Al salir del avión y experimentar la claridad y la energía del sol abrazador selvático me vino a la mente un texto profético del Apocalipsis. En ese texto se anticipa un mundo nuevo en el que el sol será minimizado.
El sol es vital para la vida en esta tierra. ¿Cómo es que se sustentará la vida en ese mundo nuevo si es que el sol es opacado?
El texto del Apocalipsis lo dice clara y contundentemente: La gloria de Dios y de Jesucristo Su Hijo iluminarán y alumbrarán la ciudad en que habitarán los hijos de Dios. Está escrito: “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que alumbren en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:23).
La vida eterna en la ciudad celestial que Dios tiene preparada para sus redimidos se augura maravillosa y esplendorosa. Allí, la luz del sol y de la luna no nos serán necesarias. La vida, la salud, la claridad y la energía que requerimos para vivir ya no nos serán dadas por ambos astros, sino por Dios y por Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. ¡Cuán bendita es la esperanza que Dios nos da a conocer en la Biblia, su palabra!
¡Quiénes creen en Jesucristo y le siguen tienen certeza y seguridad tanto para sus vidas en esta tierra como para sus vidas en la eternidad! Los seres humanos no vivimos y nos morimos y ya no hay nada más. No es así. Hay otra vida después de ésta. Hay otro mundo también. La biblia nos dice la verdad respecto a lo que viene y haremos muy bien en creerla y vivirla.
El frío no me gusta, y si es por mucho tiempo, menos. El frío me estremece, me entume, me enferma y paraliza. Prefiero al sol, a su luz, a su calor, a su energía. La luz del sol y su calor me serán algo incómodos, pero me dan vigor y ganas de andar y de obrar. El calor del sol no me deja en cama, me impulsa a levantarme, a pararme.
Espiritualmente también es así. No me gusta estar frío, sin energía y sin ánimo. Necesito a Dios y a Jesucristo Su Hijo. Dios me da aliento y energía para vivir cada día. Él me sostiene y me motiva. ¡Doy gracias a Dios por permitirme conocerle y seguirle por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador!
¡Qué grandioso va a ser el día en que empecemos a vivir la eternidad al lado de Dios! Allí ya no habrá nada ni nadie que nos debilite y desaliente. Vivir iluminados y alumbrados por Dios y Jesucristo Su Hijo ya hoy es glorioso, y lo será mucho más en la eternidad. Amén.

