¡Los seres humanos son seres privilegiados!

El hombre y la mujer son privilegiados. Sus privilegios conllevan gran responsabilidad.

Los privilegios están relacionados con lo que Dios hizo con ellos: los creo a su imagen y semejanza, los formó con sus propias manos, les transmitió su vida, los hizo señores de sus criaturas y toda su creación, les dio un mundo hermoso, productivo y amplio para desarrollarse, y los hizo para tener comunión y compañerismo con él.

La responsabilidad del hombre y la mujer están implicadas en sus privilegios: Reflejan y representan a Dios, la creación depende de su administración, tienen que relacionarse con Dios en comunión perenne, y son responsables ante Dios por cómo viven y administran la creación.

Creo y admiro a los seres humanos porque creo y admiro a Dios, su creador. Los seres humanos y todo lo que han hecho, tanto para bien o para mal, son impresionantes.

La ciencia actual tiene un conocimiento distorsionado e indigno del ser humano. Se asume el desvarío de que la humanidad “proviene de alguna forma menos organizada de vida”, cuyos ancestros inmediatos serían los “homo sapiens” evolucionados al sur del río Zambese, al sur de Africa.

La ciencia actual cree locuras. Yo no. Yo creo que Dios hizo a la humanidad a su imagen y semejanza.

La historia y toda creación humana son evidencias de que el hombre y la mujer son creación de Dios. La humanidad es privilegiada y debe glorificar y agradecer a Dios por su buena voluntad para con ella.

Los cristianos debemos ser los primeros en glorificar y agradecer a Dios. En Jesús, y por la fe en él, nosotros recuperamos la imagen y semejanza de Dios.

¡Dios, ayúdanos a vivir glorificándote y agradeciéndote cada día que vivimos en esta tierra!