¡El diablo te quiere derribar y está a tu acecho!

Tienes un enemigo vivo y activo. Está furioso y te tiene muchísimas ganas. Quiere devorarte, tragarte. Quiere derribarte y destruirte. Su intención contra ti, contra los tuyos, contra lo que te sostiene y contra lo que amas, no es nada buena.

Él quiere que tenerte derribado, cabizbajo, sin ánimo, sin ganas y sin nada de gozo ni fuerza.

Él te quiere inútil e improductivo para con Dios y su obra.

El diablo es tu adversario, tu enemigo. Él existe y está activo a tu alrededor. Tú, los tuyos, lo que posees y lo bueno que anhelas son su blanco. Necesitas estar prevenido y alerta. Necesitas protegerte y proteger a los tuyos espiritualmente en forma diaria y constante.

Dios nos advierte y nos revela al diablo y a sus intenciones para con nosotros y para con los que nos rodean. Dios no nos ha dejado a oscuras respecto a este nuestro formidable y feroz adversario. Dios en la Biblia, Su Palabra, nos habla clara y crudamente de nuestro adversario y lo que hace en nuestra contra.

Dios quiere que vivamos con todas nuestras facultades bajo control y en alerta y vigilancia constantes. Dios sabe que tendremos victoria contra el diablo si es que le hacemos caso y vivimos como él nos instruye y manda. El apóstol Pedro expresa esta voluntad victoriosa de Dios para con nosotros en forma elocuentemente. “Sed sobrios, y velad”, nos dice. Su petición a nosotros es vital y tenemos que hacerle caso.

La sobriedad que nos demanda Dios tiene su antónimo en la ebriedad propia del bebedor de licor, que hace perder nuestras facultades. La sobriedad optimiza y multiplica nuestras facultades físicas, mentales y espirituales. El sobrio está alerta y vigilante. El sobrio está despierto y en custodia constante, como centinela y guardián responsable. Los cristianos tenemos que estar con todos nuestros sentidos despiertos y en guardia permanente para vencer y resistir al diablo y a sus ataques.

Si crees en Jesús y le sigues de corazón tienes que vivir en alerta y vigilancia constante “… porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. Tenemos que estar alertas y vigilantes porque tenemos al diablo como enemigo y él es un enemigo formidable. No podemos darle ventaja sobre nosotros. Tenemos que tomarle en serio y resguardarnos de él y de sus ataques en todo momento. No menospreciemos ni minimicemos a nuestro contrincante el diablo.

El diablo es nuestro adversario. Él está contra nosotros. Es nuestro enemigo, nuestro rival. Su encono contra nosotros es mayor desde que abandonamos sus huestes y nos unimos a Dios por medio de la fe en Jesucristo Su Hijo. Desde ese día de tu conversión el diablo te puso en la mira. El diablo se pone más furiosos y peligroso contra ti cuando te ve fiel y esforzado en agradar a Dios cumpliendo su voluntad. La energía, la fuerza y el furor diabólico lo mueven a marchar agresiva y ferozmente alrededor tuyo para devorarte y engullirte entero… si se lo permites por descuido.

Hagámosle caso a Dios y vivamos sobria y vigilantemente al transitar este mundo. Nosotros estamos de paso en esta tierra. Nuestro destino es el mundo eterno que Dios tiene para nosotros. En este mundo eterno nosotros tenemos morada segura y lo que es mejor, allí viviremos con Jesucristo, nuestro Salvador, y con nuestro buen y eterno Dios.

La victoria contra el diablo y sus asechanzas es segura si es que vivimos sobriamente. Pedro nos desafía a no ser cobardes ni medrosos ante el diablo. Él nos anima a “resistid firmes en la fe” al diablo. No estamos obligados a someternos a nuestro adversario, sino al contrario, tenemos que oponernos e ir en contra de su voluntad siempre.

El diablo es el adversario de todos los cristianos. Él se opone y está en contra de los cristianos cercanos y lejanos. Todos los cristianos del mundo sufrimos padecimientos propios de sus asechanzas y ataques. Pedro lo expresa así: “… sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.” Ningún hijo de Dios está excepto de padecer algo del diablo. Con todo y esto que todos los cristianos padecemos, la victoria contra el diablo es segura, pues, todos cristianos del mundo están resistiéndole y oponiéndose a su asechanzas. Amén y amén.

Dios es más fuerte que el diablo y el cristiano que se somete a Dios siempre será más fuerte y firme que su diabólico tentador. Fortalezcámonos en Dios y en el poder su fuerza constantemente y tendremos victoria contra el diablo en forma continua. Velemos y oremos a Dios para obtener ayuda y socorro triunfante contra nuestro adversario. Obedezcamos a Dios y a su voluntad y seremos victoriosos siempre.

¡Qué Dios nos ayude a resistir constantemente a nuestro acechador enemigo! ¡Qué Dios nos ayude a combatir espiritualmente contra el diablo para proteger así a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros familiares, a nuestros hermanos en Cristo y a nuestros amigos de sus acechanzas! ¡Qué Dios nos ayude a obedecer su palabra escrita en la Biblia para obtener victoria contra nuestro adversario el diablo constantemente! Amén.