Menospreciar es “darle a una cosa o persona menor valor o importancia del que merecen” o “considerar que algo o alguien no merece ningún aprecio o atención”.
Salomón escribió: “Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.” ¿Por qué escribió estas palabras?
Él nos conocía y sabía que los hijos tendemos a menospreciar a nuestros padres en ciertos momentos.
Dios llama mi atención con este proverbio. Mi padre está con Dios y reconozco que muchas veces no lo escuché.
Ahora queda mi madre, que está envejeciendo. Es de 1934. Se llama María. Ella siempre cumplió, cumple y cumplirá su deber.
Mi familia y yo vivimos con mi madre. ¡Ese es nuestro privilegio! Gracias a Dios, ella se desenvuelve independientemente, aunque no sin sus males.
Proverbio 23:22 es una espada en mi corazón. Duele hallar momentos en que no aprecio a mi madre como merece.
Siempre debemos valorar a nuestras madres, pero más cuando envejecen. En esa etapa debemos duplicar y maximizar nuestra intención y esfuerzo por atenderlas como les corresponde por ser quienes son, y por lo que han hecho y hacen por nosotros.
¡Dios mira como tratamos a nuestras madres!
Hablemos con ellas.
Escuchémoslas atentamente.
Caminemos a su ritmo y velocidad.
Visitémoslas y démosles presentes.
Suplamos sus necesidades.
Hagamos por ellas lo que no pueden hacer…
Todos debemos trabajar y cuidar nuestras familias. Todos tenemos problemas. Todos tenemos que despejarnos y reposar.
Estamos en este mundo y estamos sujetos a sus vicisitudes… pero eso no implica que olvidemos a nuestras madres.
Nuestras madres nos dieron su juventud. Su fuerza y lozanía las gastaron en hacer de nosotros lo que somos. ¡Ahora nos toca cuidarlas y honrarlas gozosamente!
¡Qué Dios nos ayude a valorar y a apreciar a nuestras envejecidas madres!
Amén.
