El Pueblo y su dicha o su desdicha, que depende de quienes ejercen el poder y la autoridad en él. Un análisis de Proverbios 29:2.
El contexto macro, ya desdichado o lleno de felicidad, es crucial para que los ciudadanos de una nación trabajen y prosperen en forma personal, familiar y nacional. Y este contexto está en sus manos, en última instancia, y en las manos de aquellos a quienes ellos le entregan el poder y la autoridad de gobernarlos.
El pueblo es el beneficiado o el perjudicado en forma crucial y directa por el gobernante que lo conduce. El gobernante será beneficioso o perjudicial para el pueblo en función de su carácter moral y del carácter moral de quienes “lo” llevan al poder y “lo” sostienen en él. El carácter moral justo, que es lo opuesto a la impiedad e injusticia, es esencial y tiene que ser cultivado por todos los ciudadanos de toda nación para tener un gobierno que les dé alegría, no tristeza.
Un texto bíblico resume el estado del pueblo en función de quienes lo gobiernan con esta declaración: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.” (Proverbios 29:2).
Los peruanos, que hoy tendremos un nuevo gobierno, tenemos que aprender esta afirmación bíblica y considerarla muy seriamente, para vivirla, para practicarla. El gobernante que tenemos “depende” de nosotros. En el pasado, las autoridades nos eran impuestas y nosotros no teníamos sino que aceptarlas y someternos. En el presente, sin embargo, nosotros tenemos un rol vital. Somos nosotros quienes elegimos y sostenemos a quienes nos gobiernan.
Proverbio 29:2 nos da la ligazón consecuente entre el gobernante, el pueblo y su bienestar o perjuicio, y la justicia o la impiedad que se cultiva en ellos. La secuencia es fácil de captar y asimilar.
El gobierno de los justos trae justicia y alegría al pueblo.
El diccionario español define al justo como alguien: 1) Que obra según la justicia y la razón, 2) Que se conforma a la justicia, la razón o la ley, 3) Que es imparcial y que da a cada quien lo que le corresponde, 4) Que es exacto, cabal o adecuado y 5) Que vive según la ley divina o moral y que se caracteriza por la piedad y la fe.
En Proverbios 29:2 la palabra “justos” -incluye las definiciones del idioma español-, pero pone la carga de su significado en que estas personas: 1) Temen y respetan y reverencian a Dios, 2) Se alimentan y viven en función de la leyes del Dios al que obedecen, 3) Se enfocan y buscan siempre el bienestar de quienes están bajo su cuidado y a su alrededor; el bien común es el norte de su vida y 4) Son la antítesis y lo opuesto a los impíos, que son las personas que viven en función de sí mismos, sin tomar en cuenta a su prójimo y menos a Dios.
La palabra justos, en el texto, es especifica y se enfoca en quienes gobiernan y dominan al pueblo. Se presenta el hecho concreto de que el dominio de los justos resulta en alegría y regocijo en el pueblo. El porqué es así está ligado por el hecho de que los justos revisten de su carácter las normas, las leyes, las prácticas y el ejercicio de su poder y su autoridad en y ante el pueblo.
Un gobierno de los justos llenará de alegría a los ciudadanos porque se caracterizará: 1) No por el capricho personal ni en la ambición egoísta, sino por el afán de servir y brindar un buen ambiente de vida a todo el pueblo. 2) Por la equidad y la igualdad ante la ley de los gobernados, 3) Por la verdad, la transparencia y la ausencia de corrupción en el aparato gubernamental y la burocracia, 4) El cuidado digno y solidario de los vulnerables e indefensos de la población y 5) Por el respeto y el temor a Dios por parte de los gobernantes y de todo el pueblo.
Pero, siempre hay un pero, en este mundo. Si quienes gobiernan son impíos, el pueblo gemirá, y mucho.
El Gobierno de los impíos trae injusticia y gemido al pueblo.
El gobierno de los impíos es la antítesis del gobierno de los justos y el proverbista lo contrasta magistralmente: “… mas cuando domina el impío, el pueblo gime”, declara.
El impío se caracteriza por vivir fuera de la justicia y la razón. El impío no trata a todos por igual ni en base a la ley, sino en función de su preferencia personal; él no le da a cada quien lo que le corresponde. Su móvil no es el bien común, sino su propio beneficio y el de sus allegados. Por último, el impío no toma en cuenta a Dios y no le preocupan sus leyes y su buena voluntad; esa es la raiz de su impiedad.
El impío, por tanto, es un gobernante malo. La injusticia institucionalizada por su iniciativa y su ejemplo hará sufrir a su pueblo. El peso de la corrupción, el abuso de poder y la desprotección generarán gemido y padecimiento en los ciudadanos.
Los ciudadanos se lamentarán, se quejarán y padecerán impotentes a ese tipo de gobernante y de gobierno porque ellos tienen protección legal y el monopolio de la fuerza para mantenerse en el poder. “Derrocar” y “liberarse” de un gobierno de los impíos es muy complicado y difícil, de allí que el sufrimiento y el gemido del pueblo es muchísimo mayor. (Cuba, Venezuela, son casos emblemáticos y actuales de este tipo de gobiernos).
El cultivo de la justicia como valor supremo en el pueblo es esencial para que siempre gobiernen los justos.
En el tiempo presente la elección de los gobernantes está en manos del pueblo, de los ciudadanos. Son ellos quienes escogen por medio de su voto al gobernante de sus naciones. Esto es así en muchos de los países de este mundo, en especial, en las regiones influenciadas por la cultura occidental.
Los ciudadanos, en consecuencia, tienen que esforzarse en ser justos y en cultivar la justicia en su modo de vivir. El desarrollo del carácter moral acorde con la imagen del Dios creador y de la dignidad humana deben ser la vivencia y la práctica de toda la ciudadanía.
La vida justa, que se caracteriza por valorar la vida, la libertad, la propiedad privada, la seguridad y la prosperidad, es conforme al sentido común y a la racionalidad.
La sociedad tiene que cultivar la justicia en su vida personal, familiar y comunal. Es imprescindible que lo haga. Es urgente.
Si todos los ciudadanos nos esmeramos y acrecentamos la justicia en nuestro modo de vivir, la probabilidad de “gobiernen” los justos y no los impíos será mucho mayor, lo cual nos evitará la desdicha, y nos atraerá la alegría y la felicidad de vivir en una nación con paz, seguridad y prosperidad.
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