Dios trabajó creando al universo y Dios descansó al terminarlo.
Creó los cielos y la tierra e hizo el día y la noche patrón el primer día y no reposó. El segundo día hizo la expansión y la llamó cielos y no descansó.
Tampoco descansó al tercer día luego de hacer el continente, los mares, nombrarlos a los dos, y crear la vegetación. Dios puso los astros en los cielos y les dio sus funciones el cuarto día y tampoco reposó.
Su obra tomaba forma y descansar no era apropiado.
Dios siguió trabajando el quinto día; creó a los animales marinos, también a los voladores. El sexto día creó a los animales terrestres, y al hombre y a la mujer. Ese día tampoco descansó.
Su descansó ocurrió luego de calificar como “bueno en gran manera” todo lo que había hecho.
Dios trabaja, nosotros también debemos trabajar. Dios trabaja más de lo que descansa, nosotros debemos imitarle. Dios descansa al terminar su obra, nosotros debemos hacer lo mismo (pongámonos tareas y descansemos al completarlas).
Hoy Dios no está descansando, sino trabajando (Juan 5:17). Su reposo definitivo ocurrirá cuando termine su época de gracia y salvación y haga todo nuevo para que gocen quienes aceptan su salvación en Jesucristo (Apocalipsis 21:1-8).
Pero Dios no descansa por cansancio; su energía y fuerza son eternas e inagotables. Él no desfallece ni se fatiga con extenuación. Dios es fuente de vigor para los agotados (Isaías 40:28-31).
Nosotros necesitamos descanso… ¡descansemos! Reposar es bueno; pero no es apropiado que descansemos más de lo que trabajamos.
Imitemos a nuestro Dios, trabajemos esforzadamente y descansemos proporcional y apropiadamente. Necesitamos trabajar y descansar. Dios reconoce nuestra esa necesidad y legisló nuestro trabajo y descanso.
¡Qué Dios nos ayude a trabajar y a descansar como él enseña y ordena!
Amén.

