El Impacto Transformador de la Iglesia Verdadera de Jesucristo en las Naciones.

Los ciudadanos y las autoridades del Imperio Romano “temían” a los primeros cristianos. No los temían porque fueran inmorales, ladrones, violentos o asesinos, sino porque su mensaje y sus vidas demandaban un cambio total y radical.

Ellos anunciaban con sus vidas y sus voces a Jesús Nazareno —muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación— como el Rey y Señor de todo el universo. Todos tenían que reconocerlo a Él como Salvador y dueño de sus vidas. Creer en Jesús y seguirle significaba convertirse en hijo de Dios y ciudadano del reino de los cielos.

En consecuencia, quienes estaban conformes con su modo de vivir (cultural, religiosa o políticamente) no los querían entre ellos. No querían cambio alguno; por eso los rechazaban y perseguían con violencia. La presencia de cristianos verdaderos en sus pueblos y ciudades era una amenaza directa al status quo —el estado de las cosas—.

El “Trastorno” de Tesalónica

Es por esa razón que cuando Pablo y Silas ingresaron a Tesalónica, los judíos celosos intentaron aprehenderlos. Al no encontrarlos, apresaron y llevaron ante las autoridades a otros hermanos en su reemplazo para amedrentarlos e impedir la predicación del Evangelio.

El libro de Hechos testifica:

Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas.”

— Hechos 17:6-8 (RVR1960)

Para los ciudadanos de Tesalónica, los cristianos estaban “trastornando el mundo entero”. ¿Por qué lo decían? ¿Estaban exagerando? Lo decían por la enseñanza crucial del Evangelio, que desafiaba la lealtad absoluta exigida por el Imperio: los cristianos enseñaban que «hay otro rey, Jesús».

La palabra griega utilizada aquí para “trastornar” es Anastatoō (ἀναστατόω). Lejos de ser una metáfora blanda, este término significa: perturbar, inquietar, agitar, alterar el orden, provocar conmoción o poner de cabeza. Proviene de la idea de “sacar algo de su lugar” o hacer que quede desalojado.

La acusación de sedición o insurrección contra los discípulos era una calumnia política. Los cristianos de aquellos días no buscaban el poder político terrenal ni usaban la fuerza; sabían muy bien que el reino de Jesucristo no era de este mundo y que eran ciudadanos del reino de los cielos.

Sin embargo, había un aspecto innegable y muy cierto en la acusación de sus adversarios:

Quienes creen y siguen a Jesucristo, Su Iglesia, si viven a Cristo y cumplen fielmente con predicar el evangelio en el poder del Espíritu Santo, no solamente se multiplicarán y se acrecentarán numéricamente y se constituirán como iglesias locales en más pueblos y ciudades, sino que transformarán para bien toda la vida, la cultura, las costumbres, la religión y la política de la nación o de las naciones donde están y cumplen su misión.

En palabras sencillas: ese núcleo fervoroso realmente “trastornará” para bien toda la vida de la gente.

Las Figuras del Reino y el Ejemplo de Éfeso

Jesucristo presentó durante su ministerio figuras que ilustran este poder transformador continuo de sus discípulos en este mundo:

  • La sal de la tierra (Mateo 5:13). -Sabor, curación, preservación-.

  • La luz del mundo (Mateo 5:14-16). -Alumbrar, iluminar, guiar-.

  • La levadura que leuda toda la masa (Mateo 13:33). -Transformación interna, silenciosa y total-.

  • La semilla de mostaza que se hace árbol y da cobijo a las aves (Mateo 13:31-32). -Pequeño, grande-.

Antes de seguir, quiero aclarar lo siguiente: la transformación positiva y digna de toda la vida de un pueblo o de una nación en función del Evangelio de Jesucristo no significa necesariamente que todos los habitantes serán salvos e hijos de Dios. No, no es así.

En el libro de Hechos hay un ejemplo concreto de la transformación de una ciudad por los cristianos y el poderoso mensaje de Jesús: Éfeso (Hechos 19:1-41). En esa ciudad, el impacto de la predicación de la palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo por los cristianos genuinos y obedientes la “trastornó” positivamente:

  1. Conversión genuina: Hubo un buen número de ciudadanos que se convirtió a Cristo y se integró a su iglesia.

  2. Humillación del ocultismo: La religión idolátrica y demoníaca de la ciudad fue humillada y golpeada con muchas deserciones.

  3. Impacto económico: La economía, que estaba basada en la religión idolátrica, recibió un duro golpe, ya que fueron muchos los que abandonaron a la diosa Diana y a todos los objetos artísticos relacionados con ella.

  4. Transformación cultural: La cultura de la ciudad también recibió una conmoción porque los libros de magia fueron quemados públicamente.

  5. Reordenamiento político: La política, que reflejaba a la ciudadanía, tuvo que intervenir para imponer la paz y el orden social.

Es obvio, entonces, que el temor algo exagerado de los ciudadanos de Tesalónica sobre el impacto revolucionario de los cristianos y su mensaje no estaba tan lejos de la verdad. Más adelante, la transformación micro de la sociedad que se vio en Éfeso se vio también a nivel macro, al transformar formalmente al poderoso y enorme Imperio Romano a partir de Constantino (306 – 337 d.C.), una transformación tan profunda que moldeó a toda la sociedad del Mediterráneo hasta hoy.

Las Cuatro Dimensiones del Cristianismo en la Sociedad

Escribí este artículo por causa del impacto que generó en mis lectores mi nota sobre el Te Deum “evangélico”. Al leer los comentarios, percibí que hay un buen número de cristianos que captan el impacto de obedecer la Gran Comisión solo en las conversiones personales y en la asimilación a la iglesia, el Cuerpo de Cristo; pero no toman en cuenta el impacto que hay en la vida personal, familiar y social de quienes oyen pero no se convierten a Jesús ni se añaden a su iglesia. En ese post mostré cómo el movimiento evangélico ha crecido hasta el punto de ser hoy considerado relevante por las autoridades políticas. El mensaje de Cristo ha impactado poderosamente en nuestra sociedad desde la fundación misma de la república, lo cual no significa que todos sean salvos o verdaderos hijos de Dios.

Para entender totalmente el impacto transformador del mensaje de Cristo en los pueblos y naciones, tenemos que considerar estos cuatro aspectos o dimensiones de su manifestación:

  1. Cristianismo Relacional: Quienes oyen el Evangelio, creen y siguen a Cristo de forma verdadera. Estos son hijos de Dios, tienen una relación real con Él y han sido añadidos a la Verdadera y Única Iglesia de Jesucristo. Este impacto representa el núcleo fervoroso y la fuente viva de la transformación.

  2. Cristianismo Religioso: Quienes oyen el Evangelio y creen porque les gustó e impactó la enseñanza de la Palabra de Dios, pero no necesariamente han nacido de nuevo. Son, por tanto, cristianos e iglesias en la forma, pero no en la esencia.

  3. Cristianismo Cultural: Quienes no creen ni siguen a Jesucristo como Señor y Salvador, pero adoptan los principios y valores de la Biblia para vivirlos porque los reconocen como buenos, verdaderos, dignificantes y razonables. Ellos adoptan la cosmovisión cristiana porque la ven correspondiente con la realidad, actuando como un freno moral indirecto en la sociedad.

  4. Cristianismo Político: Quienes buscan el poder político y aprovechan al cristianismo religioso y cultural para conseguir autoridad y gobernar los pueblos y naciones, en el mejor de los casos, con la intención de construir el reino de Dios en la tierra por medios humanos y terrenales.

El Evangelio y los creyentes han producido este tipo de impacto en sus diferentes aspectos a lo largo de la historia de la humanidad hasta hoy. El Sacro Imperio Romano, las naciones católicas y protestantes surgidas tras la Reforma Protestante y los pueblos formados en América son evidencia de ello.

Advertencia Final y Llamado

La clave de todo este impacto transformador está en Dios, en primer lugar; y en la Iglesia de Jesucristo y en cada hijo verdadero de Dios, después. Dios obra en este núcleo de su pueblo, y es por su obediencia diligente a la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo que se logra esa transformación.

Este hecho bendito nos lleva a una advertencia final: de la misma manera que toda transformación positiva en un pueblo o nación empieza, se mantiene y se acrecienta por la fe fervorosa y obediente de los cristianos verdaderos, su enfriamiento, la pérdida de su primer amor y el descuido de la obediencia diligente pueden originar un “trastorno” negativo en la sociedad, hasta el punto de hacer desaparecer la presencia del Evangelio en ellos. El ejemplo concreto en la historia son las naciones orientales y del Norte de África que hoy son musulmanas, pero que en el pasado fueron grandes bastiones cristianos. Otro ejemplo más cercano y presente es Europa, que iluminó y edificó la civilización occidental con el Cristianismo en sus diferentes vertientes, pero que hoy luce fría, desorientada y mutando al ateísmo, al secularismo, a las religiones orientales, al socio comunismo moderno y al Islam. 

Cuidemos nuestra vida con Dios por medio de Jesucristo. Nuestra presencia y nuestra misión en este mundo no solamente salvan a las personas y las llevan a la gloria de Dios, sino que también le dan tiempo, preservación y oportunidad a las naciones para que oigan el Evangelio, crean y se salven. Los cristianos que vivimos en Perú estamos bendecidos por la fe que Dios nos ha dado. Vivámosla y difundámosla cada día por todo lugar de nuestro país y el mundo.

Amén.

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La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político …

“La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político para existir y cumplir su misión en este mundo.”

El poder político expresado en el poder gobernante se opuso, ilegalizó y persiguió a los cristianos e intentó impedir el nacimiento, crecimiento y establecimiento de la Iglesia de Jesucristo en este mundo.

De haber sido por los gobernantes y por el poder político de la época, ni la iglesia de Jesucristo ni el Cristianismo existirían en este mundo.

He reflexionado en este hecho por la declaración de un Sacerdote Copto que vi y comenté en Twitter. Este sacerdote dijo: “Los cristianos fuimos en su día los gobernantes y la mayoría de Egipto. Hoy sufrimos persecución y luchamos por sobrevivir”.

Creo que la declaración del sacerdote copto necesita un comentario desde la perspectiva del Nuevo Testamento y es por eso que escribo esta nota.

La Iglesia de Cristo y el Cristianismo (el inicial, el del Nuevo Testamento), que fue y es el resultado de un vínculo espiritual con Dios por medio de la fe en Jesucristo; empezó, se extendió y se afirmó en el mundo en los primeros 100 años de esta era a pesar de la persecución del judaísmo y sus gobernantes, primero; y del paganismo y el Imperio Romano, después.

El Cristianismo, expresado en aquel tiempo únicamente por la Iglesia que edificó y edifica Jesucristo, no necesitó del poder político ni del poder de los gobernantes para existir, crecer, establecerse y cumplir su misión en este mundo.

El evangelio de Cristo y la iglesia de Cristo entendidos como una relación espiritual personal con Dios (Cristianismo Neotestamentario) es indestructible e inmortal, y se ha vivido, se vive y se vivirá siempre vibrante y ferviente, aun cuando el poder político los persiga sutil, abierta, violenta o mortalmente.

Siempre hay que tener presente que este Cristianismo es obra de Dios. Gamaliel, un fariseo doctor de la ley judía, fue el primero en razonar en el hecho de que la permanencia de los discípulos de Jesucristo era un evidencia de que la obra y el mensaje de Jesucristo se debía a Dios (Hechos 5:38-39).

Ni las puertas del infierno, ni el poder político a su servicio, por tanto, prevalecerán en ninguna manera contra la iglesia que Jesucristo está edificando. Él mismo lo dejó bien en claro cuando habló de ella por primera vez en Mateo 16:18.

Las creencias y las ideologías opuestas al Cristianismo solamente pueden opacar, triunfar y reemplazar a su expresión meramente religiosa, política, cultural, mundana, civilizatoria e histórica. Estas ideologías anticristianas solo pueden sobreponerse a estas expresiones del cristianismo cuando tienen poder político y poder gubernamental.

Las ideologías núcleo que son opuestas y enemigas del Cristianismo, y que la perseguirán siempre al obtener y ejercer poder político, y al extremarse y violentarse, son: el ateísmo, el politeísmo, el monoteísmo anti Jesús, el humanismo anti cristiano, el animismo y el cristianismo mundanalizado o secularizado o politizado (que es el cristianismo que deja su esencia neotestamentaria).

El Sacerdote copto está exponiendo, en consecuencia, un hecho parcial que es verificable. El cristianismo, en tanto expresión religiosa, política, cultural, mundana, civilizadora e histórica, sí “necesitó” del poder político y gubernamental para, como él dice, “sobrevivir”. Constantino, que promulgó la libertad religiosa y Martín Lutero, que tuvo apoyo político de Federico el sabio para lograr lo que se conoce como Reforma Protestante, son dos evidencias.

El mundo está cada vez más peligroso para el cristianismo que ha perdido su esencia neotestamentaria, pero no para el Cristianismo y los cristianos que siempre la mantienen. Este cristianismo y estos cristianos viven muy conscientes de esto que dijo Pablo en el libro de Hechos:

“… confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 14:22).

El Cristianismo que ha perdido su esencia, su fundamento y su referencia bíblica autoritativa sí tiene que poner las barbas en remojo. Ese tipo de Cristianismo está siendo abandonado en la mayoría de los países europeos y es muy posible que sea reemplazado completamente por ideologías y creencias que son le son antagónicas.

El Cristianismo que no está fundamentado en el Nuevo Testamento puede ser opacado, absorbido o desaparecido por cualquiera de las creencias o ideologías que son contrarias a Jesucristo y a la palabra De Dios, que está en la Biblia.

Al contrario de lo que ocurre o ocurrirá con esa expresión del Cristianismo, la cristiandad y la iglesia de Jesucristo, en tanto obra de Dios por medio del Espíritu Santo sobre la base de la Biblia, la palabra de Dios, y la fe en Jesucristo; que ha vivido y vive y vivirá, y que cumplió y cumple y cumplirá su misión, a pesar de la oposición y la persecución política y diabólica; avanzan victoriosas e invencibles hacia su encuentro eterno con Dios al final de los tiempos, que cada vez es más cercano.

El ideal de la Iglesia de Cristo y del Cristianismo neotestamentario, que no era perfecto, pero que era fiel, nunca fue asimilar o absorber al poder político. Su ideal era predicar el evangelio a toda criatura y discipular a todas las naciones. Toda criatura y todas las naciones tenían que creer en Jesús y seguirle.

Esa iglesia y esa cristiandad no necesita “un matrimonio” con el poder político para vivir y cumplir su misión en este mundo. Su existencia y su misión han sido, y son, y serán una realidad en esta tierra porque Dios está trabajando en su seno y nada ni nadie puede impedir lo que él está haciendo en sus seguidores y a través de todos ellos. Amén.