Conducir a los hombres hasta Dios, al único y verdadero, Jehová, el Dios y Padre de Jesucristo, para que crean en él y le sigan y sean sus hijos, no es tarea solo humana, sino también divina. No es posible realizar esta eterna y urgente labor en la aptitud y suficiencia humana … ¡Es imprescindible el poder, la sabiduría y la aptitud que solamente Dios puede dar!
Pablo fue un competente testigo de Cristo. Él es nuestro ejemplo a seguir. A nosotros nos toca también testificar de Jesucristo y su obra de salvación y tenemos que aprender mucho de él y de su trabajo.
La evidencia bíblica respecto a Pablo como discípulo, testigo, maestro, predicador e interprete de las Sagradas Escrituras es impresionante. Pablo hizo un trabajo laborioso, suficiente, eficiente, fructífero y productivo. Su legado en discípulos, iglesias y libros, testifican de su efectividad. Dios lo usó … “y lo usa”, “y lo sigue usando” todavía hasta hoy.
Pablo, sin embargo, para evitar una falsa interpretación de él y de su trabajo, testifica que su suficiencia y su capacidad para cumplir su tarea no fue suya, sino de Dios. Fue Dios, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, quien lo capacitó y habilitó con denuedo, sabiduría, poder y valentía para hablar el evangelio por dondequiera que fue.
Rescatar a los hombres de su propio pecado y de las garras del diablo no es posible para los seres humanos; se requiere necesariamente del poder y de la sabiduría de Dios. Sin Dios este objetivo es imposible, pero con él y con su poder, siempre se puede trabajar confiado y esperanzado. Está escrito: “… ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” (Mateo 19:25-26).
La palabra competencia en 2 Corintios 3:4-6 es una palabra poderosa y significativa. Ella resume “la combinación de conocimientos, capacidades, habilidades, actitudes, que se expresan en el saber hacer, en el hacer bien lo que se encomienda”. Esta palabra califica e identifica a los trabajadores útiles y destacados en sus tareas y Pablo lo era, pero no por sí mismo. Este es su testimonio: “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.”
Los sinónimos específicos de esta palabra en base son también impresionantes: “poder”, “capacidad”, “autoridad”, “pericia”, “aptitud”, etc. Todo trabajador competente es confiable. Se puede estar seguro y tranquilo con trabajadores así.
Pablo usó esta palabra para describir su suficiencia y su competencia al predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo y las sagradas escrituras a los hijos de Dios y a toda la iglesia. Esa su suficiencia y competencia no le era propia, provenía de Dios. Él quería dejar muy en claro ese hecho. Dios le hizo “capaz”, “apto”, “suficiente” y “competente” para el trabajo que le encomendó. Es por eso que él se dedicó con toda confianza y por entero a ese su trabajo.
Enseñar, predicar y compartir el evangelio es una obra espiritual, no carnal. El ser humano está perdido y bajo el dominio del diablo. Él no puede ser salvo y libre de esa su terrible condición por sí mismo ni tampoco por la ayuda de todos los seres humanos habidos o por haber. La salvación y la liberación espiritual es obra de Dios.
El hombre pecador solamente puede ser salvo si es que cree en el evangelio de Jesucristo, que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Y ese mensaje solo puede ser anunciado competentemente en el poder y la sabiduría de Dios. Los hombres que anuncian el evangelio tienen que ser hechos competentes por Dios mismo para que “… la excelencia del poder sea de Dios…” visiblemente y no de ellos. (2 Corintios 4:7).
Todos quienes hoy testifican, enseñan y proclaman a Jesucristo y su obra de salvación necesitan que Dios obre en ellos y a través de ellos. ¡Y él lo hace, créanlo! Él es el principal interesado en salvar a los pecadores. Él es quien establece, perfecciona, capacita, empodera y usa a los pecadores que creen en Jesús y le siguen.
La vida cristiana no se vive en la fuerza ni la competencia de uno mismo. Nada se sobrelleva ni se soporta sin Dios ni su intervención a nuestro favor.
Dios es el que empodera, capacita, entrena, habilita y fortalece a quienes creen en Jesús y le siguen y le sirven.
Los que testifican de Cristo y predican y enseñan la palabra de Dios a la humanidad y a la iglesia necesitan que Dios los haga aptos para su tarea y para vivir agrandándole cada día.
Pablo lo sabía y es por eso que escribió también estas palabras: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriare más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12:9-10).
¡Dios hace competentes, suficientes y aptos para creer, crecer, servirle y obedecerle a quienes ponen su fe en Jesucristo! ¡Qué Dios nos ayude y nos siga haciendo competentes, suficientes y aptos para predicar el evangelio de Jesucristo a mucha más personas! Amén.



