Congregar es una costumbre saludable, que edifica, fortalece y anima el alma de todo hijo de Dios.
No congregar es una mala costumbre y debe ser un hábito extraño en nuestras vidas.
Dios nos anima a no dejar de congregar. ¡Hagámosle caso a Dios y congreguemos, congreguemos, congreguemos!
Hoy recibí bendición y ánimo abundante al reunir en la congregación en la que participo, la Iglesia Bautista Betel de Trujillo, Perú. Dios me motivo con la clase de la Academia Bíblica, con los hermanos que vi, saludé y hablé, con los himnos que se entonaron, con la predicación de la palabra de Dios, y con la comunión por medio lo que conocemos como la cena del Señor.
Congregar siempre, siembre es bueno, y hoy yo fui muy consciente de esa bondad.
En la clase de la Academia Bíblica hablamos sobre la necesidad de examinar nuestras vidas, antes que la de los otros. Necesitamos quitar primero la viga de nuestro propio ojo para poder ver bien así la paja en el ojo de otro. La exhortación de la clase fue muy apropiada y pertinente.
La predicación giró alrededor del cómo debemos vivir los seguidores de Jesucristo. Se nos dijo claramente que ya no debemos conducirnos ni ver las cosas conforme a la carne, es decir, en conformidad a nuestra vida antigua. También, se nos dijo que debíamos vivir predicando el evangelio de Jesucristo a toda persona, por dondequiera que vayamos. Finalmente, se nos exhortó a vivir conscientes de que representamos a Dios ante los demás.
Los cristianos tenemos una gran responsabilidad y la predicación nos animó a asumirla y a vivirla con la ayuda de Dios.
Los himnos también alentaron mi alma y los filmé para compartirlos. En mi canal de YouTube los podrán ver y oír.
Participar en la cena del Señor también alentó mi alma. El cuerpo de Cristo fue molido por nuestros pecador. La sangre de Jesús fue derramada para rescatarnos de nuestra maldad y comprarnos para pertenecer a Dios. En la cena del Señor se nos hizo recordar este hecho glorioso y mi fe fue fortalecida.
Recordemos, congregar es bueno siempre.
Congregar estimula a amar a quienes nos rodean.
Congregar nos ayuda a enfocarnos en hacer buenas obras.
Congregar nos permite ser un estímulo para nuestros hermanos en Cristo.
Congregar refleja nuestra obediencia a Dios.
Congregar nos coloca en el contexto apropiado para escuchar a Dios.
¡Qué Dios nos ayude a congregar, congregar, congregar!
Amén.
