere sufrimiento que no entendemos! Te pedimos esto en Jesús tu Hijo, amén.

“¿Has sentido a Dios en tu sufrimiento aunque no entendieras el porqué?”
#Job42v2  
#TodoLoPuedes  
#SoberaníaDeDios  
#SufrimientoConPropósito  
#ConfiarEnDios  
#FeEnLaPrueba  
#DevocionalDiario  
#BibliaViva  
#ConocerADios  
#OraciónEnElDolor  
#CristoEnElSufrimiento  
#EsperarEnDios  
#RestauraciónDivina  
#TeologíaBíblica  
#Amén

La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

La Gran Necesidad: Dios Con Nosotros.

Nuestra mayor necesidad es la comunión con Dios, la cual perdimos trágicamente en el Edén por causa del pecado de Adán. El mayor mal de aquel día no fue la tierra, sino ser echados de la presencia de Dios.

  • Fuimos creados para el compañerismo: Dios nos diseñó para vivir junto a Él, en una relación continua y eterna.
  • Sin Él, somos: “Huérfanos”, “muertos vivos”, solos, sin ayuda, sin punto de partida, sin camino ni punto de llegada.

La Misión de Emanuel: Dios Viene a Nosotros

Dios no quiso que esta separación fuera permanente. Aunque tuvo que cumplir su palabra al echarnos de su presencia (Génesis 3:22-24), Su objetivo eterno es vivir con nosotros, en nosotros y entre nosotros.

Por eso, Él mismo vino a nosotros:

Jesús de Nazaret es Dios Hijo hecho Hombre.

Cuando el Espíritu Santo engendró a Jesús, se cumplió la bendita promesa:

“He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mateo 1:23; Isaías 7:14)

La Solución en Jesús

  • Revelación: En Jesús, nosotros vemos y encontramos a Dios. Él es el único que lo revela y expone plenamente.
  • Unión Eterna: Solo Jesús nos une y nos vincula verdadera y eternamente con el Padre.

Todos necesitamos a Dios, y todos podemos restaurar Su compañerismo y amistad ya desde esta vida.

Emanuel, Dios con nosotros, no es solo un título, sino la restauración permanente e inquebrantable de la presencia divina perdida en Edén. (Apocalipsis 21:3).


El Llamado

No te quedes solo en el conocimiento. Dios es tu mayor necesidad; Su voluntad, guía y sostén son indispensables para tu vida en este mundo y en el venidero.

¡En Jesucristo, tú tienes a Dios contigo!

Lo único que tienes que hacer es creer y seguir a Jesús, a quien Él ha enviado. ¡Síguele desde hoy y para siempre! Amén.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14).

Jesús no solo vino, él se quedó entre nosotros y en nosotros, y nos trajo a Dios para vivir ya hoy en nosotros por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. (Efesios 1:13; Romanos 8:9).

¡Cree y sigue ya a Jesucristo de una vez desde hoy y para siempre!

#JesúsTraeADiosYnosUneConÉl

Esta nota tiene el formato de Google Gemini.

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

El cristianismo en la Tierra tiene una única y fundamental razón de ser: la salvación de los seres humanos. Si alguna vez dudamos de nuestra misión principal, basta con recordar la pregunta más incómoda que Jesús hizo a dos de sus discípulos más cercanos.

Jacobo y Juan, los hijos del trueno, se llenaron de ira cuando los samaritanos, motivados por viejas enemistades étnicas y religiosas, rechazaron a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿Cuál fue su reacción? Rápida y condenatoria: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Lucas 9:54, RVR60, paráfrasis).

La respuesta de Jesús, que aún resuena para la Iglesia de hoy, fue un durísimo llamado de atención: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (, RVR60).

El Espíritu Condenatorio vs. el Espíritu de Cristo

Tendemos a olvidar el porqué estamos aquí. Jacobo y Juan lo hicieron. Ellos estaban dispuestos a mandar que lloviese fuego del cielo para que consumiese a los samaritanos que (por razones religiosas y enemistad étnica) no quisieron recibir a Jesús en su pueblo al notar que estaba yendo a Jerusalén.

Jesús reprendió duramente a Jacobo y a Juan por su impaciencia y por su presteza condenatoria para con sus semejantes. El llamado de atención fue muy fuerte.

Un espíritu que prioriza el juicio, la sentencia y el castigo, como el de ellos, es muy opuesto al espíritu de Cristo, que busca redimir y salvar.

La misión de Jesús es la salvación de los seres humanos, no su perdición. Él vino para salvar a los hombres y nunca olvidó ese su objetivo. Toda su vida, sus enseñanzas y sus acciones se rigieron por ese norte. Sobre esta declaración giró toda su labor en esta tierra:

“… porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lucas 9:56, RVR60).

La reprensión de Jesús a sus discípulos es clarísima y los cristianos de hoy tenemos que considerarla para analizarnos profundamente. Nosotros debemos tener el mismo norte de Cristo: la salvación de los seres humanos. Nunca tenemos que tener un espíritu opuesto al objetivo y al espíritu de nuestro Señor y Salvador.

No Jueces, Sino Mensajeros

Nosotros no debemos permitir que las ofensas, la rebeldía, la injusticia, la indiferencia espiritual y la maldad de los hombres nos impacienten y nos desvíen del Espíritu de Cristo. No nos constituyamos en jueces ni en verdugos de nuestros semejantes.

  • Podemos corregir y reprender a nuestros semejantes, pero jamás debemos actuar como si fuésemos jueces de los hombres.
  • El rol de Juez final de los seres humanos le corresponde a Dios y a nadie más.

No estamos en esta tierra para perder ni condenar a los hombres. Ese no es el propósito de Dios para nosotros en este mundo. Nosotros estamos aquí por la salvación de los hombres. Despojémonos del espíritu condenatorio de los hijos de Zebedeo y revistámonos del Espíritu de Cristo, que está lleno de gracia, de bondad y de misericordia.

Dios nos salvó y nos envió al mundo para anunciar a todos los seres humanos el evangelio de salvación en Cristo Jesús. Nosotros (cada cristiano en forma particular, y toda la iglesia en general) somos la extensión de la misión salvadora de Dios Hijo a favor de los hombres.

Mostremos el espíritu redentor, liberador y salvador de Jesucristo, y quitemos de nuestro ser todo vestigio del espíritu condenatorio y de perdición al relacionarnos con nuestros semejantes.

¡Que Dios nos ayude a vivir haciendo todo lo que está a nuestro alcance con el fin de que mucha más gente sea salva por medio de Jesucristo! ¡Que siempre sepamos que somos del Espíritu de Jesucristo y que queremos la salvación de todos los hombres, no su perdición! Amén.

#Salvación #Evangelismo #ReflexiónCristiana #Biblia #Lucas9 #PropósitoCristiano #Cristianos #VidaCristiana #Gracia #Jesucristo #NoJuzgues

Proverbio no calvinista – Dios es nuestro ejemplo: Él no nos pide hacer lo que no hace.

He denominado a Proverbios 3:27-28 como Proverbio no calvinista. ¿Por qué? Porque el Calvinismo enseña que Dios es la voluntad de Dios que una gran cantidad de la humanidad sea condenada. En consecuencia, para estos seres humanos no existe posibilidad alguna de salvación, pues, Jesucristo no murió ni resucitó por ellos.

El proverbio, que denomino no calvinista, que es palabra inspirada por el Espíritu Santo de Dios y que se nos da a nosotros para practicarlo y vivirlo, enseña clara y contundentemente que tenemos que ayudar y hacerle bien a nuestro prójimo necesitado y con muchísima mayor razón si es que tenemos la capacidad para hacerlo. 

La instrucción del proverbio es ineludible: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.” (Proverbios 3:27-28).

Obviamente, la instrucción del proverbio es principalmente para nosotros los seres humanos. Nosotros los seres humanos no debemos negarnos a hacerle el bien a quienes lo necesitan. No podemos nosotros postergarle una ayuda indispensable a quienes la necesitan.

Dios no nos pide a nosotros algo que no podemos hacer. Sus mandatos siempre son posibles de cumplir. En este proverbio, la capacidad de realizar lo que se nos demanda está destacada con estas frases: “cuando tienes poder para hacerlo” y “cuando tienes contigo que darle”.

No es bueno ni es propio de los cristianos evitar la ayuda y el socorro a los necesitados. Y no lo es no por nosotros mismos solamente, sino porque nuestro Dios no es un Dios que se niegue, que se resista, que se prive y que evite socorrer y ayudar a los necesitados.

Dios, el único y verdadero, el Dios de la Biblia, no quiere perder las almas de los hombres, no quiere abandonarlos en su tragedia y desgracia. No, Dios “no decreta” la condenación a los seres humanos.

Este proverbio es una exhortación que un dios que ha predestinado a un sector de seres humanos a la condenación desde antes que ellos pecasen no puede dar. Esta instrucción, es impropia de un dios que no hace nada para evitar la condenación de quienes viven y heredarán condenación. No es posible que un dios que tiene la capacidad y el poder de salvar a los pecadores y no no hace, le ordene a sus hijos que hagan lo que él no hace.

El Dios que escribió este proverbio no es calvinista. El Dios que escribió este proverbio es el primero en hacer aquello que ordena que sus hijos hagan. El Dios de la Biblia siempre es el modelo y el ejemplo de aquello que quiere que sus hijos practiquen.

El Dios de la Biblia “… no se niega a hacerle bien a quien es debido”. El Dios de la Escritura Sagrada no le dice al necesitado de pan “… Anda, y vuelve, y mañana te daré”. El Dios y Padre de Jesucristo el Señor y Salvador del mundo siempre actúa en base a su poder y siempre da lo tiene que dar.

Este proverbio llamó mi atención hace unos días atrás. Ese día me estuvieron hablando de la doble predestinación calvinista. El proverbio me hizo ver que Dios no es calvinista porque no puede haber escrito lo allí escrito, ¡Claro que no! Es por razón, entonces, que lo denominé como un “proverbio no calvinista”. ¡Qué Dios nos ayude a practicar y a hacer conforme a su ejemplo y a sus palabras, que están en la Biblia!

¡Agradar y complacer a Dios no es tan complicado!

Complacer, agradar y contentar a Dios, según Miqueas 6:8, no es tan complicado ni tan engorroso. ¡Qué bueno que Dios es fácil de satisfacer!

Dios no quiere grandes sacrificios de nosotros necesariamente. No nos pide todos nuestros bienes. No está interesado en que le entreguemos a nuestros familiares. ¡A Dios no lo compramos con lo más preciado que poseamos!

Arrancarle aprobación a Dios no es tan intrincado. La complicación siempre ha estado, está y estará en nosotros pecadores; nunca en él.

Dios sabe que nosotros complicamos lo que es sencillo y por eso que se esmera en facilitarnos las cosas.

Dios, por tanto, ha declarado lo que es bueno y sus demandas a nosotros están clarísimas. Agradarle, en consecuencia, sí es posible. Mucho más si es que nosotros creemos y seguimos a Jesucristo Su Hijo.

Dios ha comunicado lo que quiere de nosotros y Miqueas 6:8 es un ejemplo.

Tenemos que hacer justicia (hacer lo bueno) y amar misericordia (ser buenos y compasivos). Estas instrucciones son para cumplirlas con quienes nos rodean. Nosotros no debemos hacer mal a nuestro prójimo en ningún momento. Nosotros solamente debemos hacer el bien a nuestros semejantes.

La otra instrucción expresada también es diáfana. Dios quiere que vivamos humillados ante él. Y claro que sí tenemos que vivir constantemente humillados y reverentes ante nuestro Dios. Él es tan gran grande, tan bueno, tan maravilloso y tan todo, que … solamente la postración humilde y agradecida ante Dios en Jesucristo Su Hijo es la manera correcta de vivir.

Propongámonos darle alegría a Dios haciendo lo que él nos pide. Todos los seres humanos tenemos que vivir agradando a Dios y los cristianos mucho más.

Dios nos ha salvado por medio de Jesucristo Su Hijo y nos ha dado su Espíritu para motivarnos y movernos hacia amarle y deleitarle.

¡Hagámosle el bien a nuestros semejantes y cumplamos así la petición que Dios nos hace!

¡Nunca permitamos que nuestro alma se eleve soberbiamente ante Dios! ¡Reconozcamos la grandeza y la inmensidad de Dios y obedezcámosle y sirvámosle humildemente ahora y o la eternidad! Amén y amén.

¡Admiremos y alabemos a Dios por su interés especial por los seres humanos!

Nuestra sentidos siempre tienen que estar alertas para experimentar a Dios en sus obras; para maravillarnos, alabarle, adorarle, temerle y glorificarle.

La obra más impresionante y por la que Dios gana todo nuestro ser y todo lo que tenemos, desde luego, es su obra se salvación de nuestros pecados y de nuestra condenación por medio de Jesucristo Su Hijo. No hay obra más persuasiva, seductora y convincente que esa para nosotros que creemos y seguimos a Jesucristo desde que lo conocimos por medio de su evangelio.

Pero todas las demás, como la creación, el cuidado providencial del universo y, en especial, su enfoque en el bienestar de nosotros los seres humanos, son sorprendente e impresionantemente admirables. ¡Todos nosotros, sin excepción, somos objeto del amor de Dios y todo lo que hace a nuestro favor desde que existimos es la evidencia ineludible de ello!

El salmista estaba impresionado por cómo Dios se interesaba y privilegiada al ser humano. Dios tiene a los ángeles y al universo entero, que son mucho más hermosos, inmensos y superiores, pero le presta atención y distingue al ser humano, que es infinitamente pequeño y, tengo que escribirlo, el que más problemas y dolor y decepción le causa.

La perplejidad del salmista es también la mía.

Mi asombro y mi admiración por cómo Dios nos trata a nosotros los seres humanos afloró mientras estaba en el vuelo de la fotografía, al mirar desde allí la inmensidad y la belleza silenciosa de los cielos,  y es por eso que coloqué esa porción del Salmo 8 en ella.

Nosotros los seres humanos no tenemos excusa ante Dios.

No amarle, no obedecerle, no servirle, no alabarle, no adorarle, no temerle y no creerle nos pasará factura cuando nos presentemos y nos paremos ante él al terminar el mundo presente. ¿Qué le podremos decir que nos disculpe y justifique si es que no le hemos buscado ni agradado mientras estuvimos en esta tierra?

No hay nada, absolutamente.

Solo el silencio terrorífico y avergonzado nos acompañará en ese supremo y temible instante.

Tal enmudecimiento convicto y culpable será mucho más atroz y sobrecogedor si es que hemos oído de Jesucristo y su salvación y lo hemos rechazado por el motivo que sea mientras Dios nos dio vida.

Pero no tiene que ser así.

Dios tiene amor e interés en cada uno de nosotros. Dios dio a Jesucristo y lo sacrificó en la cruz del Calvario para que nosotros seamos salvos. Ahora es el tiempo de creer y de seguir a Jesucristo. ¡Hagámoslo! ¡No demoremos más!

Nosotros los seres humanos somos privilegiados y distinguidos por Dios. Solamente tenemos que tener los ojos abiertos por la fe para mirar a nuestro alrededor y verlo. De tanta belleza y grandeza que Dios ha creado y tiene para cuidar, contemplar y deleitarse; nos prefiere a nosotros, y nos ama, busca, cuidar y atiende diligentemente. ¡Qué bendecidos y aventajados que somos!

¡Creamos, obedezcamos, sirvamos, alabemos, … y glorifiquemos a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo todos los días de nuestra vida en este universo temporal que ya pronto será transformado en el universo eterno en el que moraremos con Dios por siempre! Amén.

¡Dios siempre nos ve!

Hay ocasiones en los que quisiera que Dios no me viese.

En esos momentos, yo no quisiera que viese ni fuera de mí y menos aún dentro de mí. En esos momentos, a mí me gustaría que todo lo mío, en especial, lo que no es bueno, estuviese oculto y encubierto de él.

Pero eso es imposible y lo sé, pues, Dios siempre ve.

No existe un instante en el que yo, y todo ser humano, esté oculto a sus ojos. Siempre estamos en su presencia. Su mirada traspasa todo obstáculo, toda barrera y todo escondite que coloquemos entre nosotros y él.

David, el rey de Israel, que tuvo momentos en su vida que hubiera preferido mantener encubiertos de Dios, escribió: “Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandece alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti. Y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz.” (Salmo 139.11-12).

David tuvo momentos de tropiezo, de debilidad. Su carne y sus pasiones pecaminosas lo doblegaron, y cedió, y pecó, y ofendió a Dios. ¡Su caída fue vergonzosa! Y lo peor de todo: ¡Dios lo vio! Está escrito: “… Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.” (2 Samuel 11:27).

¡David tiene que haber querido que las tinieblas más oscuras lo ocultasen de los ojos de Dios!

Pero …

Dios nos ve en la noche más compacta y en las tinieblas más negras. Las tinieblas más densas y la noche más oscura son claras y diáfanas a sus ojos. Él nos mira en la penumbra y en la negrura de la noche como si mirase el día más soleado.

¡Qué grandioso y glorioso es el Dios y Padre de Jesucristo! ¡Cuán bendito es Jesucristo, quien nos hace aceptos ante los ojos del Dios todo vidente! ¡Gracias a Dios por Jesucristo Su Hijo quien nos cubre nuestras tinieblas con la luz de su justicia y santidad!

¡Por Jesucristo y su obra de salvación es que todo pecador que cree en él puede ser visto por Dios como digno de vivir y experimentar su gloria ya hoy y por toda la eternidad!

¡Acerquémonos al Dios que todo lo ve por medio de Jesucristo! ¡Nunca nos arrepentiremos de hacerlo! Amén.

¡Dios se manifiesta y nos habla para que lo conozcamos y nos relacionemos con él!

Dios existe, es una persona y se comunica comprensiblemente. Él se revela y se manifiesta a nosotros porque quiere que lo conozcamos. Su revelación y su voluntad está registrada en la Biblia para que la sepamos y entendamos (Jeremías 9:23-24).

Dios quiere que nosotros hagamos su voluntad y es por eso que su mensaje es sencillo de captar y asimilar. Él no quiere no vayamos de su presencia confundidos y rascándonos la cabeza. Él, como todo buen padre a sus hijos, nos habla clara y comprensiblemente.

Su comunicación clara y comprensible está en la Biblia, la cual es Su Palabra. Esta su Palabra, las Sagradas Escrituras, fue inspirada por el Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16-17) y está a nuestro alcance gracias a los santos hombres de Dios, que la hablaron y la escribieron para nuestro bien. Está escrito que “… nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21).

La determinación de Dios por ser conocido por todos los seres humanos está fuera de toda duda. Las evidencias son muchas en toda la Escritura y el libro de Hebreos 1:1-4 las resume con precisión y exactitud. Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras y solo hay que revisar hoy el Antiguo y el Nuevo Testamento para verificarlo. Empero, la evidencia más grande e impresionante del afán de Dios por ser conocido por nosotros, es Jesucristo Su Unigénito Hijo. Dios lo envío a esta tierra para que Jesús personal y humanamente nos exponga y nos revele cómo es él y cómo es que nosotros podemos relacionarnos íntimamente con él. Está escrito: “A Dios nadie le vio Jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Juan 1:18).

Dios, asimismo, para que nosotros sepamos todo lo concerniente a él, a sus obras, a sus deseos y a su buena voluntad para con nosotros, nos ha dado Su Espíritu Santo, quien inspiró la palabra de Dios. El Espíritu Santo está en todo aquel que cree en Jesús y le sigue (Efesios 1:11-14). El Espíritu es el maestro de los hijos de Dios. Él guía, enseña y hacer recordar la verdad de la palabra de Dios a todos quienes creemos y seguimos a Jesucristo (Juan 14:15-17, 26; 16:13-15).

El Espíritu Santo también ilumina y da sabiduría a los expositores, maestros, predicadores y oyentes de la palabra de Dios para que sepan, comuniquen y entiendan lo que Dios quiere decir por medio de la Biblia (1 Corintios 2:6-13). El conocimiento de Dios, Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad, está garantizado de parte de nuestro Dios y Padre celestial. Somos nosotros entonces hoy los responsables de acercarnos a Dios por medio de la escritura para conocerlo y relacionarlos con él por medio de Jesucristo Su Hijo. Está escrito también: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6).

A nosotros nos toca leer, oír, creer y obedecer la Biblia para conocer e intimar con Dios. Dios quiere esto y es por eso que se ha comunicado, se comunica y se seguirá comunicando con nosotros. Vivimos un tiempo de gracia y de revelación salvífica de Dios (Lucas 4:16-21). Todo aquel que hoy conoce y se relaciona con Dios por medio de Jesucristo oyendo lo que la Biblia dice de él es salvo, es perdonado de sus pecados y hecho hijo de Dios.

¡Aprovechemos este bendito tiempo que vivimos y ocupémonos en conocer e intimar personalmente con Dios porque él así lo quiere!

Amén.

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24