“El cristiano, el hijo de Dios, tiene que vivir entre los seres humanos, es Dios quien así lo ha dispuesto. Es allí donde cada cristiano y la iglesia toda cumple su misión.”
La Inmersión de los cristianos en el mundo es el propósito de Dios para su iglesia. La voluntad de Dios es la movilización y la dispersión evangelizadora, discipuladora y alumbradora de sus hijos, de todos y cada uno de ellos. Él quiere a la iglesia de Cristo en el mundo, entre la gente, entre los ciudadanos del reino de las tinieblas, alumbrándolos con la luz de Cristo y mostrándoles el camino que Él es, para que crean, lo sigan y lleguen así hasta Dios.
La voluntad de Jesús para todos los que le seguimos está claramente expresada en Sus palabras: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. … Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo» (San Juan 17:15, 18). Jesús quiere a sus discípulos en el mundo. Es incuestionable.
La inmersión diferenciada y luminosa de los discípulos de Jesucristo en la oscuridad de los hombres es el propósito de Dios para ellos mientras estén en esta tierra. Tiene que haber hijos de Dios en todas las áreas donde hay seres humanos. Los cristianos tenemos que resplandecer en medio del mundo (Filipenses 2:14-16).
El cristiano tiene que estar entre su familia que todavía no sigue a Jesús. No debe aislarse ni apartarse de sus vecinos. Sus conciudadanos tienen que verlo brillar con la luz de Jesucristo dondequiera que vaya. Sus buenas obras deben llevar a la gente a glorificar a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14-16).
Toda la gente de este mundo necesita a Jesucristo. Dios ha escogido que seamos nosotros quienes le mostremos su salvación. Nuestras vidas, transformadas por Jesús, deben permanecer abiertas y cercanas a las personas: en el hogar, el trabajo, los estudios, los negocios y los lugares de recreación.
Si tú sigues a Jesucristo y quieres cumplir esta voluntad de Dios, te sugiero:
- No tengas miedo de vivir entre quienes aún no son hijos de luz. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo están contigo, te protegen y obran en ti por medio de la palabra escrita.
- Ama a la gente como Cristo la ama y da tu vida por su salvación. Tu presencia es vital. Ellos deben ver a Cristo en ti. Muere a tu viejo hombre y no cedas a sus deseos ni reacciones. Sé un canal de su gracia y vida eterna, no un tropiezo.
- Fortalece tu fe cada día en la Palabra de Dios, interpretada evangélica y Jesus-céntricamente. La luz de Cristo es superior a las tinieblas de este mundo y la Biblia así lo declara. La verdad de Dios tiene que estar implantada en tu mente y corazón.
- Ora continuamente. Que la oración sea tu respiración. Ora por lo fácil y por lo difícil. Habla con Dios ya por lo pequeño como por lo muy grande. Necesitas a Dios en oración en todo instante.
- No ames ni codicies los valores de este mundo. Todo ellos son opuestos a Dios. Tú caminas hacia la eternidad. Lo pasajero no debe seducirte en ningún momento. Tu vida en Jesús y sus valores son superiores a los mejores ideales del mundo pasajero.
- Vive la victoria de Cristo sobre el pecado, el mundo y el diablo. Esta triología malévola ya no tiene poder sobre ti. Jesucristo ya la venció y su victoria es también tuya (1 Juan 5:4-5). Vive esa victoria valientemente entre la gente de este mundo para estimular a la gente a salir de él creyendo en Jesús.
