Toda persona que crea, contempla su obra al terminarla, para calificarla. Dios también hizo lo mismo al terminar al universo. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”.
“Bueno” significa “agradable”, “placentero”, “gozoso”. Dios se deleitó superlativamente al ver terminada su obra.
La palabra “bueno” también tiene connotación estética y moral. Nada era feo ni desagradable, sino bello y hermoso. No había, asimismo, maldad ni inmoralidad. Todo reflejaba a Dios.
Los cielos y la tierra; el día y la noche; la expansión; los mares; la tierra seca; la vegetación; los astros; los seres vivos acuáticos; los seres voladores; los animales terrestres; y los seres humanos, que señorean el planeta. Todo reflejaba bondad.
Hoy, empero, hay vergüenza, culpa, dolor, frustración, llanto, enfermedad y muerte. Hay catástrofes, guerras, crímenes y abusos. El dolor y desesperación turban nuestras almas.
El universo es bueno, pero ya no “en gran manera”. Hay belleza y bondad, pero también fealdad y maldad.
¿Qué pasó?
Adán y Eva desobedecieron a Dios. Su desobediencia introdujo el pecado, muerte y maldición al universo.
Pero Dios no abandonó su creación; él la cuida y sostiene. Dios está obrando la redención de todo lo creado.
La redención de la creación la ejecuta Dios por Jesucristo, quien vino para que todos “tengan vida… en abundancia” (Juan 10:10; Colosenses 1:15-20).
Jesús y su obra redentora (muerte, sepultura, resurrección, ascensión y segunda venida) harán cielos nuevos y tierra nueva en los que mora la justicia.
Este universo volverá a ser “bueno en gran manera”. Jesucristo lo hará realidad en su segunda venida. Para vivir en este nuevo universo y disfrutarlo, tenemos que creer y seguir a Jesús. ¡Hagámoslo!
Jesús hará que nuestra vida en esta tierra sea “buena en gran manera” y anticipe así la eternidad.
Amén.
