Los primeros seguidores de Jesucristo sabían, conocían. Ellos nos transmitieron ese su saber en el Nuevo Testamento, que juntamente con el Antiguo Testamento, constituyen la Biblia, la palabra de Dios, la cual él ha revelado a través de hombres inspirados -guiados y conducidos- por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:20-21; 2 Timoteo 3:16-17).
El conocimiento y el saber más importante, que es el vital y el que cambió totalmente sus vidas, tenía que ver con Jesucristo. Jesucristo los asombró y maravilló. Ellos no volvieron a ser los mismos luego de oír, creer, seguir y obedecer a Jesucristo.
Para ellos, Jesús de Nazaret, venía de Dios y era Hijo de Dios; no tenían dudan al respecto.
Ellos empezaron a oírle, a creerle y a seguirle por verlo como un enviado por Dios. Así fue al principio. Pero después, al ir reflexionando más detenidamente en todo lo que vieron y experimentaron, especialmente, luego de su muerte y resurrección, conocieron y entendieron que Jesús era Dios, el Único y Verdadero Dios.
El evangelista que tuvo más tiempo para pensar, afirmarse y maravillarse de ese glorioso hecho fue Juan, el discípulo amado. Juan fue el último de los apóstoles en morir. Él escribió su Evangelio, sus tres cartas y el Apocalipsis, testificando de la deidad de Jesús.
Los apóstoles y todos los discípulos de aquella época eran gente que sabía, que conocía y entendía. Todo ellos entendían que Jesús de Nazaret, Su Salvador y Rey, había venido a la tierra verdaderamente; ellos lo habían visto con sus propios ojos. Este era un hecho indiscutible.
Jesús es Dios hecho Hombre (Juan 1:1-14). Este era un hecho histórico verdadero; y ellos, por haberle oído, creído y seguido, estaban en comunión con él, quien es Dios, El Verdadero. Jesús les otorgó y proveyó vida eterna a todos ellos, porque él es también la vida eterna, la cual estaba con Dios Padre y se manifestó en él en esta tierra (1 Juan 1:1-4). Este era también un hecho histórico del que ellos testificaban convincentemente.
Ellos entendieron que Jesús es Dios y La Vida Eterna gracias a que él mismo les dio entendimiento para que lo conociesen como Dios y Vida Eterna. En consecuencia, los que creen y siguen a Jesucristo son siempre personas sabias, conocedoras y entendidas. La ignorancia, la falta de conocimiento y la necedad no son parte de los hijos de Dios.
¡El seguidor de Jesucristo sabe y entiende la palabra de Dios porque Jesucristo mismo le instruye y le da entendimiento!
Es por eso entonces que el seguidor de Jesús tiene la convicción y la certeza de poseer la vida eterna. Jesús definió la vida eterna como la experiencia de conocer a Dios Padre, el Único Dios Verdadero, y a Jesucristo a quien él ha enviado! (Juan 17:1-4).
¡Quienes seguimos a Jesucristo sabemos, conocemos y entendemos que somos de Dios por causa de Jesucristo y que es por él también que tenemos una relación sana y buena con Dios!
Juan, que era conciente de lo benditos que somos los creyentes y seguidores de Jesús. escribió así: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).
Nosotros sabemos.
Nosotros entendemos.
Los cristianos estamos convencidos de que Jesús es Dios Verdadero y Vida Eterna.
Nuestra convicción sobre Jesucristo está alimentada y sustentada en la Escritura y la iluminación del Espíritu Santo.
Nosotros entendemos que Jesús nos trae a Dios y también la vida eterna. Jesucristo es nuestra esperanza única para esta vida y la venidera.
¡Qué Dios nos ayude a crecer en nuestro entendimiento y en nuestra convicción de que Jesús es Dios verdadero y la vida eterna!
Amén.

