El saber y la fe bíblica son interdependientes entre sí. La fe bíblica es la única fe que salva verdaderamente y requiere conocimiento. Solamente esta fe, que surge y se basa en el saber, satisface, agrada y honra a Dios.
La Biblia es clarísima respecto al hecho de que todo aquel que cree en Jesucristo deja la perdición y tiene ya vida eterna. El perdón de pecados y la libertad de toda condenación está al alcance de todo pecador por la fe en Jesucristo.
La justificación ante Dios, es decir, el ser declarado justo, el ya no ser culpable de ningún pecado, el ser inimputable ante Dios, es una realidad y un hecho ciertísimo por la fe en Jesucristo para todo pecador que cree en él y le sigue. Está escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2).
La fe bíblica es crucial para nuestra vida en esta tierra y también para nuestra vida en la eternidad. Necesitamos esta fe bíblica; nos es indispensable poseerla. Debemos tener la certeza de que nuestra fe es fe bíblica.
La fe bíblica está fundada en el saber, en el conocimiento, no en la ignorancia ni en la superstición. La ignorancia, la desinformación y la superstición son incompatibles con la fe bíblica. La fe bíblica no es posible sin el conocimiento y sin el saber de la palabra de Dios. En la iglesia de Jesucristo, el conocimiento de la Biblia, las Sagradas escrituras, es imprescindible.
Es el conocimiento que viene de oír la palabra de Dios el que origina la fe bíblica. El apóstol Pablo argumentó y demostró ese hecho cuando escribió que la salvación en Cristo Jesús estaba al alcance de todo aquel que invocaba su nombre (Romanos 10:1-13). Su argumentación por medio de preguntas es elocuente y es muy fácil entender. El conocimiento que resulta de escuchar la palabra de Dios es vital para que la fe que salva se origine y nazca en todo aquel que cree y sigue en Jesús. (Romanos 10:14-17).
El hijo de Dios, que llega a serlo por recibir y creer en Jesús (Juan 1:12-13), necesita crecer en la fe bíblica. Esa fe que le hizo salvo le es indispensable para vivir agradando y glorificando a Dios en su vida diaria. Es su deber acrecentarla y afirmarla. Se le exhorta, por tanto, a desear “como niños recién nacidos” la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Dios quiere hijos adultos, que saben y entienden su voluntad, que están entrenados, y que son aptos y capaces de hacer el bien en cualquier circunstancia que les toca vivir (2 Timoteo 3:16-17).
La fe bíblica y el conocimiento de la palabra de Dios se nutren y se engrandecen entre sí. Dios quiere que los discípulos de Su Hijo sean libres, verdaderamente libres, es por eso que se les demanda que conozcan y permanezcan en la palabra de Cristo (Juan 8:31-32). La permanencia de los discípulos y el saber de la palabra de Dios son interdependientes. Dios lo sabe y es por eso que él quiere que sus hijos sean siempre gente que sabe y que conoce bien su voluntad, la cual está escrita en la Biblia, la palabra de Dios.
El conocimiento es vital en la firmeza de nuestra fe. El saber nos es crucial para la fe que agrada a Dios y lo glorifica. Dios quiere estemos muy bien informados en la verdad que viene únicamente de él. Asegurémonos de que nuestra fe esté fundada en el saber y el conocimiento de la palabra de Dios.
El conocimiento de lo que Dios ha preparado para nosotros sus hijos está a nuestro alcance. Nadie, excepto los seguidores de Cristo pueden entender las cosas que Dios ha revelado en la Biblia. Dios envió al Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad, para que nosotros sepamos y conozcamos lo que él tiene para nosotros. Nosotros somos los portavoces de Dios en este mundo. Dios quiere que el mundo conozca su salvación en Cristo por medio de nosotros y nosotros necesitamos conocer y hablar de esa salvación con la ayuda del Espíritu Santo. Está escrito: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.” (1 Corintios 2:12-13).
El saber y la fe bíblica van de la mano. La fe bíblica y el conocimiento son íntimos amigos. La fe de los discípulos se origina, crece y se afirma en el conocimiento de la verdad de Dios revelada en la Biblia.
Es justamente porque la fe bíblica se origina y engrandece con el conocimiento que se dice de ella, “que hace entender” y “que es convicción” y “certeza” (Hebreos 11:1-3). Honremos esta fe, teniéndola y mostrándola cada vez más firme y grande, hermanos.
Dios quiere que nuestra fe se acreciente por el saber de su voluntad, hermanos. ¡Conozcámosla, leyendo y oyendo la palabra de Dios que está en la Biblia!
El tamaño y la firmeza de nuestra fe están íntimamente relacionada con cuánto sabemos lo que Dios nos dice en la Biblia. ¡Estudiemos y aprendamos la Biblia tanto como podamos, hermanos!
¡Qué Dios nos ayude con Su Espíritu a aumentar y a acrecentar nuestra fe por medio de aumentar y acrecentar nuestro conocimiento de la Biblia día tras día! Amén.
