¡Agradar y complacer a Dios no es tan complicado!

A Dios se le puede agradar y satisfacer fácilmente.

Complacer a nuestro Creador y Redentor no es tan complicado.

La voluntad de Dios, lo que él quiere, está expresada con claridad en su palabra escrita. Y ahora, con Jesucristo Su Hijo, El Espíritu Santo en nosotros y Su Palabra escrita, la Biblia, sus demandas nos son asequibles y ligeras.

Complacer, agradar y contentar a Dios, según Miqueas 6:8, no es tan complicado ni tan engorroso. Dios no nos pide demasiadas cosas ni nada que nos sea imposible de realizar. Sus deseos y sus mandatos, que no son muchos ni tan complejos, están al alcance de nuestra voluntad.

Dios no quiere grandes sacrificios ni nos hace peticiones que nos sean gravosas e imposibles de ejecutar (Miqueas 6:6-7).

No nos pide todos nuestros bienes ni nuestros productos, ya pocos o ya muchos.

No nos pide ahora que sacrifiquemos nuestros animales para que esté contento con nosotros.

No está interesado en que le entreguemos a nuestros hijos en holocausto por causa de nuestros pecados.

¡A Dios no lo compramos con lo más preciado que poseamos! Arrancarle aprobación a Dios no es tan intrincado. La complicación siempre ha estado, está y estará en nosotros pecadores; nunca en él. Él no pide mucho de nosotros.

Dios sabe que nosotros complicamos lo que es sencillo y por eso que se esmera en facilitarnos las cosas.

Dios, por tanto, ha declarado lo que es bueno y sus demandas a nosotros están clarísimas. Agradarle, en consecuencia, sí es posible. Mucho más si es que nosotros creemos y seguimos a Jesucristo Su Hijo y tenemos en nuestro ser Su Espíritu, El Espíritu Santo.

Miqueas 6:8 es un texto clave y sencillo para demostrar que Dios no nos pide demasiadas ni tampoco cosas imposibles. Obviamente, lo único que Dios quiere de nosotros es lo bueno y eso lo ha declarado clara y contundentemente.

El texto de Miqueas nos presenta tres acciones nobles a realizar para agradar a Dios. Dos de la acciones están relacionadas con nuestro prójimo, con la gente que nos rodea y con la gente con la que nos relacionamos. La tercera acción está relacionada exclusivamente para con Dios.

Tanto las demandas relacionadas con los seres humanos como la relacionada con Dios están íntimamente relacionadas y son interdependientes entre sí. Ante Dios, no hay la una sin las otras, y viceversa.

Veámoslas:

1. Hacer justicia.

Dios quiere que hagamos justicia. Hacer justicia es lo mismo que hacer lo bueno, lo justo, lo recto, lo honesto a todos las personas que nos rodean. Nuestra conducta y nuestras obras para con nuestro prójimo y nuestros semejantes tienen que ser dignas y apropiadas.

Dios quiere que nosotros seamos justos en nuestra manera de ser y que esa nuestra justicia sea visible en nuestras buenas obras, que él ha preparado para que nosotros los cristianos andemos en ella. Nosotros no debemos ser conocidos por obrar con injusticia, sino por hacer obras buenas y justas.

2. Amar misericordia.

Dios espera de nosotros bondad, gracia y buena voluntad para con quienes nos rodean. Nosotros no estamos llamados ni a desear ni a hacer mal a nadie.

Nosotros nos compadecemos por los sufrimientos y los males que le acontecen a nuestro prójimo. Ese nuestro “amar misericordia” nos impulsa a socorrer y a levantar al caído.

Darle apoyo, consuelo y soporte concreto a los desvalidos y a los atribulados es esencial para agradar a Dios. Nosotros tenemos que ser buenos y bondadosos.

Nosotros estamos aquí para mostrarle a nuestros semejantes que Dios es bueno. Quienes nos rodean tienen que ver la bondad de Dios en nosotros y en la forma en que nosotros tratamos a quienes se relacionan con nosotros.

3. Humillarnos ante Dios.

Dios quiere que vivamos humillados ante él. Y claro que sí tenemos que vivir constantemente humillados y reverentes ante nuestro Dios.

Él es tan gran grande, tan bueno, tan maravilloso y tan todo, que … solamente la postración humilde y agradecida ante Dios en Jesucristo Su Hijo es la manera correcta de vivir.

Conducirnos y obrar sumisos, rendidos, reverentes y obedientes a Dios siempre es la manera correcta y adecuada de cautivarle y agradarle. Alegremos el corazón de nuestro Hacedor viviendo humillados ante él de corazón, hijos de Dios.

Las tres demandas de Dios son diáfanas, transparentes, claramente visibles.

Propongámonos darle alegría a Dios haciendo lo que él nos pide.

Hagámoslo de todo corazón.

Es justo y correcto que lo hagamos sincera y genuinamente.

Es coherente, racional e inteligente hacer lo que Dios pide.

Todos los seres humanos tenemos que vivir agradando a Dios y los cristianos muchísimo más.

Dios nos ha salvado por medio de Jesucristo Su Hijo y nos ha dado su Espíritu Santo para motivarnos y movernos hacia amarle y deleitarle.

¡Hagámosle el bien a nuestros semejantes y cumplamos así la petición que Dios nos hace!

¡Nunca permitamos que nuestro alma se eleve soberbiamente ni delante de los hombres y muchísimo menos delante Dios!

¡Reconozcamos la grandeza y la inmensidad de Dios y obedezcámosle y sirvámosle humildemente ahora y por la eternidad! Amén y amén.

 

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