¡Bueno en gran manera!

Toda persona que crea, contempla su obra al terminarla, para  calificarla. Dios también hizo lo mismo al terminar al universo. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”.

“Bueno” significa “agradable”, “placentero”, “gozoso”. Dios se deleitó superlativamente al ver terminada su obra.

La palabra “bueno” también tiene connotación estética y moral. Nada era feo ni desagradable, sino bello y hermoso. No había, asimismo, maldad ni inmoralidad. Todo reflejaba a Dios.

Los cielos y la tierra; el día y la noche; la expansión; los mares; la tierra seca; la vegetación; los astros; los seres vivos acuáticos; los seres voladores; los animales terrestres; y los seres humanos, que señorean el planeta. Todo reflejaba bondad.

Hoy, empero, hay vergüenza, culpa, dolor, frustración, llanto, enfermedad y muerte. Hay catástrofes, guerras, crímenes y abusos. El dolor y desesperación turban nuestras almas.

El universo es bueno, pero ya no “en gran manera”. Hay belleza y bondad, pero también fealdad y maldad.

¿Qué pasó?

Adán y Eva desobedecieron a Dios. Su desobediencia introdujo el pecado, muerte y maldición al universo.

Pero Dios no abandonó su creación; él la cuida y sostiene. Dios está obrando la redención de todo lo creado.

La redención de la creación la ejecuta Dios por Jesucristo, quien vino para que todos “tengan vida… en abundancia” (Juan 10:10; Colosenses 1:15-20).

Jesús y su obra redentora (muerte, sepultura, resurrección, ascensión y segunda venida) harán  cielos nuevos y tierra nueva en los que mora la justicia.

Este universo volverá a ser “bueno en gran manera”. Jesucristo lo hará realidad en su segunda venida. Para vivir en este nuevo universo y disfrutarlo, tenemos que creer y seguir a Jesús. ¡Hagámoslo!

Jesús hará que nuestra vida en esta tierra sea “buena en gran manera” y anticipe así la eternidad.

Amén.