El 29 de junio de 1987 empezó para mí de madrugada. Abrí mis ojos entre las 4 o 5 de la mañana. Estaba rodeado de tinieblas -como toda mi vida-.
La oscuridad era negra, negra. No veía nada, nada. Mi mente, entonces, preguntó … y recordó … el tiempo de juego, los amigos, el licor, el lugar, la inconsciencia, el quedarme dormido.
Luego, y de inmediato, vinieron a mi mente estas preguntas: ¿Estoy muerto? No. ¿Así vas a vivir toda tu vida? No, no quiero. ¿Para vivir así te creo Dios? No, obviamente que no. ¿No existe una vida mejor que la que tengo? Estoy cansado de vivir así
Mi frustración y mi vacío existencial habían llegado a su colmo.
“Jesucristo puede cambiar tu vida”. Este pensamiento apareció así, de repente, en mi mente. Yo estaba solo. Fue una frase interna. Seguro que fue una síntesis de lo aprendí de niño y de los cuatro o cinco momentos en los que me presentaron el evangelio siendo joven.
“Voy a entregar mi vida a Jesucristo”, me dije. “Ya no quiero vivir como estoy viviendo.” Esa determinación vino acompañada de tres preguntas: ¿Vas a dejar tus vicios y tus malas costumbres? Ya lo has intentado muchas veces, y has fracasado. ¿Qué van a decir tus amigos? En mi barrio, las burlas y las bromas eran realmente pesadas, muy pesadas. ¿Vas a cumplir realmente con los mandamientos de Dios? …
Todo estaba ocurriendo en mi interior.
La claridad del día llegó y la tensión dentro de mí era cada vez más fuerte.
Desayuné, fui al trabajo y empecé a trabajar, pero la presión espiritual no menguó, se acrecentó.
Hasta que llegó la determinación: “Entregaré mi vida a Jesucristo ahora mismo.” Era 29 de junio de 1987. Era feriado desde el mediodía.
Al salir del trabajo busqué ayuda. Fui a ver al misionero dueño de la casa en la que trabajaba. Ese siervo de Dios me explicó el evangelio de Cristo. Él me ayudó y me asistió en mi decisión.
Mi oración fue sencilla: “Señor Jesucristo, estoy cansado de vivir como vivo, si puedes darme una vida mejor que la que tengo, yo te entrego mi vida.”
Allí empezó el nuevo Segundo Rodríguez, todavía imperfecto y pecador, pero nuevo.
El misionero me dio uno que otro consejo, y oró por mí, y terminó su crucial ayuda.
Al salir de mi lugar de trabajo, y sin entender todo lo que me había ocurrido, miré al cielo, abrí mi boca, y dije: “Dios, ahora vive tú en mi vida.” Ese día cambió mi vida.
El 29 de junio de 1987 no es cualquier día para mí. Es el día de mi nacimiento espiritual. Nunca lo olvido y nunca voy a dejar de contarlo.
Jesucristo transformó mi vida aquel día.
Hoy también es 29 de junio y recordar y narrar lo que me aconteció es mi manera de testificar de Jesús y su obra de salvación y transformación a favor de los pecadores como yo.
Todo pecador que cree en Jesús y lo sigue encontrará perdón de pecados, vida eterna y vida nueva en él, con toda seguridad. Soy una evidencia de ese hecho.
Muchas gracias, oh Dios, por Jesucristo y por tu salvación a favor de los pecadores a través de él.
Cree y sigue a Jesucristo, pecador, nunca te arrepentirás de hacerlo. Amén.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20
Foto: Las fotos de la izquierda fueron tomadas previo a mi conversión a Jesucristo. Gálatas 2:20 expresa lo que quiero vivir con la ayuda de Dios a partir de ese bendito y crucial 29 de junio de 1987.
