Aviva Tu Obra, Oh Dios: La Oración de Habacuc y la Urgente Necesidad de Avivamiento Hoy.

La Oración de Habacuc: 4 Pasos para el Avivamiento Hoy.

“Descubre el patrón bíblico en Habacuc 3:2. Analizamos los 4 principios que el profeta usó para clamar a Dios por un despertar espiritual en su nación.”

El avivamiento de la obra de Dios siempre es una necesidad continua en este mundo, y en el mundo de hoy, muchísimo más.

Avivamiento (en el uso cotidiano) es la acción y el efecto de avivar. La palabra “avivar” significa: “volver a vivir”, “revivir”, “cobrar vida”, “entusiasmarse” o “dar vigor o energía” a algo.

En el uso cristiano o evangélico, el avivamiento es el “despertar“, la “consagración“, la “renovación” y la “priorización” de la vida espiritual con Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Este avivamiento puede ser individual, colectivo o los dos juntos. Como consecuencia del avivamiento, la vida personal de todo cristiano, de la Iglesia y de la sociedad en general, se hace más devota, más arrepentida, más sensible, más obediente y más útil a Dios y a la extensión de Su evangelio.

El Avivamiento no es una reliquia histórica, sino una necesidad continua y, hoy más que nunca, urgente. Ante el enfriamiento espiritual y la secularización, la única solución es un acto soberano de Dios. El profeta Habacuc lo entendió y nos dejó un patrón atemporal en su oración de Habacuc 3:2. En este post, exploraremos los cuatro principios fundamentales que él usó para clamar por un despertar espiritual en su nación y que son indispensables para nuestra vida y nuestra época.

“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).

1. Tenemos que ser conscientes de que el avivamiento es necesario.

¿Se adora, alaba, teme, obedece y ama a Dios? ¿Se guarda y se vive en conformidad con las leyes reveladas en la palabra de Dios? ¿Se vive misericordiosamente y fraternalmente entre prójimos? ¿Las familias viven en respeto mutuo y armonía? ¿Las autoridades se preocupan por el bienestar de todos los ciudadanos y les dan seguridad y justicia, o solo viven para sí mismos y sus allegados?

Estas preguntas se respondían negativamente en los días de Habacuc. El profeta era consciente de la situación de su sociedad, tal como lo expresan Sus palabras clarísimas al respecto:

“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.” (Habacuc 1:2-4).

Él, a la vez, sabía que el juicio de Dios estaba a la puerta de su nación. Es más, Habacuc conocía a quienes usaría Dios para ejecutar Su juicio y eso lo tenía confundido y angustiado.

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.” (Habacuc 1:5-6).

El contexto religioso, político y social de Judá requería de un avivamiento espiritual y Habacuc estaba al tanto de esa urgente necesidad. Su oración a Dios para que avive Su obra en sus días es un reflejo de su lucidez y de su discernimiento espiritual.

Nuestro tiempo requiere de hijos de Dios que imiten a Habacuc.

Nuestras familias, congregaciones y naciones demandan “Habacucs” modernos, que estén con los ojos despiertos, y que vean la necesidad de un avivamiento obrado por Dios, y que oren por el mismo al Dios todopoderoso. ¡Que Dios levante cristianos diligentes y alertas que vean la necesidad del avivamiento espiritual!

2. Tenemos que estar escuchando la palabra de Dios humilde y reverentemente.

¿Cómo es que Habacuc llegó a ser consciente de la necesidad de un avivamiento? Su testimonio al respecto es poderoso. Él oía atenta y temerosamente la palabra de Dios. Su actitud ante ella era propicia para que el Espíritu Santo avivase su vida para con Dios y para con su prójimo. Fueron las Sagradas Escrituras las que despertaron su entendimiento y lo hicieron ver la necesidad espiritual de su nación. La Escritura decía una cosa y el pueblo judío vivía otra.

Los cristianos tenemos que estar oyendo y leyendo la Biblia como lo hizo este profeta. “Oh Jehová, he oído Tu palabra, y temí” tiene que ser también nuestro testimonio. Es la palabra escrita de Dios la que nos hace ver si estamos agradando a Dios o yendo en contra de Su buena y bendita voluntad. Es la Escritura la que nos motivará y nos impulsará hacia un avivamiento espiritual. Ella obrará en nosotros primero, y luego, al seguir transformándonos y encaminándonos más y más hacia Dios, nos hará ver que los demás también necesitan la obra de Dios en sus vidas.

3. Tenemos que pedirle a Dios en oración el avivamiento.

Habacuc deja en claro en su oración que el avivamiento espiritual verdadero es obra de Dios, no del hombre. “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos. En medio de los tiempos hazla conocer”, oró el profeta. La implicancia es trascendental: “Es Dios mismo quien tiene que ejecutar y concretizar el avivamiento.”

Habacuc le pidió a Dios el avivamiento de Su obra en la vida de su pueblo y de toda la humanidad. Su obra tenía que ser visible en su momento histórico. Toda su nación y todas las naciones que la rodeaban tenían que ver la obra de Dios en los judíos. Era Dios mismo quien debía hacer conocer Su labor en la vida cotidiana de los ciudadanos de Judá.

La petición en oración de Habacuc tiene que ser nuestra oración. Nosotros también debemos pedir que Dios “avive Su obra en medio de nuestra época.” Tenemos que pedirle que avive la vida espiritual en cada creyente y discípulo de Cristo. Debemos rogarle que reviva a Su iglesia y que la impulse hacia Él y hacia la misión de predicar el evangelio a toda criatura. En nuestra oración necesitamos pedir que Dios quebrante y mueva los corazones de nuestros conciudadanos hacia Él y hacia Jesucristo, Su Hijo, para la vida presente y la venidera.

4. Tenemos que estar listos a aceptar los resultados propios de la presencia santa y poderosa de Dios.

El avivamiento espiritual es posible porque Dios se revela en poder en quienes son Su pueblo y en quienes no lo son. Su presencia y Su obra serán un hecho tanto en quienes le temen y sirven como en quienes no lo hacen.

Habacuc sabía que Dios obraría en ira contra los pecadores y sus pecados, y en misericordia para con los pecadores que se arrepentían y volvían a Él en fe y conversión genuina. “En la ira acuérdate de la misericordia”, oró el profeta. El profeta quería que la ira de Dios sobre los ciudadanos rebeldes de su pueblo se expresase, pero sin dejar de expresarles también Su misericordia salvífica y redentora.

El avivamiento espiritual que Dios obra revela a nuestro Creador en ira contra los pecadores no arrepentidos y en misericordia para con los pecadores arrepentidos.

¡Tenemos que aceptar con un corazón humilde y reverente lo que hará Dios durante el avivamiento!


En resumen, el avivamiento espiritual es una necesidad urgente y vital en todos los niveles. Cada cristiano debe avivar y estimular su vida con Dios para amarle, obedecerle, adorarle, servirle y glorificarle todo el tiempo. Asimismo, la iglesia de Cristo necesita ser revivida y cobrar ánimo para consagrarse y servir con amor en la extensión del evangelio. Finalmente, el avivamiento es clave para que aquellos que aún no creen en Jesús se salven, vivan una vida nueva y multipliquen el número de personas que sirven y glorifican a Dios.

Oración: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).


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¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

¿De qué espíritu somos los cristianos? ¿De perder o de salvar a los hombres?

El cristianismo en la Tierra tiene una única y fundamental razón de ser: la salvación de los seres humanos. Si alguna vez dudamos de nuestra misión principal, basta con recordar la pregunta más incómoda que Jesús hizo a dos de sus discípulos más cercanos.

Jacobo y Juan, los hijos del trueno, se llenaron de ira cuando los samaritanos, motivados por viejas enemistades étnicas y religiosas, rechazaron a Jesús en su camino a Jerusalén. ¿Cuál fue su reacción? Rápida y condenatoria: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (Lucas 9:54, RVR60, paráfrasis).

La respuesta de Jesús, que aún resuena para la Iglesia de hoy, fue un durísimo llamado de atención: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois” (, RVR60).

El Espíritu Condenatorio vs. el Espíritu de Cristo

Tendemos a olvidar el porqué estamos aquí. Jacobo y Juan lo hicieron. Ellos estaban dispuestos a mandar que lloviese fuego del cielo para que consumiese a los samaritanos que (por razones religiosas y enemistad étnica) no quisieron recibir a Jesús en su pueblo al notar que estaba yendo a Jerusalén.

Jesús reprendió duramente a Jacobo y a Juan por su impaciencia y por su presteza condenatoria para con sus semejantes. El llamado de atención fue muy fuerte.

Un espíritu que prioriza el juicio, la sentencia y el castigo, como el de ellos, es muy opuesto al espíritu de Cristo, que busca redimir y salvar.

La misión de Jesús es la salvación de los seres humanos, no su perdición. Él vino para salvar a los hombres y nunca olvidó ese su objetivo. Toda su vida, sus enseñanzas y sus acciones se rigieron por ese norte. Sobre esta declaración giró toda su labor en esta tierra:

“… porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lucas 9:56, RVR60).

La reprensión de Jesús a sus discípulos es clarísima y los cristianos de hoy tenemos que considerarla para analizarnos profundamente. Nosotros debemos tener el mismo norte de Cristo: la salvación de los seres humanos. Nunca tenemos que tener un espíritu opuesto al objetivo y al espíritu de nuestro Señor y Salvador.

No Jueces, Sino Mensajeros

Nosotros no debemos permitir que las ofensas, la rebeldía, la injusticia, la indiferencia espiritual y la maldad de los hombres nos impacienten y nos desvíen del Espíritu de Cristo. No nos constituyamos en jueces ni en verdugos de nuestros semejantes.

  • Podemos corregir y reprender a nuestros semejantes, pero jamás debemos actuar como si fuésemos jueces de los hombres.
  • El rol de Juez final de los seres humanos le corresponde a Dios y a nadie más.

No estamos en esta tierra para perder ni condenar a los hombres. Ese no es el propósito de Dios para nosotros en este mundo. Nosotros estamos aquí por la salvación de los hombres. Despojémonos del espíritu condenatorio de los hijos de Zebedeo y revistámonos del Espíritu de Cristo, que está lleno de gracia, de bondad y de misericordia.

Dios nos salvó y nos envió al mundo para anunciar a todos los seres humanos el evangelio de salvación en Cristo Jesús. Nosotros (cada cristiano en forma particular, y toda la iglesia en general) somos la extensión de la misión salvadora de Dios Hijo a favor de los hombres.

Mostremos el espíritu redentor, liberador y salvador de Jesucristo, y quitemos de nuestro ser todo vestigio del espíritu condenatorio y de perdición al relacionarnos con nuestros semejantes.

¡Que Dios nos ayude a vivir haciendo todo lo que está a nuestro alcance con el fin de que mucha más gente sea salva por medio de Jesucristo! ¡Que siempre sepamos que somos del Espíritu de Jesucristo y que queremos la salvación de todos los hombres, no su perdición! Amén.

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¡Lee, oye, memoriza, … La Biblia!

Leer, oír, memorizar, estudiar, meditar, obedecer, enseñar y afirmarse en la Biblia es una necesidad vital para todo aquel que de todo corazón se ha convertido a Jesucristo para amarle y servirle.

“Desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2).

“… las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).

“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

“… y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17).

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

En este video testifico de cuánto Dios me ha ayudado por dar tiempo para alimentarme de la Biblia, que es la palabra de Dios. Ruego a Dios que use este video para edificación de sus hijos. Amén.