Este mundo fue diseñado para disfrutarlo gozosamente, pero la desobediencia de Adán a Dios atrajo maldición, sufrimiento y muerte.
Todos los seres humanos experimentamos lo hermoso y gozoso de esta creación, pero también lo gravoso, doloroso, cargado y pesado de ella.
Lo sufrido y lo cargado de la vida es consecuencia de estos hechos inobjetables:
- Somos pecadores e imperfectos, y estamos bajo condenación.
- Vivimos con y entre seres humanos que también son pecadores e imperfectos.
- Transitamos, trabajamos y nos desenvolvemos en este mundo que está bajo maldición.
- El diablo nos asedia para oprimirnos y conducirnos hacia su destino de condenación.
Lo trabajoso, lo frustrante, lo angustiante, lo enfermizo y lo mortal de este mundo nos hace olvidar y opacar lo bueno y alegre de la vida.
Jesucristo sabía y sabe cuán cargado y pesado es vivir en este mundo. Él vivió y habitó entre los hombres y nos entiende perfectamente. Él conoce la pesadez que experimentamos los mortales y es por eso que nos hace está amable y urgente invitación:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30).
Su invitación amplia, abierta e inclusiva es a tener descanso y reposo de lo trabajoso y cargado de vivir en este mundo. Nosotros, según Jesucristo, podemos vivir aliviados y ligeros a pesar de lo duro que es vivir en esta tierra. Todo lo que tenemos que hacer es acudir a Jesucristo aceptando su invitación y su llamamiento.
La invitación de Jesús es clarísima. El llamado de nuestro Señor es específico.
Todos nosotros vivimos trabajados y cargados.
Todos nosotros necesitamos el descanso y el alivio que él quiere darnos.
Pero Jesús no solamente quiere darnos descanso; él también quiere hacernos vivir sin el peso ni la carga de la vida en este mundo. Él nos ofrece su “yugo”, su “carga” y su “ejemplo” para obtener descanso y reposo permanente al vivir en esta tierra.
Con la figura de “su yugo”, Jesús deja en claro que nos uniremos y quedaremos ligados en forma indisoluble a él al aceptar su invitación. A partir de ese instante, nosotros nunca más andaremos ni viviremos solos. Nunca trabajaremos ni llevaremos peso sin su ayuda. Todo lo haremos con Jesús. En consecuencia, y por estar ligados a él por “su yugo”, vivir nos será “fácil”.
Con la figura de “su carga”, Jesús nos hace saber que nuestra carga, la que nos hace vivir “trabajados y cargados” por ser muy pesada, será trocada por la suya, que es “ligera”, liviana, leve. La carga de Jesús es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Él está consagrado a obedecer a Dios. Nosotros, al seguirle, empezaremos a llevar también esa “su carga” que, con su compañía y ayuda, no nos será gravosa, sino llevadera y “ligera”.
Jesús nos da “su ejemplo” como la clave para llevar “su carga” y “su yugo”. Tenemos que aprender de Jesús. Él es modelo de cómo tenemos que ser. Él es “manso y humilde de corazón” y nosotros también tenemos que serlo. Ser “manso”, no significa ser débil, sino controlado, dócil, pacífico, paciente y tranquilo. El término “humilde” implica que vivimos sin orgullo ni vanidad, pero con plena consciencia de las limitaciones humanas y de la dependencia de Dios.
Nosotros necesitamos ser mansos y humildes como nuestro Señor para vivir tranquilos y livianos.
De acuerdo a la invitación de Jesucristo, si nosotros, todos los que estamos trabajados y cargados, acudimos con fe a él y llevamos “su yugo”, y “su carga”, y “aprendemos” de él, hallaremos “descanso para nuestras almas”.
Al vivir con Jesús y al andar con él todos y cada uno de nuestros días en este mundo, nosotros tendremos “su paz”, que es la “… la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7).
Nuestra alma, como consecuencia de estar aprendiendo y siendo como Jesús, estará tranquila y reposada, aun cuando la carne, el mundo y el diablo nos asedien para derribarnos.
¡Aceptemos la invitación de Jesucristo y acudamos a él para tomar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él” para ser como él!
¡Disfrutemos del descanso y del alivio que Jesucristo no da al llevar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él!
¡No permitamos que lo trabajoso y cargado de la vida nos abrume, vayamos inmediatamente con fe a Jesús y disfrutemos de descanso!
Amén.
